Raquel Marchese es una actriz con un enorme compromiso sobre el escenario. Encara su personaje con fluidez, temperamento y ganas y da rienda suelta a una vocación que comenzó “cuando niña, a mi mamá le fascinaba el teatro cada vez que tenía oportunidad de ir lo hacía… íbamos todos. Después me acerqué a los talleres de UNI 3, participé por tres años. Al casarme, paso a vivir en Polanco. Cuando nuestras hijas deben ingresar al liceo regreso y retomo el contacto con mis compañeros teatreros. Me uní y participé en varias obras de y con (Sofia) ‘Rayito’ Nappa”.

 

Raquel Marchese en escena.
Raquel Marchese en escena.

LUZ, CÁMARA, ACCIÓN

Al señalarle su participación en videos de un taller de cine, contó que esa experiencia “fue un proyecto de la productora de ‘Hacha y tiza’ de Daniel Amorín y Natalia Nartallo, con ellos participé en varios cortos. Fueron tres años preciosos con experiencias súper enriquecedoras. Ellos trajeron a Minas los talleres ‘Delante de cámara’ y ‘Detrás de cámara’. El cine es otra cosa, no es el contacto directo con el público, este no está presente, es otra la adrenalina que se siente. Si algo no sale, existe el ‘corte’ y va de nuevo. En la función de teatro eso no está. Si hay un error, un olvido, hay que salir de esa situación y seguir lo más natural posible para que el público no lo note, es muy difícil, pero si hay equipo y compañerismo se puede soslayar el yerro”.

Al verla actuar, se nota la entrega y el amor que le pone al teatro.

¡Gracias! Todos en el grupo estamos muy comprometidos cuando nos metemos en la piel del personaje. Se hace un trabajo previo para entender cómo es, cómo sería su vida, cómo pensaría esa persona para poder interpretarla. Es un trabajo que el director nos pide, y cuando nos “salimos” nos dice ‘vuelvan a leer la biografía que cada uno armó’ para reaccionar como el personaje y no como nosotros. Para ello se hace lectura en mesa, nos ubicamos en el tiempo, características de época o situación, vivencias similares y ahí comenzamos a armar y a moldear cada uno.

¿Cómo fue armar e integrar De Acá Nomás?

Ver nacer a “De Acá Nomas” fue y es mágico, ¡espectacular! Una tarde hablo con María Isabel Hernández y le propongo juntarnos y armar un grupo y esa tarde se armó. Apenas unas llamadas y ya estaban los compañeros diciendo: apostemos por este proyecto, todos lo queríamos. Hasta el nombre surgió en ese momento, “De Acá Nomas”. Somos todos de acá, de la vuelta, que compartimos el mismo amor por las tablas.

¿Se acuerda de las obras que han hecho?

