(Reportaje de Waldemar y Gonzalo Martínez)

La semana pasada perdimos físicamente a un verdadero crack, que fue grande entre los grandes, pero que dejó muchas enseñanzas y un gran legado, especialmente para la juventud. En los últimos tiempos era muy común ver a Julio César Rodríguez Garay (71 años) transitando por las calles de nuestra ciudad, caminando a paso lento y cada tanto deteniéndose a conversar con la gran cantidad de amigos que le dejó el fútbol. Claro… generalmente la charla se desarrollaba con gente que peina canas. Es que la mayoría de los pibes no lo conocía, no tenían ni idea de quién se trataba. Y es hasta lógico: ¿qué van a pensar que ese hombre sencillo, humilde y de andar cansino, era un crack de nuestro fútbol? Que se crió y aprendió muchísimo en “la escuela de la vida”. Que para él todo fue sacrificio, hasta llegar a dormir en un vestuario de fútbol para cumplir sus sueños de futbolista. Como jugador de fútbol, jugó con los cracks y trascendió fronteras. Fue Campeón del Interior con Estudiantil de Paysandú y con la Selección de Paysandú. Jugó en Liverpool de Montevideo y en Peñarol, siendo Campeón Uruguayo Invicto en 1978, con 36 goles de Fernando Morena, y Campeón de la Liguilla. Se codeó e integró equipos con verdaderos fenómenos: Fernando Morena, Ruben Paz, Venancio Ramos, Jorge Fosatti, Ildo Maneiro, “El Indio” Olivera, entre otros. También integró alguna selección uruguaya y defendió a tres cuadros de Chile. Con esa “mochila” sobre sus hombros se lo podía ver aquí en Minas a Julio Rodríguez Garay, siempre perfil bajo, con la humildad de los que son grandes de verdad.

Primera Página lo visitó en plena pandemia a Julio Rodríguez, una gloria de nuestro fútbol, quien en primera instancia expresó cómo fueron sus primeros años de vida: “Nací en Minas en el año 1954, en las calles Ellauri e Ituzaingó. Recuerdo mis primeras vivencias. En calle Ituzaingó estaba el Bar de Capricho, y ahí el peluquero Villalba me veía bañándome en una canilla. Viví con mis abuelos desde que nací; ellos me criaron. Mi madre me tuvo a los 14 años, y recién cuando yo cumplí 12 años tuve conocimiento sobre quién era mi padre. Por lo tanto, lazos directos con mis padres no tengo, simplemente tengo el vínculo social. Mis abuelos siempre fueron mis padres para mí”.

“PASABA TODO EL DÍA JUGANDO AL FÚTBOL, SIEMPRE FUE MI PASIÓN”

“Pasaba todo el día jugando al fútbol, siempre fue mi pasión. Inclusive jugué en el Baby Fútbol en Cerrito. Luego empecé a jugar en Sportivo y llegué a jugar en Primera División, donde me dirigió Benigno Cáceres. En 1969 me citaron para la Selección Mayor, donde hicimos un partido amistoso frente a Huracán Buceo. Terminado el partido, Daniel Ibarra, técnico de Nacional de formativas que estaba presenciando la práctica, me expresó que quería llevarme a Montevideo, en ese momento yo tenía 15 años. Cuando llegué a Montevideo, el técnico que me vino a buscar me llevó a Huracán Buceo. Arrancamos a practicar en la 5ta División y fuimos el primer equipo chico que salió Campeón Uruguayo en 1970. Recuerdo que Ricardo Faccio me hizo debutar en Primera División contra Bella Vista”.

 

Peñarol Campeón Uruguayo Invicto en 1978Parados: Walter “Indio” Olivera, Jorge Fossati, Julio Rodríguez, Lorenzo Unánue, Juan Vicente Morales, Mario “Bombon” González. Agachados: Venancio Ramos, Carlos Peruena, Fernando Morena, Ildo Maneiro y Rubén Paz.
Peñarol Campeón Uruguayo Invicto en 1978
Parados: Walter “Indio” Olivera, Jorge Fossati, Julio Rodríguez, Lorenzo Unánue, Juan Vicente Morales, Mario “Bombon” González. Agachados: Venancio Ramos, Carlos Peruena, Fernando Morena, Ildo Maneiro y Rubén Paz.

“ESTABA PRACTICANDO Y UN DIRIGENTE DE LIVERPOOL ME DICE QUE ME HABÍA COMPRADO PEÑAROL”

“Pasamos muy mal en Montevideo. Comíamos de vez en cuando y estábamos muy desprotegidos. Solo teníamos techo, pero de comida muy poco. Debido a esto, al año siguiente volví a Sportivo. El ‘Negro’ Cóccaro, que tenía una marmolería, me ofreció trabajo. Después salió la posibilidad de que Cóccaro se fuera a Paysandú para abrir otra marmolería, y me fui con él. Luego, el ‘Colorado’ Bustelo, radicado en Paysandú, me invitó a jugar en Estudiantil, donde salimos campeones locales, del Litoral y del Interior. Con la Selección de Paysandú salimos campeones del Litoral y del Interior, donde le ganamos a Florida en 1974; en ese momento yo trabajaba de policía. Pero pasé muchas peripecias, llegué a dormir en los vestuarios del estadio. Pasados los meses me llamaron de Nacional de Montevideo; fuimos a practicar un fin de semana, pero ya vi que no era un ambiente para mí. Luego me llamaron de Liverpool y jugué ahí un par de años. En la primera Liguilla que jugamos nos fue bien; después, debido a inconvenientes económicos, peleamos el descenso, pero por suerte nos salvamos. Un día estaba practicando, me llama un dirigente de Liverpool y me dice que me había comprado Peñarol. En 1977 pasé a Peñarol. El técnico me dijo que iba a jugar en lugar de Maneiro. El primer partido fue contra Fénix: empezamos perdiendo y en el segundo tiempo yo hice el gol del empate, después terminamos ganando 4 a 1. Cuando criticamos a los jugadores que van de cuadros chicos a grandes, debemos darnos cuenta que tienen otra responsabilidad. En los grandes estás obligado a ganar”.

