Protagonista de los últimos ciclos exitosos de Sportivo Minas, institución a la que defendió tanto dentro como fuera de la cancha, al igual que al club Zamora, en el añorado Campeonato de los Barrios, Sergio Marmolejo García ha incursionado también en la fotografía, a la cual define como «una pasión de vida», y en la literatura. A algunos de sus textos los conocimos a través de las redes sociales, donde ha cosechado excelente repercusión de parte de los internautas.

SPORTIVO MINAS Y ZAMORA
Sergio Osvaldo Marmolejo García nació en el minuano barrio Zamora el 7 de marzo de 1963, por lo que desde pequeño aprendió a amar tanto a Sportivo Minas como al club Zamora, referentes futbolísticos y sociales ineludibles de la zona, además de la influencia de padres y de abuelos. Tanto es así que «yo nací en marzo y el mes anterior, en febrero, mi padre (Douglas Marmolejo) ya me había hecho socio de Sportivo Minas. Aún conservo el recibo. Soy socio de la institución antes de haber nacido por lo que tengo más de 63 años de afiliado al club».
Además, sus tíos, Kelo y Polo, «en mayor o en menor medida jugaron en el club y luego integraron diferentes comisiones directivas a lo largo de la historia de la institución».
Desde el club Zamora «me fueron a buscar de niño y a los nueve años ya estaba jugando en el cuadro. Tenemos una barra de amigos de unas 18 personas, nos reunimos una vez al mes o cada dos meses. Le llamamos Los amigos del Zamora, una linda tradición que mantenemos».
SANGRE AZUL
Al finalizar la etapa del Baby Fútbol, Sergio se sumó a la cuarta división de Sportivo Minas, para luego pasar a tercera y posteriormente debutar en primera. «Ya estaba Walter ‘Cabeza’ Castro, quien fue nuestro mentor en cuarta división. Gracias a su guía, a su bonhomía, a su forma de dirigir, porque era una especie de padre para todos nosotros, quien nos formó, no solo futbolísticamente, sino también como personas a través de muchos ejemplos que supo transmitirnos». Recordó que Castro «iba casa por casa a buscar a los niños, luchaba por conseguir los pases, hablaba con los padres, hacía prácticamente de todo. Ahora, a todo eso lo está haciendo el Baby Fútbol, pero el ‘Cabeza’ fue un gran luchador, un adelantado».
En Sportivo Minas debutó en primera división en 1980, con Julio Santana como director técnico, ídolo del rival de todas las horas de los azules de la cañada Zamora, como lo es y será el Club Atlético Barrio Olímpico. «Ese año tuvimos una buena temporada. Luego, continuamos bajo la conducción de Aníbal Heredia, desde 1981 hasta 1985, que salimos campeones. Luego vino la etapa de Glauco Sequeira, el gran Glauco, con quien fuimos campeones en 1987 y 1988. En 1995, él volvió a dirigirnos y después me retiré».
Los tres técnicos marcaron época y de todos nuestro entrevistado conserva muy gratos recuerdos. «Aníbal y Glauco estuvieron plenamente identificados con el club desde siempre. Heredia rompió una racha negativa histórica para el club, que no podía salir campeón desde 1971. Luego, hasta 1985, él coronó al club bajo su dirección técnica. Después vino la era del Glauco Sequeira, que fue superlativa, logrando varios segundos puestos -aunque de eso nadie se acuerda-, y tres campeonatos en primera división, algo que nunca es fácil de alcanzar».
A la hora de justificar los logros deportivos, siempre se hace hincapié en las bondades humanas del grupo que logra conformarse antes de iniciarse cada competencia. Sergio Marmolejo coincide con esta apreciación al declarar que «en nuestro caso se debió a muy buenas direcciones técnicas y a un excelente grupo humano, con sus idas y vueltas, pero cuando la cosa venía mal barajada, nos reuníamos entre nosotros y la situación se sacaba adelante».
Añadió que «tuve el placer de jugar con excelentes jugadores que marcaron una era en Minas, como Gustavo ‘Chiqui’ Fernández, Miguel Villar, Fernando Ospitaleche, un goleador de ley, y Ariel Marmolejo, mi primo», entre otros, como así también Juan Cifuentes desde el arco. Esa camada de futbolistas se encargó de arropar a los jóvenes valores que surgían en el club, como Carlos Urtiberea y Daniel Urquiola. «En ese momento, Sportivo estaba fuerte en todos los rubros, también a nivel de inferiores, algo que en la actualidad está costando un poquito pero que de a poco logrará conseguirse. Antes había muchos botijas que empujaban para subir a primera y de esa manera cumplir el sueño de defender al club a ese nivel».
