Según el censo de 2023, la localidad de José Batlle y Ordóñez cuenta con 2.313 habitantes. Entre sus anchas avenidas, su pueblerina cotidianeidad y su eterno vínculo con Nico Pérez (Florida), subyacen historias. Una de ellas es la del médico y filántropo Alberto Héctor Andrés Giannarelli Benedetti (1883-1948), quien, nacido en la ciudad de Rosario, departamento de Colonia, encontró allí su lugar en el mundo. El pueblo al que dedicó su lucha se lo ha reconocido: una de las principales calles de la localidad lleva su nombre, al igual que el Centro Auxiliar de ASSE y una asociación civil.
Para elaborar este artículo recurrimos nuevamente a la profesora Cristina Campelo, quien, entre las múltiples actividades que desarrolla, se ha encargado de revalorizar las historias locales que hacen a la identidad de José Batlle y Ordóñez, de personas que marcaron el rumbo de la localidad. «La gente aún recuerda la bonhomía del doctor Héctor Giannarelli, quien estuvo muy presente en la comunidad. A la prueba está que el hospital lleva su nombre, al igual que la asociación civil y una calle céntrica. Fue un hombre de una humanidad admirable», expresó la docente a Primera Página Dominical.
Campelo accedió a la partida de nacimiento de Giannarelli, documento en el cual consta: «En la Villa del Rosario, a los veinte y nueve días del mes de julio del año de mil ocho cientos ochenta y tres por y ante mi, Clemente Burgueño, Juez de Paz de la Tercera Sección Judicial del departamento de la Colonia y oficial del Estado Civil, siendo las once de la mañana, compareció don Benjamín Giannarelli, de cuarenta y un años de edad, italiano, casado, preceptor y vecino de esta Villa, el cual me declaró que el día veinte y dos del corriente mes, a las tres y media de la tarde y en su casa habitación, había nacido una criatura del sexo masculino, hijo del declarante y de su legítima esposa, doña Magdalena Benedetti, de treinta y seis años de edad, italiana, casada y vecina de esta Villa, cuya criatura recibe los nombres de Alberto Héctor Andrés; que los abuelos paternos eran don Andrés Giannarelli y Mariana Ferrari, ambos italianos ya finados, y maternos don Juan Benedetti, italiano ya finado, y doña Carolina Lanvini, de sesenta y cuatro años de edad, italiana, viuda y domiciliada en Italia.
Después de leída la presente, el declarante se ratificó de su contenido y firma conmigo, siendo testigos don José Barrio, de treinta y dos años de edad, español, casado, y don José Guilivia, de veinte y un años de edad, oriental, soltero, ambos vecinos de esta Villa».
El profesor y escritor Omar Moreira, oriundo de José Batlle y Ordóñez y luego radicado en Colonia, fue quien obtuvo este documento, emitido por el Registro Civil de la Intendencia Municipal de Colonia, el 17 de marzo del año 2003, con destino al Liceo de José Batlle y Ordóñez «Prof. Salvador Fernández Correa».
Del mismo se entregaron copias al liceo local, a la Fundación -ahora asociación civil- y al hospital local que llevan el nombre de Héctor Giannarelli.
RECONOCIMIENTOS
El hospital (hoy Centro Auxiliar integrante de la Red de Atención Primaria -RAP- de Lavalleja de la Administración de Servicios de Salud del Estado -ASSE-) de la localidad de José Batlle y Ordóñez fue inaugurado el 25 de agosto de 1938. Su primer director fue el doctor Héctor Giannarelli, de quien lleva su nombre. Así lo estableció la Ley N° 11.276, de mayo de 1949.
La Fundación Dr. Héctor Giannarelli -hoy asociación civil-, fue fundada el 26 de julio del año 1949. Las autoridades actuales de la organización procuran recuperar esta institución histórica para la zona y brindarle a la localidad nuevas opciones de crecimiento. Su sede cuenta con un espacio que posee una sala de teatro muy apropiada para diversas actividades, junto con una biblioteca con ejemplares de gran valor histórico, de sumo interés para quienes investigan acerca de la historia local.