“FERNANDO MORENA DEJABA DE COBRAR EL SUELDO PARA QUE NOSOTROS, QUE GANÁBAMOS MENOS, PUDIÉRAMOS COBRAR”

“En ese equipo estaban todos los fenómenos. Además, Peñarol venía de dos años sin salir campeón, y eso es una responsabilidad mayor aún. El ambiente en el vestuario era muy bueno, me recibieron muy bien. Seguí viviendo en Belvedere, y cuando Nelson Marcenaro llegó de Venezuela éramos vecinos e íbamos juntos a las prácticas. A pesar de los triunfos, existieron problemas económicos. Fernando Morena dejaba de cobrar el sueldo para que nosotros, que ganábamos menos, pudiéramos cobrar. Morena es un crack, no solo como jugador, también como persona”.

“EN EL FÚTBOL CUMPLÍ TODOS LOS SUEÑOS: JUGUÉ EN SPORTIVO, LA SELECCIÓN DE LAVALLEJA, PEÑAROL Y LA SELECCIÓN DE URUGUAY”

“Luego me ofrecieron ir a jugar a Chile, en el Everton jugué un par de años y finalmente me compraron el pase. Después jugué en Antofagasta. Crucé el desierto de Atacama en un auto que tenía para llegar a la ciudad. Posteriormente volví al Everton e hice contrato. Después llegó un técnico que no quería extranjeros, y justo ese año fue el terremoto en Chile en 1985. En ese año cobré todos los meses, pero jugué muy poco. Después del terremoto me vine para Uruguay, y al poco tiempo me llamaron nuevamente de Chile, de Wanderers de Valparaíso, donde jugué un año. Luego, al cumplir 32 años, regresé de nuevo a Uruguay. Tras el pasaje por Chile, fui a entrenar a Liverpool y a Rampla, pero finalmente me vine a Minas a trabajar y jugar. Arreglé con Olimpia para jugar, y me consiguieron trabajo por intermedio de Carlos Paravís, que estaba en la directiva de Olimpia. Yo quería un trabajo fijo. En 1987 jugué en Olimpia y en marzo de 1988 comencé a trabajar en ANCAP. Yo soy hincha de Sportivo, pero jugué en Olimpia porque me consiguieron trabajo. No quería plata, lo que quería era trabajo porque ya me quedaban pocos años en el fútbol. Yo en el fútbol cumplí todos los sueños: jugué en Sportivo, la selección de Lavalleja, Peñarol y la selección de Uruguay”.

“JUGAR EN LA SELECCIÓN ES LO MÁXIMO”

“Jugué en la selección de Lavalleja dos años y teníamos un muy buen equipo, pero agarramos al mejor Rocha. La gente apoyaba mucho a la selección. Desde chico fui hincha de Lavalleja y cada vez que podía iba a ver los partidos. Jugar en la selección es lo máximo, nunca se puede decir que no”.

“YO ME CRIÉ EN LA CALLE”

“Me gusta ver el fútbol, pero no tengo el trato con los jugadores que debe tener un técnico porque me siento un jugador más. A mí me tocó una vez en Chile entrar un minuto, y en Peñarol podía marcar cuatro goles en el primer tiempo, pero para el segundo tiempo salía porque estaba Julio César Giménez. A veces sentís el manoseo, entonces no me gusta hacerle algo a una persona que me lo hicieron a mí. Sé lo que se siente. Hay jugadores que reaccionan bien, pero hay otros que no. Además, hay que saber transmitir las enseñanzas y las vivencias a los jugadores. A mí me gustan los técnicos motivadores como Gerardo Cano, que tiene una visión táctica muy buena. En lo personal estuve de ayudante técnico con Oscar Paglia y Juan Pais, fueron dos buenas experiencias. En el fútbol de hoy en día no surgen tantos jugadores como antes. Nosotros, a las ocho de la mañana, íbamos a jugar en cuarta. Era otro el gusto por el fútbol, y para llegar a lo más alto hay que sacrificarse mucho. Yo me crié en la calle. El ‘Negro’ Olmedo me dijo un día que tuve suerte porque muchos como yo estaban presos, pero yo tuve una conducta y me sacrifiqué. A los jóvenes les puedo decir que tienen que ser los primeros en llegar a las prácticas y los últimos en irse. Además de las condiciones técnicas, hay que tener mucha perseverancia, humildad y sacrificarse muchísimo”.

“EL TRABAJO A LARGO PLAZO NO GARANTIZA RESULTADOS”

Julio expresó con absoluta convicción: “Juan Martín Mujica estuvo una semana trabajando en Nacional, y salió campeón de América y del Mundo. El trabajo a largo plazo no te garantiza los triunfos. La mentalidad es muy importante, y como siempre, te tiene que ayudar la suerte. Los conocimientos son sumamente importantes”.

“LE AGRADEZCO A LA DIRECTIVA DE SPORTIVO POR AYUDARME”

Más adelante agregó: “Agradezco a Sportivo y a la directiva por ayudarme. También a todos aquellos que, de una manera u otra, siempre me dan una mano. A los jóvenes les digo que tienen que tener mucha voluntad y compromiso si quieren llegar a lo máximo. Y no hablo solo en el fútbol, también en la vida”, finalizaba diciendo Julio Rodríguez, siempre con una sonrisa, más allá de todo.