por el ingeniero agrónomo Raúl Vernengo

Finalmente, lo entiendo: así cómo existen preocupaciones que son comunes a buena parte de los vecinos del departamento -la limpieza urbana, la seguridad, el estado de calles y carreteras, etc.- hay otra, específicamente -el arbolado público- que no preocupa en absoluto.

A ver si lo analizamos mínimamente.

Desde que tengo memoria recibimos en Primera Página una innumerable cantidad de cartas de lectores, más o menos molestos, más o menos indignados, por temas bien específicos y que son muy importantes. Uno de ellos es la presencia de residuos, o la formación de basurales en la vía pública. Hasta creamos en el diario una sección, La Voz de los Barrios, que se pensó como un espacio para que los propios vecinos pudiesen hacer llegar sus reclamos a las autoridades sobre los más diversos temas, pero que ha terminado siendo una sección en la que se tratan de manera preferente dos temas, la recolección de residuos y la formación de basurales por un lado y la presencia de pozos o reparaciones sin terminar en calles y caminos.

Además, asiduamente recibimos cartas de lectores que expresan su opinión, o se quejan, por las más diversas razones. Sacando de la ecuación el tema político -pasión de multitudes, quien escribe incluido-, los temas principales de estas cartas que recibimos y publicamos son los que tienen que ver con la seguridad, el acceso a la salud, la educación y algunos pocos más. El arbolado público, los árboles en calles y plazas de las localidades del departamento, no son motivo de preocupación de los vecinos.

Con escasísimas excepciones.

Por años, una valiente activista que además fue edila departamental, Martha Sotelo, luchó, con cartas e intervenciones en la Junta, para que cambiara el absurdo tratamiento que las autoridades departamentales -y una parte importante de los vecinos- han dado a los árboles del arbolado público, por décadas. Y fracasó de manera muy exitosa en su lucha por cambiar esas prácticas y costumbres.

Quien escribe -que además firma este artículo porque tiene la sensación de ser minoría absoluta incluso en Primera Página, al menos con este tema- también ha publicado en este periódico muchas notas de opinión, protestando por un sistema de poda del arbolado público que ha sido utilizado al menos por décadas y quizá por siglos, que lo que hace es impedir un desarrollo adecuado de las copas de los árboles para que cumplan mínimamente sus funciones: dar sombra, bajar la temperatura en calles, veredas y viviendas, proteger de vientos suaves, etc..

Es más: pocos días después de haberse publicado mi último artículo sobre el tema, según recuerdo el año pasado, o quizá el anterior, protestando por la “poda” (en realidad, el corte de prácticamente todas las ramas) de unos bellísimos jacarandás en la vereda de mi casa familiar, en la calle Florencio Sánchez, un “grupo de vecinos” que nunca se identificó envió una carta a Primera Página… agradeciendo a la Intendencia haber podado esas molestas ramas de los jacarandás. La carta, sin firmas, igualmente se publicó en Primera Página. En esa ocasión nuestra vocación por publicar incluso cartas con las que no estamos de acuerdo le ganó a nuestro criterio de no publicar nunca cartas que no lleven firmas y documentos del o los autores.

Pero vayamos al meollo del asunto: en Minas y en las demás localidades del departamento, históricamente, se utiliza por parte de la Intendencia de Lavalleja un sistema de “poda” que en realidad es el tronchamiento de los árboles, el corte, cada año en otoño/invierno, de prácticamente todas las ramas de los árboles que deberían embellecer nuestras calles, plazas y plazoletas y que en realidad da una inmensa tristeza ver. Por eso, árboles que en cualquier ciudad civilizada del mundo deberían ser altos, frondosos, y que deberían protegernos de altas temperaturas y de la radiación solar, en realidad, en el mejor de los casos, sólo logran dar cada temporada unas pocas y raquíticas ramas, al tiempo que se debilitan y mueren. Árboles que deberían estar en su plenitud luego de 40 años de vida están muertos o muriendo. A una cuadra de donde estoy hay un árbol en la vereda que ya, directamente, no brota más; se murió y ya no da más ramas. Como ese hay decenas o cientos de árboles en Minas y en otras localidades. Y además hay muchos otros cientos o miles que están moribundos por un sistema de “poda” absurdo y que ningún gobierno departamental ha cambiado hasta ahora.

A eso hay que sumarle, aún, la actitud de buena parte de los vecinos. No se trata sólo de que el tema no represente un problema para la mayoría de los vecinos del departamento. Además, insólitamente, muchos vecinos acostumbran salir cada otoño-invierno, serrucho o hacha en mano, a “podar” los árboles de su propia vereda, lo que en realidad es una páctica ilegal. Así, con entusiasmo, logran, al desnudar los troncos, que su casa nunca tenga una sombra adecuada y frondosa, en ningún momento del año. Y se quejan por el calor espantoso que se sufre en verano en Minas, este pozo donde no corre el viento y el calor es insoportable. Al mismo tiempo el vecino destruye con entusiasmo los árboles que podrían darle en verano hasta diez grados menos de temperatura en su vereda.

Pocos temas me han dado tanta sensación de soledad al escribir u opinar sobre ellos. Pero no importa. Si estos serán nuestros molinos de viento, pues que lo sean.