Todo parece indicar que la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Adela Flores del sábado 3 de enero fue entregada por al menos buena parte de la cúpula de gobierno y militar de Venezuela, buscando minimizar daños, más que a Venezuela, a sus propios intereses.
Ya ayer se manejaba la información de que fue posible capturar a Nicolás Maduro prácticamente sin disparar un sólo tiro, sin heridos ni bajas estadounidenses y según trascendió con una venintena de bajas venezolanas, porque no hubo captura, sino entrega. Se sabe ya y así lo anunció el gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) que su agencia de inteligencia (CIA) ya había infiltrado el entorno cercano a Maduro desde agosto pasado, y que desde entonces conocía a tiempo real detalles de sus desplazamientos y su ubicación. Además se maneja que personas del propio entorno de Maduro facilitaron su captura, pensando en cobrar al menos parte de la recompensa de US$ 50 millones que el gobierno de EE.UU. había ofrecido.
El mismo sábado se conocieron videos que mostraban algunas explosiones en los alrededores de Caracas y helicópteros sobrevolando la capital venezolana, cuando el país caribeño tenía, y tiene, algunos de los sistemas antiaéreos más poderosos de América Latina.
Llamó la atención además que, apenas capturados Maduro y su esposa (que ya están en Nueva York) los estadounideses se retiraran y el gobierno de Trump reconociera a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien seguirá al frente del gobierno, al igual que el resto de la cúpula política y militar del gobierno venezolano.
Lo único en lo que Estados Unidos no transa ni realiza compromisos es sobre el petróleo: el presidente de Estados Unidos Donald Trump ya anunció que no aceptará menos que controlar la producción petrolera venezolana. Venezuela es el país que tiene las mayores reservas petroleras en el mundo entero.
En el mundo entero, gobiernos, partidos y dirigentes políticos de derecha, centro e izquierda elevaron sus voces, protestando por las acciones de EE.UU.. No por simpatía hacia Maduro o su gobierno, que prácticamente no tenía amigos, sino por la flagrante violación de la soberanía de Venezuela y la violación de la legalidad internacional. Hasta la líder ultraderechosta francesa Marine Le Pen protestó por la violación inaceptable de la soberanía venezolana, cuando unos cuantos dirigentes políticos uruguayos festejaban el ataque y el secuestro de Maduro en redes sociales.
Los EE.UU., conscientemente o no, han reinaugurado en el mundo una norma que parecía ya abandonada, la ley del más fuerte. Eso, sobre todo para países sin gran poderío militar como el nuestro y como el 90% de los países del mundo, es una pésima noticia. Se nos ha confirmado que la legalidad internacional ha dejado de existir.