Con 21 años incursionó en el periodismo deportivo, en Fútbol Actualidad, luego en diario Acción y posteriormente en El Día, mientras cursaba la carrera de Odontología en la Universidad de la República. Al iniciarse la década del ’60 ingresó en diario La Razón, de Buenos Aires, y cinco años después fue designado jefe de redacción de la icónica revista El Gráfico. En 1982 se radicó en Perú, donde continuó desarrollando su destacada trayectoria periodística. En Primera Página Dominical repasamos la carrera profesional del minuano Emilio Lafferranderie Lescano, el Veco.
Nació en Minas, el 30 de noviembre de 1931. El apodo surge a partir de la relación con su padre, quien lo llamaba «viejo». En un esfuerzo por repetir aquella palabra, el pequeño Emilio expresaba «veco, veco», y de ese modo comenzaron a nombrarlo en el entorno familiar. En Minas, Lafferranderie vivió 16 años, hasta que junto a su familia se trasladó a la ciudad de Lascano, en el departamento de Rocha, ya que su padre había sido designado director del liceo en la zona.
AQUELLA CHARLA
En el tórrido verano de 2002, Emilio Lafferranderie Lescano retornó a Minas. En casa de don Walter Barreiro, un spartano de ley, se registró un singular encuentro del cual participamos, en ese momento con nuestro Semanario AREQUITA. La única preocupación era que el grabador, en aquel entonces a cinta, no parara de funcionar. Todo lo demás pasaba por escuchar atentamente el relato de El Veco, entrelazando vivencias con lucidez y capacidad admirables. A continuación, repasamos pasajes de aquella jornada.
Walter Barreiro, en su carácter de anfitrión, remarcaba: «Este encuentro lo realizamos en mi domicilio, con la modestia que corresponde. Pensamos en hacerlo en muchas lados a los cuales hubiera asistido mucha más gente, no lo dudo, pero quisimos darle el carácter familiar que el ‘Veco’ se merece».
El relato de «El Veco» nos trasladó a aquel tiempo en que el básquetbol de Minas tenía una rica competencia interna. «Había grandes y dignos rivales. Julio César Bastón fue un tipo al que uno le tenía bronca por un lado pero que marcó una época en el básquetbol minuano. Olimpic Atenas, Bomberos con el ‘Canario’ Rodríguez era un equipo complicado; Salus con Parga y Urruty».
De aquel tiempo proviene «mi primer ídolo que tuve en el deporte: Juan José Martínez Huertas, ‘La Lunga’, que marcó una época en el básquetbol minuano picando la pelota bajito. Nadie lo había hecho aquí hasta ese momento». Ambos se reencontraron en un fuerte abrazo del que fuimos testigos y mientras «El Veco» señalaba una vez más su admiración, Martínez Huertas decía que los elogios eran excesivos.
Haciendo un repaso cronológico, la escena se instala a continuación en la ciudad de Lascano, «porque a papá lo nombraron director del Liceo de aquella ciudad. Ahí salió mi primera nota, en ‘El Lascanense’, a raíz de la trágica muerte de Héctor Supicci Sedes, verdadero ídolo del automovilismo, que murió el 4 de diciembre de 1948 y me acuerdo la fecha porque murió cuatro días después que mi abuela, Ceferina Lescano. Supicci murió en la revancha de aquella carrera épica que se hizo entre Buenos Aires y Caracas en 1948 y que perdiera Óscar Gálvez en las puertas de la capital venezolana. Domingo Marimón venía doce horas detrás, pero Gálvez fundió el motor de su auto en las puertas de Caracas. La revancha fue entre Lima y Buenos Aires. Supicci estaba retirado y en el café Sorocabana había una rueda con Francisco Corney, Cabral Gurméndez, el viejo Carlos Balsán que tenía aquella famosa audición de Peñarol. Ahí impulsaron a Supicci para que volviera a correr y se inscribió para la prueba entre Lima y Buenos Aires, y pasando Iquique -una salitrera chilena muy cerca de Calama-, luego de cargar combustible, Supicci salió marcha atrás y vino un competidor argentino, muy amigo de él y lo embistió provocándole la muerte. El entierro de Supicci fue el más grande que vi en Uruguay, algo impresionante».
