Recientemente se cumplieron 10 años del homenaje que la Fundación doctor Vladimir Roslik brindara al médico minuano Gregorio Martirena, eligiendo su nombre para nominar a una de sus salas en la ciudad de San Javier, Río Negro. Repasamos la participación decisiva de Martirena en el caso Roslik.
TRAYECTORIA
Gregorio R. Martirena Alzugaray nació en Minas el 6 de julio de 1938. Graduado en junio de 1968, se formó como otorrinolaringólogo en la Cátedra que hicieron trascendente Manuel Quintela y Justo M. Alonso, trayendo la especialidad a nuestro departamento.
El «Goyo» Martirena, como le decían sus amigos, fue tal vez el primer ORL residente en Minas y uno de los primeros en el interior. Colaboró con sus colegas de los departamentos vecinos para encarar las intervenciones quirúrgicas más difíciles de la especialidad, en una red de colaboración.
Mientras estudiaba Medicina, fue secretario del doctor Washington Beltrán Mullin cuando este era presidente del Consejo Nacional de Gobierno.
Fue directivo de la Federación Médica del Interior (FEMI), participando junto a Tabaré Caputi, Adolfo Valentini y Danilo Escuder en el Comité Organizador de la 6ª Convención Médica Nacional realizada en 1972, la cual sentó las bases de lo que sería el Seguro Nacional de Salud y la Colegiación Médica. Presidió la 7ª Convención Médica Nacional realizada en 1984, que impulsó el juicio ético a los médicos que habían actuado durante la dictadura que aún transcurría. A partir de ese impulso se formó la Comisión Nacional de Ética Médica que actuó hasta 1990, integrada por médicos y abogados, con intervención fundamental del Colegio de Abogados del Uruguay, de la Federación Médica del Interior y del Sindicato Médico del Uruguay.
Presidió la Federación Médica del Interior desde 1977 durante 10 años, marcando rumbos en materia de organización asistencial a través de la creación de la Central de Compras de la Federación (COCEMI) y en el ámbito gremial, en una firme defensa de los principios éticos y en la defensa de los Derechos Humanos.
En el plano internacional fue un destacado gestor de colaboración con centros de Naciones Unidas y el IRCT de Dinamarca para la rehabilitación de los ciudadanos torturados en toda América Latina. Participó en el Comité Organizador, junto a Roberto Rubio, Luis Falconi, Elsa Leone de Gil y Marcelo N. Viñar, entre otras figuras de la Medicina nacional, del Seminario sobre Consecuencias de la represión en el Cono Sur, que tuvo lugar en Balneario Solís, en mayo de 1986 y que congregó a personalidades médicas y psicológicas de toda América, Estados Unidos y Francia. En 1987 organizó, junto al Sindicato Médico, un Seminario Internacional sobre los Médicos ante la tortura que tuvo amplia repercusión a nivel global, con participantes de múltiples naciones que padecían esa situación.
Integró y presidió el Tribunal de Ética de FEMI durante varios períodos. Impulsó la creación del Colegio Médico del Uruguay e integró, hasta el inicio de su enfermedad, el Tribunal de Ética de dicho Colegio.
Fue un referente de la Medicina en los últimos 40 años de la vida del país. Desde 2005 a 2010 fue director Departamental de Salud de Lavalleja, volcando su experiencia y dinamismo para el avance del Hospital «Dr. Alfredo Vidal y Fuentes» de Minas.
En los primeros años de los ‘90 recibió la Distinción Sindical al mérito gremial y en el ejercicio profesional del Sindicato Médico, siendo considerado como un luchador por la unidad del gremio médico, sosteniendo que el ideal debía ser que hubiera una sola organización de alcance nacional que comprendiera a todos, con un sentido de hermandad, que está en la raíz de la medicina hipocrática. Falleció en Minas el 23 de junio de 2014, a los 75 años.

EL CASO ROSLIK
Cuando en 1984 se produjo la muerte del doctor Vladimir Roslik, un sencillo médico de la Colonia San Javier, en el departamento de Río Negro, Martirena y Caputi impulsaron el juicio ético del médico que intervino en la primera autopsia, quien pretendió desvirtuar las causas que lo habían llevado a la muerte bajo tortura, hecho que fue confirmado en una segunda autopsia realizada con los hermanos Jorge y Fernando Burgel, de Paysandú, y en la que fue luego realizada en el Hospital Militar.
Su defensa del caso Roslik marcó a fuego la actividad médica en el plano de la ética. Acompañó a la familia de Roslik y recorrió el país, apareciendo en los medios masivos de comunicación y en las asambleas de la FEMI para poner al descubierto las graves violaciones a los Derechos Humanos registradas durante la dictadura.
Martirena recordaba a Roslik como «médico rural por vocación, alejado de la política, pero con un fuerte compromiso gremial con el Sindicato de Río Negro». Su caso fue «el primer hecho ético del mundo resuelto por un tribunal y tuvo una gran difusión internacional a través de organizaciones de Inglaterra y Dinamarca, las naciones más avanzadas en la lucha contra la tortura». Para «Goyo» Martirena, «la trayectoria de Vladimir fue un canto a la vida, la justicia y la verdad».
El doctor Gregorio Martirena fue autor del libro Uruguay: la tortura y los médicos (Ediciones Banda Oriental, 1988), en el cual se recogen las actas de las actuaciones del Comité de Ética formado a partir de la Séptima Convención Médica Nacional que había resuelto juzgar el accionar de médicos que participaron en la tortura y ocultaron asesinatos políticos. El hecho detonante de estas investigaciones fue el asesinato del médico Vladimir Roslik bajo torturas, encubierto por un colega como muerte sin violencia.
El libro está dedicado a «Olof Palme y Vladimir Roslik hermanados en la muerte por la dignidad humana».
RECUERDO AGRADECIDO
En octubre de 2023, en Primera Página Dominical entrevistamos a María Cristina Zavalkin Obarni, viuda de Vladimir Roslik, a quien le consultamos sobre la participación del doctor Gregorio Martirena. Respondió: «Me ayudó muchísimo, sobre todo durante los primeros tiempos tras la muerte de Vladimir. Él era presidente de FEMI (Federación Médica del Interior) entonces y si yo tuve un trabajo fue gracias a él. La gran mayoría de las personas como que me ‘disparaba’, como que me tenían miedo respecto a lo que había pasado. Mi hijo (Valery) tenía cuatro meses en ese momento, no sabíamos ni a dónde ir. Gregorio Martirena se acercó y nos ayudó un montón. Me dijo: ‘mirá gurisa, donde vos vayas a vivir, nosotros te vamos a conseguir un trabajo’. De ese modo, pude trabajar en una mutualista en Paysandú y criar a nuestro hijo. Fue una excelente persona. Fuimos amigos, a pesar de las distancias. Desde la fundación le brindamos nuestro homenaje, con la presencia de su señora y parte de su familia. Una sala dentro de la fundación lleva el nombre del doctor Gregorio Martirena».