La Escuela Nº1 de Práctica “Artigas” celebró los 150 años de su fundación. El proyecto para la construcción de su edificio fue obra del arquitecto Alfredo Jones Brown y, sus instalaciones albergaron en su momento, además, a la Inspección Departamental de Escuelas, la vivienda del director y, por algún tiempo, a la Oficina de Abasto, en construcciones ubicadas a ambos lados del gran patio de entrada. Ubicada en la esquina de Solís (Franklin Delano Roosevelt) y Sarandí, ha marcado a fuego a muchas de generaciones. En su planta alta se destaca el museo Un balcón a la historia, creado en 2008. Nos sumamos a tan significativa celebración.

El miércoles 10 de diciembre se realizó el acto en conmemoración de los 150 años de la Escuela N°1 de Práctica «Artigas», a partir de un segmento protocolar y otro cultural, con la participación de delegaciones de Escuelas de Práctica y Habilitadas de Práctica N°2, Nº7, Nº8, Nº11 y Nº117. Entre las autoridades, estuvieron presentes la maestra y profesora Daysi Iglesias, consejera de la ANEP electa por los docentes, y la inspectora regional Rosana Fuentes, el  cuerpo inspectivo departamental, autoridades del Instituto de Formación en Educación y de la Intendencia Departamental de Lavalleja.

«Estos 150 años nos llenan de orgullo y también de compromiso. Nos impulsan a seguir soñando con una educación más inclusiva, justa socialmente y significativa. A mirar hacia adelante sin olvidar de dónde venimos. A continuar sembrando educación, juego, ciencia, arte, ciudadanía y ternura». De esa manera cerró su discurso la maestra directora de la Escuela Nº1, la docente Laura Mesa.

En planta alta funciona el museo Un balcón a la historia
En planta alta funciona el museo Un balcón a la historia

HISTORIA

El 11 de diciembre de 1875 fue inaugurada la Escuela de Varones, dirigida por el maestro Miguel Navarra, que conocemos como Escuela de Práctica Nº 1 «Artigas». Navarra nació en el año 1846 en la Provincia de Lérida, Municipio de España. Luego de revalidar su título en Uruguay, llegó a Minas en 1873. Ese mismo año patrocinó la formación de una sociedad editorial bajo el título «El Progreso de Minas», conjuntamente con el también español José M. Monfort. Estuvo 23 años en la dirección de la Escuela Nº1, institución educativa que comenzó a funcionar en un local de la calle Marmarajá (Batlle y Ordóñez), donde en la actualidad se encuentra la escuela Nº 8 «Guillermo Cuadri».

El año 1875 encontró a Navarra en la brecha como educador, dirigiendo un colegio particular, con un programa equivalente a la actual Enseñanza Secundaria. Creada la reforma vareliana, «fue instrumento apasionado de la misma», señalan crónicas de la época.

Posteriormente integró el núcleo creador de la Sociedad Española, luchando por la libertad desde las columnas del liberalismo.

Bajo la dirección del maestro Miguel Navarra, la Escuela Nº 1 de Practica «Artigas» se creó el 11 de diciembre de 1875 como Escuela de Varones. Dos años después contaba con 139 alumnos, siendo Navarra el único maestro. Al año siguiente se designó como ayudante a Salustiano Ortega. Un año después, la escuela comenzó a cumplir funciones de Práctica, llamada «Ampliada» en aquella época, y luego «De Aplicación», de acuerdo al Reglamento de 1877.

El 2 de junio de ese año la escuela fue trasladada a otro edificio, propiedad de Juan Sampere. Datos recogidos por docentes en 1975 permiten ubicarla en la actual esquina de las calles 18 de Julio y Sarandí.

En 1904 se aprobó el proyecto del arquitecto Alfredo Jones Brown para edificar un local para la sede de la escuela. Construido con fondos de la Junta Económica Administrativa de Minas, ocupó la esquina de calle Solís- Franklin Delano Roosevelt- y Sarandí.

Durante los primeros años albergó no solo a la Escuela Aplicada de Varones en su parte central, sino también a la Inspección Departamental de Escuelas, a cargo de Benicio Olivera, la vivienda del director y hasta, por algún tiempo, las oficinas del Abasto.

El primer director del establecimiento en esta etapa de su existencia fue Anastasio Bengochea, quien ocupó el cargo desde abril de 1907 hasta 1922. Anteriormente Bengochea había dirigido una escuela de igual categoría en el departamento de Rocha.

El 22 de mayo de 1908 se inauguró el curso nocturno para adultos. Le sucedió, durante ocho años de actuación, Francisca Zabala, primera mujer que dirigió dicho centro docente en tiempos en que aún su alumnado seguía siendo masculino. Luego, la escuela fue orientada por Gerardo Rodríguez, en una época en la que aumentó considerablemente el número de docentes que trabajaba en el establecimiento.

Entre 1931 y 1939 fue dirigida por el maestro José A. Crespo, período en el que fue habilitado el curso nocturno Nº23 para adultos, que años después pasó a funcionar en la Escuela Nº2 «José Pedro Varela».

