Ibirapitá fue creado en 2015 por el Decreto 130/15 del Poder Ejecutivo, encomendando su ejecución, en un principio, al Centro Ceibal para el Apoyo a la Educación de la Niñez y la Adolescencia. Nació con la misión de promover la inclusión digital de las personas mayores en Uruguay, con el fin de mejorar la inclusión social, la participación y la equidad, y con la visión de «construir la vejez que soñamos», activa y saludable, participativa, acompañada y ávida por seguir aprendiendo, en el marco de una sociedad que respete y que acompañe una cultura positiva del envejecimiento. Entrevistamos a Guiliana Acosta, su referente departamental en Lavalleja.
Guiliana Francessca Acosta Tirado nació en Trujillo, capital del departamento de La Libertad, en Perú, el 19 de abril de 1988. Reside en nuestro país desde 2014. Se vinculó a Ibirapitá en 2015, y actualmente se desempeña como referente departamental en Lavalleja. Es bachiller en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Trujillo, Perú) y Licenciada en Arqueología (Universidad Nacional de Trujillo, Perú), habiendo cursado la Maestría en Administración de Negocios (European Open Business School, España).
En diálogo con Primera Página Dominical, Acosta destacó la importancia de que la iniciativa se haya mantenido en el tiempo, «a lo largo de distintos gobiernos», lo cual confirma que «se trata de una política de Estado necesaria». A su vez, indicó que esa permanencia «refleja que la inclusión digital de las personas mayores no depende de un signo político, sino de una realidad». Sin embargo, reconoció que en la actualidad «enfrentamos dificultades que no tienen tanto que ver con la política en sí, sino con las condiciones de trabajo de quienes estamos en territorio. Se plantean modificaciones en la forma de trabajo que generan incertidumbre y complicaciones. Es fundamental que esos cambios se piensen con cuidado, porque el compromiso y la cercanía de los trabajadores es lo que hace posible que la política se concrete en la vida cotidiana de las personas mayores», aseveró.
La referente del Programa Ibirapitá en Lavalleja manifestó que, desde lo profesional, tras haberse vinculado a esta propuesta en 2015, «ha sido una experiencia de muchísimo aprendizaje», ya que el trabajo en territorio «me permitió entender de primera mano las necesidades, las dificultades y también las enormes capacidades de las personas mayores en relación con la tecnología».
Más allá de lo estrictamente técnico, en lo humano, «esta tarea es profundamente significativa. El vínculo que generamos con cada persona, el acompañamiento en sus primeros pasos digitales y la confianza que depositan en nosotras trasciende lo laboral. Una no solo entrega conocimientos, también recibe mucho: historias, afecto y la certeza de que nuestro trabajo tiene un impacto real en la vida cotidiana de la gente», declaró satisfecha con la tarea realizada.
Agregó que a lo largo de este camino «también hemos transitado un pasaje importante: de trabajar con las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), entendidas como herramientas de acceso a la información, a enfocarnos en las TAC (Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento), que ponen el acento en cómo esas tecnologías se transforman en aprendizajes y conocimiento. Eso le da más sentido a nuestro trabajo, porque no se trata solo de que la persona mayor tenga un dispositivo, sino de que pueda apropiarse de él para mejorar su calidad de vida y sentirse incluida en un mundo cada vez más digital».

EN TERRITORIO
Desde 2015, Ibirapitá se ha encargado de contar con nítidos y capacitados referentes en cada departamento, aspecto fundamental para aterrizar la misión, la visión y los objetivos por los cuales fue creado. En cuanto a su funcionamiento, Guiliana Acosta explicó que, en Lavalleja, «los lineamientos generales se concretan con particularidades propias». En la ciudad de Minas, por ejemplo, «se realizan talleres temáticos, proyectos y un trabajo articulado con instituciones y organizaciones locales que permite acompañar más de cerca a las personas mayores en la apropiación del dispositivo y de las herramientas digitales».
En el interior del departamento, en cambio, la dinámica ha sido distinta. «Allí hemos podido participar con talleres más vinculados a la sensibilización, a los derechos y al buen trato, así como con instancias de asesoramiento para que las personas sepan cómo acceder al dispositivo». Sin embargo, «no siempre se han podido desarrollar talleres de inclusión digital propiamente dichos», admitió.
