El intendente Daniel Ximénez acompañó la sesión extraordinaria de la Junta Departamental de Lavalleja (JDL), realizada para votar la presidencia y las vicepresidencias. Luego de votados los cargos, se lo invitó a ingresar a sala, escuchó los discursos de los ediles y edila electos y finalmente el presidente Álvarez le pidió la palabra. Entonces el intendente expresó la importancia de la elección. Finalmente se refirió al fallecimiento de Eduardo Yocco, quien era director de Gestión Humanade la Intendencia de Lavalleja (IDL).

DOS COSAS

Ximénez expresó: “Estamos viviendo un momento muy especial, nuestro partido, nuestro gabinete, todo el espectro político departamental. Traje escrito lo que quería decir hoy, porque no sabía que se iba a hacer una sesión especial. Voy a leer esto que se preparó para Eduardo. Sé que son cosas diferentes, a veces nos cuesta separarlas, para que no empañe lo que es este proceso institucional que vivimos hoy de cambios de autoridades y del reconocimiento de las personas”.

EDUARDO YOCCO

Seguidamente Ximénez leyó: “Señoras y señores ediles, autoridades, vecinas y vecinos. Hoy me toca estar acá con un nudo en la garganta. Agradezco muchísimo que me den la oportunidad de dirigirme a ustedes para recordar a un amigo, para ir mucho más allá del protocolo o del repaso de una trayectoria política. Vengo a hablarles del dolor de haber perdido un compañero de vida, a un hermano de tantas y tantos, con el que caminamos codo a codo durante décadas y aún hoy tiene algo para decirnos. Hablar de Eduardo Yocco es hablar de Minas, es hablar de Lavalleja. Todo lo que estamos en este recinto lo conocíamos. Los que tuvimos la dicha de quererlo y compartir la vida con él, los que conocíamos la dulzura y la dedicación, conocíamos su verdadero carácter. Sabíamos que atrás de esa timidez de tipo reservado había una sensibilidad enorme, una honestidad, una nobleza y una solidaridad humana de esas que ya casi no se ven. Y Eduardo era una persona de trabajo. Toda la vida arreglando dentaduras en su taller, escuchando a los trabajadores en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, volcando su cabeza inquieta en aquellas columnas del diario Serrano. A eso hay que sumarle en las tardes de radio, su ajedrez, el fútbol, el básquetbol y las múltiples comisiones donde se desempeñó, donde siempre se preocupaba por entender qué le pasaba a mucha gente y a nuestro departamento. Todo ese camino forjó la persona que todos respetábamos, la persona que tantos queríamos y que tantas personas querían.

En el año 2019, cuando me tocó entregarle la conducción de la Mesa Política del Frente Amplio, me acuerdo que dije una frase que hoy reafirmo. Dije que Eduardo era un obrero de nuestra fuerza política, de esos que trabajan en silencio y pocos conocen. Y eso fue toda su vida, un obrero de la política, un zurcidor. Eduardo no pegaba un grito ni daba un codazo para salir en la foto. Jamás lo vieron operando por abajo ni especulando con un cargo, ni cobrando cuentas, ni pretendiendo cobrar la cuenta de los votos que representaba. Él desdeñaba esas chiquitas. Venía, se sentaba, escuchaba y se ponía a intentar arreglar las cosas. Tendía puentes donde otros querían construir paredes. Tenía la capacidad de armar los rompecabezas con paciencia, con humildad y con una lealtad a prueba de todo. Hasta las últimas horas demostró lo que es ser un servidor público. Estuvo encerrado en la intendencia con nosotros hasta tarde revisando expedientes difíciles de la gestión humana. Y no miraba fríos números de presupuesto, miraba las personas. Se preocupaba por la madre jefa de hogar, por el vecino humilde, por el trabajador que estaba cerca de jubilarse. Quería que las cosas hicieran con rigor técnico, sí, pero con un corazón enorme que no deja a nadie tirado. Quería que la tarea dejase de ser administrar conflictos, quería que la tarea fuese construir futuro. Porque Eduardo, además, tenía una virtud que hoy nos hace mucha falta. Él no hacía política para la chicana del día ni para ver quién ganaba una pulgada interna, ni para ver cómo se trancaba el otro para sacarle una ventaja cortita. Eduardo pensaba en grande y miraba lejos. Cuando diseñaba el área de desarrollo, cuando ordenaba con justicia las reglas de juego de gestión humana de esta intendencia, no lo hacía pensando en los meses siguientes, sino en dejar políticas departamentales que trasciendan las administraciones y sobrevivieran a nuestros propios nombres. Él sabía muy bien que lo que sembramos hoy con transparencia y honestidad va a ser la plataforma sobre la que se paren y construyan los que vengan mañana, sean del sector o del partido que sean. Lavalleja es el hogar de nuestras familias, de nuestros vecinos y sin dudas que ellos esperan de nosotros lo mejor. Y a la hora de actuar nos exige grandeza, nos exige levantar la cabeza de la chacrita y mirar el horizonte de desarrollo que Eduardo siempre defendió. La política debe volver a ser una herramienta para unir voluntades y transformar la realidad. Por eso hoy en esta noche donde la Junta Departamental cambia sus autoridades, me parece que el mejor tributo que podemos rendir a Eduardo no es dedicarle unas palabras bonitas y después volver a la disputa chiquitas. No, Eduardo no nos perdonaría eso. El legado de Eduardo es un mandato moral para todos los que estamos en esta casa.

Nos enseña que la política con mayúscula no es una pulseada de egos ni un escenario para la chica más corta. La política debería ser siempre lo que él hacía, trabajar en silencio, solucionar los problemas reales de los vecinos y tener la grandeza de poner al departamento siempre por delante de las pretensiones personales. Como lo quería Eduardo. El departamento de Lavalleja nos exige estar a la altura.

Nos pide que le demos la mira, que nos escuchemos más, que bajemos la soberbia y que dejemos de lado la política menor, la política de la chacrita que no le resuelve la vida a nadie. Que intercambiemos nuestras ideas como nuestro pueblo necesita. Eduardo no le pediría a nadie que renunciara a las suyas, pediría a todos estar a la altura. Eduardo Yocco fue un gran componedor. Hagámosle honor a su memoria componiendo nosotros también. Demostremos que se puede hacer política con decencia, la humildad y la dignidad con la que él caminó por este pueblo. Esa es la única manera de homenajearlo como se merece. Esa es la manera en que a él le gustaría que lo recordemos. Hasta siempre, querido Eduardo, intentamos e intentaremos honrar tu legado. Muchas gracias”.