Rutas de América retorna a Lavalleja y miles de recuerdos afloraron en forma inmediata sobre la figura de Waldemar Correa, su pasión por el ciclismo, su sacrificado rodar en beneficio del equipo y, sobre todo, por sus cualidades humanas, por las que es recordado por quienes lo conocieron. La prueba ciclística le rendirá tributo y adelantándonos a ello, en Primera Página Dominical, para homenajearlo a nuestra manera, convocamos al consagrado ciclista argentino Eduardo Trillini, ganador de la Vuelta Ciclista del Uruguay en 1983 y de Rutas de América en 1989, quien acompañó a Waldemar hasta el final, defendiendo la casaca de Peñarol.
Eduardo Trillini nació el 20 de junio de 1958, en Argentina, y luego de destacarse en ciclismo en infantiles, juveniles y mayores, entre sus numerosos campeonatos ganados se destacan: Campeón argentino de ruta elite (1983), Campeón argentino pista prueba por puntos (1977-81), Campeón argentino pista kilómetro (1976, 1978, 1979 y 1984); Campeón panamericano ruta elite (Chile, 1980), Campeón panamericano prueba por puntos (Brasil, 1982), Campeón panamericano 4 x 4000 (1980, 1981 y 1982), Cuatro veces Campeón juegos Odesur. Ganador prueba 6 días (Francia, Luna Park, Rural de Palermo, Mendoza). Ganador vuelta del Uruguay (1983). Ganador rutas de América (Uruguay, 1989). Gran Caracol de Pista (Colombia, 1982). Participó en el equipo de ciclismo de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984).
Fue director técnico en Uruguay, Brasil y del Seleccionado de Argentina. Como tal obtuvo 40 campeonatos argentinos con diferentes ciclistas, tanto de ruta como de pista.
Ni bien le propusimos hablar sobre Waldemar, aceptó gustoso, rindiéndole su cálido homenaje.
Los comienzos de Waldemar fueron en un Campeonato que organizaba el Club Ciclista Verdún, en los primeros años de la década del ’70. Aquella competencia era conocida como el Campeonato de los Barrios de Ciclismo, y emulaba al torneo que organizaba la Unión Ciclista de Montevideo. Esa misma idea la aplicó aquí el Club Ciclista Verdún, pero con bicicletas de paseo. Waldemar se inició compitiendo en esa categoría. Por aquellos años se utilizaba un solo circuito, porque era el que estaba mejor pavimentado, a pesar de que todavía era balastro, y lo conformaba la avenida Artigas, sin el cantero central, en una zona cercana a la Estación de ferrocarril y también sobre el comienzo de la avenida, en Las Palmas, utilizando en ambos casos tres o cuatro cuadras. Waldemar se inició, muy humildemente, en esa competencia para luego pasar a defender al Club Ciclista Minas y posteriormente trasladarse a Montevideo. El ciclista minuano defendió al Club Ciclista Maroñas, al Policial, al General Hornos y a Peñarol. Integró selecciones nacionales con las cuales compitió en México, Venezuela, Chile, Brasil y Argentina. Se casó con Marita Hernández y tuvo dos hijos: María Laura y Gonzalo Damián.
“UN GAUCHAZO”
«A Waldemar lo conocí corriendo, como rivales. Ya había sentido hablar de él y a lo largo de los años corrimos en diferentes equipos, hasta que el destino quiso que nos encontráramos en Peñarol». Así se produjo el vínculo entre Waldemar y nuestro entrevistado, Eduardo Trillini, quien responde a nuestro llamado telefónico desde la República Argentina, donde nació y donde reside.
«Lo veía como rival y como persona», continuó, relatando que en «las juntadas en las mesas de bar siempre salía el nombre de Waldemar, aquel gauchazo, aquella buena persona, ante todo, un tipo simple y sencillo, por sobre todas las cosas». Estamos situados en la década del ’80 del siglo pasado, cuando Trillini comenzaba a viajar a nuestro país con mayor asiduidad para competir en las tradicionales pruebas uruguayas. El ciclista argentino integró las filas de Peñarol entre 1989 y 1992. «Fue César Castro -recientemente fallecido- quien me presentó a Waldemar. Me dijo que tenía un corredor de ciertas características. Le empecé a prestar más atención al desempeño de Waldemar y al año siguiente ya lo trajimos al equipo». Trillini nos contó también que pasado el tiempo entrenó a Gerardo, hijo de César Castro, «quien fue récord uruguayo de kilómetros durante bastante tiempo».