A su vez, una de las principales calles de la localidad lleva el nombre de doctor Héctor Giannarelli. Sobre ella se encuentra la casa natal de Wilson Ferreira Aldunate, transformada en museo hace unos años.

CENTRO CULTURAL NACIONAL
El 30 de mayo de 2023, el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) procedió a nominar como Centro Cultural Nacional (CCN) a la asociación civil «Dr. Héctor Giannarelli» en la localidad de José Batlle y Ordóñez, departamento de Lavalleja.
El acto contó con la presencia del entonces ministro, Pablo Da Silveira, del intendente de Lavalleja, Mario García, el director de Cultura del departamento, Heber Loza, el alcalde Pablo Patiño y el coordinador del Área de Gestión Territorial del MEC, Juan Carlos Barreto. En la oratoria participó también la secretaria de la fundación, Cristina Jure. En el acto se destacó que el CCN de Batlle y Ordóñez tiene como protagonista al cine. Por ese motivo, el día de la nominación se compartió con alumnos de las Escuelas N°14 y N°21 el audiovisual de ficción que recrea la visita que realizó al Río de la Plata el naturalista inglés Charles Darwin, trabajo que fue financiado por el MEC y realizado por De La Raíz Films.
El acto finalizó con un número artístico de la dupla de bailarines de la localidad integrada por Carmen Recoba y Julio Soria, interpretando piezas musicales de tango y milonga.
El objetivo de los CCN es conformar espacios culturales en todo el territorio nacional para la práctica y difusión de las artes y desarrollar espacios de trabajo socio culturales y comunitarios. El de José Batlle y Ordóñez fue el 16º de los CCN nominados por el MEC.
PRESENCIA SOSTENIDA, TRADICIÓN, SÍMBOLO DE ABNEGACIÓN Y BONDAD
Tuvo la estructura humana inconmensurable de las personalidades que el tiempo ensambla en el pedestal inamovible de los clásicos. Sin actitudes premeditadas. Las suyas eran innatas y las mantuvo irreversibles hasta el fin de sus días. El laconismo, ese responder monosilábico no estuvo nunca más divorciado de la intemperancia, la descortesía o la fatuidad. Inmerso en sus propios pensamientos, el diálogo interior fue la combustión promotora de su lento andar físico. Naturalidad propicia para el encuentro de soluciones ecuánimes, o menos dolorosas de lo esperado.
Alto, delgado, de mirada cristalina, atildado en sus modales. Así era Héctor Alberto Giannarelli Benedetti, nació en Dolores, Soriano, el 22 de julio de 1885 (N. de R: dato que difiere de la partida de nacimiento. Probablemente haya sido inscripto en este lugar y fecha, dada la cercanía de Dolores y Rosario, circunstancia habitual en la época), hijo del inspector departamental de escuelas Benjamín Giannarelli. Profesor en varios liceos de la capital y de la Escuela Militar, y de doña Magdalena Benedetti, progenitores estos de varios hermanos.
Arribó al pueblo con el título de médico cirujano, recién encuadrado en 1909, pero al año siguiente estuvo sometido a la gran prueba que lo expusiera su profesión. Conjuntamente con el experimentado colega Luis J. Zúccoli participó activamente en la ardua labor de asistir a los heridos del 3 de noviembre de 1910.
Durante el asedio revolucionario de Basilio Muñoz, y la defensa gubernista del teniente coronel José Pollero, en tan solo dos horas de pelea, perecieron 46 combatientes y más de cien quedaron imposibilitados en el campo. Los atacantes recogieron 16 carros con heridos de sus filas.
La Comisaría, el salón Parroquial y las escuelas públicas de Batlle y Nico Pérez fueron los hospitales de primera atención para los heridos de uno y otro bando. Mariano Howard, delegado del Comité Central de La Cruz Roja Uruguaya, en su informe del día 7 destacó la desinteresada tarea de ambos médicos que «merecieron el aplauso general por haber trabajado duramente toda la noche sin tregua curando heridas».
