Cada uno vive las fiestas tradicionales de un modo diferente. Momento de reencuentros y de añorar ausencias. Algunos hacen balances personales, otros proyectan lo que vendrá, pero ¿cómo se viven estas fechas en la guardia de una emergencia médica? Responde la doctora Tania Zipitría, directora del Hospital “Dr. Alfredo Vidal y Fuentes” de Minas.
Miles de personas transitan esas horas tan especiales en sus puestos de trabajo. Miles lo hacen salvando vidas, atendiendo situaciones límite, priorizando el bienestar de los demás. Los brindis pueden esperar, la vida debe continuar su camino con las menores secuelas posibles. En la emergencia de un centro asistencial también se vive una jornada diferente. El personal de la salud se prepara para atender la contingencia que deparan días tan especiales, haciendo frente a las más diversas situaciones. Buscamos ofrecer un artículo diferente y, a través del testimonio de Tania Zipitría, médica pediatra, directora del Hospital “Dr. Alfredo Vidal y Fuentes”, reflejar lo que médicos, enfermeros, choferes de ambulancias, nurses y demás especialistas viven en estas fechas.
¿Cómo se transitan las fiestas tradicionales dentro de la guardia de una emergencia?
Es algo que ha ido variando con el transcurso del tiempo. En la época en la cual me recibí, era bastante común que a los médicos recién recibidos les tocara hacer la guardia de Navidad o de fin de año. Una se prepara para tratar de pasar lo mejor posible, sabiendo que no va a estar con su familia directa, pero que sí compartirá el momento con la familia extendida, integrada por los compañeros de trabajo, con quienes a lo largo del año generas vínculos bastante fuertes, ya que se comparten muchísimas horas en el correr de las semanas. Entonces, las fiestas tradicionales, en estas condiciones, también se tratan de vivir con un poco de color y de alegría, dentro de lo posible, porque cada uno les da su impronta y acerca a la guardia distintos artículos para compartir, algún que otro gorro de Papá Noel o cosas por el estilo, de forma de que el momento sea lo más ameno posible para todos. En mi caso, me recibí en el año 2001. Al principio me tocó trabajar en guardias durante un par de fiestas. Ocurre por lo general al comienzo de la carrera, cuando una paga una suerte de «derecho de piso». Es medio feo, sinceramente, pero es así. Después, de a poco, una va acomodándose en los lugares de trabajo, donde va generando cierta capacidad para poder elegir, pero sí, en el comienzo pasé un par de fines de año junto a mis compañeros de trabajo.

¿Qué sensación predomina en el momento en el cual le confirman que 24 y/o 31 de diciembre deberá trabajarlos en la guardia de una emergencia y que por ende cualquier otro plan queda por el camino?
Cuando una, de alguna manera, vislumbra que un 24 o 31 de diciembre le va a tocar trabajar en una guardia, sinceramente, no es una súper noticia que recibes porque, en general, preferiría estar en su casa, con sus seres queridos. Al margen de ello, considero que en el ámbito médico y de la salud, en general, se naturaliza un poco más que lo que ocurre en otros rubros o de la manera en que pueden hacerlo otras personas que están alejadas de esta actividad tan especial. Cuando eliges la carrera de medicina eres consciente que estás expuesta a muchos sacrificios que incluyen a los eventos sociales, en este caso, lo que hace que, finalmente, una lo asuma con naturalidad.
Uno tiende a pensar que es el ‘combo perfecto’ para que puedan darse errores involuntarios dentro de la asistencia.
Eso también ha ido cambiando respecto al tiempo de las guardias. Hace muchos años las guardias eran de 24 horas. Hoy por hoy, por suerte, eso ha mejorado y, en general, son de 12 horas, lo cual contribuye a disminuir el cansancio o el hecho de no estar tan alerta ante las situaciones que se van presentando. Por supuesto que continúa presente la realidad de que, de repente, trabajas 12 horas en un lugar y 12 horas en otro, lo que hace que se acumule de igual modo el tiempo de trabajo. De todas formas, cuando una hace medicina, también entrena la capacidad de estar alerta en distintos momentos y, aunque parezca que una está tranquila, en un momento de paz, de pronto se encienden las alertas, una sale corriendo y está disponible ante cualquier eventualidad.
