Gonzalo Leston (Montevideo, 1983) vive campo adentro en el oeste de Lavalleja, es licenciado en enfermería, músico, actor y docente de guitarra, participa activamente en la Red de Semillas Nativas y Criollas, publicó cuentos y poemas, e integra el proyecto agroecológico Espacio Libélula, que trabaja en bioconstrucción, autosustentabilidad, vínculos, arte y libertad.
CÁRCEL DE ADENTRO
En el año 2024 publicó el libro “Cárcel de adentro”, al que en un “Prefacio plagiado”, señala que este libro “no es un texto escrito desde un lugar moral, no culpa al sistema penitenciario ni acusa a nadie. Tampoco intenta ser una apología de lo delictivo, una justificación de lo criminal. El libro viene con el debate y la reflexión encadenados entre las páginas. Existen muchas tragedias, muchas cordilleras y diversos laberintos. El relato nos invita a observar matices. Algunos desde afuera, otros desde adentro”.

PONE A PRUEBA LA NATURALEZA HUMANA
En la contratapa hay un texto del comisionado parlamentario penitenciario Juan Miguel Petit que dice: “La privación de libertad es una de las situaciones que pone a prueba la naturaleza humana, ya que implica una intensa restricción de lo que es natural y propio para la especie: la libertad. Gonzalo Leston nos adentra en ese mundo. Podrá decirse que es una de las tantas historias, pero como una de tantas experiencias humanas es única e irrepetible. La registró y ahora la cuenta, con un lenguaje directo y un relato claro y lleno de situaciones que mueven los sentimientos, impactan y dan lugar a múltiples reflexiones. Sus lecciones y marcas de este periplo están ahí. Tocan a quienes lo lean sopesarlas y sacar las propias. Es un aporte relevante y abierto a la reflexión”.
HABLAR DE ESO
Primera Página conversó con Leston sobre el libro, contenido, sensaciones y necesidades de una construcción literaria muy válida y rica. Hay una nueva edición que fue presentada semanas atrás en la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR, por la periodista Ileana Da Silva, el psicoanalista y comunicador Jorge Bafíco y el doctor en Literatura Latinoamericana Francisco Bustamante.
¿Qué te decidió y por qué escribir este libro?
Fue al recordar. Fue lo que viví, y lo que mi memoria me trajo. Algo que encontré en esa experiencia que fue vivir una reclusión en el CONCAR. El libro “Cárcel de adentro” tiene mucho más que ver con la cárcel de adentro que yo habitaba antes de entrar, de estar, de apagar la queja con la vida, no con el CONCAR. A veces el adentro tiene que ver con una cárcel anímica y mental, sobre analítica que atravesé en mi primera juventud que no me permitía vivir plenamente, no me permitía relacionarme plenamente. Que a pesar de que había intentado casi todo, tocado todos los botones, no podía, y no podía. Cuando aparece la reclusión, -luego de ir a separar a mi hermano en una pelea, donde lo estaban agrediendo- y nos procesan con prisión por algo que todavía no entiendo, pero ya tampoco importa, voy al CONCAR. Ahí adentro encuentro la salida a la cárcel de adentro. A la cárcel en la que yo vivía afuera. Esa cárcel que no estaba presente, aparece de un momento a otro, y ¡tenía que sobrevivir! Tenía que atravesar el día y lo que encontré ahí adentro fue muy valioso para mí, y fue una de las razones de escribir, de recordar. Y la otra, se decantó por mi lógica de vida, siempre he sido una persona aficionada a escribir canciones, poesías, cuentos. Lo que vi ahí adentro, observé todo los matices humanos, y todas esas historias me parecieron fascinantes, por eso también creo que me impuse: “Tengo que escribir sobre todo esto cuando salga de acá”. Y escribí, es un texto que tiene muchos años de maceración.

Hay un trabajo muy fino, cuidado en cómo relatas las vivencias. ¿Cómo fue el proceso?
