Dedicamos las páginas centrales de esta edición de hoy a recordar a un deportista de ley, quien trascendió ese ámbito, abrió caminos y fue un gran referente para varias generaciones. A 91 años de su nacimiento, repasamos parte de la trayectoria del profesor Radamés Juan Ventura Olivar.
Radamés Juan Ventura Olivar nació en Minas el 26 de agosto de 1934. Hijo único, se crio en el campo, en la zona de Campanero, y luego, cuando tenía 12 o 13 años, se trasladó a la ciudad. «Iba a la escuela a caballo y luego se radicó en Minas. Nos contaba que, al principio, un poco se burlaban de él, por esa cuestión más campesina. Poco a poco, se fue adaptando, a partir de su espíritu rebelde. Era muy bueno en el deporte, era muy veloz. Entonces, se fue destacando en esa disciplina. En la familia había algunos militares y mi padre hizo un año del Liceo Militar, para luego ingresar al Instituto de Educación Física, donde estaba el profesor Alberto Langlade. Esa era su verdadera pasión, él quería ser docente, quería ser profe».
Su adolescencia y su juventud transcurrieron en Minas, etapas «atravesadas por anécdotas continuas con amigos. De la Plaza, de los jugadores fútbol, de personajes dentro del ámbito del deporte y que no nombro porque no quiero olvidarme de alguno».
La historia familiar está relacionada con el Cerro Ventura, «predio que era de mi tatarabuelo», comenta Daniel, «y que fue cedido al gobierno en la década del ‘50 para construir allí el monumento a Artigas".
VIDA COMPARTIDA
Daniel nos cuenta que tuvo «la posibilidad de disfrutar a mi papá hasta los 75 años. Mucha vida...».
Acerca de su personalidad, destacó que «era muy extrovertido» y que «hablaba mucho con nosotros, sus hijos. Tenía un anecdotario diario. Es decir, repetía anécdotas, pero cada vez que lo hacía, sumaba algún que otro firulete. Había algo dentro de ese anecdotario, dentro de ese relato que ingresaba y que lo hacía nuevo. Por eso era tan lindo hablar con él, porque revivías toda esa etapa de su Minas, Campeón del Este, con el grupo de atletas que formó en la Plaza de Deportes Nº1 del Barrio Olímpico, a la cual amaba y en la que invirtió parte de su patrimonio, algo que no le importaba hacer porque era un filántropo en ese aspecto. Se metió en la comunidad, se la jugó por la comunidad y vivió en la comunidad y eso tiene para mí un gran valor: su vocación despojada de todo».
Recordó que fue técnico de atletismo, que participó en el Panamericano de Cali, Colombia, fue técnico de la Selección Uruguaya y que, por su pasado como atleta, «tenía esa impronta, fundamental para lo que siguió, sumando la pasión por el fútbol y el básquetbol y por todo lo que vino después en su carrera».
Nuestro entrevistado señala que su madre, Elsa René Tellechea Berrueta, fue «una compañera de ruta increíble. Él le llevaba 18 años. Mi mamá lo acompañó en esta ruta, en esta vida que tuvo, tan intensa, de viajes, de competencias. Mi madre sostuvo mucho la crianza y fue un equipo muy lindo el que armaron. Y como todo en la vida, con sus idas y sus venidas, pero desde el lado de cada uno nos dieron todo lo que nos podían dar y nosotros lo recibimos con el mismo amor y lo reconocemos. Me gusta reconocer a mi mamá porque ha sido fundamental. Quizá él no hubiera podido realizar muchas cosas sin ella acompañándolo».
ETAPA PROFESIONAL
Dentro de la actividad profesional de su padre, Daniel recuerda que comenzó con su llegada a Bella Vista de Montevideo y que a partir de ese momento, «no paró: Nacional de fútbol, River Plate, Danubio, Liverpool, Racing, la Selección Uruguaya Juvenil y después el baloncesto, la Selección Campeona Sudamericana, Vicecampeona del Preolímpico, con el sexto puesto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en el año 1984».
«No paró, dedicado también a lo infantil. Él era disertador itinerante de la Comisión Nacional de Educación Física por lo que, de alguna manera, también organizaba los campeonatos de Baby Fútbol, hasta que tuvo ciertas discrepancias y se alejó porque no era alguien que se quedara callado. Todo lo que no le parecía bien, lo decía. Era muy frontal, lo cual le generó determinados costos. Luego de una etapa en el fútbol -creo que los últimos equipos fueron Cerrito y Sud América- emigramos a Miami, previo al Mundial del ’94. Él se fue en 1992 y nosotros enseguida. Estuvimos cuatro años allá. Después volvió, porque extrañaba Uruguay. Hizo una gran experiencia porque fue docente en la Universidad de Miami y en varios colegios de Estados Unidos. Es una etapa que no se conoce tanto de su vida, pero que también fue muy enriquecedora», continuó.
Muchos fueron sus compañeros de ruta, pero si tuviera que citar solo a uno, Daniel Ventura nombra a Alberto Langlade, «que fue su profesor en el Instituto Superior de Educación Física, a quien adoraba y quien fue su maestro. Langlade tenía libros publicados en Alemania sobre gimnasia, un uruguayo notable, un precursor y un adelantado en la educación física».
«Tenía amigos entrañables y él los reconocía a todos en cada anécdota. Fue muy lindo haber vivido todo eso con él, haberlo disfrutado con él, caminando por la calle, en alguna comida o en un homenaje que le hicieron», prosiguió.
Al volver a Uruguay, Radamés Ventura se sumó a la Escuela Italiana, «donde Jorge Seré tenía la parte de fútbol y había otras figuras en el cuerpo docente. Estaban Carlos Soca, William ‘Pato’ Castro, Gustavo Machaín, Ospitaleche, gran amigo. Luego se vinculó a Atenas de San Carlos. Cuando subió a Primera, era el preparador físico».
