En esta serie de artículos que Primera Página ha dedicado al tema de la depresión, un tema de indudable actualidad en nuestra sociedad, quisimos ofrecer a los lectores el análisis de un profesional de la salud. Por ese motivo convocamos al psicólogo minuano Daniel Ventura, quien respondió en profundidad a nuestras interrogantes.

Ventura se ha formado en la asistencia en crisis en MDR, una técnica para abordaje postrauma (1). Es psicoterapeuta clínico y trabaja en políticas públicas en Presidencia de la República. Está especializado en psicología en el deporte. Ha sido asesor en políticas públicas y consultor a nivel internacional y conferencista, cumpliendo su labor tanto en Uruguay como en otros países. Más allá de su CV, para él lo más importante sus “dos hermosas hijas”.

 

DEFINICIÓN

Para la psicología, la psiquiatría y las ciencias de la salud mental, la depresión “es un trastorno mental” que frecuentemente se caracteriza por “ánimo deprimido, la pérdida de interés o placer (anhedonia: incapacidad para sentir placer) por las cosas”. Cuando esto ocurre, la persona “comienza a aislarse”, lo cual constituye un “indicador de riesgo”. Precisó que en los adolescentes “hay que diferenciar cuando quieren estar solos”, porque no siempre en esos casos están deprimidos, sino que es una situación propia de esta etapa de la vida.

Los síntomas asociados “afectan las conductas basales, como el sueño, el apetito: la persona no come, no duerme bien, duerme poco, se la ve fatigada, como pesada, con los hombros hacia adelante, puede sobrevenir algo de culpa, se la ve desesperanzada e incluso puede tener ideación suicida (‘no quiero vivir más, esto es una porquería, este mundo es injusto’)”. Sobre este tema, Ventura se apoyó en la denominada tríada cognitiva de Albert Ellis, psicólogo que la contextualizó: “una visión negativa del futuro, una visión negativa del presente y una visión negativa de la persona misma (‘no sirvo para nada, no soy bueno, no soy lindo’)”, junto con una visión negativa del entorno y del futuro, “por eso la desesperanza”.

 

(1) La terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es un enfoque psicoterapéutico para tratar el trastorno de estrés postraumático (TEPT), ansiedad, pánico y fobias al procesar recuerdos traumáticos bloqueados. Utiliza movimientos oculares u otra estimulación bilateral para integrar memorias dolorosas, reduciendo su carga emocional y aliviar síntomas intensos.

De acuerdo a los manuales más empleados, se diagnostica depresión cuando se registran “al menos dos semanas que impliquen un deterioro funcional y de las áreas de vínculos y de relaciones laborales”, ya que se trata de una enfermedad “incapacitante”, a partir de “la pérdida de interés, de placer y del deseo”. En muchos casos esto se da sin causa aparente. “La persona no sabe por qué, qué le está pasando”, lo que determina que “sobrevenga una gran angustia”.

Existen componentes neurobiológicos, “que tienen que ver con el circuito de los neurotransmisores”. El profesional diferenció la depresión mayor de las depresiones situacionales, como por ejemplo situaciones de duelo, para establecer con precisión “cuándo se trata de tristeza y cuándo de depresión”.

Actuales informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostienen que la depresión sigue siendo una de las principales causas de discapacidad entre adolescentes y jóvenes, contribuyendo, en muchos casos, de manera trascendente “a los años de vida vividos o perdidos con discapacidad, es decir a años de vida que se pierden por esta discapacidad”.

