por el ingeniero agrónomo Raúl Vernengo
Recientemente escribíamos, una vez más, sobre el tema del arbolado público.
En realidad, el arbolado público no forma parte de las prioridades o tareas básicas de cualquier gobierno departamental o municipal. Las tareas más importantes de cualquier intendencia se resumen en el conocido como ABC: alumbrado, basura y caminería.
Estas tres tareas o áreas son las centrales y además tienen mucho peso en otras que son de gran importancia para las personas: el alumbrado está muy vinculado a la seguridad, la recolección y manejo de residuos está íntimamente vinculado a la salud pública, etc.
Luego de estas tres prioridades de cualquier gobierno departamental o local, el arbolado público, junto con otras tareas, aparece como una de las áreas importantes.
Pero, a diferencia de muchas otras tareas básicas, prioritarias o accesorias, un correcto manejo del arbolado público no significa una erogación importante para ningún gobierno. A ver: hacer una poda correcta, adecuada y profesional del arbolado público no requiere de más personas para hacer la tarea, sino tan sólo capacitar a los operarios que ya hacen la tarea, para que la hagan de la manera adecuada.
A quien sea responsable de esta tarea, le bastaría, para empezar, con levantar el teléfono y hablar con los responsables de esta área en las intendencias de Montevideo y Maldonado, dos intendencias -de diferente signo político- que manejan de manera adecuada el arbolado público, desde hace décadas. Suponemos que ambas intendencias estarían dispuestas a apoyar a la Intendencia de Lavalleja con el envío de técnicos preparados para formar a colegas o a operarios en las técnicas adecuadas de poda, para salvar lo que queda. La mayor parte de los árboles ha sufrido por décadas un manejo dañino e inadecuado, pero igualmente se debe y se puede corregir lo que se ha hecho mal.
Por otro lado, es imprescindible que la Intendencia de Lavalleja cambie radicalmente la forma de implantar los nuevos árboles. Para empezar no debería llevarlos a las veredas, desde su vivero, cuando todavía no superan los dos metros de altura, en las especies arbóreas más comunes, o al menos el metro y medio. La regla, cuando recorremos Minas y otras ciudades pero sobre todo la capital departamental, es que los pequeños arbolitos plantados por la intendencia son quebrados por personas que pasan o incluso por los propios vecinos que tienen esos árboles en sus veredas, porque esos arbolitos les molestan. En fin. En la calle Florencio Sánchez entre Brígido Silveira y Manuel Carabajal, si mal no recordamos durante la administración de Adriana Peña, se plantaron unos hermosos ciruelos. En la actualidad la mayor parte de esos ciruelos están grandes, frondosos, hermosos. Claro, cada año las ciruelas caen -si alguien no las cosecha antes- y manchan la vereda, es un verdadero lío. Pero la sombra y la belleza de los árboles compensa la molestia. O no: uno de los ciruelos de la cuadra fue muerto con toda eficacia: alguien, hace ya tiempo, cortó todas sus ramas. Hoy sólo queda un tronco desnudo de unos dos a tres metros de altura, que afea la vereda y la cuadra. Y eso no fue hecho por podadores de la Intendencia de Lavalleja. En fin.
Otras tareas que tienen que ver con el arbolado público y que quedan por resolver por parte de las autoridades es plantar los nuevos árboles de manera adecuada -más grandes, con mayor protección frente al vandalismo- al tiempo que es necesario involucrar a los vecinos, consultarlos e informarlos sobre los nuevos árboles que se plantarán, los beneficios que esos árboles significarían para el vecindario y la ciudad, etc.. Si los vecinos son involucrados, ellos mismos serán la primera línea de defensa frente al vandalismo.
Se trata de cambios profundos en el manejo de una tarea muy importante para el departamento, pero imprescindibles.