En 1947, la escuela, llamada popularmente «de Bengochea», dejó su carácter de Escuela para Varones para pasar a ser mixta.

PEDRO BELOU

Pedro Belou fue el segundo hijo del matrimonio conformado por Esteban Belou y Josefina Antoine. Su padre era francés, nacido en Toulouse, ciudad situada a unos noventa kilómetros al norte de la falda francesa de Los Pirineos. Había huido de su hogar para venir a buscar aquí, en América, el vellocino de oro. La familia de su madre, también de origen francés, primero radicada en California (Estados Unidos), luego en Chile, pasó posteriormente a Rosario y luego a Buenos Aires, hasta desembarcar en Montevideo. Fue en la capital del país donde se conocieron Esteban Belou y Josefina Antoine.

Pedro Belou nació en Minas el 19 de febrero de 1884 y vivió aquí hasta 1891, año en que con su familia se trasladó a la capital del país. De su etapa en Minas, Belou recordaba el colegio particular al que concurrió a los tres años y medio, al maestro Blanco, que fue el encargado de enseñarle a leer y a escribir. A los cinco años pasó a ser alumno de la primera escuela primaria de Minas (la Nº1), cuyo director era el profesor Miguel Navarra. Con su hermano mayor, Alejo, se sentaba en el primer banco del grado inicial.

En 1891, junto a su familia, se radicó en Montevideo, donde cursó el Colegio Francés y obtuvo el título de Bachiller en Ciencias y Letras, con el cual los alumnos podían incorporarse a las Facultades de Medicina o Derecho o ser Bachilleres en Ciencias.

Belou tuvo como profesor de Física a Claudio Williman; de Filosofía, a Carlos Vaz Ferreira; de literatura, a José Enrique Rodó. Conoció al Poeta de la Patria, Juan Zorrilla de San Martín.

A pocos meses de iniciado el cuarto año de sus estudios -mediados de 1898-, decidió radicarse en Buenos Aires. Tenía 14 años de edad. Ingresó a la Facultad de Medicina de Buenos Aires en 1901, donde fue un estudiante notable. Recibió el título en 1907 a través de una brillante tesis de doctorado sobre Neuralgia del trigémino, habiendo obtenido la Medalla de Oro de su generación.

Multipremiado por sus investigaciones, Belou fue definido como «el anatomista del Plata». En sus memorias, narró una particular visita a su ciudad natal: «Tuve ocasión de retornar a Minas, con mi madre, mi esposa y mi sobrina Chacha, y visitamos la escuela (Nº1). Cuando pasamos por el local no había nadie más que el sereno. Pedimos permiso para entrar, aduciendo nuestra condición de turistas. Volví a sentarme en el mismo banco donde cursé el primer grado y escribí con tiza en la misma pizarra donde hacía mis sumas y restas, algo por el estilo de lo siguiente: ‘De retorno a Minas, en visita de emotiva recordación, manifiesto que en esta misma pizarra escribí varias veces siendo alumno de esta escuela’. Y firmé: ‘Pedro Belou, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires».

JUAN JOSÉ MOROSOLI

Otro alumno ilustre de la Escuela fue Juan José Morosoli. Así lo contó una de sus hijas, María Luz, en entrevista de hace unos en Semanario AREQUITA. En su libro, Óscar Brando dice: «Juan José había hecho cuarto en la Escuela Nº1 de 2º Grado, la de Solís (hoy Roosevelt) y Sarandí, conocida como ‘la escuela de Bengochea’, director y maestro: había aprobado con la calificación de Notable. Hasta el tercer trimestre de quinto, sus notas eran buenas. Sabemos que ese año había ganado un concurso de redacción y obtenido de premio un viaje para asistir a la inauguración del puerto de Montevideo, programada para el 25 de agosto: la inauguración se suspendió y el primero de octubre (de 1909), ‘por emplearse’, según reza escuetamente el documento escolar, Juan José cerró para siempre su educación formal».

Agradecimientos:

Arq. María Luz Morosoli.

Juan Luis Morosoli.

Maestra Laura Mesa, directora del centro de estudios y cuerpo docente de la institución educativa.

 Fuentes consultadas

Minas, dos siglos de su historia, Aníbal Barrios Pintos.

Juan José Morosoli, Óscar Brando.

Semanario AREQUITA.

Antecedentes históricos y arquitectónicos

A instancias del Virrey Juan José Vertiz y siguiendo sus instrucciones, el comisionado Rafael Pérez del Puerto funda la Villa de la Concepción de las Minas en el año 1782. Allí se va a afincar un contingente de inmigrantes españoles, gallegos y asturianos, en su mayoría, de paupérrima condición. Vemos con admiración que, a pocos años de instalados, en 1792, aparece en la villa la primera escuela, creada por Don Romualdo Ximénez. Se llena así, muy tempranamente, la necesidad sentida por esas humildes familias de impartir educación a sus hijos, algunos ya nacidos en la población recientemente fundada. A partir de ese momento fueron creándose nuevos centros de enseñanza pública y privada. En 1829, a petición del director general de Escuelas «del nuevo país independiente», presbítero Ignacio Zufriategui, el Gobierno Patrio provee la instalación de la primera Escuela Pública en la Villa.