Para la entrevistada, un aspecto fundamental de este proceso es que Ibirapitá «no se limita a la promoción de la inclusión digital, sino que busca dar un paso más hacia la inclusión social. Al final, lo importante no es solo que la persona mayor aprenda a manejar un dispositivo, sino que ese aprendizaje se traduzca en más autonomía, en más participación, en más vínculos y en un mejor ejercicio de sus derechos».
ARTICUACIÓN Y APOYOS
En Lavalleja, Ibirapitá, programa que en la actualidad forma parte del BPS, desarrolla su tarea en articulación con una red muy diversa de organismos e instituciones. «Trabajamos con la Intendencia de Lavalleja, a través de sus direcciones de Familia y Género, de Cultura y de Deporte; así como también con los Espacios MEC -antes Centros MEC-», confirmó Acosta.
En la órbita del MIDES, la coordinación es especialmente fuerte con el INMAYORES y «también hemos desarrollado experiencias junto a INMUJERES. En algunos momentos, también hemos trabajado con la Comisión Honoraria de Discapacidad, con la Dirección Departamental de Salud y con la Comisión de Prevención del Suicidio», acotó.
A ello se suma la articulación con asociaciones civiles, clubes y distintos grupos que trabajan directamente con personas mayores. «Esa red de vínculos permite que Ibirapitá no se limite a la entrega de dispositivos, sino que pueda estar presente en distintos espacios comunitarios, acompañando diversos procesos», resaltó.
El respaldo a iniciativas y a proyectos en el departamento se resuelve principalmente a través del trabajo articulado y de la búsqueda de alianzas con instituciones que, desde su historia y su quehacer, aportan valor al territorio. «Ibirapitá entiende que esas sinergias potencian la propuesta porque permiten llegar a más personas mayores desde diferentes lenguajes y experiencias».
Citó como «un ejemplo muy significativo» el trabajo realizado junto a la Asociación Amigos del Arte, «donde pudimos acompañar el proyecto del documental sobre Joaquín Torres García. Fue una experiencia muy enriquecedora. Nos permitió integrar la inclusión digital con el acceso a la cultura y al patrimonio, generando un cruce muy interesante entre generaciones y saberes».
De cara al futuro y teniendo en cuenta que Amigos del Arte cumple 80 años de su fundación en 2026, «la idea es continuar fortaleciendo este vínculo». Para ello, «estamos proyectando nuevas actividades conjuntas que permitan reconocer la trayectoria de la institución y, al mismo tiempo, abrir espacios de participación para las personas mayores, en los que se unan la tecnología, el arte y la memoria cultural de nuestra comunidad».
PROTAGONISTA DE UN PROYECTO COLECTIVO
En Minas y en Solís de Mataojo, con el apoyo de Ibirapitá, se presentó el libro El encuentro en las palabras, resultado de un proyecto iniciado en 2023, fruto de la colaboración interinstitucional entre el Instituto Nacional de las Personas Mayores (INMAYORES), el Programa Ibirapitá y la Dirección de Familia y Género de la Intendencia Departamental de Lavalleja, a partir de la propuesta del taller literario Ratones de biblioteca. Este taller buscó ser un espacio para la expresión, fortaleciendo aspectos saludables, rescatando capacidades y estimulando la creatividad. Funciona como un espacio de trabajo grupal donde los participantes encuentran contención y motivación. La actividad tiene como objetivo celebrar la producción literaria de personas mayores, fomentar el encuentro intergeneracional y promover el acceso a la cultura como derecho. La presentación del libro «fue una experiencia muy significativa. Refleja cómo Ibirapitá puede acompañar y dar visibilidad a proyectos culturales y comunitarios que promueven la participación de las personas mayores. Más allá del lanzamiento en sí, lo valioso es lo que representa: un espacio donde las personas mayores se encuentran, comparten y se sienten protagonistas de un proyecto colectivo». En este caso, el aporte de Ibirapitá «se limitó al acompañamiento a través del recurso humano: mi presencia como referente en el territorio. Lo que realmente pude aportar fue estar cerca del grupo, acompañando su proceso, llevando dinámicas, sosteniendo la motivación, manteniéndonos unidos, tanto presencial como virtualmente, y enseñando algunas herramientas digitales que resultaron útiles en el camino». El libro «es una enorme motivación este año, un motor que impulsa a las personas mayores a expresarse y a dejar huella. Para mí, fue un orgullo contribuir desde mi rol a que esa experiencia se concretará», expresó Guiliana Acosta, referente del Programa Ibirapitá en Lavalleja.