Y hemos realizado unas cuantas obras. La primera, “Las Divas de la radio”, siempre está presente. “Un mal día”, una descollante comedia, con una cuidada dosis de picardía y muy alta en humor e ingenio. “Lotería”, un portento, fuimos diez sobre el escenario, una sátira que gira sobre la doble moralidad y la codicia. “Feliz día papá”, una desopilante comedia, donde se mezclan afectos, pasiones y fanatismos. “La Santa Paz”, con mucho humor negro, corrupción, tentación de dinero, cruce de política y narcotráfico mexicano, una locura de obra. “Julieta y Romeo en el geriátrico” alterna drama, humor y reflexión, respeto al cuidado de personas al envejecer, amar al final, amar siempre. “La casa del senador”, una sátira impresionante, en torno a dos ladrones y sus infortunadas peripecias cuando se disponen desvalijar la casa del senador supuestamente vacía. “Hasta la vista Baby”, una obra cargada de actualidad social llevada a la ficción con destellos de comicidad. Permite reflexionar y reírse, un texto precioso. “Trapitos al sol”, una comedia, dos matrimonios se reúnen para mejorar su economía pero no todo es lo que aparenta. “Hasta el velorio que viene” es la segunda parte de “Lotería”, deja la avaricia al descubierto con las más bajas miserias humanas. Un gran texto. “El acompañamiento”, solo dos actores donde se enfrentan cara a cara con proyectos del pasado inconclusos y cargados de emoción. “El debut de la piba”, ilusionados en búsqueda de una tabla de salvación donde creen que el arte de los grandes intérpretes es fácil de imitar. “Los putativos”, muchos enredos y malentendidos dentro del hotel, el humor está en el cruce constante de los personajes que intentan ocultar sus verdaderas intenciones. “Descaradas” narra las dificultades de resiliencia y la reinvención de cinco mujeres de distintas clases sociales enfrentadas en una crisis extrema. “Mi mujer es el plomero”, una obra muy ágil con un humor absurdo y situaciones disparatadas, muy divertida. “Doña Ramona”, un clásico maravilloso, expone con total ironía los conflictos de clase y el machismo dentro de una familia conservadora y acomodada. ¡Brillante! “Las hectáreas de Adelaida”, es una sátira sobre la familia, el interés económico, el choque de clases, lazos de solidaridad en tiempo de crisis. Preciosa obra. “¿Que harían sin mí?”, plantea la sobrecarga y la falta de valoración de las mujeres en el hogar, la invisibilidad y la necesidad de recuperar sueños y deseos personales. Todas son obras que, a través de sus personajes, cada uno de nosotros ha vestido, han dejado huellas profundas, y han movilizado vivencias; han desnudado prejuicios; me hicieron crecer, poder pararme desde la vereda de enfrente para descubrir nuevos horizontes.

Se repone la obra recién estrenada Damas y Caballeros ¿Cómo le ha resultado esa experiencia?

Sí. Tenemos asignado el viernes 24 de julio para reponer “Damas y Caballeros” de Jacobo Langsner. Nuestra directora está realizando trámites para ver si podemos obtener alguna fecha para hacer más funciones. “Damas y Caballeros” es una obra diferente a las que hemos realizado hasta ahora en “De Acá Nomas”, que se caracteriza por incursionar en comedias y vodeviles (comedias de enredos) basados en la intriga y el equívoco. “Damas y Caballeros” es otro texto -si bien esta calificada como comedia-, es una obra atemporal, con un humor muy agudo, hace una crítica muy profunda a la doble moral, la hipocresía, los prejuicios de la sociedad. El texto nos deja y nos da mucho para la reflexión, tanto por los personajes, o lo que se pueda leer entre líneas. Carlos Astapenco hace diez años la tenía guardada y muy presente. Raquel Silva, nuestra directora, al leerla le fascinó, nos habló de la importancia que tiene todo lo que dice la obra, y fue un gran desafío. Su trabajo fue arduo, constante y minucioso, para que pudiésemos crear cada personaje y lograr una justa interpretación. Me exigió mucho, porque soy una persona que en la vida mueve mucho las manos, tal vez por mi profesión y “Amanda” mi personaje, eso no lo necesita, es serena, muy intuitiva, con miradas y tono de voz bajo, debí trabajarlo mucho. Además de permanecer toda la obra sentada, para mí estar quieta es un sacrificio, y lo logré.

¿Cómo ve al público minuano?

Minas tiene un público respetuoso y muy atento, tanto al texto como a la interpretación. Nos acompañan, valoran y apoyan cada trabajo que presentamos, pero también son sinceros y críticos: nos dicen o nos hacen llegar las opiniones de cómo vieron o cómo les llega la interpretación, el vestuario, la escenografía, todo. Críticas constructivas que nosotros tomamos, porque sirven para mejorar y crecer.

¿Qué obra es el próximo estreno?

La próxima obra es “La banda de los tacos rojos” de Maru Silva, una dramaturga que ya conocemos porque realizamos su obra “Las hectáreas de Adelaida”, una preciosa obra.