Brilló en Sábados Circulares, con Pipo Mancera. Trabajó con Darío Víttori y con Tato Bores. Junto a grandes actores, protagonizó Matrimonios y algo más, ciclo creado por Hugo Moser, y fue parte de otro suceso televisivo como lo fue ¡Grande, Pa! Sin embargo, para la minuana Dalma Stella Rodríguez Fracaroli (artísticamente, Dalma Milebo), ni 50 puntos de rating, ni el cartel de «entradas agotadas» se comparan con las frutillas gigantes y deliciosas que su abuelo materno cultivaba en la quinta de la casa familiar de calle Rafael Pérez del Puerto, o con la clásica vuelta del Oriental al Doré, cuando los varones circulaban por una acera y las señoritas por otra. Otros tiempos, ¡qué tiempos!...

Desde hace algunos años, Dalma vive en Pinamar, ciudad balnearia de la costa argentina. A partir del contacto con el autor, compositor y dramaturgo Gustavo Núñez, su esposo, dialogó desde su casa con Primera Página Dominical.

AÑORANZAS MINUANAS

Dalma Stella Rodríguez Fracaroli, hija de Hylas y María Teresa, nació en la ciudad de Minas, en la casa de su abuela materna, sita en Rafael Pérez del Puerto 780, «donde aún vive la hermana de mi mamá, Nilda, con su marido, Héctor».

Al poco tiempo, con sus padres se radicó en Montevideo, siempre en estrecho vínculo con su ciudad natal. «Mis viejos viajaban a Minas para las vacaciones o las fiestas de fin de año. Cuando cursaba Secundaria, en Montevideo, esperaba con una ansiedad tremenda que llegaran las vacaciones para irme a la casa de mi abuela. Mi tía Nilda me llevaba unos 10 años. Estaba de novia y con ella salíamos a recorrer el centro, a dar la vuelta a la plaza, o del Café Oriental al Cine Doré, donde las chicas caminábamos para un lado y los varones en la otra acerca. ¡Mirá de lo que te estoy hablando! Hasta que nos cruzábamos y bueno, los ojos echaban chispas para quien nos gustaba. Era hermoso. Me acuerdo de esa época y pienso que todo aquello era naif, muy sano».

MARÍA

Dalma Stella Rodríguez Fracaroli egresó del Conservatorio Nacional de Arte Dramático de Montevideo y comenzó su carrera artística tras obtener el primer premio (mejor intérprete y mejor canción) en el Festival Internacional Costa a costa de la canción. La repercusión hizo que el conductor argentino Pipo Mancera la convocara a su programa, Sábados Circulares, ciclo que marcó una época.

Como se estila, nuestra coterránea necesitaba contar con un nombre artístico dentro del mundo del espectáculo. «En el tiempo en que trabajé con Mancera, todos me conocían solo por mi nombre, Dalma. En esos momentos era habitual que se utilizara solo el nombre de pila, como ocurría con Raphael y tantos otros artistas. Luego, ya radicada en Argentina, comencé a hacer teatro, hicimos una comedia musical emblemática, pionera. Entonces, tenía que sumarle un apellido al nombre de pila. Si utilizaba Rodríguez, sería muy difícil lograr que me identificaran, por lo que en primera instancia opté por mi apellido materno, Fracaroli, pero dentro del elenco, entre ellos Sandra Mihanovich y Pepe Cibrián, empezaron a decirme: ‘Uy, Fracaroli, te cuelgan los mostacholes’. ¡Me daba una bronca! Empecé a buscar otras opciones, pero no las encontraba. De repente, mi vieja me dice: ¿Por qué no te pones Dalma Milebo? Jamás lo había escuchado y le pregunté de dónde lo había sacado. ‘Se lo escuché a un gitano’, me respondió. Resulta que había una pareja de gitanos jovencitos, recién casados y él llamaba todo el tiempo a su esposa: ‘¡Milebo, Milebo, Milebo!’ Mi madre se acercó, les dijo que le parecía un nombre muy bonito y les preguntó por su significado. ‘Quiere decir María en nuestro idioma’, le dijeron. Esa es la verdadera historia de mi apellido artístico»-

Desde siempre se sintió atraída por la actuación. Lo corrobora una anécdota compartida con su abuela. «Ella iba a visitarnos cuando vivíamos en Montevideo y siendo yo niña, se acercaba al dormitorio de mamá, donde había un ropero muy grande, con una media luna de espejo grandota. Yo hablaba frente al espejo y actuaba y cantaba. De los malvones rojos arrancaba pétalos y me los pegaba sobre mis uñas para así tener unas uñas de ese color».

