“Tengo la suerte de ser una unipersonal después de haber tenido una experiencia de 15 años en El Observador y de 15 años en Subrayado, en Canal 10”, señala el periodista Eduardo Preve, al frente de La Tapadita, en M24, y conductor, junto a Diego González, de Sin Piedad, por la pantalla de VTV. Ha realizado investigaciones en profundidad que han aparejado consecuencias para los protagonistas. En diálogo con Primera Página Dominical, se refirió a este oficio tiempo completo.

¿Cómo resulta eso de hacer periodismo de investigación en Uruguay?

Hay muy buenos periodistas de investigación en Uruguay. El tema es que no hay empresarios periodísticos dispuestos a financiar que esos periodistas las realicen. Yo lo llamo ‘la dictadura del click’ o del ‘completado de páginas’ o de minutos de aire. Los periodistas tenemos que andar corriendo para completar los espacios e informar. Tengo la suerte de ser una unipersonal después de haber tenido una experiencia de 15 años en El Observador y de 15 años en Subrayado, en Canal 10. Tengo la suerte de estar en dos lugares, en M24 y en VTV, donde me permiten investigar y hacer cosas. Soy mi propio jefe en los dos lados, tanto en la columna, La Tapadita, como en Sin Piedad. De hecho, en el canal, el programa es nuestro, o sea, en cuanto a la línea editorial y periodísticamente nosotros decidimos qué es lo que va y lo que no va. Nadie del canal incide en la línea editorial del contenido de Sin Piedad. Eso está bueno, aunque te exige y te demanda muchísimas horas de trabajo. En contraposición, frente a los medios tradicionales, tengo esa facilidad. Te lleva muchas horas de trabajo. Dedicas muchas horas a investigaciones que de repente no salen a luz porque te faltan pruebas, un chequeo final que nunca llega o un documento, porque puedes quedar al borde de la difamación, aunque estés completamente seguro de que la información es certera. Es muy difícil hacer una investigación porque también está la cuestión de que mucha gente tiene temor de hablar on the record y lo hace off the record. Para informar sobre casos de corrupción pública, sobre presuntos casos de corrupción privada, sobre maniobras ilegales en el Estado, sobre corrupción del Estado en general debes tener documentos o respaldos de personas que se animen a aportar su testimonio. Somos pocos y nos conocemos mucho: hay mucho temor a quedar expuestos y eso hace más trabajoso llegar al objetivo de publicar. De todas maneras, me revuelvo con la vieja y querida escuela tradicional, yo la llamo ‘de los pescadores artesanales’: en cada investigación, de alguna manera, lo que haces es tirar el espinel. Un espinel en la pesca es una cuerda, por decirlo así, de forma bruta, de 50 o 100 metros, o 25 metros, donde cada 1 metro se pone un anzuelo con carnada, en cada esquina se pone un fondeadero. Eso se tira en un arroyo o río y se deja un par de horas o de un día para el otro. Al día siguiente vas recorriendo y levantando anzuelo por anzuelo, viendo si picó algo o no. Yo lo asemejo al trabajo periodístico, porque vas en la chalana del periodista recorriendo el espinel: acá picó, acá no picó, y agarrando la presa en los diferentes anzuelos.

Utilizando esa misma comparación, siempre hay que tener precauciones con el ‘pescado podrido’ que pueda emerger…

Claro. Debes saber distinguir cuándo hay ‘pescado podrido’ y cuándo no. También tienes que saber distinguir cuándo hay una fuente interesada en que se difunda la información, y también en cuándo esa información puede ser de interés público, porque te puede llegar información de una empresa que perdió la licitación y que otra la ganó de una forma irregular y te quieren utilizar. Debes evaluar cuál es el mayor bien público que tienes al informar a la población, que merece saber que en equis licitación hubo corrupción, maniobras ilegales, pese a que con esa información y ese escándalo público puedas generar que se anule esa licitación y que termines favoreciendo a la otra empresa. Por lo general a los periodistas nos llega mucha información de diferentes fuentes, y bueno, hay que saber evaluar en esos casos. Hay que saber evaluar y ver qué información, qué valor es el mayor, si el valor de informar que en un caso hubo presunta corrupción pública o si vos, con esa información, estás favoreciendo a una empresa que perdió la licitación. Muchas veces el acceso a documentación es muy difícil para el periodista. El propio Estado, pese a que está contemplado en la Ley de Acceso a la Información Pública, te pone permanentemente trabas para acceder a información. Declaran de forma reservada bajo el argumento de que eso puede afectar la seguridad del Estado, etc. Entonces no queda más remedio que recurrir a esas fuentes empresariales y discernir: ‘acá me pueden estar utilizando, acá no’. Hay que andar con pies de plomo. Te das cuenta con los años, como los pescadores artesanales. No digo que cuanto más viejos, más mentiroso estemos, como los pescadores -risas-, pero cuanto más viejo te das cuenta de que la presa puede ser un buen pescado o un ‘pescado podrido’.

Como bien decías, “somos pocos y nos conocemos”. ¿Cómo manejas el tema de las presiones, en una escala como la uruguaya donde conocer el domicilio de una persona o el número de su celular no es tan dificultoso?

