Nació en Buenos Aires por los avatares de la vida familiar y del país, pero aclara: “Soy uruguayo”. En Argentina, Francia y México vivió el exilio. La familia retornó a Uruguay a fines de 1985. Años después, la guía de Luis “Tunda” Prada y de Fermín “Ombú” Hontou confirmó lo que sentía, que el dibujo será por siempre parte de su vida ya que las técnicas aprendidas reforzaron su fascinación por la tinta y el papel. El próximo viernes, Gervasio Troche dictará un interesante taller, con exposición incluida, en el Centro Cultural Casa Lorca de Minas.
Algunas páginas de internet afirman que nació en Buenos Aires el 28 de noviembre de 1985, y si bien el lugar y el día son correctos, el año citado es erróneo. «Eso está en Wikipedia y no sé quién lo subió. Igual está bueno porque me hicieron más joven», bromeó. En honor a la verdad, es modelo 1976 y aclara: «soy uruguayo porque nací en condición de escapados. Mis padres se escaparon en la dictadura, o sea que soy uruguayo, ya está».
Sus padres eligieron el segundo nombre de nuestro prócer para su hijo y en ello, «tal vez, también tuvo que ver el exilio, el extrañar al paisito, porque fueron muy artiguitas».
Horacio Troche, futbolista, mundialista con la Selección de Uruguay, «fue un primo lejano de mi padre. Creo que se vieron una sola vez. Los Troche eran oriundos de Soriano y mi padre nació en Cardona», contó.
EL EXILIO EN ARGENTINA, FRANCIA Y MÉXICO
Como ocurrió con tantas familias uruguayas, el exilio fue supervivencia. Argentina fue el primer destino para la familia Troche, hasta que sufrieron en carne propia que «allí la cosa estaba aún peor que en Uruguay». Los padres de Gervasio consiguieron asilo político en Francia, donde estuvieron, en primera instancia, dos años, para luego radicarse en México año y medio y luego volver a Francia donde, según recuerda nuestro entrevistado, la estadía se extendió cuatro o cinco años, hasta que la reapertura democrática en nuestro país permitió el regreso de la familia.
«El exilio que vivimos fue el que vivieron los artistas. Mis padres tenían un conjunto de carnaval que se llamaba Las Ranas, eran humoristas y se las ingeniaban para transmitían su mensaje frente a la dictadura, entre líneas, como podían hacerlo en aquellas épocas. Esa línea artística nos acompañó todo el exilio, porque mis padres la continuaron, por lo que crecí en una familia de artistas independientes, del under, junto a muchos otros artistas que estaban en la misma, sobre todo en Francia. Y crecí también, por supuesto, en el ambiente propio de todo exilio», contó a Primera Página Dominical.
En Francia, la familia vivió en el barrio árabe, porque «al asilo político nos lo brindaron allí, en barrios periféricos, lejanos, fuera de París. Yo, en realidad, era francés. O sea, mis padres vivían todo eso, yo crecí en ese entorno y como todo niño me sentía de ahí».
En México vivieron casi año y medio, siguiendo el itinerario del exilio. Gervasio conserva pocos recuerdos de esa etapa. «Mis padres extrañaban Latinoamérica, probaron suerte en México, pero no fue una experiencia muy buena que digamos. Por eso nos volvimos a Francia. Yo era chiquito y tengo más presente esa segunda etapa francesa, donde viví desde los cuatro a los nueve años».
