Los minuanos que aquí permanecemos durante la época estival nos quejamos del calor insoportable y de la falta de actividades en las cuales participar. Frente a la canícula, Carolina Larrosa nada podrá hacer, pero sí ante el letargo veraniego minuano. Por eso proyectó una serie de encuentros donde se analizarán diversas actividades en distintos lugares de la ciudad para volver a reunirnos y poder escucharnos.
La minuana Carolina Larrosa es una activa trabajadora del arte. Firma sus trabajos como ‘Cala’. «Me gusta decir que estoy viviendo los 42 minutos del primer tiempo de mi vida. Estoy radicada en Minas hace un año, nuevamente, con mis hijos, adolescentes gemelos de 17 años y una nena de 19». Vivió en Montevideo entre los 18 y los 28 años. Volvió a Minas, donde permaneció durante unos años para luego radicarse en Maldonado seis años, hasta que decidió retornar a su ciudad natal. Es docente de inglés y trabaja con niños y con adolescentes. Se formó como periodista y en la actualidad lo hace como locutora. Además, realiza la Tecnicatura en Gestión Cultural becada por la Universidad Claeh.

¿Cómo sientes el arte?
Para mí es una parte fundamental en mi vida. Es esencial, tanto como respirar o alimentarme. Ha sido mi compañía desde siempre, fundamentalmente desde hace unos cinco o seis años, cuando empecé a prestarle atención a las creaciones y al rol que ocupaban en mi vida, un rol de sanación, de despertar, un reconectar con mi esencia, de sanar muchas cosas y de seguir descubriéndome. Hay un acercamiento desde la infancia. Siempre me gustó tener una hoja a mano y colores, que eran pocos, pero había, y los cuidaba como que si fueran tesoros. Recuerdo unos óleos pasteles que compré cuando tenía 11 años. Tenía 20 y los tenía todavía porque no quería que se terminaran. En cuanto al acceso a los libros, creo que se dio en la época del liceo con una profesora de literatura que me marcó un montón en tercer año. Lilians Soria fue fundamental porque me hizo descubrir que realmente me gustaba mucho la literatura. No había tenido acceso a muchos libros en casa, sí libros académicos, pero no lectura, de ocio, esa diversidad de autores y de estilos. A eso lo pude lograr cuando fui grande, cuando me independicé. El hecho de haber entrado a la facultad, haber estudiado algunos años abogacía, también me hizo estar en contacto con una forma de leer voraz, porque había mucho para leer. Ahí empecé con el tema de la compra de libros. Tengo libros de todo tipo: antiguos, clásicos, modernos. En el último tiempo me he dado cuenta de que tenía mucha literatura masculina y empecé a profundizar en la literatura femenina, internacional y nacional, y es vastísimo y riquísimo todo lo que hay para conocer. Son como mis referentes. La sensibilidad sale a través de tomar conciencia de ciertas experiencias de vida. La maternidad fue un punto clave para a reconectarme con mi feminidad y las cosas que van sucediendo te hacen conectar con un ser interior que sí o sí te hace detenerte, replantearte y reconocerte.
Se aprecia mucho de autogestión. ¿Es porque quienes debieran hacer su trabajo no lo hacen o consideras natural que los artistas también compaginen sus propuestas y se encarguen de difundirlas?
