El ministro de Economía Gabriel Oddone anunció que el gobierno está trabajando en la posible creación de un fondo soberano que gestione los recursos que eventualmente puedan obtenerse de manera extraordinaria en caso de que tenga éxito la prospección petrolera en nuestras aguas oceánicas que se está desarrollando actualmente.

Es bastante probable que se encuentre petróleo en nuestras aguas, a buena profundidad en el océano, y quizá en grandes cantidades. Eso, potencialmente, puede hacer que nuestro país obtenga ingresos extraordinarios e imprevistos.

Y eso puede ser una bendición o una maldición.

La maldición más conocida en este sentido tiene nombre y todo: se llama “la enfermedad holandesa”, “el mal holandés” o el “síndrome holandés”.

En la década de 1960 los ingresos de divisas en los Países Bajos aumentaron de manera considerable y brusca luego que se descubrieran grandes yacimientos de gas natural en el norte del país. Como consecuencia de este hallazgo la moneda del país se apreció considerablemente, perjudicando las exportaciones no petroleras del país, que se volvieron muy caras para el resto del mundo, lo que provocó, paradójicamente, una crisis económica, acompañada de inflación. Desde entonces se ha analizado el “síndrome holandés” cuando cualquier país tiene un aumento repentino en la entrada de divisas, por inversiones, nuevos descubrimiento de recursos naturales o aumento repentino en los precios de sus productos exportados.

Por otro lado, el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega, instaurado cuando ese país nórdico descubrió grandes yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte, es ejemplo de lo contrario, cómo un país administra grandes masas de capital y dinero sin que ello afecte negativamente a la economía y la sociedad, sino más bien lo contrario. Este fondo noruego de inversión es el más grande del mundo, con dos billones (milllones de milllones) de dólares. Para no afectar la competividad del país ni provocar inflación en Noruega, el fondo sólo puede hacer inversiones fuera del país y estas se hacen además siguiendo criterios no sólo económicos y financieros, sino además éticos. Por ejemplo, recientemente este fondo decidió que retiraría todas sus inversiones en Israel, en protesta por el genocidio que este país comete sobre los palestinos.

No sabemos si tenemos petróleo, pero es probable que lo tengamos. Y si es así, más vale camino noruego -que ya se está estudiando- que síndrome holandés.