José Lavega Palacios (Chelo Palacios): “Aprendí del día en la construcción y de la noche en la música”
Entusiasmado con su nueva banda, Amaluna, a la que le tiene “una fe tremenda“, el músico minuano cantó junto a una gloria de la charanga nacional, como Hernan “Pipo” Pastor (el “Charanguero Mayor”). La Estación es su barrio de la infancia y luego de una estadía en Maldonado 25 años, volvió a Minas con un oficio a cuestas, el de albañil, que comparte con su pasión por la música. En Primera Página Dominical, la palabra de José Lavega (Chelo) Palacios.
José Emanuel Lavega Palacios se emociona al recordar su infancia en barrio Estación. «Eran otros tiempos, todo era más sano. Jugábamos al fútbol en la calle, corríamos descalzos, salíamos a cazar cada tanto... Las calles eran de tierra, no estaban asfaltadas, pero eso no era problema para nosotros. Fue una infancia tan linda, tan pura, que para mi es inolvidable». Con tan solo cuatro años, «me subían arriba de la mesa y yo arrancaba cantar. Amo cantar desde siempre. Desde ese momento lo sentí como una vocación. Mis padres cantaban y provengo de familia de músicos. Es mi pasión, la llevo en la sangre», nos dice al repasar las andanzas de aquel incipiente artista.
Probó suerte en el Baby Fútbol del Club Guaraní, pero durante poco tiempo, ya que cuando tenía nueve años se trasladó junto a su familia a Maldonado, donde se radicó en el barrio San Martín. «Nunca me adapté al cambio, y eso que viví allí durante 25 años», relata. Haber perdido contacto con su barrio, con su gente, no lo suplantaba nada. «Allá te marcan las diferencias, sobre todo a nivel social. Cada ciudad tiene su estilo y la gente se relacionaba de maneras diferentes. Te estoy hablando de los ’80, del boom de la construcción en Maldonado», recuerda. Su vida cambió por completo. En tierras fernandinas nunca se sintió cómodo porque sufrió en carne propia aquello de «tanto tienes, tanto vales» y pasado cuarto de siglo emprendió el regreso a nuestra ciudad.
EL ALBAÑIL
Si bien la estadía en Maldonado no le genera las mejores sensaciones, fue allí donde aprendió el oficio de albañil, actividad que combina con la música. Fue su padrastro quien lo guio dentro del rubro y quien le proporcionó las enseñanzas que le permitieron desarrollarse en este ámbito, hasta ser en la actualidad oficial finalista.
COMIENZOS MUSICALES
Los tablados fueron los primeros escenarios que pisó José Lavega Palacios, al igual que lo hicieron muchos otros artistas. Fue para ellos una verdadera escuela, el espacio de las primeras oportunidades para comenzar a recorrer un camino propio. Allí participó de concursos de canto con marcado suceso y fue forjándose un nombre ya que comenzó a ser conocido como Chelo Palacios.
Nunca abandonó la música. Al contrario, profundizó su vínculo con ella como integrante de diferentes bandas. «Seguía en la construcción y jueves, viernes, sábados y domingos me dedicaba a cantar con las bandas». Desde siempre los charangueros fueron sus referentes musicales, entre ellos Hernán Pipo Pastor y Chacho Ramos, así como también Pablo Chileno Castro, «gente que marcó una diferencia en lo tropical dentro de la charanga». Esa admiración le permitió en un momento de su carrera, «la bendición de cantar junto a Pastor, con Schubert Rodríguez como tecladista -hoy toca el bandoneón en la banda de Chacho Ramos-, por lo que se trataba de una banda con grandes músicos, que lamentablemente no resultó por una serie de imponderables, porque a veces se dan cuestiones que terminan por disolverlas. Igualmente anduvimos muy bien y eso es lo que valoro».
HERNÁN PIPO PASTOR
«Es un ‘animal’ y yo tuve la posibilidad de acompañarlo en cada estudio, en cada grabación de los temas que hice», dijo sobre Hernán Pipo Pastor, «un artista del cual aprender todo el tiempo, porque es inmenso dentro de la música».