Sí, indudablemente. Soy la primera persona en la familia que se dedica al rubro de la plástica, estoy iniciando el camino. Eso hace que tenga mucho de autogestión. Primero porque mi personalidad hace que esté todo el tiempo planificando, explicando, organizando, definiendo, marcando cierta narrativa con el laburo, con la estética en la difusión, el manejo, la planificación, en el manejo de las redes, que es el espacio que utilizo. En todo ello hay mucho de mi personalidad. Además, está esto de empezar a trabajar en este rubro de una manera un poco solitaria. Sí o sí te lleva a tener que aprender cantidad de cosas que cuando una tiene una formación o forma parte de círculos en los que todo esto está muy accesible es más fácil tejer redes. A las redes que yo he tejido, las he tejido desde hace años porque es fundamental trabajar en red, imprescindible. La pandemia me jugó a favor en ese sentido porque empecé a explorar las redes con un fin de difusión del arte desde el 2020 y fui conociendo gente increíble con la que he trabajado y con la que sigo haciéndolo. Hemos armado un colectivo. El colectivo Cuento con aroma a romero, por ejemplo, un colectivo de ilustración infantil y musical, de representaciones de historias infantiles. Pude conocer ahí a un hermano de la vida que se llama Nicolás Almada, que es músico y que escribe cuentos. Él me eligió para ser la ilustradora y la cocreadora de los espectáculos y presentamos el libro en un formato de espectáculo. Nosotros interpretamos el cuento en una representación donde la música forma parte y después se hace como un taller de intercambio con chicos y con grandes. Hemos presentado este espectáculo en varios lugares, el año pasado en la Feria Internacional del libro infantil en Asunción del Paraguay, en la escuela uruguaya en Paraguay, en el Solar de Artigas, y también en la sede en donde se realizó la Feria. Además de ese colectivo, formo parte de otras asociaciones y de otros grupos también tejiendo redes. Todos venimos del mismo ‘palo’, de hacer las cosas ‘a pulmón’ y también de forma autodidacta. Lo imprescindible es trabajar en equipo, conformar redes y hacer que las cosas surjan. Hay un montón de incentivos a nivel del Estado, Fondos Culturales, concursos donde no siempre eres elegido o no siempre logras los resultados buscados. Eso no nos ha impedido que sigamos trabajando y creando cosas porque el artista tiene eso de funcionar desde esa dinámica. Poder acceder a más oportunidades sería genial porque forma parte de un derecho que es global, porque el derecho al acceso, el derecho a la cultura, el acceso a los bienes culturales es un Derecho Humano. Es una necesidad humana y también es un derecho. Para quienes somos creadores artísticos, también es fundamental contar con un apoyo que a veces logramos y a veces no, pero nuestras ganas de crear son mayores que todos los obstáculos.
Viviste en Maldonado. En lo institucional, ¿qué apoyo se da a la cultura?
Sí, los años en Maldonado me hicieron tejer otras redes con otras personas. Formo parte de la Asociación de Mujeres Artistas de Maldonado, un grupo de escritoras que escriben hermosas historias, tanto para niños como para adultos. A principios de año vinieron a presentar su última colección para adultos, con una portada que lleva un cuadro mío. Trabajan muy bien a nivel gubernamental con Maldonado, el municipio de Punta del Este las apoya en gran medida y la intendencia en general, todo el departamento de Cultura. Tiene que ver con ese pienso entre lo turístico que es el departamento de Maldonado y toda la oferta turística que tiene y cómo la acompaña con otras ofertas, como la cultural, que va de la mano con la oferta turística. Ellos tienen actividades musicales, teatrales, teatro de verano, grupos de danza, escritores, museos, espacios abiertos donde se realizan actividades. Hay ferias permanentes, o sea que hay un gran espacio para el rubro creativo en Maldonado. Es muy interesante a tener en cuenta para replicarlo en otros departamentos que también tienen una tendencia a captar turismo.
¿De qué manera analizas la actualidad cultural de la ciudad de Minas?
