La Coalición Republicana (CR) anunció que no votará la Rendición de Cuentas enviada por el Poder Ejecutivo al Parlamento.

Y, como se da en esta administración una situación inédita (que el oficialismo no tiene mayoría propia en la Cámara de Diputados) esto podría significar que simplemente no haya Rendición de Cuentas y que el gobierno deba seguir trabajando con el presupuesto aprobado el año pasado.

Para la oposición, el Poder Ejecutivo, aún sabiendo que no tiene mayoría en Diputados, no intentó acordar una Rendición de Cuentas y prefirió enviar un proyecto propio, por lo que “es responsabilidad del gobierno” que no haya Rendición.

La misma oposición dice que está dispuesta a discutir y votar ciertas partes de la Rendición de Cuentas, como el apoyo suplementario previsto para las familias más pobres con hijos menores de edad por US$ 31 millones, o el refuerzo presupuestario para la educación y para la Policía.

Pero, ¿es posible hacerlo?

Para el oficialismo, si no se vota a favor de la Rendición en general, la discusión por capítulos de esa misma Rendición es -legalmente- imposible, y por tanto no habrá fondos suplementarios para la infancia, para la educación ni para nada. No habrá Rendición de Cuentas y punto.

En realidad, desde la CR, o lo que queda de ella, se hace un juego a varias bandas, como en el billar. Por una parte, pretenden sacar dividendos de la muy baja popularidad del gobierno y del presidente, según las encuestas. Por otro, pretenden trancar el propio funcionamiento del gobierno, haciéndole las cosas más difíciles y por tanto aumentando -al menos teóricamente- su impopularidad.

Pero es un juego peligroso: sería bastante simple para el gobierno, porque las cartas están a la vista, responsabilizar a los partidos de la oposición por la imposibilidad de brindar mejores asignaciones familiares a las familias que más lo necesitan, o por la imposibilidad de llevar adelante cualquiera de las modificaciones que la Rendición de Cuentas pretende introducir.

Más allá de partidos políticos, que temas tan importantes como la protección social para los niños que viven en las familias más pobres -casi 40% de los niños del país viven en familias pobres- sean rehén de disputas partidarias debería indignarnos a todos.

Y eso se puede pagar caro. Incluso en votos. Porque aunque no lo parezca, la gente no es tonta, y a veces recuerda a la hora de votar.