Río adentro se presenta de este modo: “Lucas es pescador. Se interna en los montes a orillas del río Uruguay y río Negro para fotografiar los campamentos de pescadores y su oficio. Su objetivo es realizar un fotorreportaje de ese universo tan personal, para convertirlo en un fotolibro que retrate su realidad. Mientras su proyecto crece, Lucas se va encontrando como artista y va construyendo su mirada”.
Lucas vive en Villa Santo Domingo de Soriano, «un pequeño pueblo uruguayo de apenas un poco más de 1.000 habitantes y primera fundación española en ese territorio, fundada en 1624 a orillas del río Negro, que es el río más importante del interior de Uruguay, y que nace en territorio brasileño, cruzando íntegramente el territorio uruguayo y dividiendo el país en dos partes. Desemboca en el río Uruguay, en un delta fluvial muy cerquita donde Lucas vive, pesca y fotografía».
«El nombre río Negro proviene de la palabra indígena hum, que significa ‘a mí’ en dialecto guenoa, y ‘negro’ en idioma guaraní. El río Uruguay nace en la Sierra Geral en el sudeste de Brasil, recorre la frontera oeste del país, que comparte con Argentina, y desemboca en el río de la Plata. El nombre río Uruguay significa ‘río de los pájaros’, que proviene de la palabra indígena uru, que significa ‘pájaros’ y guay que significa ‘agua (río) de’».
La película Río adentro se estrenó en 2025, en el Festival de Málaga, España, y ganó como mejor documental uruguayo en Atlantidoc 2025. En Uruguay, el estreno se realizó el 5 de marzo en Cinemateca y posteriormente en salas del interior del país. En Cine Doré de Minas, la producción de presentó ayer sábado y hará lo propio en la jornada de hoy, a partir de las 17:45 horas. En la víspera, Pablo Martínez Pessi participó de un cineforo posterior a la exhibición del documental. Quienes deseen profundizar en el tema pueden hacerlo a través de las redes sociales de la película: @rioadentrodoc.

¿Cómo vivencias la aventura de hacer cine documental en Uruguay?
Es como tu dices, toda una aventura. En Uruguay, gracias a Dios, con el paso del tiempo, en los últimos 10 o 15 años, el avance de la tecnología ha permitido que hoy se pueda filmar con última tecnología y a la cual podemos acceder. Anteriormente eso no sucedía. Había dos o tres empresas que tenían las cámaras necesarias y las islas de edición como para poder filmar una película. Hoy en día se puede acceder a una isla de edición, a cámaras de calidad y eso permite, por ejemplo en el documental, poder filmar películas de una manera más económica o que uno disponga de las herramientas para poder hacerlo. Por otro lado, hay un montón de fondos nacionales ante los que uno puede concursar con un proyecto para conseguir la financiación. Éstos son del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), de la Intendencia Departamental de Montevideo (IDM) y de otras intendencias, donde uno puede conseguir aportes para poder realizar la película. Eso ha mejorado mucho en los últimos años. Si bien ha crecido mucho la cantidad de proyectos que concursan y son pocos los premios que se brindan en relación a la cantidad de proyectos que existe, es muy beneficioso. Eso ha hecho que en el ámbito del documental se filmen muchos proyectos y se estrenen varios al año. Para alguien que quiere o que piensa en hacer cine, es cuestión de formarse, porque también hay escuelas, y luego perseverancia, convicción y mucho trabajo, como todo en la vida.
Imagino que a tus manos llegan muchos proyectos. ¿Porqué elegiste puntualmente este?
Sí, efectivamente, llegan varios. Uno descarta y luego se compromete con varios. Este proyecto concretamente llegó porque fui a la presentación del libro que hizo Lucas, el pescador de Villa Soriano, y me pareció muy importante lo que él retrataba. Es un cine que se cuenta desde el interior del Uruguay. Es decir, el entorno y el paisaje son tan protagonistas como el protagonista humano, y esa fue una de las cosas que me cautivó, pensar en que a esta historia, la gente que la iba a ver iba a reconocer a nuestro Uruguay profundo en la desembocadura de los ríos. Eso, para mi, tuvo un valor muy importante.
Es una forma de conocer el Uruguay profundo desde lo fluvial y desde el oficio de pescador.