Se ha trabajado un montón. Mi llegada a Minas fue estando en Maldonado, cuando el director Hebert Loza me llamó porque había visto mi obra y quería algo distinto y nuevo para Casa de la Cultura. Hace dos años hice una exposición allí y para mí fue un espaldarazo genial, sobre todo por esa capacidad que tiene él de ver lo diferente. Si a él le interesaba lo que está viendo o consideraba que es interesante, te convoca. Para una persona que está haciendo las cosas autogestionadas, fue un apoyo muy grande. Vine y presenté hace dos años la muestra Peregrina, que estuvo unas semanas en octubre y una en noviembre abierta al público. Este año, en plena campaña política, participé de una reunión que hizo uno de los candidatos. Hicieron una reunión para artistas y yo, que ya estaba radicada acá, dije, ‘bueno, voy a ir para escuchar y para hablar’. Me presenté, les dije que no era una mujer de partidos políticos, sino que era una mujer de causas. Comencé con cómo ha sido mi proceso creativo y los trabajos, sobre todo en las redes y en los espacios en donde se trabaja y cómo se trabaja, tanto en Maldonado como en Montevideo. Salieron muchas cosas interesantes de esa reunión como, por ejemplo, la necesidad de la formación para los artistas, el acceso a los derechos, el registro para conocer quiénes son los artistas, acceder al territorio, no solo en Minas sino en todas las localidades de Lavalleja; generar más lugares, más espacio, más vínculos, organizar la agenda... Avizoro un futuro muy potente, sobre todo si se articulan los trabajos de cultura y turismo junto con el área social. No es solamente gestar oportunidades culturales para el que viene de afuera, sino que exista un proyecto cultural barrial y zonal en todo Lavalleja. También estoy en contacto estrecho con la gente del MEC, con Carla González, la referente, que está hiper abierta y súper dispuesta a generar muchísimos trabajos como una brillante gestora cultural. Tiene clarísimo para dónde va y cómo se hacen las cosas. Vamos por un buen camino. En cuanto a los centros culturales, he trabajado en todos, tanto en la presentación de la Casa de la Cultura como en Amigos del Arte. Este año nos presentamos junto a Ismael Libonatti y a Pablo Larrosa, mi hermano, con un espectáculo de música, narrativa y plástica. Unas amorosas las mujeres que forman parte de Amigos del Arte; nos abrieron las puertas. En Casa Encantada, hace bastantes años, participé en una feria de emprendedores y en Casa Lorca hemos presentado los espectáculos infantiles. Lo interesante de estos centros culturales es que todos tienen una personalidad muy diferente y van a un público distinto. Hay que darles continuidad. Hay que armar más cosas, tener otros centros culturales o habilitar otros espacios que ya existen, los centros de barrios, para gestar actividades culturales. ¿Por qué hablo de los centros de barrios? Porque estoy pensando en las Casas de la Cultura del interior del departamento o en algún otro salón que pueda oficiar como sede para el trabajo de la cultura, para llegar y aprender de lo que la comunidad tiene para contar. En Minas estaría genial que se expandiera a toda la ciudad, que no quede en el centro, que la cultura llegue a todos lados. Es una ciudad chiquita, pero todo se nuclea en el centro. Hay un espacio nuevo en la Estación (Complejo Ángel Ugarte) que avizora muy buenas cosas. Las Delicias es tremendo barrio; en La Curva, del Cerro Artigas hacia abajo también es un barrio que se ha extendido un montón; el Santos Garrido, la Filarmónica, el Cerro Partido...
¿En qué proyectos trabajas actualmente?
