En distintas épocas y para distintas publicaciones fue alternativamente: “Simón Carqueja”, “El Gaucho Cañones”, “Salustiano Melgarejo” y “Ciriaco Almada”. Sin embargo fue el de “Santos Garrido” el seudónimo con el que entró en la inmortalidad, aquel que había elegido para presentar su libro “El Agregao”, publicado en 1926. Pero tenía más seudónimos, por ejemplo en el diario El Demócrata, en el que publicó algunos artículos, firmó con los seudónimos de “Gluc”, “González” o “El viejo”. Todos estos falsos nombres -precisamente eso es lo que quiere decir la palabra seudónimo, en su origen griego- confluían en una sola persona, el poeta minuano Guillermo Cuadri.
En lo personal digo que supe de la existencia de Guillermo Cuadri, por primera vez, cuando cursando el Liceo, llegó a mis manos un libro muy sencillo en su impresión que se llamaba “Bajo la misma sombra” (1925).
De los cinco nombres que aparecían como autores, solo conocía a Morosoli, porque en la Escuela el libro “Perico” era de lectura obligatoria. Estoy hablando de 1961, habían pasado treinta y seis años de la publicación de aquel libro que hoy se considera leyenda de las letras minuanas -“Bajo la misma sombra”-, en el que , además de Morosoli, también aparecían textos de Guillermo Cuadri, Julio Casas Araújo, Valeriano Magri y José María Cajaraville. Cada uno de estos nombres merece por sí solo una reseña; pero, por esta vez, quiero traer al presente a Guillermo Cuadri.
Pablo Guillermo Cuadri García, nació en la ciudad de Minas, el 12 de enero de 1884. Su padre, Pablo Cuadri, era suizo, de aquellos suizos que vinieron a Minas desde el cantón de Ticino y como la mayoría de ellos se dedicó a los trabajos de construcción. Su madre, Olegaria García, era una uruguaya, nacida en el interior de Lavalleja.
El niño fue bautizado en la Iglesia de Minas el 27 de setiembre del mismo año y su partida de bautismo figura en los registros que se llevaban en aquel entonces.
En el libro “Entre Vulcano y las musas”, compilado en 1979 por su hijo Waldemar Cuadri, aparece la información de que Guillermo ejerció desde muy joven diversos oficios: obrero en una fábrica de cigarros, albañil, cerrajero y armero. También trabajó en el tendido de vías de ferrocarril y se desempeñó durante algún tiempo como mozo de café. Estuvo, por último, dedicado a la herrería. En 1930 ingresó a la Caja de Jubilaciones de Industria y Comercio como funcionario. Desde ese momento, abandonaría la herrería, lugar pródigo en inspiración para el escritor.
Solo había terminado los estudios primarios y en forma autodidacta aprendió francés y leyó algo de medicina, que era al parecer una profesión que le fascinaba. Publicó sus primeros poemas a los quince años en el periódico minuano La Patria. También escribió en su juventud para El Orden, Diario de Minas, La Ley y El Departamento.
Como vimos, colaboró en “Bajo la misma sombra” cuando ya tenía 41 años. Al año siguiente, 1926, publicó su primer libro, “El agregao”, que dicen que agotó un tiraje de mil ejemplares en dos meses. Al mismo tiempo, tuvo una sección criolla en el diario Rumbos, de Minas.
Podría decirse que Guillermo Cuadri era ante todo un poeta, porque aún sus textos en prosa son de una poesía muy apreciable, siendo un autodidacta puro, como lo era.
A tal punto fue conocido popularmente por su seudónimo más famoso, que la gente en general relaciona fácilmente sus poemas gauchescos, -recitados maravillosamente por Rufino Mario García, Ulises Benedetto y tantos otros- con “Santos Garrido”, y creen que existió realmente una persona llamada así.
¿De dónde provenía esa idea de firmar sus trabajos con seudónimos?
Tal vez por imitación; tal vez por timidez; o tal vez la necesidad de dejar aflorar su alter ego, su otro yo. En este punto conviene recordar que muchos escritores conocidos mundialmente han usado seudónimos; quizás el más famoso es el caso de Pablo Neruda (Neftalí Ricardo Reyes), pero también eran seudónimos: Gabriela Mistral, Rubén Darío, Tirso de Molina y Azorín, por nombrar solo algunos.
De su obra, Anibal Barrios Pintos ha dicho lo que a continuación transcribo: “Como tienen alma y lenguaje popular, sus versos penetraron en el ruedo de nuestros trabajadores de campo, entre los cuales consiguió arraigarlos con la misma intensidad con que caló el inolvidable Alonso y Trelles (el Viejo Pancho).