La sede de Sportivo Minas era un clásico punto de encuentro, ubicada en Sarandí, entre Batlle y Washington Beltrán. «Era nuestro lugar de reunión. Eran otras épocas, en las cuales se estilaba confraternizar. Y el club también fue conocido por los grandes bailes que se hacían en su sede. Estaban el Sportivo, el Democrático y el Club Minas», rememoró.
UNA NUEVA ETAPA
Tras decidir retirarse de la práctica activa del fútbol, realizó el curso profesional de director técnico. «Glauco Sequeira, generosamente, me invitó a acompañarlo y fui su ayudante de campo en la Selección de Lavalleja que logró el Campeonato del Interior en 1992. También estuve en Sportivo con él, luego dio un paso al costado y con su anuencia yo continué como interino, hasta que hice un impasse que se ha prolongado hasta ahora, aunque capaz que retome la actividad, ¿quién te dice?». Invitaciones no faltan en ese sentido, para comandar diferentes procesos y tal vez acepte alguno de ellos.
Sensaciones ambiguas le generó la fusión que durante unos años Sportivo Minas mantuvo con el club Central, período en el cual fue director técnico del plantel principal junto a Julio Rodríguez Garay, «recientemente fallecido, otro gran referente del fútbol minuano y que brillara en el profesionalismo, incluso en el exterior del país».
La fusión «no era el panorama ideal», opinó. «Sportivo no pasaba por un buen momento institucional y se vislumbraba el tema de la cancha, pero hizo demasiado ruido que Sportivo Minas menoscabara su nombre, porque se citaba como nombre de pila a Central y costaba mucho gritar Sportivo Minas, hasta que los apoyos que posibilitaron la fusión fueron retirándose y el club volvió a sus raíces históricas».
RESURGIMIENTO
Mucha agua ha pasado por debajo del puente. Desde hace un tiempo a esta parte, Sportivo Minas asiste a un resurgimiento a nivel institucional, habiendo logrado incrementar considerablemente su patrimonio, lo cual le permite enfrentar la actividad deportiva con mejores y mayores herramientas. «Afortunadamente el club cuenta con nuevos bríos, ha sido como el Ave Fénix, porque en un momento hubo prácticamente que un quiebre, allá por el 2000. Después se cambió un terreno que tenía el club por el que cuenta en la actualidad y gracias al esfuerzo de varios titanes en la dirigencia se concretó el complejo que todos hoy disfrutamos, con varias canchas y previéndose más inversiones a corto plazo», resaltó entusiasmado en cuanto al presente azul, consciente de que una de las metas de estos tiempos tiene que ver con «desarrollar el sentido de pertenencia con la institución, a partir del trabajo que se hace desde Baby Fútbol».
LA FOTOGRAFÍA
Como no solo de fútbol vive el hombre, Sergio Marmolejo ha incursionado en otras áreas a las cuales les ha dedicado idéntica pasión. Una de ellas es la fotografía, en torno a la cual ha realizado múltiples cursos. «Soy un fotógrafo amateur», aclara, «y eso ha sido posible gracias a la colaboración de varios compañeros. He hecho exposiciones. No soy un fotógrafo paisajista, hago otro tipo de fotografías, que puedan llevar a la risa o a la reflexión».
Como en el fútbol, dentro de la fotografía destaca las características del grupo que integra. «Es maravilloso y seguimos manteniéndolo luego de haber tenido a Fernando Morán como principal referente. Nos dio las primeras clases, los primeros cursos y ayudó a formar un grupo en el que están, entre otras personas, Rosa Casal, Paola Ferreira, Karina Soria y Carmen Buzoni, junto con Eduardo Inzaurralde, quien lamentablemente ya no está entre nosotros, un hermoso grupo de amigos».
LA LITERATURA
A través de las redes sociales (Instagram y Facebook), Sergio comparte algunos de sus textos a través de los cuales busca transmitir y compartir determinados mensajes. «Me gusta mucho leer. Respecto a mis textos, no son necesariamente experiencias sino cuestiones sobre las cuales pongo alguna letra corta, algún poema en prosa. He escrito muchas cosas, tendría como para escribir un libro, pero aún no me animo a hacerlo. Por ello he decidido compartirlo en redes sociales. Es algo que me atrae, que me apasiona, porque cuando encuentro las letras, las entrevero hasta que formen frases y digan cosas. Solo trato de hilvanar cosas que hagan pensar, junto a otras propias de mi fantasía».
Sergio Marmolejo entiende que las redes sociales no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino que siempre dependerá del uso que de ellas se realice. En este caso «me sirven para compartir lo que escribo de la manera en que quiero hacerlo. La repercusión que he obtenido ha sido muy linda, he confraternizado con personas de otros lados e incluso de otros países, quienes se han tomado la tarea de analizar lo que he escrito. Es una manera de estar en contacto con la gente, con amigos y amigas. Algunos te aplauden, otros se ríen, otros te dejan un mensaje. Más que nada, lo valoro como una manera de interactuar con la sociedad».