NO SOY DE AQUÍ…
Gervasio Troche no conserva buenos recuerdos de la llegada a Uruguay y contextualiza sus argumentos. «Sinceramente, fue triste. Para mis padres significó volver al país; para mi era conocerlo, nunca había estado aquí. Vivíamos bien en Francia, de alguna manera nos sentíamos de allá. Era un lugar totalmente diferente, aquí se sentía en el aire todo lo que había pasado por aquellos años, lo cual a todo lo teñía de tristeza. Eso es lo que yo, un niño que hacía nacido en Buenos Aires y que además había vivido en Francia y en México, sentía. Para mis padres fue, entre otras tantas cuestiones, reencontrarse con sus compañeros» en el barrio montevideano de La Teja. «A nivel familiar se dieron muchas rupturas. Mis padres se separaron… Fue pesado el exilio. Tuvo cosas muy, muy hermosas. Son parte de uno, pero creo que a todos los hijos de exiliados nos pasa un poco lo mismo, quedamos como detenidos en el aire al sentirnos de todos lados y, al mismo tiempo, de ninguno».
PRADA Y HONTOU
Asumido ciudadano de La Teja, Gervasio Troche recalca que «con el tiempo pude amar al barrio, porque todo, absolutamente todo, me forjó como persona y como dibujante». Tanto así que siente que el dibujo fue «mi lugar, donde pude echar raíces y encontrar tranquilidad y armonía».
Fue alumno de Tunda Prada y de Fermín Hontou, lo cual equivale para él «un antes y un después», porque «yo dibujaba en mi casa, no paraba de dibujar, lo hacía todo el tiempo, y mi vieja escuchó en la radio que habría talleres de dos dibujantes de la vieja revista Guambia -Prada y Hontou- y me inscribió. Fue un antes y un después porque pasé de dibujar en casa, solo, como un juego, a forjar un futuro como dibujante, a considerarlo verdaderamente como un oficio. Descubrí que existía el ser dibujante. Empecé a acceder a diferentes libros. Ya en mi casa consumía lo que estaba a la mano, Condorito o algo de Mafalda. Tunda y Hontou me alimentaron en esa parte y, al mismo tiempo, me dieron libertad absoluta para dibujar. Se dieron cuenta que lo mío iba más por la narrativa, por la necesidad de expresarme o de hacer catarsis con las historietas».
«Siempre estaban como ‘tirando leña al fuego’, incentivándome. Me pusieron arriba de la mesa los materiales, que son los que utilizo ahora, y me mostraron libros que son los que me influenciaron», agregó sobre las enseñanzas recibidas de parte de ambos.
Troche comenzó a compartir sus creaciones en El Tejano, la publicación del barrio. Fue un sueño cumplido porque «cuando miraba los dibujos de Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón) o sus libros, soñaba con editar mis propios libros, con publicar, con que mis dibujos fueran publicados en una revista, por el tema del papel. De hecho, me gustaba ir a la fotocopiadora a ver cómo salían los dibujos fotocopiados. Esa magia me fascinaba, soñaba con sacar libros, que fue lo que terminé haciendo. En esa época, lo que estaba a la mano era el periódico El Tejano. Fue tremendo, me dieron una página y ahí comencé a publicar mis personajes y mis dibujos. Era mi lugar para publicar y eso me motivaba mucho para continuar haciendo lo que tanto me gustaba hacer».
Previo a ello, en 1994, fue la primera vez que vio uno de sus dibujos impreso fue en la revista Guambia. En el primer año del taller, Tunda y Ombú seleccionaban un dibujo de sus alumnos para publicar en la revista. «Hicieron una exposición y los dibujantes de Guambia seleccionaron un dibujo mío. Fue tremendo para mi. Salió publicado y fui corriendo al kiosco del barrio a comprarla. Fue impresionante. Me acostaba al lado de la revista, olía el papel... Esa ansiedad de tener el ejemplar entre tus manos, de olerlo… De hecho, mantengo la misma relación con el dibujo que en esa época. El papel, el original, las tintas, oler el papel. Yo dibujo pensando en un libro. Es como mi antena. Lo comparto en internet por una necesidad de tener un determinado público, por un tema de repercusión», diferenció.
