Jugó al básquetbol, al fútbol de salón -fue gerente deportivo del Club Atlético Peñarol en esta disciplina- y al fútbol cinco. Es director técnico y en unos días accederá a la Licencia A, “el título mayor para un entrenador”. Como instructor, en 2019 brindó una capacitación en China. Desde hace unos años, José Luis Tais Montero está al frente de la Escuela de Fútbol Sala Uno+1 a la que asisten más de 200 chiquilines, tanto a nivel municipal como en el club Olimpic Atenas.
BÁSQUETBOL
El deporte ha estado siempre presente en su familia, comenzando por el básquetbol, cuando junto a sus hermanos Carlos y Daniel, José Luis se sumó a Unión, el cuadro de su barrio. «En la actualidad no estoy tan vinculado al club, aunque para mis hermanos y para mi es el club de nuestra infancia y que en estos momentos sea presidido por Carlos. Afortunadamente, están surgiendo muy buenas noticias desde la institución. Suelo darme una vuelta por la cancha y, sinceramente, nunca la había visto como está ahora. Es reconfortante», expresó al comienzo de la charla con Primera Página Dominical.
Menores, Juveniles y una incursión en Mayores deparó para José Luis su estadía en Unión. «No recuerdo bien por qué motivos -creo que Unión dejó de competir en ese momento- Carlos se vinculó a Sparta y yo lo acompañé. En Juveniles teníamos un plantel muy competitivo, fuimos campeones varios años. Luego participamos en Mayores, hasta que la actividad del básquetbol se descontinuó en Minas».
FÚTBOL DE SALÓN
En 1975, Tais Montero ingresó en la Escuela Agraria. Continuó jugando al básquet a nivel de clubes y de selecciones, hasta que con el profesor Gustavo Alzugaray empezó a practicar fútbol de salón, para lo que «me ayudó muchísimo haber jugado antes al básquetbol, porque el fútbol de salón, en cuanto a sus movimientos, tiene mucho que ver con el básquet».
Siendo muy joven, incursionó en la dirección técnica en fútbol de salón, en clubes como Gestionados y Parque Forestal. «Nuestro medio era muy competitivo y en la selección había un muy buen grupo. Con muchos de ellos nos seguimos reuniendo hoy. Es lo más valioso que te deja la práctica del deporte», indicó.
Fue Pablo Ruóppolo quien lo convocó para que se hiciera cargo de la dirección técnica del club Toros Lavalleja, «luego de que Carlos Abiega saliera Campeón Nacional en Menores con la institución. Como técnico de Mayores, en mi etapa en el club jugábamos a ese nivel con jóvenes de 16 y 17 años. Obtuvimos satisfacciones muy grandes porque, ante todo, era un grupo humano excelente. Definimos el Campeonato del Este y los Campeonatos Nacionales», rememoró.
Luego condujo técnica y tácticamente al club Hotel Verdún, «con un grupo con el que ya veníamos de Parque Forestal. Ya no había actividad en Minas y comenzamos a competir en Parque del Plata, Piriápolis y Montevideo, hasta que llegó el furor del fútbol cinco».
GERENTE DEPORTIVO
José Luis Tais Montero hizo un impasse como director técnico. José María, su hijo mayor, luego de participar en un torneo de AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol) en fútbol sala, disputado en la ciudad de Dolores, departamento de Soriano, se incorporó al plantel sub20 del Club Atlético Peñarol. «Yo lo llevaba dos veces por semana. Con termo y mate en la tribuna, comencé a integrarme al club hasta pasar a ser el gerente deportivo del fútbol de salón. Mi hijo estuvo un año y medio y yo continué durante seis o siete temporadas en esa función».
Es un estudioso del deporte, alguien que procura estar actualizado para cumplir de la mejor manera posible la tarea que le toque desempeñar. «En este momento curso una maestría para la Licencia A de fútbol sala, es decir el diplomado mayor que existe en la actualidad. Ya cuento con la Licencia B y en poco más de una hora (en la tarde del martes) debo rendir dos exámenes. Espero poder terminar a mediados de diciembre y acceder a lo que sería el título mayor a este nivel, para entrenadores a nivel mundial, lo que te permite dirigir en cualquier parte del mundo».
«Si bien en la actualidad no dirijo, procuro estar actualizado, participando en cursos y charlas donde me invitan. Es un aprendizaje que no termina nunca, máxime cuando uno trabaja con chicos, donde indefectiblemente debes estar preparado porque es un tema delicado, de mucha responsabilidad», acotó.

EN EL GIGANTE ASIÁTICO
En el transcurso del año 2019, Tais vivió una experiencia inolvidable al brindar una capacitación deportiva en la República Popular China, a partir de un convenio suscrito entre nuestro departamento y la provincia china de Sichuan. «Es un capítulo aparte. Cuando se convocó a interesados, presenté mi currículum. Era por seis meses y la posibilidad me gustó desde el momento en que me enteré de que existía. Pasó un tiempo y me llamaron para comunicarme que había sido seleccionado para participar de esta experiencia. Soy muy familiero, muy apegado a mi familia, a mi casa, a mis cosas y era mucho tiempo el que estaría en China».
