Mucho Mundial de FIFA, mucho Messi y Haaland, y nos olvidamos de las gloriosas gestas deportivas que ocurrieron aquí mismo, en este rincón del mundo rodeado de sierras que nos contemplan desde hace siglos, milenios, o más bien desde hace millones de años, a juzgar por lo que nos dicen los científicos del geoparque Manantiales Serranos.
Porque aquí se jugaba y se juega a un fútbol enjundioso, honorable, donde quizá las planchas en la canilla eran de señores entusiastas que no tenían ya la coordinación ni la puntería de la juventud, pero que mantenían intacto el entusiasmo y las ganas de ir tras cada pelota. Aunque las piernas y el resto del cuerpo ya no respondieran como antes.
El 12 de julio de 1970 el diario La Unión publicaba una crónica de un partido de fútbol entre Profesores del Liceo (“el Liceo” a secas, no había ningún otro ni en Minas ni en Lavalleja, y era lo que ahora vendría a ser el Instituto Fabini) y otro equipo de “Doctores”, reforzado con personal no médico “del Sanatorio”, como lo llama La Unión. Compartimos en esta misma página esa nota que se publicó en Minas en 1970.
Fue un fiero encuentro en el que seguramente no faltaron las patadas alevosas, producto más de la impotencia que de la mala intención. Pero nadie se quejó y todos terminaron a los abrazos, más allá de alguna calentura con algún contrario por una patada de atrás o con algún compañero por un pase que nunca llegó.
No sabemos si hubo revancha, pero sí sabemos que estos entusiastas atletas siguieron jugando al fútbol por mucho tiempo más, imaginando que eran Espárrago, Cubilla o Pedro Virgilio Rocha. Todos ellos, jugadores que acababan de regresar del Mundial de México de 1970, donde la Celeste logró un muy honroso cuarto lugar que nadie festejó, porque en ese entonces en Uruguay cualquier cosa que no fuera salir campeón del mundo era considerado un fracaso.
Uruguay estuvo en el Mundial de México en una serie con Italia, Suecia e Israel. La Celeste venció 2-0 a Israel, empató 0-0 con la azzurra y cayó sorpresivamente 0-1 con Suecia, con un gol en el minuto 89. En Cuartos de Final enfrentamos a la Unión Soviética (URSS) a la que vencimos con un “gol fantasma” porque Cubilla levantó un centro para Espárrago, que definió notablemente de cabeza, cuando la pelota ya había salido de la cancha. La FIFA iba a sacar a la URSS -que tenía un equipazo- de la Copa de cualquier manera y lo hizo de manera eficiente con la ayuda de los árbitros.
En la semifinal nos tocó bailar con la más fea, el Brasil con una delantera integrada por Pelé, Rivelinho, Jairzinho y Tostao. Fue el único equipo de la historia del fútbol que tuvo a cinco números “10” jugando juntos, ya que a los cuatro delanteros (todos mediocampistas ofensivos en sus equipos en Brasil) se sumaba Gerson en el mediocampo. Una máquina futbolística a la que comenzamos venciendo en ese partido, muy parejo, con un gol de Cubilla a los 18’. El resto es historia. Brasil remontó y nos ganó 2 a 1 con una actuación consagratoria de Pelé. Brasil jugó una de las finales más célebres de la historia, con Italia, y se llevó la Jules Rimet en propiedad por haberla ganado tres veces. Pudo haber sido nuestra.
En el partido por el tercer puesto, que Uruguay jugó casi con desgano, Alemania nos venció 1-0 con gol de Overath.
Mientras tanto, en Minas, profesores, doctores, veterinarios, soldados, estudiantes, niños, todos, jugaban al fútbol -probablemente mucho más que ahora- en canchas chicas, grandes, de pasto, de barro, en campitos y en la calle. En todas partes.
Desde ahora Profesores de Anatomía
Match amistoso
En la cancha de Guaraní se midieron las escuadras del seleccionado de Profesores del Liceo (reforzado) y el equipo integrado por médicos y personal del Sanatorio. Arbitró, en jornada poco feliz, y carente de pito, el Sr. Santiago Lupi, quien desoyó reiteradamente a los jueces de línea.
En un partido de trámite intenso, pero de guante blanco, la imposición correspondió al team profesoral por tres a dos. Los doctorales se lanzaron en feroz ofensiva, que fue a rebotar ante la planeada defensa en cerrojo rival. Y mediante juego de contragolpe, en base al peligroso wing Elola, los profesores tuvieron su cartra de triunfo.
Muniz abrió el tanteador, y el empate no demoró (en jugada viciada de nulidad, harto dudosa) ante disparo de Martirena. Posteriormente, Gomila, en brillante jugada individual, dribleando incluso al arquero Rodríguez Olascoaga, volcó el resultado con que, a la postre, terminó el primer tiempo: 2a 1 a favor de los profesores.
Sobre los 25’ llegó el nuevo empate: ante la valla de Cacho Dossetti, José M. Leiva, en jugada digna de un Cubillas, impulsó de taco la pelota a las redes. Las cifras definitivas las puso R. Pereira, con tiro franco desde las 18 yardas.
Antes de iniciarse el serugndo tiempo, tuvo lugar un acto protocolar, en el cual el capitán del team profesoral, Julián Mazzoni, obsequió con un bouquet de flores a su similar doctoral, Martín Martínez, quien retribuyó con un hermoso banderín de la institución.
DETALLES:
La innovación de jugar con doce fue autorizada por telegrama por Sir Stanley Rous.
Field: cancha de Guaraní. Público: 000. Recaudación no suministrada. Equipos:
PROFESORES: Cacho Dossetti; Gomila, Mazzoni, Riccetto y Oyenard; Giménez, Muniz y Plada; Elola, Toledo, R. Pereira y J. Leiva.
DOCTORES: Rodríguez Olascoaga, Irigoín, Martínez, Péres y J.C. Martínez; R. Rodríguez, Martirena y Beltrame, Ramos, J.M. Leiva, P. Leiva y Fiumares.
Goles: Muniz (P) 10’; Martirena (D) 15’; Gomila a los 32,30; José Leiva (D) a los 70’ y R. Pereira (P) a los 89.30.
(Nota publicada en La Unión el 12 de julio de 1970)
(Foto y nota original, gentileza de Pablo Mazzoni)