PEDIR AYUDA

Nos parece fundamental a la hora de encarar este artículo ser lo más precisos en la terminología y en la parte conceptual para que todos entendamos de qué hablamos cuando hablamos de depresión. Entonces, ¿de qué manera podemos distinguir entre una tristeza profunda y una depresión? Para Daniel Ventura “es fundamental estar atentos a las señales que mencionaba”, a esta cuestión que surge de un malestar significativo, un deterioro funcional, una gran pérdida de interés, ánimo deprimido, esta tríada cognitiva, “donde pasan más de dos semanas que uno ve a la persona de ese modo”. Si ello ocurre, “lo importante es consultar, acompañar a la persona a la consulta”. Ocurre que, generalmente, acceder a la consulta no se da de un modo inmediato, sino todo lo contrario, transcurriendo meses entre el requerimiento del paciente y el acceso al profesional (psiquiatra). En casos severos, el profesional nos habló de la necesidad de “recurrir a una emergencia”, porque allí “la persona accederá a un abordaje, van a solicitar la presencia de un psiquiatra y habrá una intervención con seguimiento”. En esos casos se requerirá de ayuda farmacológica y del inicio de un proceso terapéutico en forma inmediata. “Lo importante es pedir ayuda. Si la persona no puede ir sola, acompañarla, explicarle que va a pedir ayuda. Es un acto saludable porque quiere decir que se preocupa por su propia salud. A veces no podemos solos y más que con el ‘vamos arriba’, explicarles que es una situación que va a pasar”, siempre con apoyo, que llevará su tiempo, “pero que va a pasar”, porque, a veces, las personas “buscan una solución inmediata a una situación que tiene una resolución dentro de un proceso que deberán transitar. Muchas veces no podemos solos, necesitamos de apoyo terapéutico, psicológico, y en muchos casos farmacológico”, explicó.

En este último caso admitió que “existe un gran mito”, porque “podemos tomar un fármaco para cualquier órgano, pero para el cerebro parece que fuera algo que estuviera mal. No es así. Hay un desequilibrio en la conexión, en la sinapsis de algunos neurotransmisores, en la recaptación de algunos neurotransmisores, y los fármacos aportan a estabilizar químicamente para que la persona pueda sostenerlo en el plano terapéutico, con el psicólogo, qué es lo que le está pasando”. Por ese motivo se trata de “un abordaje multidisciplinario”, explicó.

Es preciso diferenciar entre lo que es “un episodio depresivo mayor, recurrente”, a lo que significa “un trastorno depresivo con episodio único”, que se diagnostica a nivel de la clínica. También se debe tener presente lo que ocurre en el marco de un duelo por la pérdida de un ser querido, una separación o una crisis, como “las crisis de la mitad de la vida o cuando la persona se jubila y puede haber depresiones situacionales o reactivas a esos momentos, pero que se diferencian de una depresión más profunda”, apuntando a que la tristeza “es una respuesta emocional esperable” y generalmente “es proporcional a un evento, a una pérdida, a una decepción y al estrés”, teniendo en cuenta que “hay personalidades más ansiosas que otras”.

La tristeza “no implica un deterioro funcional sostenido, como en el caso de la depresión”, porque la persona que transita por un período de tristeza “puede funcionar”. “En el duelo, la tristeza puede estar más ligada a la pérdida. Sobre todo ante muertes repentinas hay expresión de todos estos síntomas, pero la persona logra resolverlos en un tiempo” determinado o puede ocurrir que “la persona se quede en ese duelo. Es lo que llamamos duelo patológico y allí sobreviene la depresión”, lo cual requiere también de la correspondiente consulta clínica.

MULTICAUSAL

El psicólogo Daniel Ventura aclaró que en la depresión “no hay una sola causa” que la desate, sino que “en los circuitos y redes cerebrales hay una regulación emocional donde están implicadas algunas redes del cerebro, la frontolímbica, la corteza prefrontal y el hipocampo”, y que a su vez “existen alteraciones de los circuitos de recompensa”, refiriéndose a respuestas que se encuentran dentro de las neurociencias.

“La depresión no se explica solo por el desequilibrio químico”, puntualizó. No obstante, el acompañamiento médico farmacológico “es importante en la depresión”, enfermedad que “involucra las alteraciones en varios neurotransmisores del cerebro”, como la serotonina, “que es un neurotransmisor que participa la regulación del ánimo, del sueño y del apetito”, la noradrenalina, “que se relaciona con la energía, la atención y la respuesta al estrés” y la dopamina, “que cumple un rol clave en la motivación y en la capacidad de sentir placer”.

En la depresión, “estos sistemas no funcionan de manera adecuada”, lo cual se traduce “en una tristeza persistente, en cansancio, en apatía y en pérdida de interés”.

