Minas Repuestos (en la calle 18 de Julio 913, Minas) cumplió 30 años de actividad y lo festejó con una fiesta en el Centro de Talleristas, con más de cien personas entre clientes, proveedores y amigos.

Primera Página entrevistó a Luis Guillén, fundador y propietario de la empresa.

Era la década de 1980 y Luis Guillén era comisionista. Su trabajo, desde 1983, cuando comenzó, consistía en recorrer los talleres de reparación de autos de Minas para recoger pedidos de los repuestos que los mecánicos necesitaban y luego viajar a Montevideo a recorrer diferentes proveedores buscando comprar esos repuestos, que traía a Minas. Así, todas las semanas, durante muchos años. Por cada repuesto cobraba una pequeña comisión, que constituía su ganancia.

Su gran secreto para tener éxito como comisionista era no sólo el de la eficacia -conseguir el repuesto adecuado a un precio conveniente- sino además la confiabilidad, tanto para los mecánicos como con los grandes importadores y distribuidores de repuestos de Montevideo.

En 1996 fundó Minas Repuestos junto a un socio, Marcelo Ximénez. Y aunque ya tenían instalada la empresa en un local, Luis seguía recorriendo talleres minuanos, recogiendo pedidos y haciendo comisiones, mientras el tiempo se lo permitió y el cuerpo aguantó.

UNA NUEVA ETAPA

Pero Minas Repuestos creció rápidamente, ya que comenzaron a aparecer como clientes personas que no eran talleristas. El público creció y la demanda también.

Además, Luis cuenta que “le embocó” con la oferta de productos. Se dio cuenta de que todas las casas de repuestos de Minas vendían los mismos productos, los mismos repuestos, pero ninguna vendía autopartes, chapas, guardabarros, puertas de vehículos, etc. Comenzó a traer esos productos y eso le ganó un nuevo lugar en el mercado local. “Me traje un público tremendo, estaban los chapistas; eran una cantidad y no los atendía nadie”, recuerda Luis.

GANARSE UN NOMBRE

Cuando Luis trabajaba como comisionista en las décadas de 1980 y 1990, se trabajaba sólo con dinero en efectivo. No se utilizaban tarjetas de débito o de crédito en su trabajo, por lo que andaba siempre con mucho efectivo encima, de sus clientes. Un viernes estaba en Montevideo y al sacar un enorme fajo de dinero del bolsillo se le caen 400 dólares al piso. Pero ningún cliente le había dado 400 dólares. Se guardó el dinero y al terminar su día de trabajo en Montevideo volvió a Minas. Al día siguiente, un sábado, comenzó a recorrer a su clientela y a entregar los repuestos que había traído. Y pasa por lo de Suárez, “lejos, el mejor chapista de Minas, un fenómeno”, cuenta Luis.

- Estoy recaliente – le dice Suárez.

- ¿Qué te pasó?

- ¿Sabés qué? Perdí 400 dólares y no los encuentro por ninguna parte.

- Bueno, si estás caliente por eso tomá, yo te doy los 400 dólares – dijo Luis, y le entregó los 400 dólares que tenía, que evidentemente el chapista le había dado por equivocación, junto con los pesos necesarios para comprar repuestos en Montevideo.

El episodio se hizo conocido porque el chapista se encargó de difundirlo, y al poco tiempo los conocidos le preguntaban a Guillén si tenía 400 dólares para ellos también. “Esas cosas te dan nombre en Minas”, dice Luis. Y tiene razón. Las buenas acciones dan prestigio... y las malas acciones también son conocidas por casi todos, rápidamente. Cosas de pueblo chico.

LOS TIEMPOS CAMBIAN

Luis confía mucho en su equipo de trabajo, que incluye a su hijo Martín, que prácticamente está a cargo del negocio ahora. “Acá la tecnología me mató, la electrónica de los autos me pasó por arriba. Perdí un poquito el hilo a las computadoras. Ahora, tenés lista de precios, tenés fotos.

Nosotros llamábamos por teléfono y decíamos ‘mirá que es negro, es cuadrado’. Ahora elegís en un catálogo informático en el que aparece todo, sólo con un número, un código. Yo sabía manejar las listas de precios. Además, antes había cinco marcas de autos, ahora hay 50”.

El secreto, cuando empezaron hace 30 años y ahora, es el mismo, según Luis, “el secreto está no perder los clientes que hay. Tenés que cuidarlos, que la gente vuelva”.

Considerando el éxito que ha tenido la empresa a lo largo de tres décadas, es evidente que el secreto ha sido aprendido, y aplicado, a rajatabla.