Si bien los por qué son siempre multicausales, en la vida de Guillermo Bachilieri la separación de sus padres marcó un antes y un después. Fue corriendo los límites hasta que el consumo de cocaína pasó a ser diario. Hoy, domingo 21 de junio de 2026, hace ciento treinta y cuatro días que está “limpio”. En redes sociales comparte su historia de vida y su lucha del día a día, testimoniando que, aunque nunca es fácil hacerlo, sí se puede salir del consumo problemático de sustancias.
¿Cómo era tu vida antes de ingresar en el consumo?
Los primeros contactos con el consumo los tuve cuando tenía 16 años. Mis viejos se separaron cuando yo tenía 14 años, y dos años después mi casa era un caos. Empecé a robarle pastillas antidepresivas a mi mamá, las cuales tomaba con cerveza. Estaba muy triste, muy amargado por esta situación. Luego conocí a la mamá de mis hijos, dejé todo un poquito, me enamoré, hasta que empecé con el alcohol a los 22 o 23 años de manera fuerte. A los 27 conocí la cocaína en una separación que tuve con mi otra pareja, mamá de mis otras dos hijas. En un recital me convidaron y quedé enganchado.
Traía una vida un poco desorganizada, pero siempre trabajando, siempre cerca de mis hijos hasta ese momento. A los 27 años, en mayo del 2008, probé la cocaína. Al año siguiente tuve un siniestro de tránsito y tuve que despegarme un poco de mi entorno.
¿Qué efectos te provocaba la cocaína?
En el último tiempo, una psicóloga me hizo ver que yo empecé a tomar cocaína en un momento en el cual me había dejado la mamá de mis hijas, Valeria. Yo me iba de joda; ella se fue. Me encontré con un compañero de trabajo en un concierto y para mí probar cocaína fue curiosidad o diversión, porque había chicas y qué sé yo… Al momento de probarla fue motivación, placer, pasarla muy bien. Era viernes a la noche y hasta el lunes estuve despierto, con estas chicas, andando en mi auto.
Me enganché al instante porque ya no fue un consumo de una vez cada tanto, sino que era de todos los fines de semana, desde el viernes y hasta el lunes. Eso me llevó a perder el trabajo, a ir sin dormir a trabajar. Luego me arreglé con Valeria, pero yo ya no era el mismo, era otra persona, ya me había enfermado.
Estamos hablando de una droga poco accesible desde lo económico.
Es cara. En ese momento yo trabajaba, había tenido un accidente, había cobrado un seguro, y se me fue toda la plata en eso, se me fue mucho dinero en todo esto.
¿Qué fue lo peor que hiciste para acceder a una dosis?
En cuanto a cosas materiales, vendí todo lo que tenía, camionetas, autos, todo. Nunca llegué a robar, pero sí a entregar cosas. Quedé sin trabajo hace un año. Siempre tuve buenos trabajos, donde ascendí rápido y llegué a ser gerente, por lo que siempre anduve con plata. Así y todo, nunca me alcanzaba. Por eso me endeudé, por eso saqué préstamos. Hoy en día tengo préstamos en tres casas de crédito y en bancos y no tengo trabajo.
He mentido, he faltado a compromisos con mis hijos. Mis otras dos hijas no saben lo que es ir a un acto escolar conmigo. Nunca tuve problemas con la ley. Como menor quedé detenido por andar en la vuelta, pero mi vieja me fue a buscar y ahí se terminó todo.
Siempre tuve mi estrategia. Dentro de todo soy una persona inteligente y siempre algún plan armaba, ¿viste?
¿Qué pasó con los amigos en tus peores momentos?
La mayoría de ellos eran personas del consumo. Mientras estás muy arriba en el consumo, solo te importa eso y nada más. Ha pasado mucha gente por mi vida, he tenido muchas parejas por esa inestabilidad, y las parejas no se quedan, no se han quedado conmigo por ese motivo. Es entendible, porque si te aguantan el consumo, no aguantan que vos te vayas el viernes y vuelvas el lunes. Nunca fui infiel, jamás fui violento, nunca fui una persona de insultar, pero yo me desaparecía. Por ese motivo esas personas decidieron irse de mi vida.
Este último tiempo tuve tres amigos. Durante muchos años yo disfracé todo esto en una depresión. Mi familia lo sabía, pero como que toda mi vida lo escondí. Desde el 2022 fue insostenible porque mi consumo pasó a ser diario. Se me fue mucha gente, me dejaron de hablar porque también me deterioré mucho físicamente. Los que se quedaban eran los que consumían conmigo. Además, siempre fui una persona que pagué y esos son los amigos del campeón…
¿Cómo viviste la abstinencia?
Quise salir varias veces. En estos 18 años de consumo, un montón de veces me prometí, me hice juramentos, he pasado noches de consumo extremo, 10, 12, 15 gramos con una persona, vomitar, sangrar la nariz y en todos esos momentos querés salir. Tenés que tomar la decisión y bancar la abstinencia y yo no podía hacerlo. Recaía, pero esta última vez se me juntó un montón de cosas. Me deterioré mucho de salud, se me cayó un diente, bajé 30 kilos, mi hijo con 24 años llorando, pidiéndome que no consuma más… El 11 de enero fue mi cumpleaños y yo estaba tan desfigurado, flaco, muy mal. Yo tuve una productora de eventos durante mucho tiempo y anduve mucho en la noche. Entonces me organizaron un tipo recital. La gente no quería venir a abrazarme ni a darme un beso. Me iba al baño, consumía, me miraba al espejo y estaba desfigurado. Se me caía la sustancia por la nariz, un desastre.