«Era un cambio tremendo desde todo punto de vista», continuó, pero «a veces no sabes ni cómo llegan las cosas a tu vida. Si esto hubiera ocurrido cuando tenía 20 años, seguramente no hubiera aceptado. Uno no elige el tiempo en el que llegan las cosas».
En la República Popular China, «lo que abundan son las infraestructuras y el respeto. Vas a dictar una clase y te encuentras con cuatro gimnasios en un mismo predio, con dos mil pelotas, no te falta absolutamente nada y todos te respetan».
En relación a las notorias diferencias idiomáticas existentes, «me las ‘revolvía’ con un aparatito que hacía la traducción simultánea (en ese momento la realizaba sobre 150 idiomas diferentes). Eso también me permite continuar en contacto con muchas personas que conocí allí. Logramos un muy buen vínculo con los chinos porque se trató de un hermanamiento entre la ciudad de Minas y Sichuan, el cual fue muy positivo desde nuestro punto de vista».
UNO + 1
Mientras José Luis Tais era gerente deportivo del fútbol de salón del Club Atlético Peñarol, Mauricio Baubeta, en ese momento encargado del Área de Deportes de la Intendencia Departamental de Lavalleja (la intendenta era Adriana Peña), lo invitaba para trabajar en la órbita de dicha repartición municipal. «Mauricio me decía que yo debía tener mi propia escuela. Hasta ese momento nunca había trabajado con niños tan pequeños, pero de todos modos terminé aceptando el desafío».
La Escuela de Fútbol Sala se llama Uno+1 y el nombre, por supuesto, tiene un por qué. «Cuando comencé, fui el primer lunes y no concurrió ningún chico. Al lunes siguiente ocurrió lo mismo. Fueron tres o cuatro semanas sin alumnos, con el ánimo por el piso. Sentía que estaba ‘robando’ la plata. Hasta que un buen día apareció el primer niño. Era el hijo de Rúben Rodríguez. Practicó y me dijo que el miércoles iría con un amigo. Y así comenzamos: por eso Uno+1. Y el otro chico acercó a uno de sus amigos. Por nuestra escuela, en estos años, han pasado alrededor de 1.600 niños y niñas. En la actualidad concurren 180 niños de edades comprendidas entre los 6 y 12 años en la escuelita municipal, y alrededor de 50 en la de Olimpic Atenas. Es una responsabilidad muy grande y, a la vez, muy linda», subrayó.
«Todos los gurises son diferentes, al igual que sus padres», reflexionó. «Hay padres que llevan a sus hijos con una idea predeterminada. Como que te dicen: ‘viene a tocar la guitarra, te doy la guitarra, enséñale…’. En este caso, con la idea que desde mi función lo transforme en jugador de fútbol, y está buenísimo si eso ocurre, pero no es la prioridad. Cada uno nace con un talento diferente, con condiciones individuales naturales, aunque pareciera que los niños ya están jugando al fútbol en la panza de sus madres. Con tan solo dos años toman la pelota y realmente te sorprenden. A la escuelita en Olimpic asiste un niño de cuatro años. Dudé bastante en si era conveniente que se sumara porque me parecía muy chiquito, por su edad. Me asombró su capacidad de comprensión y su disposición al trabajo, como si tuviera más años de los que tiene».
Si bien «podemos enseñar técnica y fundamentos», es imprescindible que, a su vez, «estemos preparados para acompañar el desarrollo de los chicos, para transformarnos en una referencia positiva en sus vidas, en su formación como personas, en sus valores, en el respeto, en potenciar su autoestima y la confianza en ellos mismos al estar en un lugar acorde, donde se sientan a gusto, un espacio del que deseen ser parte. Basados en la solidaridad, todos aprenden de los demás».
Siente que la mayor recompensa que recibe es el cariño que le demuestran sus alumnos. «A veces ya son un poco más grandes, tienen 14 o 15 años y, superando la natural vergüenza que sienten, cruzan la calle para saludarme, para darme un abrazo. Para mi es reconfortante verlos encausados en la vida y felices, mucho más que si pudieron o no continuar con la carrera futbolística».
José Luis Tais Montero compartió con Primera Página Dominical un caso muy especial, excelente corolario para la charla. «Por supuesto que desde esta función también debes ser riguroso, saber poner límites. Tengo alumnos que llegan desde INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay). Sin nombrarlo, por supuesto, llegó un niño sobre el que me habían dicho que era conflictivo, que le había pegado a un compañero y a la maestra, que lo habían expulsado de tres escuelas. Empezó a ir a nuestra escuela y yo hacía una comparación con un caballo arisco: quieres tocarle la cabeza y te patea. Generalmente, eso pasa a partir de todo el maltrato que antes ha sufrido. Este niño llega, me da un beso, me abraza. Un día fueron autoridades de INAU a la Plaza de Deportes. Sabían lo que pasaba con este niño en nuestra escuela y no lograban entender el cambio positivo en su comportamiento. El niño había encontrado su lugar, un estímulo verdadero en su vida. Continúa yendo, es afectuoso, se comporta bien, no genera problemas. A veces, hay que ayudarlo, pero eso no tiene nada que ver con que juegue bien o mal al fútbol. Mejoró como persona, se siente cómodo, seguro, protegido y estimulado».