El 2025 ha sido un año muy complejo a nivel personal, pero bueno, se está terminando. Momentos muy difíciles, pero ya pasaron. Eso llevó a que estuviera detenida en muchas actividades, pero siempre haciendo cosas desde casa, tratando de elaborar proyectos y que se dieran algunas instancias que se concretaron. Reitero el nombre de Carla González, fue la responsable de que el proyecto pudiera salir a la luz, la persona que me abrió las puertas. Participé en San José en la Feria Infantil y Juvenil del Libro con el espectáculo del segundo libro ilustrado, El viento, que buscaba su casa, una representación. Eso fue en septiembre. Durante octubre y noviembre hubo algunas instancias en Varela, con las mujeres que están en la unidad penitenciaria de Campanero, un proyecto que se llama Palabras que nos unen, con la literatura como disparador del que surgen cosas muy personales y aflora la creatividad, un proyecto que resultó muy interesante. Estaba en mi mente durante muchos años y bueno, este año lo pudimos lograr. También fue un año de portadas. Porque al estar en casa tuve tiempo como para trabajar con esa parte que te lleva mucho tiempo. Está la portada del libro El encuentro de las palabras, que es de Ratones de Biblioteca, un grupo, un taller de escritura que está organizado por el MIDES, Ibirapitá y la intendencia de Lavalleja. Hice la portada, la tapa y la contratapa. También hice la portada de la segunda edición del libro Constelaciones, de Nair Libonatti. Hice la portada del libro El alma que florece, de Lourdes de León, una solisense. Esas fueron las portadas de los libros que realicé, más el libro El viento que buscaba su casa, que fue el libro y espectáculo y que cierra la trilogía de libros infantiles para este año que es La pluma y el corazón, que ya está ahí, leudando. Para terminar este año, se me ocurrió hacer algo en vacaciones, porque Minas tiene sus desafíos en verano y los minuanos tenemos una cosa medio como quejosa. Me parece que la clave es cambiar un poco esa narrativa. Que en verano hace mucho calor, no es una novedad; que Minas es muy caluroso, no es una novedad, pero bueno, ¿qué hacemos con eso? Se me ocurrió gestar actividades durante el verano. Serán ocho encuentros en total, porque son encuentros semanales durante enero y febrero, con temáticas diferentes, donde la persona puede ir una semana, pero otra no es necesario que lo haga. Si va a todas, arma tremendo portafolio de trabajo, pero puede perderse alguno y no hay ningún problema. La idea es armar un grupo de personas que esté interesado en reunirse, sin sede única de trabajo. La idea es que sean en distintos lugares de la ciudad de Minas, para rehabilitar distintos espacios públicos con una consigna creativa. La dinámica también va a ser a través de un texto que vamos a procesar entre todos, ver qué es lo que nos toca de cada uno de ellos, que va a haber algún autor, pero posiblemente van a ser muchas autoras que también para descubrirlas, para explorar y conectar emociones y creatividad. Me parece importante esto de volver a reunirnos, de destruir esa barrera de no juntarse con un desconocido. La idea ya nos está dando un punto en común: resignificar lo que es habitar los espacios públicos. Es importante recorrer, conocer, porque muchas veces vivimos en una rutina tan cerrada que no conocemos otros espacios de la ciudad y la ciudad es muy chiquita como para no conocerla. Entonces, bueno, también es una invitación para recorrerla, para crear, para sentir y para tener una nueva red de conocidos, para también gestar como un espacio nuevo de comunicación. Es muy importante trabajar en equipo. Como proyecciones para el año que viene, seguir trabajando con ese grupo esporádica o semanalmente, si tenemos la posibilidad de darle continuidad. Tengo otros proyectos que se están gestando. Mi enfoque sería empezar a presentar proyectos para trabajar en barrios y en zonas rurales. Me parece que llegar al territorio extra Minas es uno de mis de mis planes para el 2026, así que ojalá se dé como lo estoy pensando. Soy una convencida de que el arte es un alimento para el alma y más allá de que suene como un cliché, cuando uno lo vive en el cuerpo y lo experimenta en el cuerpo es una sensación indescriptible y transformadora. Nunca me gustó hacer las cosas solo para mí. Siempre me gustó compartir con los demás. A veces pude, otras veces no. Creo que hoy, en este tiempo de mujer que me habita, esta mujer siente la necesidad de compartir con otros esto y de que otros puedan experimentar sensaciones parecidas o distintas, pero únicas e intransmisibles para los demás. Así que bueno, quiero invitarlos a reconectar con nosotros mismos, con la creatividad y con las emociones, porque es un mundo que va demasiado rápido y la forma de enlentecerlo puede ser a través del arte. La invitación es esa. Ojalá todos tengamos un excelente año 2026.