Emilio Lafferranderie cursó hasta tercer año de la Facultad de Odontología. Allí «escribía en un boletín de la Facultad notas deportivas breves y uno de los bedeles era amigo de Antonio García Pintos, el director de Fútbol Actualidad. Me recomendó, hablamos y desde ese momento se acabó la Odontología para mí. Corría el año 1952».
En Fútbol Actualidad «encontré maestros inolvidables como Julio César Puppo, ‘El Hachero’, que era un escritor más que un periodista. Una redacción donde se ponía una botella de caña en el medio y había tres máquinas de escribir. Empezábamos con la caña y terminábamos escribiendo. Ellos me inculcaron el gusto por el oficio».
Trabajó asimismo en el Diario Acción de Montevideo con el «Torito» Salvia como director de Deportes, «quien decía que no era hincha de Peñarol y cuando murió el padre estaba envuelto en la bandera de Peñarol en pleno velatorio. También comencé a colaborar con el suplemento del diario El Día. Ahí le hice una nota al ‘Pulpa’ Rodríguez, un jugador de Peñarol y a raíz de la misma el gran ‘Borocotó’ me invitó a trabajar en Buenos Aires, en diario La Razón, donde trabajé en 1960, ’61 y ’62 (cubriendo el Mundial de Chile) y a raíz de las notas sobre el Mundial, El Gráfico me contrató en agosto de 1962. La primera vez que salió mi firma fue por una nota a Juan Manuel Fangio que titulé ‘Señor Fangio’. Él ya se había retirado y la nota versaba precisamente sobre la otra vida, la del comerciante. Este gran personaje, justicia es decirlo, gastaba menos que Tarzán en corbatas…».
En la prestigiosa revista argentina «estuve hasta 1972. Me fui tras la famosa pelea de Cassius Clay y Joe Frazier. Yo vi ganar -lo sigo viendo, al igual que mucha gente- a Clay. El título de mi nota era ‘Tres jueces derribaron una estatua’. Luego me enteré de que las autoridades de la revista lo habían cambiado por ‘Joe Frazier derribó una estatua’. Pero yo para atrás no miro. Miro para adelante y soy feliz. No tengo rencores. Mi señora me estaba esperando en Ezeiza con un ejemplar, lo miré y le dije: ‘te doy una primicia, me voy de El Gráfico’. Luego viene el tiempo del diario La Opinión, por intermedio de dos amigos fallecidos a causa de la dictadura, Zelmar Michelini y Edgardo Sajón».
“Siempre me gustó escribir -recordaba-. En el liceo fui un pésimo estudiante. Me aburría. Me aburrían las ciencias exactas, las matemáticas, la física, la química. A mi me gustaba la literatura, escuchar a Saúl Pérez Casas. En un examen de español, la profesora María Amalia Riccetto de Leis, la madre del ‘Bolita’, puso de tema ‘Carnaval’. Ese día hice un intento de lo que fue mi primera nota. Ella me dijo que tenía que seguir escribiendo. Pasó mucho tiempo hasta que llegó Fútbol Actualidad».
EN PERÚ
En 1980 regresaba a a Montevideo “para ser jefe de Deportes de diario El Día y de Radio Sport, y dos años después me radiqué en la ciudad de Lima donde en televisión trabajé en Canal 5, y donde escribí columnas en El Comercio, en La República y en Hoy. Tengo un programa en la radio más escuchada en Perú, con el 75% de preferencias, y en estos momentos estoy ultimando los detalles para cubrir el Mundial de Corea y Japón», declaraba en el verano del año 2002.
Fue tanto el cariño que desarrolló por Perú decidió que sus restos mortales fueran sepultados allá. «No me voy del Perú, tengo mi cama eterna reservada. Estaré en el Parque del Recuerdo junto a mi esposa, Lolo Fernández, Toto Terry y Juan Joya Cordero, así que de noche vamos a conversar largo y tendido, más tendidos que nunca», manifestó en una entrevista.