Esta es la primera vez que banco la abstinencia. Llevo más de 130 días “limpio” y es mucha la angustia. Esto te maneja los pensamientos, las decisiones, y te hace ver que todo tiene solución, porque mientras consumía, mi vida estaba solucionada. Tenía un dolor enorme porque era como entregarle el alma al diablo, porque tenía que consumir todo el día. Mis últimos años fueron de consumo diario.
A mi la abstinencia me llegaba en forma de angustia, me ponía muy triste. Me daba unos tiros de merca y volvía al estado en que yo quería estar. Cuando la abstinencia se fue despidiendo de mi cuerpo, era mucha la angustia que sentía, porque los pensamientos que tenía se iban y yo veía que había otra realidad: sin trabajo, mal de salud, con movimientos involuntarios en todo el cuerpo. Hasta el día de hoy me pasa. Empecé a leer, a hablar con psicólogas, con personas que se han recuperado, comencé a hacer ejercicios físicos y a mantener la cabeza ocupada.
Todos mis sueños hoy en día tienen que ver con el consumo, con momentos que viví consumiendo. Me levanto y no me acuerdo del sueño, pero a las cuatro de la tarde digo, de repente, ¡ay, soñé esto! Tenía una amiga con la que nos juntábamos días y días y todo el tiempo tengo esta clase de sueños. Para mí son los últimos vestigios, es lo último que me está pidiendo el consumo.
El primer mes fue terrible. No salí de mi casa, me quedé encerrado, me fui a la casa de mi vieja a encerrarme porque sabía que solo no iba a poder estar.
Hablemos de estos más de 130 días “limpio”. ¿Qué cosas, de las más simples, recuperaste?
Lo fundamental es que mis hijos me miran con otros ojos. Es fundamental porque mi calidad de padre se había caído. Fui un padre ausente, desde siempre. Mi hijo mayor tiene 24 años y yo consumí durante 18.
Perdí mucha confianza en eso, en los vínculos, sobre todo en relación a los más cercanos. Tuve una productora de eventos durante cinco años y ahí estaba bien porque el ambiente era de consumo, de alcohol.
Por ahí tengo más claridad ahora, veo que todo tiene solución para mí, disfruto de la vida. De hecho, le estoy brindando ayuda a un montón de personas que están pasando por esto. Yo creo que hoy todo tiene solución, o al menos no me afecta con la gravedad que me afectaba anteriormente. Estoy positivo, mientras que el consumo te hace ver que todo está mal. Hoy genero mi propio placer y motivación o a las cosas que puedo solucionar las genero yo sin buscar nada en el exterior.
Llegué a un momento en el que se me cerró el estómago por el consumo. Pasaba cuatro o cinco días sin comer. Ahora disfruto un montón de la alimentación, de tomar mate a la mañana, que es lo que hago ni bien me levanto. Me implanté una rutina y hoy tengo la vida organizada, paso tiempo conmigo mismo, cosa que no hacía porque estaba siempre presente el consumo y a veces me costaba consumir solo. Tenía que buscar a alguna amiga, porque había un plantel de cuatro o cinco amigas que siempre estaban. Me amigué conmigo mismo. Al haber estado en el fondo, tener avances, aunque sean de medio casillero, es un montón.
A su vez decidiste compartir tu historia y tu lucha para ayudar a quienes están pasando por lo que tu viviste.
Dejé de consumir el 6 de febrero. Cinco días después estaba durmiendo muy mal, dos horas por día. Ese día tiré mi tema en las redes sociales, diciendo que iba a volver a comprar porque había conseguido la plata para hacerlo. Ya le había escrito a la chica porque no aguantaba más. Me llegaron más de 100 mensajes dándome aliento. Ahí frené, llamé a mi hermana, quien siempre estuvo, y me calmó. Después entendí que era parte de todo este proceso ayudar a los demás, que era terapéutico. A mí me ayuda un montón hacerlo. Hoy me mantiene ayudar a los demás con mi historia o dar un abrazo, porque cuando estaba tirado en la cama, consumiendo, yo también miraba las redes y leía historias y situaciones con las cuales me sentía identificado. Decía: si a él le pasó lo mismo que a mi y logró salir, ¿por qué yo no podré hacerlo? Entendí que mi historia le sirve a un montón de gente y que con las redes sociales no hay fronteras, porque recibo mensajes de gran parte del mundo.
Tienes toda una vida saludable por delante.
Hasta los 45 años, mi vida fue desorganizada. Hace un tiempo hablaba con la madre de mis hijos -lloro mientras te lo cuento-. Ella me decía: mirá los chicos cómo te ven… Y yo le decía que ya tenía 45 años. ¿Cuánto más hay que vivir? Ya cumplí. Los nenes están grandes. Nunca había cumplido, había estado con ellos, con la cara demacrada, o “de caravana”. A ella le plantee que quería matarme y ella decidió acompañarme y apoyarme. No tenía más ganas de vivir: había tenido mi productora, mi trabajo, mi casa… Cinco meses pasaron desde aquella charla y hoy puedo decirte que tengo ganas de vivir y hacerlo de otra manera, sin mirar para atrás, aunque sé que es a donde no tengo que volver. Perdí muchos años; hoy me tocó empezar a vivir bien a mis 45 años. Hoy tengo una energía increíble. No tengo la receta mágica, por supuesto, pero sé que si a un pibe lo voy llevando, le puedo hablar y decir un montón de cosas, le puedo dar una gran mano.
Hoy tengo una red de contención bárbara, que es mi familia, mis hijos. Leo mucho sobre el tema porque le quiero poner nombre a todo lo que me pasó. Sé que, si uno se lo propone, sale, aunque en muchos momentos de mi vida sentí que era imposible hacerlo.