TÁCTICA Y ESTRATEGIA
Trillini ya era una figura consagrada del ciclismo, por lo que solía ser invitado a participar de diferentes competencias a nivel continental. En una ocasión participó de la Vuelta de Venezuela junto con Waldemar Correa. «Él aprendió mucho conmigo y yo aprendí mucho con él, de estrategias vivas de la carrera. Tengo muchas anécdotas de esos días, de cómo le hicimos ganar unos segundos a Federico (Moreira) en una llegada bonificada donde nadie pensaba que Federico pudiera ganarla, en un circuito pleno el último día. Waldemar fue partícipe y entendió al milímetro lo que yo le planteaba desde arriba de la bicicleta, porque yo tenía una manera de hacer las cosas que nunca planeaba cada carrera».
Hablando de estrategias, Trillini no era proclive a realizar reuniones la noche previa para planificar la carrera del día siguiente. Prefería hacerlo en plena competencia, ya sobre la bicicleta, porque en esas circunstancias, afirma, «todos te van a entender, por el ruido de estar arriba a la bicicleta». Si la hacía la noche previa, «muchos de los compañeros ni dormían, por la ansiedad, por las ganas de ‘darle pata’. Entonces, en el momento de la largada, ¿qué hacemos? ¿qué no hacemos? Saltar, no saltar, venir, tirar, no tirar... Vamos a hacer esto, en tal punto vamos a hacer tal cosa. Bueno, eso era yo arriba de la bici y con Waldemar», compartió.
Elogió el hecho de que el querido deportista minuano fue «un ciclista de equipo», un atleta que siempre privilegió lo colectivo por sobre lo individual, siempre dispuesto al sacrificio en auxilio de sus compañeros. «A él no le gustaba figurar, sino que el equipo anduviera bien. En los repechos era fantástico. Era un corredor con algunas características muy especiales, sin ser de etapas muy duras, de mucha subida larga, pero sí las subidas cortas, por su forma de pedaleo, tan ágil, tan rápida, tan linda, que lo hacía subir todos los repechos de Uruguay a partir de ese estilo y de la mejor manera». Las escaladas de Waldemar en la zona Ramallo fueron históricas, un momento esperado con gran expectativa por los minuanos y quienes siguieron su trayectoria deportiva con admiración.
«Desde que lo conocí fue un muchacho callado, muy respetuoso, una excelente persona», expresó Trillini.
Rogelio Aguinaga era el presidente del ciclismo de Peñarol en aquella época. El equipo estaba integrado, además de por Waldemar Correa y Eduardo Trillini, por Federico Moreira, Rúben Priede, Viera, José María Orlando y De los Santos.
INOLVIDABLE
En enero de 1990, el plantel de Peñarol se trasladó a Argentina para preparar lo que sería la participación en la Vuelta de San Juan. El conjunto carbonero era representado por Waldemar, Trillini, Federico Moreira, Waldemar Domínguez, Osvaldo Frosasco y José María Orlando.
En pleno entrenamiento, Waldemar Correa sufriría un accidente que le provocó la muerte de manera instantánea. Trillini se mantuvo siempre a su lado. Su recuerdo es tan nítido como emocionante. «Viajamos con antelación para prepararnos para la Vuelta de San Juan. Íbamos pedaleando en un camino que estaba cortado, por el que no se podía circular en vehículos ya que era alrededor de una montaña. Veníamos descendiendo, habíamos pasado con las bicicletas en las manos, en un cruce, a una cantidad de kilómetros del pueblo más cercano. Resultó que en esas circunstancias iba subiendo un camión, con una caja muy larga. El conductor no tuvo mejor idea que cortar la curva y cuando lo hizo nos enganchó. Hizo recta la curva, es decir no todo el contorno por afuera. Él iba subiendo por su derecha y nosotros bajábamos también por nuestra derecha».