LA FAMILIA Y EL ENTORNO

Generalmente es en el círculo familiar, en el de los amigos, en el del trabajo o en el del centro de estudios donde estas problemáticas comienzan a ser detectadas. Los psicólogos insisten en la prevención en salud mental. Para ello “necesitamos que las personas que conviven con alguien que cambia su forma de ser y no es una mera situación temporal, sino que persiste en el tiempo, estén atentas”, sobre todo frente a algunas situaciones puntuales como el aislamiento. “Ahí es donde se previene. Cuando esto escala y va al ámbito sanitario, generalmente es cuando el vaso se ha desbordado. Es importante que la familia esté atenta, que tenga la posibilidad de dialogar sobre estos temas, y si no puede explicarle lo que está pasando, motivarlo a tener una consulta, acompañar a la persona, pedir un turno. Si está muy angustiada, acompañarla a la emergencia para analizar si tiene ideación suicida”.

Desde el Estado se busca reducir los tiempos de espera para acceder a consulta psicológica, “pero en el interior siguen siendo lentos”, analizó el entrevistado. Es por ello que “necesitamos estar ‘encima de la jugada’, como se dice en el fútbol”.

Otro tanto ocurre con los amigos, quienes deben mantener igual nivel de atención sobre los cambios en la conducta de la persona que sufre depresión, acompañarla y motivarla como forma de “aliviar lo que le está pasando, que la solución para esa persona no es el suicidio” y que, en la mayoría de los casos, “la situación logra revertirse a partir del abordaje terapéutico y psicológico. Por eso es tan importante brindar esperanza, arropar, acompañar, desarrollar una estrategia, generar un compromiso. ‘Te sentís mal, tenés mi número, me llamás enseguida, yo voy a estar ahí’, formar una red de contención para estar siempre cerca”.

Insistir en que se trata de “una situación pasajera, transitoria y que con apoyo psicológico saldrá adelante”, a partir del respaldo de la familia y del entorno, imprescindibles para lograrlo, sin minimizar jamás lo que siente la persona y la situación que transita, porque “lo que está pasando es real y merece de toda nuestra atención”, que existe una “esperanza realista” a partir del tratamiento adecuado y del acompañamiento permanente. Es preciso decir que no se trata de debilidad sino de situaciones por las que todos podemos transcurrir en algún momento de nuestras vidas.

ETAPAS DEL DUELO

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross habla de las cinco etapas del duelo, partiendo de la negación, porque al inicio, “la persona generalmente niega la pérdida”, sobre todo cuando ocurren muertes repentinas o violentas o en personas jóvenes. La fase de ira, del enojo, es la segunda. Aunque se visualice con menor frecuencia, surgen muchas preguntas y pocas respuestas. “También hay una inmensa tristeza, melancolía y aislamiento, igual que en la depresión, pero es una fase de duelo natural, que no es una enfermedad”. Luego sobreviene la negociación, “intentos de hacer pactos (a menudo con una figura espiritual) para posponer el dolor o cambiar el resultado”. Después, la depresión, “una etapa de profunda tristeza, vacío y retiro al comprender la inevitabilidad de la pérdida”.

La última etapa es la de la aceptación “donde se llega a un estado de comprensión y de calma” que permite, entre otras cosas, “reorganizar la vida y volver a mirar el futuro”. Frente al duelo, por lo general se da un “proceso de asistencia en crisis que es una psicoterapia focal breve”, dentro de las primeras seis semanas, para que “la persona no tome decisiones erradas para el entorno o para sí misma”. Luego de las seis semanas, “ya se trata de un abordaje psicoterapéutico”, siempre con la finalidad de “aprender a convivir con el dolor de la pérdida”.

RESPUESTA INSTITUCIONAL

Consultamos al profesional minuano acerca de cómo evalúa la respuesta que desde el Estado se brinda en el Uruguay a este tipo de problemáticas. “Contamos con un Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) que responde con prestaciones para la ciudadanía”, comenzó. En el tema concreto de la depresión “hemos estado rezagados en temas de salud mental, muy rezagados, pero en el mundo ha pasado de ese modo”, continuó.

En Uruguay, a partir de datos estadísticos relacionados a la incidencia del suicidio, “la prevalencia de depresión en la sociedad debe ser analizada desde muchos aspectos”, consideró. Abogó por “respuestas de abordaje temprano en todo caso” y por la necesidad de que el sistema sanitario responda “eficazmente, de forma rápida y brinde respuestas a las demandas de la comunidad”, algo que no siempre ocurre, lamentablemente.

Sabedor de que el Ministerio de Salud Pública (MSP) “está mejorando en el nivel de respuesta y está enfocando su planificación estratégica y quinquenal para reducir los tiempos de espera y poder responder eficaz y rápidamente como requiere ese tipo de abordaje”, reconoció que “aún queda mucho por hacer” en esa y en otras materias.