Muchas películas se cuentan desde la campaña, pero no desde los ríos. Esta era una oportunidad para mostrar el oficio y también los campamentos en los que habitan de los pescadores, los ríos y los montes nativos de esos ríos, ese universo que realmente es poco accesible, porque uno tiene que manejarse en barco, en lancha o en chalana para poder arribar a esos lugares. Eso, para el espectador, es muy interesante y muy atractivo.
Un espacio donde se origina una convivencia y un microclima especiales.
Totalmente, son entornos y lugares habitados por los hombres, junto a perros, pulgas, ratones, en campamentos muy precarios, en montes muy duros, porque son muy distintos los montes que están a la orilla de los ríos y que dan hacia los campos, que los montes que están ubicados en las islas, las cuales son poco menos que impenetrables y a las que solo se puede acceder de la manera en que te contaba. Entonces, se convierte en un lugar de convivencia bastante rudo y duro, tal como es el oficio del pescador artesanal.
En tu doble rol de director y de productor.
Exacto, hago esto con todas mis películas porque me gusta mucho dirigir y producir. La producción es un proceso que me apasiona, tanto como el de la dirección. Siento que ambos roles están desde un inicio en el mismo proyecto, aunque hay veces uno se ve desbordado por muchas cosas pero, al mismo tiempo, las disfruta de igual modo. En este caso fue ver la posibilidad de realmente contar algo distinto, algo muy nuestro y que generalmente es desconocido.
¿No es también una suerte de rompecabezas?
Risas- Si, ¡te rompe la cabeza! Sí, es como un rompecabezas. Hacer cine es muy difícil, lleva mucho tiempo e involucra muchos procesos, a muchas personas, pensar en la construcción narrativa de una obra que sabes debe durar entre 75 y 80 minutos porque es el tiempo ideal de duración, que cuente algo interesante, con una mirada interesante, que mantenga atrapada la atención del espectador y que luego se lleve algo después. Eso es muy difícil de lograr.
El realizador crece a partir de su obra. ¿Qué te aportó este documental?
El realizador crece muchísimo. En la ficción también, pero en el documental, la posibilidad de conocer contextos, vivencias, historias que no son las propias sino de los demás pero frente a las cuales uno se siente atravesado porque siempre encuentra algo que le pertenece, un lugar de pertenencia, sobre todo en estas películas que son uruguayas, definitivamente te dejan mucho. En el caso de Río adentro, a mi me hizo reflexionar mucho sobre mis orígenes, sobre el nacimiento del Uruguay, sobre nuestra tierra, de dónde venimos, de un Uruguay que es mucho más «primitivo». Me hizo encontrar y conocer contextos e historias que no son las mías y eso aporta muchísimo a la historia de uno, principalmente como director. También uno apela a que eso se traslade al espectador y que lo abrace y encuentre también cosas que lo interpelen y que le hagan reflexionar o encontrarse con su propia historia.
Sucede cuando el cine se transforma en un espejo de lo que somos.
El cine es un espejo de lo que somos. A veces le pedimos demasiado a nuestro cine, cosas que no corresponden sino más bien a otras realidades y no a la nuestra. Puede pasar de que a uno le venden tanto otras realidades, que a la de uno no quiere aceptarla o le cuesta hacerlo. Uno debe ir a ver una película uruguaya totalmente abierto a absorber todo eso, a vivenciarlo, porque uno se encuentra en la película. Eso nos hace crecer un montón. Son historias nuestras, que se cuentan desde adentro, desde nuestro lugar. No son esas historias que vienen desde otros países, con una mirada distinta, con una historia diferente, donde te cuentan lo que ellos te quieren contar como el cine norteamericano lo ha hecho toda la vida, su visión y su mirada del mundo, porque ellos son siempre los que van a salvar al mundo, son ellos los que tienen la verdad. Nuestro cine tiene nuestra realidad y nuestras verdades. Por eso es muy valioso.
El documental ha sido presentado en el exterior y cuenta con importantes premios. Son espaldarazos importantes para la obra y para el realizador.
Sí, siempre los reconocimientos validan un poco el trabajo que uno ha hecho, ya sea de parte de la crítica o desde la selección de un festival o del propio público. Como te decía, es un proceso muy largo y muy dificultoso en el que uno va tomando muchas decisiones que cree que son las mejores para que la película se cuente y llegue a la población, que sea abrazada por el público. Entonces, los reconocimientos, cuando vienen, sobre todo de personas que están dedicadas como críticos o como seleccionadores de festivales, o directamente jurados; uno recibe un estímulo, algo que a uno lo pone contento, es como una ‘pata’ más en todo este proceso...
