El sábado 10 de octubre a las 17 horas, en ROMACA Libros se presentará el libro “La diosa negada” de Hugo Rocca, quien es periodista, escritor, músico, compositor, aquí hace una gran investigación mujeres de la historia, de culturas y religiones diversas, y con dibujos de la artista plástica Pilar González, que no solo ilustra sino que profundiza sobre las características de esas mujeres a las que se refiere Rocca. La presentación cuenta con el acompañamiento de la gestora cultural y artista plástica Carolina Larrosa.
PRÓLOGO
Respecto al libro, en el prólogo de la licenciada en antropología social Anabella Loy expresa:
“‘La diosa negada’ de Hugo Rocca, es el producto de un esfuerzo exhaustivo por devolverle a la mujer el lugar privilegiado que le habría sido escamoteado: el de diosa y madre, sacra y secular, misteriosa y pragmática a la vez. Ese lugar, de arquetipo del poder femenino, que le correspondería, al menos estadísticamente por ser la mitad de la humanidad, le habría sido arrebatado por el orden patriarcal. A lo largo de la historia humana la virulencia de dicha sustitución habría sido variable,
Este libro es un homenaje que Hugo Rocca le realiza a la mujer genérica -se lo dedica, significativamente, a su madre y a su hija- en un intento de rescate de su figura, tanto histórica como mítica a lo largo del recorrido existencial humano, principalmente el occidental. Constituye una expedición simbólica de buceo por los océanos de la discriminación, largamente establecida
Esta obra, bellamente ilustrada, no resulta fácil de clasificar en un género concreto; se trata de una suerte de ensayo pero transita por fuera de los cánones de la "academia"; es un esfuerzo especulativo y subjetivo de justicia -casi podríamos decir, poética- en el que la mirada del autor se apoya en fuentes artísticas y abre las puertas para que se asomen distintas mujeres, de carne y hueso algunas, integrantes de panteones paganos otras, y algunas más que nos guiñan un ojo desde la historia, el teatro y la poesía.
Las ilustraciones de Pilar González no decoran estas páginas; por el contrario, las impregnan con una carga expresiva que complementa con fuerza el reclamo igualitario explícito en esta obra.
El autor define su trabajo como un ‘rompecabezas intuitivo’ que aspira a ‘rastrear las huellas’ femeninas, más o menos ocultas, en el devenir de la humanidad, incluso a sabiendas de que la mujer ha sido, casi exclusivamente, garante y guardiana del espacio privado: el más difícil de sondear. Con este fin entrelaza la historia con los mitos, hace peregrinar a la figura femenina por los vaivenes de lo sagrado y lo profano, en distintos territorios espaciales y temporales creando, así una imaginería personal en la que lo simbólico juega con lo real y reivindica a la mujer secularmente ofendida, maltratada y humillada en diversas tradiciones; el cristianismo no ha sido la excepción en ese sentido. Desfilan, desde el texto, las invectivas de filósofos griegos como Aristóteles y Platón, de padres de la Iglesia como Agustín de Hipona, Santo Tomás y otros, en las que la mujer aparece, en resumen, como varón incompleto o como recipiente, sucio y contaminante, sólo apto para la reproducción.
Esta visión personal del pasado, en clave femenina, está en consonancia con algunas corrientes de pensamiento feminista hoy en boga, que buscan restituir un eventual cetro perdido a la mujer -y a la feminidad derivada de tal condición- en la historia de la cultura.
Si, como se afirma en ‘La diosa negada’, la esencia del principio femenino pasó a la clandestinidad, desplazada por la instauración de un altar masculino; subsistió, sin embargo una trama, tejida con más o menos hebras según el momento histórico, que no desapareció jamás, a través de la cual muchas mujeres intentaron expresar sus voces y convertirse en protagonistas de sus vidas y de la historia.
Brujas o santas, magas, parteras, herboristas, sibilas o vírgenes vestales, las mujeres fueron vistas como seres ocasionalmente bellos, misteriosos, temidos, incomprendidos, curiosos, salvajes peligrosos o impuros y, por tanto, demonizados y cargados de culpas. La misoginia y el miedo a la mujer tienen mucho en común”.
Fragmento del prólogo por licenciada en antropología social Anabella Loy.