En cuanto a la situación de las personas de más bajos recursos, “hoy hay ayudas, incluso desde el punto de vista del acceso a los fármacos a través de ASSE (Administración de Servicios de Salud del Estado)”, resaltando que la Red de Atención Primaria (RAP) “funciona muy bien en Montevideo”, más allá de que existe un atraso importante a la hora de acceder a la consulta con médicos psiquiatras.

TRATABLE Y REVERSIBLE

Ventura dijo a Primera Página que la depresión “es tratable, en muchos casos reversible y que la evolución no es igual en todas las personas”. Es tratable porque “existen tratamientos eficaces, que implican la psicoterapia, los tratamientos farmacológicos o psicofarmacológicos y las intervenciones psicosociales”, los que hacen que las personas “mejoren significativamente cuando reciben el tratamiento adecuado y oportuno”, incluyendo el apoyo de la familia y de la comunidad. Cuando la persona recupera su funcionamiento previo se habla de “remisión del síntoma”, cuando el tratamiento se desarrolla en forma integral.

Más allá de ello, la enfermedad puede reaparecer, “pues una persona puede tener episodios que son depresivos a lo largo de la vida, intercalados con momentos de bienestar. Por eso se habla de trastorno recurrente, no necesariamente permanente”.

La enfermedad también puede cronificarse, en algunos casos cuando “existen factores de vulnerabilidad, una personalidad con un perfil ansiógeno o de estrés crónico, que ha estado expuesta a traumas o al estrés postraumático”, sin apoyo familiar o del entorno o inmerso en consumo problemático. “En ese caso, la depresión puede volverse persistente. Esto no significa que no tenga solución. Puede tenerla, pero requiere de un abordaje más sostenido”, analizó el profesional. En todos los casos “el acceso temprano al tratamiento es fundamental”, incluyendo en ese aspecto al sistema educativo y al ámbito laboral.

EXPERIENCIA PERSONAL

La charla también fue propicia para conocer la vivencia personal de Daniel Ventura respecto a este tema. Nos contó que estuvo sometido a estrés laboral en un momento muy particular de su vida. “Estaba totalmente desbordado. Estaba recién recibido, era guardavidas y tuvimos una situación en la playa que derivó en una situación compleja de abordaje que escapaba a nosotros, pero donde tuvimos que enfrentamos a la muerte”. La situación derivó en un cuadro de estrés “que me llevó a pedir ayuda. Yo ya había estado en psicoterapia, Volví a mi psicoterapia para poder ordenarme y hacer una consulta con psiquiatra porque me había afectado en las conductas basales. Pude abordarlo, lo pude ver en mí, pude ver que no estaba gestionando bien el tiempo, que me había exigido demasiado, que estaba en función de los otros y que nosotros nos perdemos”. En su doble rol de guardavidas y de psicólogo “siempre estaba en función de salvar o de rescatar al otro”, cuando “nosotros necesitamos estar bien para poder trabajar con los demás. Somos nuestra herramienta fundamental y el autocuidado pasa a ser imprescindible. Eso me sirvió para aprender”, aseguró. Citó la frase de un amigo que conoció en Colombia: “Una pena compartida, es media pena; una alegría compartida, es doble alegría”.

MENSAJE FINAL

A modo de mensaje final de esta charla enriquecedora, el psicólogo minuano dijo a Primera Página: “En la vida vamos a atravesar crisis, separaciones, momentos difíciles, pérdida de un trabajo, crisis derivadas en nuestra propia vida, existenciales, y a veces no sabemos el rumbo, hacia dónde vamos. También por duelos, duelos por pérdida, se nos van a ir personas que queremos mucho, que amamos, y a veces parten sin avisar, de forma repentina. Cuando pasan estas crisis y duelos, podemos decir que nadie nos enseñó a cómo transitar estos momentos en la escuela, ni en el liceo, ni siquiera en nuestra propia familia, pero decirles claramente que no estamos condenados a hacerlo solos, no estamos hechos para hacerlo solos. Porque cuando el dolor se comparte y se acompaña, el camino, aunque siga siendo difícil, vuelve a tener un horizonte, vuelve a tener un sentido y puede ser transformador”, finalizó.