Su difusión en el Uruguay y la Argentina principalmente, fue rápida y creciente. Muchas de sus composiciones son parte ya del pueblo que a veces las canta o recita aprendidas por tradición oral, como los romances anónimos……Siguió a “El Agregao” el libro “Leyendas Minuanas”, de 1938; obra regional en prosa, hermosa contribución al tesoro folklórico del país; colección de fábulas en las que entremezclados tres elementos fundamentales, según la perspicaz observación de Morosoli: el pájaro, la planta y la muerte. Muchas otras composiciones gauchescas siguieron a esta obra, publicadas en diarios y revistas, que aún no han sido trasladadas al libro…” Aníbal Barrios Pintos.
“A su fallecimiento acaecido en su ciudad natal el 1º de octubre de 1953, Minas despidió tiernamente a su querido poeta y al cumplirse un año de su fallecimiento el pueblo y sus instituciones válidas, realizaron diversos homenajes a su memoria, asociándose a ellos el comercio al cerrar sus puertas en honor del poeta que dijo en décimas y cuartetas la emoción de su solar nativo” Aníbal Barrios Pintos.
La ciudad de Minas lo recuerda actualmente de diversas maneras: La Escuela Nº 8 lleva el nombre de Guillermo Cuadri y en ella se creó un museo en su memoria. Existe una plazoleta con su nombre y se levanta allí un monumento recordatorio. Está también el barrio “Santos Garrido”.
Para cerrar esta reseña lo hago con una décima de aquellas con las que Guillermo Cuadri finalizaba sus poemas:
“Bueno, con Dios mis paisanos,/ yo con la Virgen me quedo./
Por hoy salgo de este enredo/ y doy descanso a mis manos./
Deseando que estén, hermanos,/ contentos de haber nacido,/
reciban, como despido,/ con tuita sinceridá,/
un guascazo de amistá/ del viejo Santos Garrido.”
FUENTES DE INFORMACIÓN
Aníbal Barrios Pintos, “Minas, hitos de su historia”. Año 1955.
Waldemar Cuadri, “Entre Vulcano y las Musas”. Año 1979.
Libro colectivo “Bajo la misma sombra”. Años 1925 y 1967.
Pablo Rocca, “Para una revisión del canon nacional: La literatura minuana (1920-1950)”. Año 2008.
Libro “El Agregao”, Santos Garrido. Años 1926 y 1928.
Facsímil de la partida de bautismo (cedido gentilmente por el Sr. Hugo Melgar).
Wilson Mesa Mesa
EL MOLINO VIEJO
“Aunque hace muchos, muchísimos años que no muele trigo, es siempre ‘el Molino’.
Asentado en un cerrito -llamado en lejanos tiempos ‘el cerro de la Cruz’- de cualquier parte que se vea ‘el pueblo’ se destaca su viejo torreón, culminando en un enorme trompo invertido, con la púa hacia el cielo, que parece esperar un cordel imaginario para ponerse a bailar su danza de leyendas.
En verdad no le faltan: primero, en santa complicidad con el viento, dio harina al pueblo.
Después, quién sabe si el viento, vagabundo al fin, no sopló en su enorme oreja giratoria ideas extrañas y, cansado de trabajar él solo para tanta gente, dejó de hacerlo...
Desde entonces se hizo romántico.
Sus sombras cobijaron, por las noches, fantasmas y lobizones. ¡Oh! ¡El barrio del Molino!... Solo algún baile nos llevaba a él en las noches de invierno.
En la guerra del ‘97 fue un fortín de pelea para las fuerzas del gobierno, al mando del Coronel Casalla; desde allí se tiroteaban con los revolucionarios, parapetados tras los ‘cercos de Aguiar’, en la falda de los cerros vecinos. Y en su interior, algo se mojó en sangre roja y caliente. ¡La cantidad de balazos que le pegaron!
Pero él sigue viviendo. Sigue moliendo su trigo de leyendas. ¡Cuántas veces se llena nuestra imaginación con el pan que hacemos de su harina, azulada de recuerdos!
Ahora -¡las ironías del destino!- el viejo y firme torreón, cuyas paredes tienen más de un metro de espesor, se ha convertido en refugio de palomas.
Es lo que hacen casi todos los viejos buenos: cuidar niños, flores o pájaros.
Es frecuente ver a las palomas del Molino en nuestras claras mañanas, envolviendo en ‘el trompo’ el hilo de sus vuelos circulares”.
Guillermo Cuadri, Minas, 1932.
Un ingenuo poema de Guillermo Cuadri…
A la ciudad de Minas
¡Ya no eres “El pueblo”!
¡Ya todos te dicen “La ciudad de Minas”!
De ciudad, tan solo tienes pretensiones,
y coqueterías…
Tu alma es de pueblo.
(En el libro “Bajo la misma sombra”).