Es amplísimo el espectro de casos que atienden en la guardia de emergencia cualquier día del año. En estas horas se suma lo relacionado con el uso indebido de pirotecnia, los siniestros de tránsito, que suelen ser más frecuentes, y las consecuencias de la ingesta excesiva de alcohol. ¿Cómo ser ejecutiva en esas circunstancias y tomar la mejor decisión en el menor tiempo posible?
Es una emergencia y tenemos esa capacidad de activar todas nuestras alertas que están ahí, como dormidas, y ser ejecutivas frente a la situación que se nos presente en cada momento. Es decir, no es que nos preparemos de un modo diferente para atender las guardias del 24 o del 31 de diciembre, más allá de que sabemos que algunos eventos pueden producirse con mayor frecuencia que en el resto del año, pero no estamos pensando todo el tiempo en qué es lo que puede llegar. En general, una trata de descontracturarse y de estar disponible y eso te va a permitir ser más ejecutiva al momento de actuar.
¿Qué sucede cuando se aproximan las 12 de la noche y el recuerdo de los seres queridos se hace cada vez más presente?
Cuando llega ese momento, las situaciones son variables. Si la guardia está complicada, esos instantes pasan desapercibidos. Si la guardia viene tranquila, una se permite una pausa, porque también es importante hacerlo. Recordemos que los médicos -y el resto de los profesionales de la salud- somos personas a las cuales también nos atraviesan muchas cosas sentimentales, el recuerdo de la familia que no está junto a nosotros en ese momento, el hecho de no estar en nuestra casa... Dependerá de cada situación puntual. Ha ocurrido que pasan las 12 de la noche y nadie se ha enterado. Todo depende del momento que se esté viviendo en la emergencia. Si la puerta de emergencia está caótica, nadie se entera de nada; pero habrá otras puertas que, de repente, estén más tranquilas y ahí nos tomaremos el tiempo para mirarnos, para agradecer tener trabajo, brindar por la salud, por la familia y por el próximo año. Luego te levantas y sigues trabajando, como si nada hubiera pasado. Funciona un poco de ese modo.
¿Qué opina de algunos comentarios sobre la atención en la emergencia del hospital, sobre eventual falta de empatía en algunos casos?
Respecto a la empatía, una debe ser consciente que el paciente llega a emergencia con un problema. Será de menor o de mayor entidad, pero para ese paciente la totalidad de ese problema es muy importante. Por ende, debemos tener una atención empática, amable y humana ante estas situaciones. Siempre tratamos de que eso suceda, más allá de que puede suceder que algunas situaciones se desborden en algún sentido debido a la sobrecarga del uso de la emergencia, lo cual puede generar que una persona, al momento de pedir atención, con un personal cansado, con pocos recursos humanos disponibles para cualquier tipo de asistencia, sienta que no se está haciendo lo correcto o priorizando su situación. Considero que cuando la gente se refiere a que hay poca empatía en emergencia está visualizando la situación solo desde su lugar. Las personas que trabajan en emergencia hacen un gran esfuerzo, pero a veces están sobrecargadas, enfrentando situaciones personales o con la situación propia del lugar de trabajo, donde a veces hay pocos recursos. Pasa también que, en algunos casos, las personas llegan con problemáticas que no corresponden a la emergencia, lo que termina por sobrecargar al servicio. Es un tema complejo en ese sentido.
¿Cómo es retirarse del lugar de trabajo, extenuada, llegar a casa y reencontrarse con los afectos post festejos navideños o de Año Nuevo?
Las guardias de fin de año o de Navidad son muy especiales. A veces se ven síntomas o personas que llegan a emergencia por cosas que, de repente, pueden ser un poco diferentes y, por supuesto, hay casos que terminan creando anécdotas y vivencias inolvidables. Cuando una termina su guardia y llega a su casa bastante cansada por haber estado a disponibilidad. Aunque a veces se pueda pestañear o incluso dormir un ratito en turnos con tu compañero, medio cuerpo está siempre alerta, por decirlo de alguna manera, para despertarte rápido y salir corriendo. Nunca se trata de un descanso real. Llegar a casa es sentir esa necesidad de paz, de cambiar el chip, de tranquilidad y de sentarte a tomar un mate tranquila, conversando con la familia. Estos últimos años no me ha tocado hacer guardias en estas fechas, por lo que compartí más momentos con mi familia, que también termina siendo muy sacrificada, más allá que desde la dirección del hospital estoy a la orden y pendiente del teléfono 24/7, en contacto con la subdirectora, doctora Laura Del Puerto. Es otro cambio sustancial, pero lo acepto con entusiasmo.