Fue alumno de la Escuela de Bellas Artes, y más allá de no haber terminado la carrera, resultó ser para él un gran aporte porque «allí me encontré con el mundo de la pintura, de los pintores y con la historia del arte. Fue impresionante. En general, en todos los ámbitos en los que he incursionado he procurado rescatar todo lo que me servía. Tuve la fortuna de haber tenido muchos maestros, tanto en Bellas Artes, como en el taller con Tunda y Ombú, o a través de los libros de Quino. Todos ellos son mis maestros», citó agradecido.
En 2012 hizo su primera exposición individual en La Lupa Libros, Ciudad Vieja. Antes había participado de muestras colectivas en Casa de la Cultura del Prado. «Hace un tiempo que no expongo, pero hubo una época en la que lo veía como una manera de mostrarme al mundo», recordó.
UNIVERSO TROCHE
«Universo Troche es un espectáculo multidisciplinario que indaga en el universo creativo del dibujante uruguayo Gervasio Troche. Una oportunidad para que el público se acerque a su proceso creativo en un entorno escénico inmersivo, donde el dibujo se expande y se transforma en cuerpo, poesía y sonido», informa la gacetilla de prensa de esta singular propuesta que se presentó por vez primera a fines del año pasado y que transita su segunda temporada en el Teatro Circular.
Al respecto, el entrevistado expresó que «este proyecto no es mío, aunque de alguna manera lo es porque estoy en la obra. Pertenece a la directora Vachi Gutiérrez, quien quiso realizar una obra de teatro sobre el universo de mis dibujos. A ella le gustan mucho mis libros y en pandemia, mirar mis libros le ayudó a vincularse con su hija adolescente durante ese período tan caótico para todos. En un momento dijo: ‘Quiero hacer una obra de teatro de estos dibujos’. Ella no me conocía. Me escribió, me contó su idea y le di para adelante. De a poco, la propuesta fue mutando, hasta que terminé estando en ella y la obra terminó contando esto de lo que hablábamos, del exilio y un poco de la historia del dibujante. Yo estoy en escena, dibujo en vivo».
Reconoce que, hasta el momento, «‘no me ha caído la ficha’», porque «todo esto es nuevo para mi» y porque, al mismo tiempo, «resulta difícil, porque soy muy solitario, de dibujar desde mi trinchera, mientras que en la obra estoy, de algún modo, muy expuesto. A la vez, tenía que dibujar muy rápido, de acuerdo a los tiempos que requiere la obra, siendo que es una tarea que realizo en soledad, en la que dibujo lentamente y soy yo quien maneja los tiempos. Esto es otra cosa, más performática, y terminó gustándome mucho. Estoy muy agradecido, porque es como un homenaje, algo que no le pasa con frecuencia a los artistas en el Uruguay, que sean homenajeados por su obra, por lo que es algo que valoro muchísimo. Por eso le di para adelante», remarcó.
EN CASA LORCA
El próximo viernes, en el Centro Cultural Casa Lorca (Roosevelt 758, casi Sarandí) de Minas, Gervasio Troche, a partir de las 18:30 horas, brindará un taller. Todos confían en que sea el inicio de un largo y fructífero vínculo entre el dibujante y la institución cultural. «El contacto con Casa Lorca surgió a partir de Adrián (Cano), quien vio la obra Universo Troche y luego compró remeras con serigrafías de mis dibujos. Se las envié a Minas y quedamos en contacto. En determinado momento me comentó que allí había un centro cultural donde desarrollaban diversos proyectos y le respondí que contara conmigo para ir a dictar un taller y una muestra con 30 dibujos míos», comentó.
«Me encantó la idea, porque tenía ganas de salir de Montevideo y de mostrar mis dibujos. A su vez, no conozco la ciudad de Minas. Sí Villa Serrana, por lo que he pasado por la ciudad. Estoy entusiasmado con la idea y me gusta por cómo se dio, con naturalidad. Solo me resta invitar a la gente, a todo el mundo y particularmente a artistas de la zona a quienes me gustaría conocerlos», señaló Gervasio Troche a Primera Página Dominical.