A través de las redes sociales se realizó una convocatoria a los therians de nuestra ciudad. “Si sos therian y vivís en Minas, queremos conocerte”, establecía el texto de la convocatoria a “juntarnos -en plaza Libertad- para compartir, conversar, reír y crear un espacio seguro donde podamos ser nosotros mismos, sin juicios”. Es un fenómeno global potenciado por las redes sociales. En nuestro intento de comprenderlo, dialogamos con el psicólogo Roberto Balaguer.

El término therians, de origen griego, remite a una bestia o criatura salvaje, a menudo asociada con la naturaleza y la ferocidad. El furor por los therians en Argentina cruzó el río de la Plata y desembarcó en Uruguay, impulsado por jóvenes que aseguran autopercibirse como personas entre humanos y animales.

La primera «juntada de therians» en el país fue en Montevideo, en plaza Independencia, donde se congregaron cientos de personas con máscaras en sus rostros. «La dimensión que toma este tema indica que se trata también de un fenómeno de redes sociales, de situaciones que se plantean y que despiertan a otros que están en otros lugares. Hoy resulta más fácil visibilizarlo y generar algún tipo de encuentro», explicó a Primera Página Dominical el psicólogo Roberto Balaguer Prestes.

GRUPOS Y NIVELES

A la hora de analizar esta situación, el profesional indicó que es preciso «diferenciar distintos niveles dentro del tema». En primer lugar refirió a «aquellos que realmente se identifican y que se autoperciben de ese modo y lo sienten verdaderamente como una realidad, como si lo fueran, básicamente, no seres humanos sino perros, gatos u otro tipo de animales».

En esos casos «debemos pensar que seguramente estemos frente a personas que tienen dificultades de orden psicológico», porque es bien diferente «a sentirse en conexión, que sería un segundo nivel, donde la persona se siente muy identificada, muy conectada, siente que hay características en relación a determinado tipo de animal que coinciden con ella». Utilizó, a modo de ejemplo, lo que ocurre con los signos del zodíaco y la interpretación que de ellos suele hacerse. «Las personas dicen, por ejemplo, ‘yo soy de tauro y los de tauro somos de determinada manera’, pero ahí hay una distancia, uno cree que es un toro, que tiene características que lo hacen pertenecer a determinado lugar a partir de esas características identitarias. Ahí hay una importante diferencia entre quien realmente se siente así, se percibe como alguien perteneciente al reino animal, diferente a lo humano, de quienes dicen que sienten mucha conexión, que se identifican con determinada forma de ser y ciertas conductas».

El tercer grupo es el que está vinculado a las redes sociales. Generalmente está asociado a determinadas edades, «frente a la falta de identidad y a partir de las ganas de pertenecer a un colectivo se acercan un poco por explotar, otro tanto por curiosidad, por juego, porque se trata, en estos casos, de una cuestión mucho más lúdica, de jugar a… Ahí hay una clara separación. No es el primer grupo sino que participa más lúdicamente de todo esto. El segundo y el tercer grupo seguramente sepan diferenciar y tengan una vida más o menos normal, por así decirlo, y toman esas características. Luego eso pasa y siguen sus vidas como tales», expresó.

El psicólogo Roberto Balaguer Prestes incluyó en su análisis el entorno que se origina ante la presencia de los denominados therians o en sus cada vez más frecuentes «juntadas». En ese aspecto, mencionó «la suerte de espectáculo circense al cual asiste mucha gente entre la incredulidad y la sorpresa, como si fuera un espectáculo circense, donde van a ver a estas personas que se visten de tal forma, que se perciben de determinada manera».

Mencionó a un cuarto grupo, «el de los detractores, chiquilines que se juntan para atacarlos, como para condenar a esa especie de identidad, una especie de hater (persona que se dedica a expresar críticas negativas, desprecio u odio, de manera constante y exagerada hacia algo o alguien, principalmente en redes sociales e internet, entre otros ámbitos) frente a esta característica».

MUNDO CRUEL

Balaguer aclaró que sus expresiones conformaban «una suerte de análisis de lo que considero los tipos de participantes». Es decir, «no es un solo tipo, no es una sola forma de participar del hecho, sino que hay varias maneras, con distinto grado de involucramiento, percepción y comunión con esa comunidad».

Realizada esta puntualización, y volviendo al rol de los detractores, manifestó que estos «buscan imponer determinada realidad, son una especie de los defensores de la realidad, donde las más de las veces tienen otro tipo de pertenencias, de sub grupos o de comunidades», fenómeno que definió como «muy curioso», porque, en el fondo «es como cuando se peleaban los metaleros contra los punks: para unos, los otros eran un fraude, y viceversa. Es el Peñarol-Nacional, algo que los seres humanos necesitamos, como producir identidades. Es una búsqueda de identidad», afirmó.

Otra cuestión que consideró interesante y de la cual poco se habla es la utilización de máscaras. «Tiene mucho que ver con el mundo actual, donde los chiquilines están parapetados detrás de los celulares y de las computadoras, y en muchos casos les cuesta mucho interactuar cara a cara, socialmente, ir a una panadería y comprar el pan, porque prefieren usar la aplicación para casi todo. Esa es como una manera de salir, de animarse a salir, pero escudados en un personaje, tan viejo como el juego de máscaras, que es protector de la persona y de la identidad, algo que lo ayuda a salir, que lo protege, porque, a su vez, todavía les falta dar un pasito más como para mostrarse y salir al mundo tal cual son. Tal vez en el primer grupo, la única manera que han encontrado para salir al mundo sea de esa forma y no de otra. En todos los casos estamos hablando de personas que necesitan de una identidad tanto como de una protección que les brinde mayor seguridad a la hora de enfrentar las dificultades del mundo, una especie de coraza».

Preguntamos al entrevistado sobre qué respondería, en términos generales, por supuesto, a un padre que lo consultara profesionalmente porque su hijo se autopercibe de esta manera. Respondió: «Si es un caso del primer grupo, deberíamos pensar que hay una situación que tiene cierto grado de delicadeza, que necesitamos brindarle una atención determinada. En los otros casos, ayudar al hijo a entender por qué necesita de esa protección, por qué necesita recurrir a esa identidad ficticia, a esa máscara para salir al mundo, por qué siente que el mundo es tan peligroso y tan hostil que solamente disfrazado puede circular por la calle», finalizó.