El 27 de agosto de 1877 es promulgado, en el gobierno del coronel Lorenzo Latorre, el decreto - ley de Educación Común, obligatoria - objetiva, laica y gratuita, ideado y articulado por José Pedro Varela. Este hecho impulsó una nueva política educativa en el país, y es así que, en 1888, la Junta Económica Administrativa de la ciudad suscribe un contrato para construir cuatro edificios, tres de ellos destinados a escuelas. Dichos edificios se fueron construyendo en los años siguientes y son las actuales escuelas Nº 8 «Guillermo Cuadri», Nº 2 «José Pedro Varela», y la que nos ocupa, la Nº 1 «Artigas». Esta última había sido inaugurada el 11 de diciembre de 1875, dirigida por don Miguel Navarra, ocupando primero un local en la calle Marmarajá (actual Batlle y Ordóñez) y luego la esquina de las calles 18 de Julio y Sarandí. Finalmente se ubicó en el actual edificio, en Sarandí y Solís (actual Roosevelt).

Fue el más avanzado, en su momento, de los tres mencionados. El proyecto es del arquitecto Alfredo Jones Brown, del año 1904 y la inauguración es del año 1907.

El edificio, de planta simétrica de eje central, albergaba, no solamente a la «Escuela Aplicada de Varones» en su parte central, con gran patio y dos plantas hacia el frente, sino también la Inspección de Escuelas Departamental, la vivienda del director y -por algún tiempo- la Oficina de Abasto, en construcciones ubicadas a ambos lados del gran patio de entrada. La sólida construcción tiene distribuidos sabiamente los espacios abiertos que la rodean. Tiene en su gran patio interior ménsulas de hierro «adelanto técnico muy actual y nuevo» en su momento. El arquitecto proyectista perteneció al grupo de los cinco primeros arquitectos uruguayos, egresados entre 1894 y 1900, y que van a adoptar en su actividad profesional las primeras formas del modernismo nacido en Europa a fines del siglo XIX. Ellos fueron: Antonio Vázquez, Horacio Acosta y Lara, Américo Maini, Leopoldo Tosi y el ya nombrado Jones Brown. Este último perteneció desde sus inicios al «Equipo de Arquitectura» primero y a la «Dirección de Arquitectura» después, del Ministerio de Obras Públicas, llegando sucesivamente a subdirector y director, hasta 1923. Pasó luego a la Oficina de Arquitectura del Banco de la República para dirigir la construcción de su sede principal. Proyectó la «Facultad de Enseñanza Secundaria» (actual Instituto Alfredo Vázquez Acevedo), la escuela del Reducto, el Jardín de Infantes y la Casa Piria de Piriápolis entre otros, además de múltiples edificios para el Banco República (la sede de Minas en 1930), entre otras obras de interés. El arquitecto Walter Domingo, en su libro «Arquitectura del 900», dice: «Dotado de un excelente nivel profesional no pudo desligarse de una estructura constructiva neoclásica ni del eclecticismo. El valor modernista de su obra se concreta principalmente en la decoración fuertemente acentuada en un estilismo que tiende a lo abstracto geométrico». Elementos todos que se encuentran en la Escuela Artigas de la ciudad de Minas: eje central, distribución simétrica, decoración geométrica y utilización de elementos constructivos nuevos.

Para la realización de esta reseña se consultaron las siguientes publicaciones:

  • Minas, dos siglos de su historia, Tomo II, de Aníbal Barrios Pintos.
  • Arquitectos del 900. Alfredo Jones Brown y Leopoldo Tosim del Arq. Walter Domingo
  • Arq. María Luz Morosoli. Semanario AREQUITA, 10 de enero de 2003.

UN BALCÓN A LA HISTORIA

En planta alta de la Escuela Nº1, donde hace décadas se dictaban clases de quinto y sexto, desde 2008 está instalado el museo Un balcón a la historia, abierto a la comunidad, el que, generalmente, se suma a las actividades del Día del Patrimonio. Fue reabierto con nuevos bríos dos años después, en aquel momento para celebrar los 135 años del centro educativo. La idea de conformar un museo surgió de un grupo de maestros que ya no pertenecían a la institución, junto al entusiasta trabajo de José Daniel «Carozo» Pérez Diano, quien colaboró con la infraestructura del museo, aportando vitrinas y muebles. En un sector se pueden comparar las mochilas que se usan en la actualidad con los cartapacios o portafolios que se utilizaban en otras épocas, junto con las plumas que los pequeños utilizaban para aprender a escribir. En otro segmento se aprecia una parte de cine, la evolución tecnológica en las computadoras y de la moneda a través del tiempo. En el museo también puede disfrutarse del formidable trabajo artístico de Ismael Gallo Cosentino, ex alumno de la institución, quien en su momento formó parte del taller de Manuel Vicente «Manolo» Lima, influencia que, por supuesto, reconocía con orgullo en su obra. En el corazón del museo efectuó lo que denominó un homenaje a Juan José Morosoli, representando textos del genial escritor minuano, junto con los pintorescos personales por él creados.