Con su mamá iba al cine a disfrutar del arte de Cary Grant, Olivia de Havilland y Rita Hayworth, entre otras estrellas de Hollywood.

«Todo eso nació conmigo, además del canto. Pienso que, como actriz, como actor, puedes estudiar, puedes manejarte de alguna manera con un maestro, saber decir bien un texto. A eso lo puedes armar en tu vida, pero lo que no se puede armar es un cantante. Naces cantando o no; naces afinado o no. Después, obviamente educas la voz y logras perfeccionar esa bendición que Dios te ha brindado. Yo nací cantante y después, por suerte, mi madre me puso a estudiar canto y foniatría», expresó.

MANCERA, VÍTTORI Y BORES

Pipo Mancera preguntó quién era la ganadora del certamen de Costa a Costa. Se contactó con Dalma y le ofreció un contrato por cuatro programas. «‘Si gustás, te quedás más’, me dijo. De lo contrario, hacía la valija y volvía a casa. Y bueno, estuve dos años con él, hasta que se levantó el programa, el cual llevaba muchísimos años al aire, un programa que comenzaba a mediodía y terminaba a las ocho de la noche. Él me brindó un lugar de privilegio porque a las ocho de la noche el programa cerraba con una figura internacional. Yo participaba antes que Raphael, encargado de cerrar el programa. Después trabajé en Teatros Circulares de Mancera, donde intentó hacer lo mismo que con el programa de televisión, pero que no funcionó de la misma manera».

Al recordarle su actuación junto a Darío Víttori, Dalma se emociona hasta las lágrimas y por un motivo muy especial. «Me quebraste el corazón al recordarlo. Mi papá tenía locura por Darío Víttori. ¡Locura! Le encantaba, se reía muchísimo con él. Llamé a mis padres para que viajaran a Buenos Aires y presenciaran el estreno de una obra que yo protagonizaba en calle Corrientes con un Darío Víttori. Tuve la suerte de que mi papá me viera desde la segunda fila. Yo disfrutaba al ver cómo se reía. Esa función fue un disfrute total, inolvidable. Mis viejos volvieron a Uruguay y mi padre partió de golpe, sin previo aviso, que es lo peor;  veces, cuando hay una enfermedad, una puede prepararse, de alguna manera, ante lo inevitable. En este caso fue un paro masivo de su corazoncito. Me quedé con esa sensación, me vio actuando con Darío Víttori, un señor con todas las letras, de los de antes. Era cabeza de compañía y arriba del escenario permitía que te lucieras, no ponía trabas de ninguna índole. A mí me permitía improvisar y daba el tiempo necesario para que el público me aplaudiera. Tengo el mejor de los recuerdos de él y también de Tato Bores, dos grandes de verdad. Fue un privilegio haber trabajado con ellos», recordó Dalma.

MATRIMONIOS Y ALGO MÁS

Otro ciclo televisivo que fue un suceso en el Río de la Plata fue Matrimonios y algo más, creado por Hugo Moser, y que tuvo a nuestra coterránea como una de sus protagonistas, dentro de elencos repletos de figuras de la actuación. «Fue una época maravillosa», expresó al recordar que, en su caso, la participación fue de «cuatro años y medio de televisión continua y de teatro. En calle Corrientes estaba el Teatro Astros, del Gallego García, el dueño de Crónicas. La sala tenía capacidad para 900 y pico de personas. Trabajábamos de martes a domingos. Los viernes y domingos hacíamos dos funciones y los sábados tres, siempre con entradas agotadas. El éxito era brutal. Durante ese ciclo, compré mi casa. Por eso decía que la casa se llamaba ‘Matrimonios y algo más’, porque no arreglábamos por un sueldo, sino que íbamos a porcentaje de la recaudación, que era más beneficio para los actores».