Cuando el conductor hizo esta maniobra «fue en el momento en que nos divisó. Intentó hacer algo, pero el acoplado quedó en la misma posición. Gritamos ¡Guarda, guarda, guarda, guarda…! Éramos un pelotón porque hacíamos la preparación junto a otros equipos. Éramos como 20 ciclistas que veníamos transitando por ese camino. Yo venía en la punta con un compañero, charlando. Nos tiramos contra el cerro, que era por donde veníamos bajando, y en ese ‘frenerío’ tocó rueda o frenó o alguien cayó. Era Waldemar, bajo la rueda del camión. Fue instantáneo», lamentó, notoriamente emocionado.
«Algunos vieron toda la secuencia. Sentimos una explosión. Enseguida empecé a buscar a los otros corredores y no lo encontrábamos, siendo que los teníamos enfrente. Era una desesperación tremenda porque había uno de Peñarol tirado. En principio, no sabíamos quién era hasta que nos dimos cuenta de que se trataba de Waldemar». En el medio de la nada, en tiempos en los cuales ni se pensaba en teléfonos celulares, Trillini se quedó junto a Waldemar mientras sus compañeros fueron hasta el pueblo más cercano en busca de ayuda, pero «no llegaba nadie. Era un camino intransitable y aparte no teníamos comunicación alguna».
A 30 kilómetros del pueblo más cercano, los compañeros de Waldemar y de Trillini lograron contactarse con la Policía. Luego llegaría una ambulancia. pero lamentablemente ya nada podía hacerse para salvarle la vida al querido ciclista minuano. «Todo ese tiempo me quedé junto a él, cuidándolo. Fue un shock tremendo, algo terrible, imposible de explicar en palabras. Tengo la imagen patente. Llegó la ambulancia, lo cargó, volvimos en bicicleta, un desconcierto para todos. De ahí todos al hospital, con la Policía presente, todo el día en la vuelta». El trágico desenlace ocurrió el 6 de enero de 1990.
La tragedia se extendía. Había que comunicarle a la familia lo sucedido, algo que «no se lo deseo a nadie, es inexplicable, pero fue lo que sucedió y había que arremangarse y hacerlo. No quedaba otra. De ahí trasladarlo. Vinimos en avión, a Montevideo, y lo llevamos al Club Peñarol, donde lo velamos. Recién después de eso volví a mi casa».
EL MEJOR RECUERDO
Waldemar ha dejado el mejor recuerdo en quienes lo conocieron y lamentan que una vida tan joven, la de un ciclista en su esplendor, se haya apagado en esas circunstancias. «Por eso siempre lo recordamos con alegría, a pesar de todo lo vivido al final», asegura Eduardo Trillini.
«En cada carrera era un éxito, ganar o perder, pero con él era un éxito. Y no estoy siendo ‘salamero’ ni nada por el estilo, no tengo nada para ofrecer en este sentido. Pero viste, te quedan esas cosas como decir, pucha, ¿hasta dónde podíamos haber llegado? Porque él estaba en pleno crecimiento, yo aportándole lo que estaba a mi alcance como enseñanzas y aprendiendo de él, como te decía. Y lo mismo me pasó con otros corredores uruguayos como Jorge Bravo o Luis ‘Tamango’ Martínez, a quienes animé a que se superaran todo el tiempo. Ninguno de ellos hacía la contrarreloj, no eran contrarrelojistas. Les hice armar bicicletas y les insistí para que se perfeccionaran en esta prueba. Lo hicieron y terminaron ganando la contrarreloj. Esos corredores, al igual que Waldemar, crecieron al lado mío, sin que yo tuviera que invertir nada; ellos invirtieron por lo que tanto querían, el ciclismo».
Eduardo Trillini se mantiene activo. Todos los días pedalea durante una hora. Hace un mes fue a San Juan, a donde «llevé los trofeos que había ganado, rendí homenaje a un montón de corredores que han pasado al lado de mi carrera deportiva. Llevé los trofeos que gané en la Vuelta de San Juan y en la Vuelta de Cuyo y se los regalé a los intendentes y al gobernador. Voy cerrando etapas de mi carrera deportiva», dijo a Primera Página Dominical. Supo contagiar su pasión por el ciclismo a sus dos hijos, quienes fueron campeones y representaron a Argentina en muchas competencias. Uno de ellos terminó entre los cuatro mejores en un mundial y el otro, hoy radicado en España, ha corrido en Uruguay.