EL BABY FÚTBOL
El profesor Radamés Ventura fue en su momento precursor del Baby Fútbol. Con el transcurso del tiempo, notó que algunas cuestiones habían sido cambiadas y continuó su camino. Así lo recuerda Daniel. «Con el tiempo, el Baby Fútbol se transformó en algo un tanto diferente, pero tampoco perdió su intención original. Lo que ocurrió fue que él trajo desde Europa la idea de las escuelas de fútbol y contraponía el tema de la competencia a determinadas edades. Luego, pude compartir con él este tema como psicólogo. Él estaba muy abierto a todo lo psicológico y realmente era interesante el intercambio que podía tener con él en este aspecto. El cuidado de lo que nosotros llamamos especialización temprana en el deporte desde el punto de vista físico y desde el punto de vista psicológico. Proponía evolucionar en este aspecto y cuidar el punto de vista físico y psíquico de nuestros niños. Esto es algo que se discute hasta el día hoy, así que imagínate la vigencia de sus ideas», analizó.
Tras su retorno al país, estuvo al frente de una Escuelita de Baby Fútbol en Mariscala. «La gente de la localidad lo arropó en un momento en el que necesitaba volver a su tierra. La gente de Mariscala lo recibió y lo hizo muy bien. A la escuelita le pusieron el nombre ‘Radamés Ventura’ y él estaba muy feliz allí. Con más de 70 años, se iba a las cuatro de la mañana y daba clases dos días seguidos. Estaba feliz porque su vida era esa, rodeado de niños de distintos lugares, en el intercambio con los padres. Todo eso lo hacía feliz».
HOMENAJES
Daniel siente que su padre fue profeta en su tierra y por ello agradece el reconocimiento del pueblo de Lavalleja. «Cuando era chico y estábamos en Minas, no quería salir con mi padre. En otras ocasiones íbamos a votar o por algún motivo puntual. En dos o tres cuadras lo saludaba todo el mundo, se paraba, lo abrazaban, unos reencuentros efusivos divinos, pero no avanzábamos. Era increíble sentir ese amor de la gente, de hombres y mujeres de Minas que habían sido sus alumnos y que lo recordaban con tanto amor. Eso me impresionó. Estuve en varios homenajes que le hicieron. Fue reconocido en vida, tuvo el reconocimiento de su gente».
«Nací en Minas y me crie en Montevideo. Me siento muy minuano, porque también me gusta reconocer. Por eso quiero aplaudir al pueblo de Minas y al pueblo de Lavalleja, particularmente al de Mariscala, los lugares donde él estuvo. Por donde él anduvo, dejó huella y la gente se le devolvió con mucho amor», subrayó Daniel.
El 6 de diciembre de 2023, por unanimidad, la Junta Departamental de Lavalleja, conforme al Decreto Departamental N° 3.858, resolvió: «Concédese a la Intendencia Departamental de Lavalleja la autorización que prescribe el Inciso 31 del Artículo 19° de la Ley Orgánica Municipal N° 9.515, para proceder a denominar con el nombre de ‘Prof. Radamés Ventura’ a la actual calle Ciudad de Aiguá de la ciudad de Minas, de acuerdo a iniciativa adjunta a estos antecedentes». La familia espera el momento del homenaje para poder participar de él junto al pueblo por el que tanto hizo el profesor Radamés Ventura.
INOLVIDABLE
«Mi hija mayor, que tiene 22 años, conoció a mi padre, se acuerda de él y pudo disfrutarlo. Cuando mi hija menor nació, a los pocos meses él falleció, por lo que no lo recuerda. Por ese motivo también es que mantenemos vivas sus anécdotas en las reuniones familiares. Mi hija más chica es muy parecida a mi papá. La mayor también ha heredado cosas que vienen del lado paterno. Es muy lindo recordarlo, mantener el linaje de los buenos valores, de la vocación de servicio con la gente. A eso no lo hemos perdido. Todos los hermanos nos dedicamos básicamente al servicio a la población. Yo desde la política pública, un hermano como profe, otra hermana en la cocina de un hogar de adultos mayores. Otra hermana, Rosana, ha tenido un recorrido de luchas y también es muy generosa, con un gran corazón. Somos cuatro hermanos que estamos atravesados por el legado de papá. Una hermana de su primer matrimonio, Sandra, quien nació en Minas, también recibió ese legado y lo honró en vida», compartió Daniel Ventura. Su padre «hizo un trabajo comunitario, social, psicológico, no solamente desde la educación física, sino desde la educación con un punto de vista integral». «Si bien me es difícil hablar en nombre de todos mis hermanos, hoy (por el martes) las publicaciones que realizamos en redes sociales con motivo del aniversario del nacimiento de nuestro padre fueron desde el lugar del amor y cuando ocurre algo así es porque todos estamos recibiendo el legado y honrando todo lo que nos dio, que no pasa solamente por una copa o por lo que él fue como profesional. Como padre, fue excelente. Intenso, muy intenso, pero muy alegre; alegraba las comidas con muchos chistes -de los que se pueden escuchar y de los que no- y pasábamos muy bien con él. Nosotros decíamos que era un adolescente eterno, como que nunca había madurado. Y creo que nosotros, sus hijos, nos vemos reflejados en eso, porque somos también medio adolescentes y nos gusta, en algún punto nos gusta. Hoy (por el martes) cumpliría 91 años y estamos muy orgullosos por todo lo que recorrió y por todo lo que nos dejó», resaltó al finalizar Daniel Ventura Tellechea.