Dar información me ha costado incluso muchas amistades, amistades cercanas, amigos que me han dejado de hablar porque he publicado informaciones que pudo afectarlos o a sus familias. No es fácil. Hay momentos en que tienes que frenar y pensar un poco en distinguir y en valorar qué es la información que puede golpear más, o si comparas un hecho de corrupción o un presunto hecho de corrupción donde alguien puede haber destinado 60 millones de dólares del Estado durante 5 años para un lugar donde trabajó antes y donde ahora vuelve a hacerlo. Hay que discernir y separar. La cercanía a veces te favorece y en otras te perjudica. Te puede favorecer para obtener información de primera mano, pero a veces te perjudica porque puedes llegar a terminar siendo condescendiente con alguna fuente cercana, que es lo que pasa en general con el periodismo en Uruguay.

¿Imaginas tu vida sin hacer este trabajo? ¿En vacaciones logras desconectarte totalmente?

No, es imposible, ni en vacaciones, ni fin de semana, ni fin de semana largo. He tratado de desconectarme, sí, muchísimas veces, pero con la herramienta celular hoy es imposible porque estás de vacaciones, te llega un dato a las 8 de la mañana, a las 10 de la noche, y te ‘pica el bichito’ de la ansiedad, tienes que chequear, tienes que ver si esto es verdad, si no es verdad, confirmarlo, empiezas a llamar a uno o a otro, y bueno, se te hace muy difícil desconectar. El celular es la herramienta fundamental de trabajo, aunque yo prefiero y he recurrido últimamente a las viejas prácticas artesanales de juntarme con las fuentes, mano a mano, cara a cara, recibir los documentos no por WhatsApp, sino reunirme con las fuentes, justamente por eso que tu decías, que todo el mundo me conoce, sabe mi dirección, mi teléfono puede llegar a estar intervenido. Prefiero ir y juntarme. Me han pasado cosas insólitas con alguna fuente, como la que me aportó documentos muy pesados como el material del celular de Gustavo Penadés. Decidió que nos encontráramos en un edificio, en la escalera de servicio, en un entrepiso. Yo ni siquiera sé si la fuente vivía allí o no, pero cuando fui ya estaba previsto que iba a subir al piso equis. Esa persona, cuando yo estaba subiendo, me dijo: ‘salí del ascensor’. Bajé por la escalera de servicio y en la mitad de ella apareció y me dio un sobre con un disco duro. ‘Bueno, acá tenés información sensible’. No me dijo de qué era. Después me di cuenta de que era todo el celular de Penadés desbloqueado, incluso antes que lo tuviera Fiscalía. Esa vieja práctica artesanal del periodismo está buena, te demanda mucho más tiempo, hablando mal y pronto tienes que levantar el culo de la silla. Está eso del oficio, de proteger a las fuentes y si el día de mañana, por equis motivo, algún fiscal, que los hay y que me tienen muchas ganas, pide la incautación de mi teléfono, que sería un escándalo para no dejar rastros, no va a encontrar nada porque mi teléfono se resetea todas las semanas. Es una vieja práctica que tengo, resetear el teléfono celular todas las semanas por una cuestión de privacidad y para proteger a las fuentes, no porque tenga nada oculto. Además, uso diferentes métodos de comunicación, no solamente WhatsApp, sino dos o tres aplicaciones más, una de ellas que es paga y bueno, también la reseteo por si pierdo el celular o si cae en manos de algunas personas que les pueda servir vender la información que está allí.

Recientemente realizaste una profunda investigación sobre la gestión de Leonardo Cipriani como presidente de ASSE.

En ese caso, lo que hago es un relato lineal de lo que pasó. Cipriani, hasta enero de 2020, era socio y director técnico de Círculo Católico. En marzo de 2020 asumió como presidente de ASSE (Administración de Servicios de Salud del Estado), el principal prestador de salud del país y el principal ordenador del gasto en salud de Uruguay. Durante los casi cinco años de la presidencia de Cipriani, Círculo Católico se vio favorecido ya que las compras de ASSE, donde Cipriani era presidente, se multiplicaron por cuatro en Círculo Católico -en el medio estuvo la incorporación del Sanatorio Casa Galicia-. Es difícil multiplicar por cuatro las compras de ASSE a Círculo Católico hasta llegar a los 60 millones de dólares en esos cinco años, cuando en el periodo anterior habían sido 15 millones de dólares en el mismo período de tiempo. Ahora Cipriani vuelve a trabajar en un cargo de gerente en el mismo lugar -Círculo Católico-. Si la justicia lo investiga corresponderá a ella decir si existió delito o no, si hubo corrupción o no. En la investigación periodística me ‘rompe los ojos’ una situación de ese estilo, no solo a mí sino al propio senador del Partido Nacional Sergio Botana, quien consideró que eso fue «desprolijo».

¿Para la adquisición de Casa de Galicia existió la aprobación express de una línea crediticia?

Exacto. Cuando fue a remate Casa de Galicia, después de que hubiera diferentes maniobras para cerrarla, más allá de que en la situación de Casa de Galicia hubo diferentes maniobras que se realizaron, justo cuando salió el remate (se remató en unos 15 millones de dólares), al mismo tiempo se otorgó un préstamo express -en 24 horas- de 13 millones de dólares para Círculo Católico. Casa de Galicia tenía 40.000 socios y la mitad de ellos fue a parar a Círculo Católico. Imaginate que 20.000 socios, a una cuota de 100 dólares, más o menos, estamos hablando que por mes son dos millones de dólares más que recibe Círculo Católico gracias a ese traspaso de socios que tuvo desde Casa de Galicia.