Los batllenses de arraigo supieron que fueron cuatro días de andar presuroso, sueños continuamente interrumpidos, desesperos por falta de recursos científicos, que la vía férrea cortada no dejaba llegar. El joven médico se multiplicó sin medir consecuencias físicas personales, ni auscultar la divisa usada por el paciente, hasta la presencia de la expedición sanitaria enviada por el doctor Claudio Williman, a cargo del eminente doctor José Scosería.
Su prestigio, el prestigio de la responsabilidad demostrada, se extendió en una dilatada región. Desde ahí le requerían con la certeza de ser asistidos. Giannarelli no vacilaba en concurrir munido de remedios, o con los billetes dispuestos para dejarlos, disimulando debajo de la almohada, por si el medicamento no estaba en las entregas de Salud Pública y la receta le era imprescindible al paciente.
Como siempre careció de vehículo propio, los taxistas propietarios de aquellos automóviles de capota de lona, Pedro Sabella, el Indio Medina, Francisco Olivera, y algún otro, a su solicitud lo transportaban por caminos casi imposibles, advertidos de esa contribución de ellos para salvar la vida de un desgraciado sumido en la última pobreza. Y consta también en los batllenses viejos la satisfacción de estos humildes trabajadores, prodigándose con gran perjuicio económico en colaboración con él.
Desde la policlínica de Salud Pública, en 18 de julio y Francisco de León, en el caserón de Camarano, sirvió honorariamente a una población confiada en él, mayoritariamente en su condición de humanista íntegro, haciendo abstracción del nivel médico. Fue médico de Higiene Sexual, de Asistencia Domiciliaria abonando de su peculio el vehículo utilizado, del Ferrocarril y Supernumerario del Servicio Público durante décadas.
Su filantropía también estuvo testimoniada en la docencia. Fue profesor honorario del Liceo desde su fundación, en 1940. No escatimó esfuerzos para que el movimiento a favor del liceo se hiciese realidad. A esa edad, dice Fernández Correa en su libro «Páginas», se puso a leer las materias que quiso dar para que la falta de algún profesor no hiciese fracasar la iniciativa. La sociedad y el deporte contaron con su apoyo, pero jamás nada, ni la propia enfermedad suya hasta tumbarlo, le hizo restar concurso al enfermo que lo llamara.
Giannarelli tampoco fue propietario de las viviendas que ocupó trabajando 39 años.
Un mal de rápido desenlace, el 28 de noviembre de 1948, abatió el cuerpo gastado de este ejemplar incalificable, a la manera de Teodoro Vilardebó y Alfonso Espínola. Sus familiares decidieron que fuese inhumado en el Cementerio del Buceo. La población manifestó unánime el duelo, agrupándose frente a su consultorio. En Diputados, todos los partidos coincidieron en exaltar la grandeza espiritual del doctor Giannarelli.
A los seis meses recibió justo homenaje. El Hospital del pueblo, inaugurado oficialmente el 25 de agosto de 1939, del que Giannarelli fuera su primer director, desde ese día se denominó Centro Auxiliar de Salud Pública «Dr. Héctor Giannarelli». También la calle 25 de mayo pasó a llamarse «Dr. Héctor Giannarelli». Se construyó la Fundación de Ayuda Social «Dr. Héctor Giannarelli».
En los jardines del nosocomio, esa tarde se dejó expuesto a la contemplación en el monolito una placa circular, en bronce, que mostraba sus rasgos faciales, obra de Bernabé Michena.
Pero Giannarelli, en cada batllense de su tiempo, es presencia sostenida, tradición y símbolo de abnegación y bondad.
Domingo Luis Pastorino.
Nota transcripta del libro Desde la ventana del tiempo, de Walter Martínez. José Batlle y Ordóñez-Nico Pérez 1883-2008).