El pasado viernes 21 de agosto, la Casa de la Cultura de Minas fue escenario de una jornada de reflexión y diálogo en torno a la vida, el pensamiento y el legado del Padre Cacho, sacerdote uruguayo profundamente comprometido con las personas y comunidades más vulnerables.

Organizado por el Padre Fernando Pereira Chaparro y la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, el encuentro reunió a alrededor de 150 personas, entre autoridades de distintas instituciones de la ciudad, referentes sociales, integrantes de comunidades parroquiales y vecinos, que participaron activamente de una propuesta que buscó mirar el presente a la luz del testimonio de quien hizo de la cercanía y del compromiso con los más pobres una verdadera opción de vida.

Bajo el título “Tendiendo puentes, derribando muros: Vigencia del P. Cacho en una sociedad fracturada”, la jornada permitió acercarse a la figura de Rubén Isidro Alonso desde distintas perspectivas y experiencias

Participaron como expositores el Diácono Permanente Dr. José Lima, postulador de la Causa de Beatificación y Canonización del Padre Cacho; la senadora y comunicadora Blanca Rodríguez; la Mag. Mercedes Clara; y el maestro Leonardo Vernazza, quienes compartieron con los presentes distintas miradas sobre la vida, el pensamiento y el compromiso social del sacerdote.

 

El sacerdote Fernando Pereira, párroco de la Parroquia Santa Teresita
El sacerdote Fernando Pereira, párroco de la Parroquia Santa Teresita

 

Una voz que sigue interpelando

El encuentro comenzó de una manera particularmente significativa: con la escucha de la propia voz del Padre Cacho.

A través de un registro de su voz, los presentes pudieron acercarse directamente a algunas de sus reflexiones y a una manera de comprender la realidad que estuvo marcada por la cercanía, la escucha y la convicción de que ninguna persona puede ser descartada.

Fue, de alguna manera, volver a escuchar a Cacho en el presente y comprobar que muchas de sus preguntas continúan teniendo una enorme actualidad.

Posteriormente, el maestro Leonardo Vernazza realizó una presentación sobre la vida y el camino recorrido por el Padre Cacho, para luego dar paso a la senadora Blanca Rodríguez, quien compartió su experiencia como periodista y amiga de Cacho.

Rodríguez recordó el vínculo que tuvo con él durante los años en que, desde el periodismo, se acercó a su vida y a la realidad de las comunidades con las que trabajaba. Su testimonio permitió descubrir no solamente al sacerdote comprometido con los más pobres, sino también al hombre cercano, capaz de generar vínculos y de dejar una huella profunda en quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.

 

Mirar la pobreza desde la cercanía

La Mag. Mercedes Clara profundizó en algunos de los aspectos centrales del pensamiento y de la práctica del Padre Cacho.

Su exposición puso de relieve una característica esencial de su manera de vivir el sacerdocio: Cacho no miraba la pobreza desde lejos.

Se acercaba a las personas, compartía sus realidades, escuchaba sus historias y buscaba comprender las causas profundas de las situaciones de exclusión.

Su compromiso no consistía solamente en asistir frente a una necesidad concreta, sino en acompañar procesos y ayudar a que las personas recuperaran su dignidad, su voz y su capacidad de organizarse y construir un futuro diferente.

En una sociedad que continúa enfrentando situaciones de pobreza, exclusión, adicciones, soledad y vulnerabilidad, aquella mirada sigue planteando preguntas incómodas pero necesarias.

 

Panelistas de la charla sobre el Padre Cacho
Panelistas de la charla sobre el Padre Cacho

 

Del recuerdo al compromiso

El cierre de la jornada estuvo a cargo del Dr. José Lima, postulador de la Causa de Beatificación y Canonización del Padre Cacho.

Lejos de proponer una mirada meramente histórica, Lima invitó a los participantes a convertirse en protagonistas de una reflexión sobre la realidad actual.

Organizados en grupos, los presentes trabajaron a partir de dos preguntas:

¿Dónde vemos “muros” en lo que nos rodea y qué situaciones necesitan una mirada como la de Cacho?

Y una segunda, todavía más concreta: ¿Qué puente podemos empezar a tender nosotros para colaborar en la transformación de esa realidad?

Las preguntas permitieron que el encuentro pasara del recuerdo a la responsabilidad personal y comunitaria.

Porque hablar del Padre Cacho no significa solamente reconocer lo que hizo décadas atrás. Significa preguntarnos qué haría hoy frente a las nuevas formas de pobreza, exclusión y fragmentación social que tenemos delante.

 

Una sociedad que necesita puentes

La jornada dejó una certeza: la figura del Padre Cacho continúa teniendo una enorme vigencia. En tiempos donde muchas veces crecen la polarización, la indiferencia y la dificultad para encontrarnos con quien piensa o vive de manera diferente, su testimonio vuelve a recordarnos la necesidad de acercarnos, escuchar y construir vínculos. Los muros no son solamente aquellos que separan físicamente. También existen muros de prejuicio, indiferencia, miedo, soledad y exclusión. Y frente a ellos, el desafío sigue siendo el mismo: tender puentes. Puentes entre personas. Entre generaciones. Entre instituciones y comunidades. Entre quienes tienen oportunidades y quienes han quedado al margen. Puentes que permitan recuperar la confianza y volver a mirarnos como parte de una misma sociedad. La importante participación de vecinos, autoridades, representantes de distintas instituciones y miembros de las comunidades parroquiales de Minas convirtió la actividad en un verdadero espacio de encuentro y diálogo. Más que una mirada hacia el pasado, la jornada quiso ser una invitación a mirar el presente y asumir que la construcción de una sociedad más justa y solidaria también depende de cada uno de nosotros. Quizás allí se encuentre la mayor vigencia del Padre Cacho: en su capacidad de recordarnos que no alcanza con preguntarnos qué está mal en nuestra sociedad. Tenemos que preguntarnos también qué podemos hacer para transformarla. Y, como quedó planteado durante el encuentro, quizás el desafío pueda resumirse en dos preguntas sencillas, pero profundamente exigentes: ¿Qué muro puedo ayudar a derribar? ¿Qué puente puedo comenzar a tender hoy?

Sacerdote Fernando Pereira Chaparro

Parroquia Santa Teresita