Emilio Lafferranderie falleció en Lima el 6 de febrero de 2010, a los 78 años, tras un paro cardíaco.
MAESTRO DEL PERIODISMO
A los 78 años, murió Emilio Laferranderie, una de las plumas emblemáticas de El Gráfico. Nacido en Uruguay, marcó un estilo en su país, en nuestro medio y en Perú, donde se había radicado desde 1982. Sinónimo del buen decir, caballero gentil y escriba delicioso, el mundo del periodismo deportivo acaba de perder a Emilio Laferranderie, más conocido como El Veco, uno de los hombres que edificó la mejor historia de El Gráfico. A los 78 años, víctima de una afección cardíaca, murió en una clínica de Lima, en ese Perú entrañable que supo disfrutar a pleno de su brillantez. Podría decirse que El Veco fue un periodista de tres banderas, pero admirado en un continente entero. Se formó profesionalmente en su Uruguay natal, hizo escuela en Argentina, donde conoció a su esposa y nacieron sus hijos, y cerró el círculo en Perú, país que lo adoptó como referente insoslayable y donde nacieron sus nietos. Antes de brillar en su carrera periodística, El Veco estudió hasta tercer año de odontología. Pero su pasión por las letras y el deporte lo inclinaron definitivamente hacia el periodismo deportivo. En Uruguay colaboró con el semanario Fútbol Actualidad y con el diario Acción. También fue jefe de deportes del diario El Día y de Radio Sport. Ya radicado en la Argentina, donde compartió la pasión profesional con uno de sus referentes, Ricardo Lorenzo Rodríguez, Borocotó, fue jefe de redacción de El Gráfico, además de trabajar en el diario La Razón. ¿Un recuerdo de su paso por la revista, entre 1963 y 1970? “Constancio C. Vigil, el fundador de El Gráfico, me dio la mejor lección de periodismo. Decía: ‘Si una nota no provoca una sonrisa, no suscita una lágrima o no genera una discusión, esa nota no sirve para nada’”. En agosto de 1982 se instaló en Lima para trabajar durante cuatro meses para el diario El Comercio. Pasado ese tiempo, recibió una oferta de Panamericana Televisión y decidió radicarse. Últimamente se desempeñaba como columnista de El Comercio y conducía el programa El Show de El Veco, en Radio Programas del Perú. El Veco nunca perdía el buen humor. Y apelaba a él hasta para graficar las situaciones más tristes: “Es definitivo, yo ya no me voy de Perú, incluso ya tengo reservada cama en el Parque del Recuerdo de Lurín, donde está enterrada mi señora. Ahí está Lolo Fernández, está Toto Terry, Juan Joya, así que de noche vamos a conversar largo y tendido, más tendidos que nunca”. Se fue El Veco. Un maestro del periodismo deportivo. Un hombre de El Gráfico.
El Gráfico, Febrero de 2010.
El hombre que jugaba a contar historias
El libro de Alonso Cantuarias de las Casas es un recorrido de la trayectoria periodística de uno de los más respetables y emblemáticos periodistas deportivos del Perú: el uruguayo Emilio Lafferranderie. Con notas a diversos momentos de su biografía, El Veco. El hombre que jugaba a contar historias recorre fundamentalmente su vida desde su llegada al Perú hasta su afianzamiento como figura clave y referente del periodismo deportivo peruano. Esta obra ofrece un recorrido pormenorizado de la trayectoria periodística de uno de los más respetables y emblemáticos periodistas deportivos que ha tenido el Perú, el uruguayo Emilio Lafferranderie, “El Veco”. Al hacerlo, nos ofrece un perfil del personaje que logra abarcar la amplitud de sus dimensiones humanas, entre las que resalta su faceta de amigo, pero también de narrador de historias. Podría decirse que en un texto sobre “El Veco” el lenguaje no podría ser personaje secundario: su periodismo deportivo fue literario y, a pesar de los riesgos de la alta cultura en un espectáculo de masas como el deporte, sorteaba bastante bien el escollo y producía un discurso que, si bien elevado, no dejaba indiferente a nadie.