¿Cuánto aprendiste de Lucas Mariño Devoto?
Aprendí muchísimo de los ríos, de la pesca, de lo que la gente va a ver ahora, que es encontrar esos lugares y valorarlos, valorar ese origen. También aprendí y pude verme reflejado en su propia historia porque es interesante cómo un muchacho que está como destinado a un oficio, que comenzó a trabajar con su papá a los 13 años, y que pareciese que lo seguiría haciendo toda su vida, un día se le prende como una llama de decir: a mi me gustaría sacar fotos. Va, compra una cámara de fotos y justo se cruza con un director de fotografía, artista visual que estaba viviendo en Villa Soriano. Andrés le enseña a usar la cámara y lo estimula a que desarrolle sus propios proyectos. A mi me parece algo muy lindo y una de las cosas que me motivó a hacer esta película. También hay como un espejo, como decías tu, con mi propia historia. Provengo de familia de torneros del interior del país y podía haberme dedicado al oficio familiar pero, sin embargo, un día decidí a dedicarme a hacer películas, nada más distante a esa profesión familiar. Eso me pareció muy importante, cómo a veces las personas nos atamos a algo pero en realidad podemos, además de seguir trabajando en lo que hacemos, desarrollar proyectos en paralelo que nos hacen bien y que hagan poner la cabeza un momento en una cosa distinta. A algunos les gusta salir a correr, a otros pintar, a otros nadar, a otros sacar fotos... Y sin muchas pretensiones, Lucas, queriendo simplemente aprender a manejar una cámara de fotos, terminó desarrollando sus propios proyectos, que luego se convirtieron en un fotolibro y después en una película.
Ayer sábado participaste de un cine foro en Doré. ¿Cuáles eran tus expectativas en la previa?
Ojalá que sea un lindo público, que toda la gente que le guste la naturaleza, el arte, el cine, y también la gente a la que le gusta pescar, obviamente, pueda encontrármela en el cine, poder chalar con ellos y escucharlos, porque este proceso que vivimos ahora al filmar la película, lo más lindo es cuando se dan estos espacios de intercambio y escuchar cómo la película le llegó a cada uno, que hagan preguntas, que la gente que tiene la posibilidad aproveche de hablar con el director e intercambiar. Esas fueron mis expectativas, agradecer a Cine Doré por el espacio y que la gente que lea esta nota se reserve un horario del fin de semana para ir a ver la película, conocernos y charlar.
Seguramente estarás trabajando en varios proyectos a la vez...
En estos momentos son cuatro a la vez y en diferentes etapas y procesos. Es una forma de no quedarse y saber de que, como llevan tanto tiempo, uno los va trabajando, y si no hay uno, va a estar el otro y así poder seguir contando historias que nos dejen algo, que nos interpelen y que nos lleven a reflexionar sobre nuestra propia vida, un cine que es nuestro, que se mira a sí mismo y que cuenta nuestras historias, que no son historias de pop y refresco, donde uno va, se entretiene y se va. Son historias que entretienen y que también nos interpelan y nos hacen pensar.
Nos hacen ser parte.
Exacto. Eso es tal cual. Por eso a mi me interesa tanto el cine documental y lo que le pasa a la gente cuando va a ver las películas y se reconoce en la pantalla. Por eso agradezco que Cine Doré se interese por exhibir películas uruguayas, que genere estos espacios tan importantes. Mi única expectativa es que la gente vaya, porque sé que no se irá vacía de la sala. Uno hace esto por uno, por el camino que transita y también por la gente, porque considera que eso que está contando tiene un valor importante que contribuye a nuestra sociedad, tanto que termina siendo identitario.
Río adentro, el libro
“En Río adentro, Lucas Mariño Devotto nos sumerge en las aguas del río Uruguay y el río Negro, no como observadores distantes, sino desde la piel de quien habita el paisaje. Pescador por herencia y oficio, Lucas trasciende la documentación tradicional para ofrecernos una mirada íntima y visceral de su propia realidad, logrando una honestidad visual desarmante. Sus imágenes de monte, río y pesca no buscan el esteticismo vacío, sino la verdad cruda de un universo personal. Como él mismo afirma, su obra es “concreta y no pretenciosa”. Es un testimonio poético y necesario que revela la belleza austera de la vida en el río, capturada por alguien que lleva el oficio en la sangre y el arte en la mirada.