No duda en que «fue una época gloriosa» . Para llegar a ese momento de esplendor, «esperé muchos años. En televisión hacíamos casi 50 puntos de rating, algo imposible de conseguir en estos momentos, éxito que repetí en ¡Grande, Pa!, como actriz invitada, trabajando con Arturo Puig y con María Leal, con quien luego hicimos Mujeres de nadie. También trabajé en la productora Pol-ka, de Adrián Suar, donde participé de la tira Sos mi vida, junto a Natalia Oreiro y un elenco maravilloso. ¡Nos divertíamos como locos en ese conventillo! Teníamos un rating de 28 puntos, pero fue el último ciclo que tuvo esa repercusión. Ahora nadie lograría alcanzar esa cifra. Vivimos una época muy diferente. Cambió la televisión, cambió el mundo, cambió la forma de comunicación, todo».

TRAS EL RASTRO

Hace varios años que teníamos la intención de realizar esta entrevista. Durante mucho tiempo buscamos generar el contacto que nos permitiera mantener una charla con Dalma Milebo y finalmente pudimos concretarlo. Nos contactamos con Gustavo Núñez, su esposo, además de ser autor, compositor y dramaturgo y empresario inmobiliario. Fue quien nos contactó con Dalma. Supimos cómo ella se maneja en tiempos de redes sociales. «Mi marido tiene todo, Facebook, Instagram, está siempre conectado. Yo no tengo nada, soy todo lo contrario. Algunas personas me critican por ello, y si recurres a Google, encontrarás material sobre mi que yo no he subido. No me ocupo de las redes y en cierta manera no comparto el uso que algunas personas realizan de esta herramienta. Generalmente predomina el chusmerío. Me resulta muy extraño que las personas quieran mostrarle al mundo todo lo que hacen, cómo desayunan, cómo se lavan los dientes... Te confieso que no lo entiendo, que no sepan la diferencia entre lo público y lo privado. No me entra en la cabeza. Cuando trabajas en teatro, en televisión, en cine no hay más remedio que publicitar y publicitarte como persona pública para que ese trabajo se extienda, para que siga existiendo. Eso es imprescindible, pero a nivel personal no lo entiendo. Hay límites», opinó.

EGOS Y ACOSOS

Con el transcurso del tiempo, dentro del espectáculo argentino, en un microclima tan particular, fueron denunciadas diferentes situaciones de asimetrías de poder y de abuso de parte de capo cómicos, figuras o productores. Consultada al respecto, Dalma Milebo respondió a Primera Página Dominical: «Tuve una educación muy linda, con valores hermosos de familia, desde chiquita, con padres divinos, abuelos soñados, una familia hermosa, una niñez divina. Estudié, me prepararon para que pudiera entender y soportar algunas cosas. Hablaba mucho en familia sobre lo que me sucedía y siempre fui muy bien aconsejada, lo cual me facilitó las cosas. Cuando era jovencita o señorita existían los piropos, algunos de los cuales eran lindísimos. Provenían de personas educadas. También había algún zafado, un grosero que decía algún disparate. Yo tuve la ventaja que te comentaba en cuanto a mi formación: siempre estaba bien plantada. En 40 y pico de años de televisión, sufrí un par de situaciones indeseables, que un productor pretendiera algo más de lo que yo estaba ofreciendo e inmediatamente lo puse en su lugar, como correspondía».

En torno a los egos en un ámbito extremadamente competitivo, criticó la falsedad de algunas personas dentro del ambiente artístico, de quienes «te mostraban una cara y por atrás te mandaban el puñal, pero, en definitiva, es algo que ocurre en todas las actividades, en una oficina, en un hospital, en todos lados. Es propio de la condición humana. Están los ‘trepas’, los avivados, quienes transitan por el caminito torcido, y está también la gente que tiene principios y va por derecha. Esa es la vida».

EN PINAMAR

Desde hace unos años, Dalma y Gustavo viven en Pinamar, en la República Argentina, lo cual implicó un cambio radical al pasar del bullicio de Capital Federal a la tranquilidad propia de una ciudad balnearia.