Era uno de sus referentes musicales, pero al conocerlo en persona podía ocurrir que aquella suerte de idealización se derrumbara como castillo de naipes. Afortunadamente esto no aconteció. «Antes de conocerlo, me imaginaba a un hombre con un poco de soberbia. Cuando él me llamó, porque yo estaba interesado en hacer una prueba para estar en su nueva banda, sentía muchos nervios, en gran parte por lo que yo pensaba sobre lo que sería su forma de ser. Para mi, Pipo era el mejor charanguero. Después estaba Chacho y luego los que siguen, pero la cabeza de la charanga, para mí, fue Pastor. Cuando me paré enfrente a él, tenía unos nervios bárbaros, pero todo lo que había pensado era al revés, me encontré con una persona cálida que me dio mucha confianza».
«Es un genio», continuó, destacando la generosidad del consagrado artista. «Me dio la posibilidad de hacer lo que yo quería hacer arriba del escenario. Nunca me puso trabas, ni nada por el estilo. Lo único que me dijo fue: subí y hacé lo que que sabés hacer. Permitió que, estando él, yo pudiera lucirme. Siempre me apoyó en ese sentido».
Chelo Palacios aprendió mucho de su referente, algo que también sucedió con Chacho Ramos, según comenta. «Cuando Pipo estaba en Mogambo, Chacho era uno de los vocalistas y me consta que Pastor fue un gran referente para él».
Catalogó a Pastor como un «Showman» por la manera en que maneja el escenario. «Él entraba al salón con la media hora, con la entrada preparada. Me llamaba y me decía: Chelo: arrancas tú, después sigue Marcelo y luego entro yo. Yo no lo podía creer, pero él sabía cuál era el ambiente, cómo estaba la gente en cada momento».
EL DÍA Y LA NOCHE
Mucho se ha hablado y escrito sobre el ambiente de la música tropical, tanto en nuestro país como en República Argentina, teniendo en cuenta las escalas y los mercados de ambos. «El ambiente de la noche… es la noche», comienza a respondernos el entrevistado, quien considera que haber comenzado con una banda siendo aún muy joven le facilitó en gran medida muchas cuestiones.
«Se aprende muchísimo de la noche. A mi me gusta y aprendí muchísimo. Y agradezco a Dios que tuve la oportunidad de ser así. De aprender de las dos cosas. Aprender del día en la construcción y de la noche en la música». Igualmente, «la noche ha cambiado muchísimo», porque «el ambiente no es el mismo que en los 2000, la gente es diferente. No está esa idea de que la gente iba a bailar, divertirse y nada más».
Chelo Palacios opinó también acerca de la música que se considera más comercial, que de repente tiene una mayor repercusión pero que poco o nada transmite. «Yo lo analizo como falta de música y de letra. Muchas de las canciones actuales no tienen contenido. A mí me gusta cantar canciones con contenido. Que llegue alguien y que explique algo, que la canción signifique algo, que transmita cierto mensaje».
Se siente privilegiado de «siempre poder hacer mis canciones o elegir las canciones que quiero interpretar y poder plasmarlo arriba del escenario en las bandas que he integrado, de hacer las canciones que a mí me gusta cantar», lo cual considera un diferencial imprescindible a la hora de brindarse al público. «Me gusta hacer lo que siento, lo que quiero interpretar, y gracias a Dios me ha ido bien», resalta, así como también en referencia a la respuesta del público.
En su doble condición de albañil y cantante, generalmente han sido pocas las horas de sueño acumuladas, de un sueño de calidad, más allá de que cuando integró la banda de Pastor, «ya había abandonado la construcción, porque era imposible hacer las dos cosas. En otras épocas sí las hacía en forma simultánea y los lunes eran imposibles. No me veían en el laburo ni en figuritas -risas-. Igual, como era el mimado del grupo y al estar la música de por medio, los capataces nunca hicieron problema y toleraban la situación».
