Por Ángela Melgar.

28 de enero de 1930, hace mucho calor en la ciudad de Minas, parece que faltara el aire, las casas están con los postigos entornados para protegerse del sol abrasador. . Nadie camina por las calles, sólo se oye el canto de las chicharras. A pesar del día tan agobiante, en la casa de la familia Lupi Tozzi hay un gran trajín, Luisa , la hija mayor está en trabajo de parto, las mujeres de la familia la rodean, a su lado también está su esposo Pepe Morosoli, él le sostiene la mano, seca el sudor de su frente, le habla con dulzura, intenta serenarla. Luisa, con las manos sobre su vientre gime de dolor, su madre le susurra al oído – “devi essere forte figlia mia, non avere paura-”. Horas después se oye el llanto de la bebé, es una niña rozagante, hermosa, tiene una mirada intensa, penetrante, su nombre es María Luz. Un sentimiento de alegría y alivio embarga a los integrantes de la familia, esa niña es una de las primeras de la segunda generación. Il nonno descorcha el vino reservado para las grandes ocasiones, todos brindan y festejan. Va creciendo rodeada de amor, desde muy pequeña se aprecia su gran inteligencia y su carácter fuerte. Un año después nace su hermana Ana, crecen muy unidas, comparten juegos y travesuras con los niños del barrio. Entre estos niños están Julián y Amancio Mazzoni, con los cuáles años después contraerán matrimonio. Mary, como la llamaba su familia, al terminar el liceo decide estudiar arquitectura, eso la aleja de su entorno familiar dónde se siente protegida y segura, se le hace muy difícil ese periodo. Cada día debe luchar con el deseo de abandonar todo y correr a su casa, pero tiene claro que volver con su título le dará la posibilidad de ser una mujer independiente y dueña de su destino. A los 24 años se recibe, regresa con la alegría no sólo de haber obtenido su título sino también de haber superado sus miedos. Es la primera mujer arquitecta de Minas. Comienza a ejercer la profesión en un ámbito completamente masculino donde enfrenta una dura lucha para ser aceptada y respetada entre los obreros. Cada mañana recorre las obras en su bicicleta y poco a poco los trabajadores que utilizan el mismo medio de transporte comienzan a sentirla más cercana.  Con el tiempo, logra ganarse su respeto y finalmente es reconocida por toda la población minuana. Disfruta de su trabajo, accede por concurso a un cargo en Secundaria, siente que su vida está encaminada, tiene tres hijos y su esposo Julián es su gran compañero. A partir de los años 70 Uruguay atraviesa una dictadura militar, todos los valores que le habían transmitido en su infancia son considerado delitos, la solidaridad, la empatía, el respeto por la vida y por las ideas del otro. Su existencia entra en el caos, todo lo que había logrado se desmorona, es destituida de su cargo en secundaria, su hijo mayor sufre la prisión y posterior exilio. La angustia y el miedo la envuelven con un denso manto oscuro, siente que cae en un abismo, no tiene coraje para seguir adelante. Su familia, su madre, hermana, primas, tías, sobrinas y cuñadas acuden a su rescate. La cuidan, la protegen y la rodean en un gran círculo amoroso. La animan a no rendirse, comparten tardes de tejido y con sus manos van creando una historia diferente, hecha de sanación, escucha y comprensión. Una paz que no existía afuera empieza a nacer en sus corazones. Luego de 12 años llega el final de la dictadura, le es restituido su cargo en Secundaria, llega el reencuentro con sus seres amados que retornan del exilio. Es tiempo de compartir momentos con sus nietos, los mira jugar, correr por su patio y se reconoce en ellos. Su vida se vuelve dulce, abraza a sus nietos y se abraza a sí misma, las heridas van sanando. Va recobrando lentamente el entusiasmo por su profesión, dedicó los últimos años de su vida profesional a la defensa del patrimonio arquitectónico de la ciudad siendo un referente para sus colegas hasta el día de hoy. Hoy Mary tiene 96 años. Una nube de olvido va cubriendo su mente. Minas nunca olvidará a esta mujer que transformó su destino y abrió el camino para que otras mujeres puedan transitar con valentía hacia sus propios sueños.