En la Asociación Amigos del Arte, enmarcado en la celebración de sus 80 años de vida trabajando por la formación y difusión de la educación, el arte, y la cultura, se presentó el libro de Juan Scuarcia “El condenado”,

La apertura y bienvenida estuvo a cargo de Anahí Fuentes, representante de Amigos del Arte, que destacó la presencia del escritor Scuarcia y de la escritora Nair Libonatti, quien tuvo a cargo la presentación e invitó a las diferentes actividades a realizar por los 80 años de la institución.

AMIGOS DEL ARTE

Scuarcia agradeció a Amigos del Arte, “un lugar que nos ha acompañado toda la vida. Cuando venía hacia aquí, pensaba que desde la escuela siempre escuchando de Amigos del Arte, siempre, es una constancia de tantos años. Aquí presenté mi libro anterior, ‘El pirata de las vaquerías’. Mi agradecimiento a esta histórica institución cultural de Minas es siempre enorme”.

PUBLICAR

Seguidamente Scuarcia se refirió a las significancias de publicar, “la idea es sacar un libro con poca difusión como uno saca este y otros que he escrito, porque lo que tiene sentido es el encuentro con gente, en un momento que están dispersos, hoy he encontrado gente muy querida que hace mucho que no veía. Nos acompaña la profesora Rosana Mazzoni que hizo la presentación en Montevideo de ‘El condenado’. Y varios amigos y amigas más, muy queridos, que es una alegría encontrarlos en Amigos del Arte”.

PRESENTACIÓN

Libonatti ratificó lo expresado por Scuarcia y señaló que “Amigos del Arte es siempre un cálido abrazo. No me canso de decirlo. Y esta presentación es muy especial, porque soy escritora, hace siete años que escribo, empecé, y fue en el taller que hacía Juan, en La Casa Encantada, taller que fue un antes y después en mi vida, y hoy él me honra convocándome a esta presentación de su libro ‘El condenado’”.

IR A MÁS

Destacó Libonatti que “uno llega al libro y conmueve ya desde su tapa, al mirarlo uno se dice: ‘Yo estuve ahí’. Y no sé por qué esta ilustración de tapa te sugiere eso, y al leerlo -conociendo a Juan y cómo escribe-, uno encuentra ese mundo fascinante que tiene su literatura, te lleva por distintos planos, las sorpresas, los giros que le da a la historia, es como que el libro se abriera y siempre es ir a más, te ofrece un universo en movimiento constante, no se detiene, vas leyendo y evolucionando con la historia, con sus personajes. Juan tiene sus recursos que pone cosas que resultan raras y te hace pensar, y tenés que volver a leer nuevamente, además constantemente te saca una sonrisa cómplice. Su manera de escribir es muy particular”.

MIRAR ATRÁS

Libonatti se refirió a la riqueza de la imaginación de Scuarcia, “quizá las cosas que se hablan en ‘El condenado’ han sucedido en distintas épocas de la historia, pero capaz que algunas están para suceder.

Hay una constante que es esa sensación de que son cosas que sí, que son posibles, a pesar de que el libro está escrito como con una fantasía por momentos, otras reflexiona y apoyas su pensamiento, y te sorprende y eso es lo maravilloso de tu escritura Juan, porque se siente tu voz a medida que lo vamos leyendo”.

Seguidamente Libonatti leyó un trozo de la novela “El condenado” donde los sentimientos, la nostalgia y la vida, están sostenidos por la imaginación y la escritura de Scuarcia.

“UNO ESCRIBE”

Luego de la lectura, Libonatti preguntó cómo y cuánto le llevó escribir, “se nota que es un libro de largo aliento”. Scuarcia respondió que “los primeros párrafos quizás tengan 20 años. Es decir que cuando uno escribe no por una cuestión comercial, y no me hago el que no quiero vender, ¡por favor, compren el libro! Quiero decir que al no tener la suerte o la desgracia de entrar en el circuito comercial, uno escribe desde un lugar de paciencia, a fuego lento, -además escribí y publiqué otras cosas en el medio-. El principio de esta historia era o tuvo que ver cuando fui con Primera Página a Haití y al Congo. Me impresionó mucho ver a las fuerzas de la ONU llegando a un lugar como Haití, un lugar que parece el medioevo todavía, donde ves mujeres en mulas cargando leña para cocinar, y llegaban esas fuerzas de diez o doce países diferentes a instalar una nueva realidad. Fue fuerte ver ese choque cultural con la idea de imponer algo, hacía como una cosa despectiva sobre lo que está hecho en esos lugares. En realidad no es muy diferente a qué pasó acá cuando llegaron los españoles, los europeos. Es como que nadie ha aprendido nada de nada. Eso fue lo que me motivó a decir: ‘¿Qué pasaría?’ Ese es el origen del libro, la idea. Si a Minas llegara un ejército chino, -aunque en el libro habla de orientales-, y nos cambian todo: el campeonato de barrio no se hace más acá. En tal cancha no se puede jugar más. ¿Por qué? Porque no. Ahora lo que vas a tener que hacer es aprender a meditar. Una cosa es por elección, otra cosa es que una autoridad te diga: ‘No, ahora eso no. No, así como vos haces la medicina, no, eso ya no va más, ahora flores de no sé qué, y así todo. Empieza a cambiar todo, y ese fue el origen de la idea. Después mutó la historia”.

DIFÍCIL PERO NO TANTO

Scuarcia aseguró que “quería que fuera con un lenguaje súper sacado de la realidad, difícil de leer, (se ríe) pero era tan difícil de leer la primera parte que me lo dicen, que cuesta mucho entender, avanzar en la trama, pero después al corregir, retoqué y dio que empezó la historia a cambiar, a ir por otros carriles, y una de las cosas que el libro tiene como muy loco al principio, tiene una razón de ser, porque se cierra al final”.

“Y SALIÓ ESTA NOVELA”

Reconoce el escritor que “el libro es como una especie de delirio, es como si me hicieron un electroshock y me hubieran puesto a escribir. Porque en la novela hay dos sociedades. Imaginemos Minas colonizada por una sociedad oriental que cambió todas las reglas, un tipo dictadura, una teocracia absoluta, con reglas, ‘acá el que se hace el vivo, las paga’ y así la historia fue cambiando y salió esta novela”.

POR LA VIDA

En el intercambio con el público, se habló del humor, la carga de cierta ciencia ficción, el policial, lo sentimental y romántico, la autoayuda, la imponente poesía que siempre carga en la escritura Scuarcia, y esos pedazos de la vida de Minas que se reflejan en la novela, dijo: “Me acordé que ‘El Adela’ Vázquez, era jugador de fútbol, y el libro cuento una anécdota desdibujada claro. La historia original es que se jugaba una final del Campeonato de Barrio, Zamora, el cuadro del barrio nuestro en el que jugaba Vázquez y Tabaré el cuadro del cuartel. En la época de la dictadura. Cuento con alguna exageración en el libro, pero la historia es así: hay un penal faltando poco para el final a favor de Zamora. Con el ‘milicaje’ aquel de plena dictadura, sí o sí tenía que salir campeón Tabaré. Entonces, este muchacho Vázquez, pone la pelota en el punto penal, cuando se adelanta a patear hace el amague y se agacha para atarse los cordones, el arquero de Tabaré se tiró, y quedó caído como una bolsa de papas, pero se levantó malo, y derecho a pelearlo, se armó un lío, y la pelota ahí esperando. Lo tuvieron que patear de vuelta, pero a Vázquez lo echaron, eso yo no sabía, pero la presentación que hicimos en la Casa Lorca estaba Noelia Corbo, me contó que su abuelo era el juez de ese partido: ‘El Corvina’ Corbo. Y ella después le preguntó al padre, y le dijo que sí, fue cierto, y que el abuelo lo echó porque era como una ofensa. Todo esto no aparece en la novela así”.

DIBUJO DE TAPA

Hubo mucho intercambio con el público, memorias, recuerdos, historias, -no faltaron Groenlandia y Trump-, y alguien preguntó “¿Quién hizo el dibujo de la tapa? Scuarcia respondió: “Eso tiene un cuento muy lindo. Cuando iba a editar me pregunté quién puede hacer una carátula a esto tan loco, tan delirante. Me acordé de un amigo, Fernando ‘Vasco’ Irazábal artista plástico y profesor de Bellas Artes ya fallecido. Llamé a su esposa, o sea su viuda Mariana, y le dije: ‘Me gustaría si encontrás alguna cosa del Vasco que pueda ilustrar la tapa’. Me respondió: ‘Voy a leer el libro y busco’. Leyó y me dijo: ‘Tengo este’. Y yo dije: ‘Chau, es esta’”.