Una reciente encuesta de Factum muestra que la principal preocupación de los uruguayos continúa siendo, como ha sido por muchos años, la seguridad. Para ser más precisos, para 53% de los uruguayos. Le siguen la economía (10%), el trabajo (9%). Luego la educación, el gobierno, la política y la inflación, todos ellos con 3%. Más abajo todavía, con 2% o 1%, figuran preocupaciones como “personas en situación de calle”, “la pobreza/indigencia”, “la protección a niños y adolescentes”, “los impuestos”, “la corrupción”, “el ingreso de los hogares”, “la pobreza infantil” o “la violencia”.

Es muy comprensible que la (in)seguridad sea una de las principales preocupaciones de los uruguayos. Casi todos hemos experimentado, en nuestra propia vida, el deterioro de la seguridad, cosa que suelen reflejar las estadísticas oficiales. En Minas, hace medio siglo, la gente no cerraba con llave la puerta de su hogar, al menos durante el día. Tenemos nostalgia de un mundo que ya pasó, ya fue y que no existe más. En fin, es comprensible que la (in)seguridad preocupe mucho a los uruguayos. Pero lo que no tiene sentido alguno es que la pobreza infantil nos preocupe tan poco.

Casi cuatro de cada diez niños uruguayos vive en una familia pobre. Casi el 40% de los niños uruguayos crece en la pobreza. Eso significa una  verdadera tragedia para esas familias y esas personas, porque crecer en la pobreza significa, casi inexorablemente, una adultez marcada por la pobreza, también, y por la falta de oportunidades, a lo largo de toda la vida.

Pero eso significa además un problema mayúsculo para el país: si algo nos han mostrado los países que tienen un alto nivel de desarrollo, es que el nivel educativo y la inversión en la ciencia y las tecnologías a nivel nacional son claves para el desarrollo y el crecimiento económico. Y eso es imposible con tal proporción de niños pobres, en un país que justamente tiene muy pocos niños. La pobreza infantil, además de ser una tragedia personal y familiar, es una tragedia nacional que hipoteca nuestro desarrollo humano, social y económico.

Y, peor, es un tema que casi no provoca preocupación entre los uruguayos.