Primero los escritos nacieron adentro de la celda, casi por esa necesidad de escribir las cosas asombrosas que veía, lo que transitaba, de una manera casi de registrar esas palabras que quieren ser escuchadas, que quieren salir en ese contexto tan de encierro. Después fueron muchos años de maceración del texto. Enseguida que salí me puse a escribir compulsivamente, las primeras noches era con una vela, escribiendo y escribiendo todo lo que recordaba, lo tenía tan fresco con nombres, apellidos, todo. Obviamente cambié todo, el texto es muy respetuoso en cuanto a eso. Pero, tenía un nivel de recuerdos como haber vivido una vida pasada entera. Después Rosana Pérez, partera y escritora, me ayudó a parir el texto. Lo quería enviar al Concurso Morosoli, -no me acuerdo en qué año fue-. Rosana me ayudó a corregir el manuscrito, eran todos fragmentos, capítulos, era una masa sin forma y con su ayuda y oficio, lo concretamos. Después Juan Scuarcia, el escritor lo leyó y fue clave, como una brújula, porque me hizo algunas preguntas, me dio algunos consejos, fue como diciendo: “A mí me gustó mucho el texto. Ahora no sé si vos ves esto, aquello”, y sí, tenía razón, estuve un año trabajando en lo que él me dijo, generando más texto. Y después Cecilia Manzione, reconocida profesora de literatura, hizo una corrección a otro nivel, fue más técnica, más quirúrgica y yo aprendí kilos y kilos con ella. Y siempre con la idea que fuese un texto humano, un texto como decía Juan Miguel Petit: “No pegar abajo en el pantalón, no”. Es un texto que tiene luces y sombras, que transita un mundo que muchas veces no se conoce. Teniendo presente que en este periplo, donde el viaje del héroe es por la vida de uno, con oscuridades y luces, que cuando se sale ahí, se emerge de esos pantanos como una flor de loto, con sus claridades, sus cosas luminosas.
Atrapa la sencillez, la falta de violencia, más allá de la violencia de vivir en la cárcel con todas las ausencias que hay, espirituales y materiales.
Es un lugar donde hay una simetría de poder muy interesante. Hay una diferencia muy grande entre el preso y las personas que trabajan ahí, son personas que tienen mucho poder sobre otras. Eso determina como una estructura. Hay una diferencia muy grande de poder sobre el cuerpo del otro. En lo que tiene que ver con las relaciones entre los presos, en el libro hay una ausencia de violencia, yo tuve la bendición con mi hermano de no tener que vivir ninguna violencia. Sí, escuché historias, vi alguna pelea con cuchillos, pero no está puesto el foco allí, sí está insinuado. La idea es que fuese un libro humano, sensible, que no ponga el foco en el morbo ni en la violencia. Sí travesar eso, y salir de una cárcel, que es casi como un resucitar, con el plus de encontrar el valor de la libertad. El libro le pone el foco a las relaciones humanas básicas, a las luces que hay ahí.
La ficción siempre muestra casi monstruos, tú rescatas lo humano.
El ser humano tiene una capacidad adaptativa brutal, es una de nuestras grandes virtudes, la adaptación. En mi caso te puedo decir que se atraviesa casi como subir una montaña o correr una maratón, se va haciendo paso a paso. Como las personas que viven con adicciones: ese solo por hoy. Sostener el día a través de pequeños tejidos -la limpieza, cocinar, fumar un tabaco, tomar un mate- y así lo vas viviendo. Y eso hace que emerja una profundidad en el interior. En mi caso, emergió sobre todo de noche. Es como voluntario, como que la memoria fuese números enteros y de repente se volviera números reales, y el campo de recuerdos se volviera más voluminoso. Vivir esa realidad tan hostil afuera y estar tan a la defensiva, cuando uno tenía un momento como de reparo, de calma, de dormir, pero podía pasear por adentro de uno, recordar, saborear cada minuto de estar acostado, tranquilo. Así un poco lo viví yo. También con mucho miedo, algunas veces con alegría, pero siempre manteniendo el foco y sin derrumbarme.
¿Compartir con tu hermano fue un plus?
Sí. Compartir con mi hermano no solo fue importante, fue clave para para sobrellevar el encierro de la mejor manera posible. Fue una bendición, fue una protección de la vida. No éramos ni Gonzalo ni Matías. Éramos los hermanos. Es un vínculo tan poderoso de hermandad que tiene implícito que uno va a dar la vida por el otro. Se van a defender, están unidos. No son uno solo. Tienen una fuerza mayor. Nuestro vínculo se afianzó mucho. Éramos muy distintos mi hermano y yo, y la travesía de esa experiencia nos fortaleció y nos unió un montón. Otra cosa que nos permitió vivir una reclusión tranquila -podía haber sido muy problemática-, fue tener gente de contención que nos llevaba como lo que se conoce como “paquetes”, con comidas, con ropas, con libros, con revistas. Es terrible para las personas que viven una reclusión totalmente solitaria, que no tienen a nadie. Se hace muy complicado sobrevivir ahí adentro muchas veces.