En la mejor época de Hernán «Pipo» Pastor, un sábado «hicimos cinco toques la misma noche, sumado a algún cumpleaños para el que nos contrataban en tarde. Esos días son eternos, interminables. Llegan las seis o siete de la mañana y lo único que quieres es ir al hotel y donde caes, te duermes, capaz que al costado de la cama, pero no importa. Es una locura».
AÑORANZAS
Algunos de los escenarios donde Chelo Palacios se presentó en su momento ya no existen. A algunos de ellos los recuerda con especial cariño. «Extraño a uno de Maldonado, el Uru, que me encantaba, un salón inmenso donde entraban unas 3.000 personas. ¡Un disparate, una locura! Recuerdo que a los bailes los hacía Wilson Olivera y tocar allí era maravilloso. Era como el Interbailable de Montevideo, de esos lugares a los que vas y no terminas de creerlo».
Más cercano a nuestra ciudad, por supuesto no faltó la referencia del Torre Azul de Villa del Rosario. «Se extraña muchísimo, por el lugar en sí y sobre todo por la gente, por cómo se creaba el ambiente. Ese tipo de lugares no vuelve más, nunca más, lamentablemente. Esos bailes ya no existen. De repente iban familias enteras y había niños en la vuelta correteando mientras estabas cantando Era hermosísimo tocar allí. Guardo un hermoso recuerdo del Torre Azul».
AMALUNA
La nueva banda de Chelo Palacios está naciendo. Se llama Amaluna y él le tiene una «fe impresionante» a este nuevo proyecto. Con ella debutaron en el Centro Democrático y actuaron en plaza Libertad, en ambos casos con excelente marco de público. «Ahora saldremos oficialmente por todo el país y la expectativa es grandísima», reconoció, para luego justificar su sensación: «Los músicos son buenos, jóvenes con esas garras de salir y de poder llegar a algo en la música. Eso está bueno, que no vayan solo por la plata sino porque les guste ser alguien dentro de la música».
El nombre Amaluna fue elegido por los propietarios de la banda, los titulares de Ferro Producciones Artísticas y aceptado con beneplácito por los integrantes de la banda. En general, Chelo es quien maneja el repertorio de la banda, abierto a sugerencias que son analizadas en grupo. «Por ejemplo, yo no puedo cantar un tema de la Nueva Escuela, imposible que cante algo de eso. No está en mi cabeza porque no siento hacerlo. Me gusta cantar canciones con sentimiento, que tengan un significado».
Se declara «un agradecido a la gente de Minas» por el respaldo que desde siempre le ha brindado y le continúa otorgando porque este nuevo proyecto, el de Amaluna, da sus primeros pasos arropado por nuestro público. «En ningún otro lugar he sentido un apoyo tan hermoso, tan lindo. Cuando hicimos el debut de Amaluna en el Democrático, fue gente que no iba al Democrático hacía muchos años y concurrieron a verme a mí porque así me lo dijeron. Cuando subía las canciones a TikTok, las repercusiones eran inmediatas, felicitándonos por nuestra propuesta. Todo eso te llena el alma», afirmó.
Amaluna tiene presentaciones confirmadas en Treinta y Tres, Melo, y nuevamente en el Centro Democrático de Minas en el transcurso de febrero, con el objetivo puesto en ser parte de la grilla de espectáculos populares como el festival Minas y Abril y la Semana de Lavalleja.
«Tenemos un grupo bárbaro de personas que trabaja a la par de nosotros. Cuento con mi hijo que va a ser el utilero, así que voy a estar re contra feliz de verlo a mi lado. Es otra de las maravillas que me toca vivir, que él me acompañe en todos los lugares donde voy a estar cantando. El proceso de la banda va a funcionar y quiero que crezca conmigo. Me tengo mucha fe con esta banda, de verdad. Suena muy bien y el repertorio está muy bien seleccionado. Es solamente empezar a pisar e ir viendo en cada show los detalles a corregir y los que tenemos en favor, y ahí entrar a sumarle», confió.
CONTACTO
Para contactarse con la banda Amaluna, pueden hacerlo con Ferro Producciones Artísticas o a través del celular 098 475 985.