Romántico por naturaleza y escritor por vocación, Gerardo Peña transforma la memoria, el amor y la vida cotidiana en palabras que acompañan. Con más de 1.700 textos escritos, entiende la poesía como una forma de estar en el mundo y dejar huella en los demás.

En dialogo con Primera Página, Peña dijo que no recuerda con exactitud cuando empezó a escribir. Según dijo, la escritura no llegó a su vida como llegan las cosas planeadas, sino como llegan las necesarias. “Empecé a escribir cuando el silencio ya no alcanzaba, cuando ciertas emociones no encontraban lugar en la conversación cotidiana. Al principio fueron frases sueltas, pensamientos, reflexiones escritas casi a escondidas, sin imaginar que un día podrían llamarse poemas. Soy romántico por naturaleza. Siempre me conmovió la poesía y me acompañaron desde temprano las rimas de Bécquer, esa forma de decir lo profundo con sencillez y música. Si busco un origen más concreto, inevitablemente vuelvo a la escuela. Las redacciones que llevábamos ‘deberes’ me dieron muchas satisfacciones: recuerdo maestras que me pedían que continuara escribiendo, como si vieran en aquellas hojas algo que yo todavía no terminaba de comprender”, meditó.

ORÍGEN Y EMOCIÓN

Peña rememoró que en esos años narraba viajes al campo con su padre, quien tenía una barraca de materiales para la construcción. “Yo lo acompañaba a repartir por estancias y por todo el medio rural del departamento. Esas rutas, esos paisajes y esa gente de campo quedaron primero como relatos y con el tiempo se transformaron en poesía. También escribía sobre los viajes familiares: mamá, papá, Adriana (su hermana) y mis primos. La memoria se me iba haciendo palabra. Tuve además la suerte de heredar esa pasión por las letras. Mi padre escribió su libro ‘Cinco cuentos cortos y uno más’ y hoy mi hija Noelia se lo lee a mis nietos Pedro y Ciro, de cinco y tres años”. Emocionado, manifestó que esa escena, la literatura pasando de mano en mano dentro de su familia, “me emociona profundamente”.

PILARES

Reflexionó que si habla de pilares, “debo nombrar a mi mamá, Glenda, maestra muy conocida y querida. Ella fue fundamental en el cuidado de la ortografía, la sintaxis y el significado de las palabras. Desde niño me enseñó que cuando uno quiere saber qué significa una palabra, debe recurrir al diccionario. Yo sigo haciendo eso hasta hoy, porque respeto la palabra como se respeta una herramienta verdadera. Hoy, ya jubilado, tengo más tiempo para dedicarle a la escritura. Eso cambió mi ritmo: ahora puedo quedarme más con cada verso, con cada idea, hasta que diga lo que tiene que decir. En casa tengo hinchada: Esteban, mi hijo menor y Nelly, mi esposa, son de mis fans, y mi madre, por supuesto, es mi primera lectora”. Contó que cuando escribe un poema, se lo envía antes de publicarlo para su aprobación, “que para mí es necesaria pero claro que, por ser su hijo, casi siempre me responde, excelente… y yo me río”.

ESCRITURAS

Peña escribe sobre lo que “nos atraviesa como seres humanos”. “El amor ocupa un lugar central en lo que hago, en todas sus formas: el que llega, el que se va, el que queda en suspenso y también el amor trunco. Junto a eso aparecen reflexiones propias, apoyadas en otra de mis pasiones, la filosofía. También escribo cuentos para niños, de ficción y de terror. Me gusta moverme por distintos registros, pero siempre con una misma raíz. Todo lo que escribo tiene base en nuestra cultura. No me voy de mi país; quiero que quien me lea se sienta identificado, que reconozca paisajes, costumbres, silencios. Escribo sobre el medio-ambiente, el tiempo, la memoria, la ausencia, la esperanza, la tierra, los afectos y la vida cotidiana, con su belleza simple y su crudeza inevitable”. No busco adornar la realidad ni edulcorarla. Intento mirarla de frente y decirla con honestidad”, indicó.

ESCAPAR DEL MUNDO

Consideró que la poesía no es escapar del mundo, sino comprenderlo desde otro lugar. “He tenido la posibilidad de participar junto a otros autores de Colombia, Bolivia, Argentina, México, en cuatro libros de diferente género literario, invitado por distintas editoriales. Con trabajo y constancia fui ganando mi lugar en esta parte del mundo. Mis cuentos y poemas están hoy en tiendas online muy conocidas. Aunque existe el refrán nadie es profeta en su tierra, por suerte no ha sido mi caso, hay mucha gente que me lee y que disfruta de lo que hago” afirmó.

PRENSA Y SIGNIFICADO

Peña reconoció que las publicaciones de su trabajo en Primera Página tienen un valor enorme porque tiene la posibilidad de llegar a más lectores. “Ver un texto propio publicado en un diario no es solo una satisfacción personal, es un acto de entrega. Es ahí donde el poema deja de ser íntimo, deja de pertenecerte, y empieza a circular entre los lectores. Siempre me gustó una frase que resume muy bien esa idea: Lo que un escritor plasma con la pluma en el papel, una vez que lo escribió, ya no es de su propiedad; pasa a ser del lector y parte de nuestra historia. Cada lector completa el poema con su propia experiencia, con su memoria y su emoción”. Acotó que en ese encuentro, “la palabra cobra su verdadero sentido”.

OBJETIVO Y SUEÑO

Explicó que no escribe para dar lecciones ni para imponer miradas. “Escribo para acompañar. Si un poema mío logra que alguien se detenga un instante, se reconozca en un verso, recuerde a alguien, sane una herida o simplemente se sienta menos solo, entonces siento que el objetivo está cumplido. También hay un deseo profundo de dejar testimonio. Reunir estos textos en un libro, no como un cierre, sino como una forma de decir: esto fui, esto sentí, esto viví. No busco una consagración personal, sino un lugar honesto en el mundo de la literatura y, sobre todo, dejar un legado. El dinero no me interesa. Si alguna editorial, a través de la venta de mis libros, me envía dinero, lo invertiré en favor de la educación. No me lo voy a quedar. Lucrar en forma personal con mi literatura no está en mis planes y uno de mis sueños, antes de morir, es ganar un premio que quede en mi ciudad, obtenido con trabajo propio, sin dádivas ni amiguismos. Si no se da, me quedará igualmente la satisfacción del deber cumplido. Ya tuve hijos, tengo nietos y sobrinos, planté muchos árboles, y sentía que me faltaba el libro”. Dijo se hace eco de la moraleja del gran José Martí: “la perpetuación de la vida, la contribución a la naturaleza y la inmortalidad del conocimiento”.

DEFINICIÓN LITERARIO

Para Peña, escribir es una forma de estar en el mundo. “Es una pasión a la que le dedico tiempo y verdad. Hasta hoy he escrito mil setecientos ochenta y seis textos. Es mi manera de dialogar con la realidad, de nombrar lo que duele y lo que salva, de reconciliarme conmigo mismo. Quien lea algunos de mis poemas sabrá, sin necesidad de presentaciones, cómo soy en realidad. Mientras haya alguien que lea y encuentre en una palabra un reflejo de sí mismo, la poesía seguirá teniendo sentido”, concluyó “Lobo Blanco”, que es el seudónimo que utiliza Peña en muchos de sus poemas.