Las situaciones de las cárceles en Uruguay son terribles, la rehabilitación es un cuento, no puede existir cuando están hacinados y viviendo tan mal, salen y vuelven a delinquir. ¿Cómo ves eso?
También hay que ponerse en el lugar de los que trabajan en esos ambientes, de alguna manera también están presos, también viven violencia y hostilidad enormes. Y hay gente buena y mala en todos lados, hay luces y sombras, trato de driblear un poco esa dicotomía, encontrar esos matices, salir de eso binario. Esta pregunta es la que me resulta más difícil, porque no soy especialista, no soy político, no soy un técnico, soy una persona que se expresa a través del arte, la escritura, la música y que hizo la licenciatura en enfermería. Puedo hablar de mi experiencia personal. Y eso es un poco lo que hace el libro, echa luz en un lugar sombrío, subterráneo, casi cloacal. Creo que es un poco lo que tenemos que hacer, mirar y buscar soluciones para ese mundo. Es polémico, es difícil. Vuelvo a repetir, a veces no hay presupuesto para cosas básicas como educación y salud. A las cárceles también hay que hincarle el diente. Hay que ir hacia un modelo de rehabilitación que de verdad sea eso, hay gente que realmente intenta rehabilitarse, pero en situaciones casi infernales, es muy difícil. Insisto, no soy un técnico. Mi aporte es el libro Y ojalá que pueda ser útil.
Una vez obtenida la libertad ¿qué cosas te costaron más? ¿Cómo lo viviste?
Disfruté mucho la libertad. Fue como cuando estás frente a un amanecer y salió el sol. Ese disfrute del salir, andar, ese espacio sin límites ni limitantes. Capaz que lo que me costó era que como una linterna de noche nos parece que es mucho, pero una vez que sale el sol, ese brillo, esa luz es la libertad, esa sensación de sentir el cuerpo libre de vuelta. Sí, me sentía como un auto en ablande. De la intensidad que había adentro, pasé a tener que acomodar las frecuencias para ajustarme a la vida cotidiana. Me enamoró de vuelta la amabilidad de la sociedad. Fue como un asumo la civilización. Salí de la cárcel y disfrutaba de cosas, como por ejemplo subirme a un ómnibus lleno y pedir permiso y que la gente no fuese hostil. Disfruté mucho de esa salida y reinserción en la sociedad. También hay que ser realistas y no ser ingenuos, soy una persona con una contención familiar, con una estructura para poder rehacer mi vida. Hay situaciones muy difíciles. Ahí es un poco lo que muestra el libro.
¿Qué significó escribir “Cárcel de Adentro”?
Significó un desafío, muchas horas de trabajo, un proceso de compostaje de la experiencia de muchos años, de maceración y de mucho aprendizaje. Recibí mucha ayuda de mucha gente. Y sobre todo este libro ha significado mucha alegría. La alegría de tantos años de trabajar con la palabra, una experiencia, de contarla de manera oral y una vez que uno la ordena en un libro, se da una magia inusitada. El libro al abandonar la órbita de uno, y volverse algo que las personas lo hacen propio al leerlo, descubren y le ponen el foco a cosas que uno no le pondría. Se da como una fusión entre el lector y el libro, y eso es una alegría, y es una hermosa experiencia. Escuchar devoluciones y sentir que el libro es útil. El libro tiene un mensaje interesante de que se puede salir de abismos y de pozos, y también reflexionar y sin transitar, inhibir, visualizar ciertas realidades muy sombrías, muy ocultas.
¿Estás escribiendo algo?
Siempre estoy escribiendo y mi idea es seguir publicando. Tengo muchos cuentos entre fantásticos y cotidianos. Tengo poesías. Y ando con un proyecto de escribir un texto largo. También trabajo en un disco de canciones titulado “El compost del ser”. Donde la canción principal es la que le da el nombre al disco. Son todas canciones que se relacionan con el autoconocimiento, la agroecología, la naturaleza, que es un poco en lo que estoy ahora. Tengo la bendición de vivir en el campo, de formar parte de un proyecto agroecológico llamado Espacio Libélulas. Así que para redondearte diría que sí, hay muchos textos que esperan salir del canal de parto y ver la luz.