Ayer falleció nuestra querida “Mary” Morosoli, María Luz Morosoli, nacida en estas tierras un 28 de enero del año 1930.

Dicen que Mary ya desde muy pequeña se caracterizó por su carácter fuerte, su inteligencia y por su mirada curiosa y penetrante.

No la conocimos de niña, pero sí podemos dar fe, quienes la conocimos ya adulta, de su carácter fuerte y su inteligencia. También podemos dar fe de su inmensa bondad y del amor que derramó a raudales a lo largo de su vida. Y podemos dar fe también de su mirada divertida y su casi perenne sonrisa, que encantó siempre a legiones de niños -propios y ajenos- que siempre andaban por su casa.

Inteligente, trabajadora, disciplinada, se fue muy joven a Montevideo a estudiar Arquitectura, y volvió a los 24 años con el título bajo el brazo, como la primera arquitecta en la historia de nuestro departamento. Como muchas otras pioneras, debió luchar denodadamente para ser aceptada en una profesión que hasta ese momento era monopolizada por hombres. Se ganó el respeto profesional a fuerza de trabajo, capacidad y perseverancia.

Ganó además por concurso un cargo como docente en Secundaria, se casó con uno de los chiquilines que andaban corriendo por su barrio en la niñez, nuestro querido Julián Mazzoni, y con él tuvo tres hijos.

Debió atravesar la prisión y el exilio de uno de sus hijos (Julián) y la persecución de ella misma y de su familia en los años oscuros de la dictadura. Todo lo soportó y atravesó con una fuerza y una energía inagotables.

La vida la premió luego, con el paso de los años, con muchos nietos y bisnietos de los que pudo disfrutar a pleno.

Dedicó buena parte de sus últimos años a promover la defensa del patrimonio arquitectónico de nuestro departamento.

Querida Mary, contigo se cumplen a rajatabla las palabras de José Martí: "La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida."