Semanas atrás se presentó el libro "Elisabetta. Vida y música de Elizabeth Saunders" de Daniel Serafini Otaiza, en la Casa de la Cultura, con la presencia de la directora de Cultura de la IDL, Mariela Leis, la directora de Familia y Género de la IDL, Yliana Zeballos, el edil Gerardo Palumbo y un escaso público. Es un libro muy documentado, una investigación exhaustiva y una escritura ágil y directa.

POR UNA FOTO

Primera Página conversó con Daniel Serafini Otaiza, autor de este singular libro, previo a su presentación, dado que Elizabeth Saunders es una desconocida para los uruguayos, aunque tiene una obra musical y una vida muy relevante. El escritor contó que “Elizabeth llega a través de un buen amigo, Julio César Huerta, pianista, concertista, que necesitaba conseguir una fotografía de Elizabeth. Me lo comenta Eduardo Montemuiño, con quien integramos la Red Uruguaya de Cementerios y Sitios Patrimoniales, y a la semana encontré una foto de Elizabeth que nadie conocía. Es una foto increíble, porque no es en Uruguay, es en Brasil. Es de su pasaporte, en la que está con su esposo. Las mujeres no tenían pasaporte, es del pasaporte de su esposo, es un pasaporte del matrimonio”.

Serafini, en la búsqueda de fotos de Elizabeth Saunders, encontró “un montón de documentos que fueron generando cosas. Esto fue en el 2020”.

¿Y era realmente una personalidad de la música o simplemente el hecho de que sea mujer música, de avanzada?

Lo que había eran mínimas referencias de ella. Había pasado totalmente desapercibida. Ella era música total, compuso, dirigió orquestas y tocaba el piano. Alguna obra de ella que había sido tocada por la Orquesta Nacional dirigida por Luis Sambucetti, tengo 28 obras identificadas, de las cuales de 13 tengo las partituras.

¿Fue difícil armar la historia de esta mujer?

Enormemente difícil, es un trabajo de investigación privada. Cada cosa que iba encontrando me llevaba otra y a otra, y de pronto empiezo a descubrir que se me acotó Uruguay –está solo un periodo de las primeras décadas del siglo XX-. Ahí descubro que se va a Brasil. En los diarios de Brasil empiezo a encontrar a Elizabeth dirigiendo conciertos de piano. Quizás el gran secreto es que muchas veces no la buscaba ella, buscaba a sus esposos, porque en aquella época las mujeres usaban el apellido del marido.

Fue nuera de Matilde Pacheco de Batlle y Ordóñez (1854-1926), Elizabeth estuvo casada con un hijo (Guillermo Michaelsson) del primer matrimonio de Matilde, el segundo marido de los tres que tuvo.

Es muy interesante el hecho de que haya sido nuera de Matilde. Sí, eso es fabuloso, en la presentación comparto algunos documentos que los vinculan, no solo correspondencia, hay una foto icónica de Matilde, que está dedicada por una mujer y hasta hace muy poco, en el Museo Histórico Nacional, no sabían quién era esa mujer misteriosa que dedicó la foto y era Elizabeth, en épocas que todavía no eran parientes, pero la amistad de Elizabeth y Matilde venía desde el inicio del siglo.

Tres matrimonios para una mujer en esa época, ¿no era como mucho? (risas)

El primer marido es Víctor Rolando, el segundo es Guillermo Francisco Michaelsson y como no hay dos sin tres, se casó con Louis Bertrand Pate, que era norteamericano y veinte años menor que Elizabeth. Este último matrimonio, donde salió del país y se alejó de su familia, le hizo pagar un alto precio: su nombre, logros y música pasaron al olvido.                                    ¿Por qué fue soslayada? ¿Por ser mujer?

No sé si por ser mujer era una limitante. Aunque en el primer concierto que dirige no fue incluida ni en el programa musical. Ella dirige como invitada haciendo dos o tres piezas, había un director principal, pero tampoco la nombran. Sí hay una crónica en Acción Femenina, de Paulina Luisi -con quien era muy amiga y compañeras del Consejo Nacional de Mujeres- y da cuenta del acontecimiento femenino tan importante que había sido omitido y ahí dimensiona que ella dirige la orquesta. En los diarios de la época no hay nada.

Semanas más tarde el diario El Siglo sí va a rescatar -gracias a esa crónica de Paulina- y sí hace una nota donde destaca esa omisión y la corrige. También el segundo divorcio, seguramente la apartó por el peso político de los vínculos, ella era parte de la familia de Batlle y Ordóñez, no es lo mismo estar casado que divorciado. Y ella emigra además.

¿Por qué se va sola o no se va sola a Brasil?

Se va con quien sería su tercer marido. Ella se va divorciada, pero todo indica que se conocen antes. Es una historia muy rica de acontecimientos, que me llevó a buscar y buscar mucho.

Usted se define como curioso.

Sí, soy curioso, me interesa mucho la historia, las historias de la gente, es muy interesante. Yo no vengo de la academia de la historia, no hice estudios de investigación, para después investigar la historia. Soy contador, pero siempre fui un aficionado a la historia, me gustó leer, pero con una afición más quizás hacia esa microhistoria, a lo no contado. Empecé primero con la historia de mi familia, la genealogía me ayudó a buscar, investigar, fui encontrando pequeñas historias importantes en las vidas de los familiares. Yo que sé, encontré mi bisabuelo, fue el primer director de la Banda Municipal de Montevideo. Mi tío bisabuelo fue el que hizo el Himno a Artigas, que hoy casi ni se toca, el que decía: “El padre nuestro Artigas, señor de nuestra patria…”, que lo cantábamos en la escuela. Esas historias mínimas que me trasmitía mi madre de cómo era la vida en el campo con mis abuelos, gente totalmente desconocida para mí. Esa curiosidad es la semilla de cómo surgió con Elizabeth, que partió de la búsqueda de una foto, u otras investigaciones que participé, me da curiosidad y soy casi un investigador exhaustivo.

Usted integra la Red Uruguaya de Cementerios y Sitios Patrimoniales. ¿Qué es, dónde y cómo funciona?

El tema de los cementerios me fascina. Nuestra red es una organización, aún no tenemos personería jurídica, somos un grupo de investigadores que está en todo el país. A mí también me llevó la genealogía, porque cuando llego a Durazno, de donde son descendiente de origen irlandés y británico, del siglo XIX, llego a una estancia, hay un camposanto y encuentro la tumba de mi tatarabuela. Ahí escribo una historia vinculada al cementerio. Eso me vincula a gente de la red que se entera, me contacta y empiezo a participar apoyando desde diferentes aristas. Me gusta mucho la genealogía, hay gente que sabe de simbolismo, hay gente que sabe de conservación del patrimonio, y entre todos vamos colaborando. Es un grupo de WhatsApp, por mail y hacemos un evento al año. El año pasado lo hicimos en Paysandú, lo habíamos hecho en Durazno, en Mercedes, en Rivera.

¿Y qué repercusión tiene en la gente? ¿A la gente le cuesta hablar de la muerte?

Sí. Cuesta mucho. En este caso, no apuntamos a nada de lo macabro, lo fantástico. A mí en particular me gusta el rescate de las figuras que están enterradas en la historia, que existieron e hicieron cosas. En el caso de Elizabeth había una tumba en el Cementerio Británico que no tenía ni placa, pero sabían que ahí podía estar. Investigué y estaba ahí, y hoy tiene su placa.

El cementerio Central, el Británico y el de Buceo sorprenden por la arquitectura que hay.

Es una cosa maravillosa. Hay una frase que nosotros utilizamos mucho en cementerios patrimoniales: son museos a cielo abierto. Porque uno está ahí y hay arquitectura, esculturas, que son mejores que las obras que están afuera del muro. Además, te dice mucho de lo que fue la vida de los que hicieron hacer esas tumbas. Hay gente en el nuestro grupo que sabe de eso, y en algunas charlas que damos nos van explicando el simbolismo de cada figura que está puesta en esa obra. Si hay una amapola habla del dulce sueño, del sueño de la eternidad, las columnas truncas hablan que murió en su juventud, una columna más continua habla que tuvo una vida plena, hay diferentes interpretaciones.

¿En estos cementerios de Montevideo no hay una explotación turística como en otros países?

Hay que tener un límite entre lo turístico y lo convencional que es un cementerio, porque a veces el turismo termina avasallando el lugar, la gente a veces pasa límites. Eduardo Montemuiño lo ha planteado y ha estado en conexiones con el Ministerio de Turismo y con las intendencias, para buscar ese espacio donde con nuestro conocimiento o de alguno de nuestros compañeros, demos importancia a los cementerios. En mi caso me enfoco a darle visibilidad a las vidas de esas personas que están detrás de la tumba.

Acá en Minas hay dos docentes que han estudiado los cementerios, Miriam Soria los cementerios urbanos y Sabrina Cantisani los cementerios rurales.

Eso nos ayuda mucho en la red. Es muy importante rescatar historias y cuidar esos lugares.

¿Está escribiendo otro libro?

Sí, tengo un libro, no voy a dar nombres de los personaje, siempre lo dejo un poco de sorpresa para el público final. En casa yo tengo unas postales antiguas de mi familia, que enviaron de Italia a Uruguay, en 1904. Y ahí investigando, salió el próximo libro.

¿Cómo se consigue el libro "Elisabetta. Vida y música de Elizabeth Saunders"?

En las librerías lo pueden conseguir, lo distribuye Gussi Libro. Como es un libro independiente a veces le cuesta la difusión. En librerías 890 pesos.