«Es una etapa hermosa», catalogó. «En Capital Federal teníamos una casa muy grande, pero no disponíamos de un terreno. Tenía una terraza soñada y un patio muy grande, pero no sé si será el recuerdo de la época de mi abuelo Fracaroli, ahí en Minas, donde la casa va desde Rafael Pérez del Puerto y termina en la calle del fondo, a lo largo, donde él tenía una hermosa quinta de frutillas, con árboles frutales, limoneros, ciruelos, guindos, donde plantaba morrones, lechugas, zanahorias, que tenía la necesidad de contar con mi terreno para disfrutar del aire libre», comentó.

Compartió vivencias junto a su abuelo. «Siendo niña le ayudaba a hacer los surcos donde luego plantaría. Él arrancaba una frutilla, la golpeaba un poco para quitarle la tierra, me la daba y yo la disfrutaba. ¡Una frutilla gigante y deliciosa! Nada que ver con las chiquititas de ahora que no tienen gusto a nada. Y lo mismo con las ciruelas».

Tiene sus propios árboles frutales y se despierta con el canto de los pájaros reclamando su desayuno. «Gorriones, tordos, benteveos, calandrias… Montones. Compramos su alimento, que contiene trigo, arvejas, maíz, de todo y les coloco tres raciones al día».

El matrimonio adquirió dos locales en el centro de Pinamar, a los cuales refaccionó y acondicionó para desarrollar en ellos un Café Concert. Registraron el nombre Pinamarte con la idea de realizar la apertura presentando la obra La cama de la Damelia, escrita por Gustavo Núñez, unipersonal interpretado por Dalma. «Como suele pasasr con los proyectos autogestionados, nos quedamos faltos de dinero. Por supuesto, tu sabes la situación económica que se vive en Argentina en estos momentos… Eso hizo que estemos ahí, stand by, sin saber qué vamos a hacer. Nos dimos cuenta de que la actividad aquí se concentra en temporada de verano y que el resto del año la gente poco menos que hiberna, por lo cual no hay demasiado movimiento y eso repercute muy negativamente en la actividad cultural. Es decir, no existe un público que asista durante todo el año al proyecto que ideamos».

Siempre quise ser Bette Davis fue el primer unipersonal que realizó, en el que fue distinguida con el Premio Hugo al Teatro Musical en Capital Federal.

Mudarse a Pinamar fue una decisión de vida. «Mi madre partió unos días antes de declararse la pandemia. Yo no salía de su dormitorio. Mi marido se preguntó: ‘¿Cómo saco a Dalma de esto?’, y como sabía que yo quería venir a pasar mis últimos años a Pinamar, arrancamos para acá. No fue fácil. Soy de las de antes. A mi casa la manejo yo, no dejo a mis animales en manos de nadie. Soy una mujer muy responsable».

VOLVER…

Hace varios años que Dalma no vuelve a Minas, más allá de que está en contacto permanente con familiares y amigos que aquí residen. «Cada 10 o 15 días hablo con mis tíos. Siempre me preguntan cuándo volveré a visitarlos. El tema es que aquí tengo muchos animales, mis perros, mis gatos, mi lora, mis plantas, los pájaros del parque, mi jardín de invierno que como tanto lo conozco sé cómo regarlo. Aún no encontré una persona de confianza como para tomarme unos días y quedarme tranquila, sin preocuparme por lo que esté sucediendo en mi casa. A su vez, Gustavo tiene un montón de cosas aquí, trabaja muchísimo en sus libros, en sus notas, en sus columnas para diarios argentinos y del exterior. A Minas la extraño mucho, a mis tíos, abrazarlos, para mi todo eso es sanador, caminar sus calles, ver la plaza… Un amigo de la familia es cura en la Catedral, Pablo Graña. Cuando fui la última vez me mostró el lugar donde había sido bautizada. Son cosas que me movilizan mucho, que te mueven el alma. Además, Minas está hermosa, es hermosa».

En la decisión de mudarse también influyó la escala de la ciudad. «Prefiero una ciudad chica y la vida tranquila, como en Minas. En Pinamar todos nos conocemos, es como vivir en familia, aunque como pasa en toda ciudad pequeña, todo corre como reguero de pólvora (risas)», expresó.

Agradecimos a Dalma y Gustavo por su amabilidad. «Gracias por acercarme a uno de los lugares más amados de mi vida», nos respondió la artista, punto final de esta entrevista.