“Llegó ayer a nuestra ciudad, que lo recibió alborozada, el joven héroe minuano Héctor Errazquin, que viene de extranjeros suelos a traernos gloria que cosechara su coraje y su hombría de oriental. Traje los ojos cargados de tragedia, el corazón henchido de emoción y el pecho varonil estrellado con fulgor de medallas”. De esta manera se refería la prensa minuana el 24 de setiembre de 1945 al regreso de nuestro coterráneo, luego de haber participado en la Segunda Guerra Mundial, a la cual se sumó en forma voluntaria, en respuesta al llamado del Ejército de Francia, emitido por el General Charles De Gaulle. 80 años después, el cálido testimonio de su hija, Levir Irene Errazquin Lovy.

Al reconstruir esta historia, nos enteramos de que fueron dos los lavallejinos que decidieron inscribirse en la Sociedad Amigos de Francia y presentaron sus solicitudes para combatir por aquel país durante la Segunda Guerra Mundial. Además de Errazquin, concurrió Julio Dionisio López.

“Como padre, fue un gran maestro, por cierto”

Héctor Errázquin nació en la zona de Barriga Negra, 6ª Sección del departamento de Lavalleja. «Eran cuatro hermanos -mi padre era uno de los mayores-: Sinforoso, Gloria, Héctor y Juan. Quedaron huérfanos siendo muy pequeños. Mi abuela, Indamira Inzaurralde, prima de Santos, enfermó de tifus y mi abuelo, Héctor Santiago Errazquin, con el tiempo, volvió a casarse. Todas esas vicisitudes marcaron las vidas de mi padre y de sus hermanos». La familia pasó a residir en las afueras de nuestra ciudad, en una casa en las cercanías del Cementerio del Este, por Ruta 8.

La mamá de nuestra entrevistada, Cecile Henrriette Lovy, era francesa y trabajaba como enfermera. «Mi hermana, Gisele, profesora de francés y después de literatura en liceos de Maldonado, San Carlos, Pan de Azúcar y Punta del Este. Richard, mi hermano, vive desde 1983 en Buenos Aires, donde tiene una parrilla. Yo soy enfermera, habiendo trabajado durante 35 años en un sanatorio en Buenos Aires. Actualmente jubilada, vivo en Minas, en la casa donde vivió papá», compartió Levir Irene sobre la vida familiar.

«Como padre, fue un gran maestro, por cierto, muy exigente y agradezco que haya sido de ese modo. Tenía gran carácter, creo que producto de lo que vivió en la Segunda Guerra Mundial. Era muy servicial, ayudaba a todos los pobres que le pedían alguna colaboración, especialmente a los niños del barrio. Aconsejaba a los jóvenes, a quienes motivaba a estudiar para de ese modo poder progresar en la vida. En todos los ámbitos donde actuó se caracterizó por pregonar la paz y la libertad», continuó el cálido recuerdo.

Cuando Héctor Errazquin decidió participar de la Segunda Guerra Mundial con tan solo 18 años, «en la familia no se lo contó prácticamente a nadie. Solamente se lo dijo a una hermana (madre de Leonel y de Rosario Llorente), quien lo apoyó en todo momento. El resto de los familiares no quería saber nada con su decisión. Eran otros tiempos, las comunicaciones eran escasas y máxime en esas condiciones, por cuando se enteraban de las novedades a través de las noticias que reproducían los diarios y la radio. En muy pocas ocasiones recibieron alguna carta de mi padre».

Levir Irene rememoró también que «cuando éramos chicos nos llevaba al Cine 18 de julio, a mirar películas de guerra. Considero que, de alguna manera, con cada una de ellas revivía en parte los avatares en los campos de batalla en los cuales estuvo. Contaba sobre lugares y batallas donde había estado presente a quienes llegaban a su negocio y quisieran escucharlo».

El recibimiento

Como suele ocurrir, «mi padre tuvo un cálido recibimiento al regresar a Minas, pero luego, con el paso del tiempo, se olvidaron de lo que había hecho», expresó.

Nuestra entrevistada nos contó que «desde hace tiempo procuró que una calle de Minas lleve su nombre, pero no una calle cualquiera, sino donde él vivió con mi abuelo y sus hermanos cuando vinieron desde Barriga Negra. La casualidad quiso que sobre esa misma calle, en el otro extremo, estuviera situada la casa donde vivió al regresar de la Segunda Guerra Mundial, junto con mi mamá y hermanos, hasta que crecimos y faltó mi mamá. Esa calle es el famoso Camino de las Tropas, que va desde la Ruta 8 hasta el Paso de las Piedras».

«Siento mucho orgullo de mi padre. Mi nombre revela cuánto él amaba la paz y la libertad. Contiene en sus letras dos lugares que significaron muchísimo para él, en el norte de África, en las localidades de Libia y Bir Hakeim. Por mi nombre es Levir. Mi segundo nombre, Irene, significa paz y el tercero Funalu, una sigla que significa Francia-Uruguay-Naciones-Aliadas-Libres-Unidas. ¡¿Cómo no podría estar orgullosa de mi padre?!», exclamó Levir Irene Errazquin Lovy, hija de Héctor Errazquin.

La convocatoria del general de Gaulle

Corría el año 1940 y se acentuaba la arremetida de las tropas de Hitler sobre varios países europeos. Así lo hacían saber los titulares de los diarios de la época. Frente a ello, un grupo de jóvenes uruguayos sintió que no podían permanecer al margen de este ataque, de este avasallamiento que se le estaba haciendo a toda la Humanidad. Fue así que se inscribieron en la Sociedad Amigos de Francia, tras el llamado formulado por el propio General Charles De Gaulle y a fines de 1940 viajaron con destino a Londres para alistarse en las fuerzas francesas. Ese grupo fue integrado por nuestros coterráneos Héctor Errazquin y Julio Dionisio López. Hacía poco tiempo que había fallecido Doña Indamira Inzaurralde -madre de Héctor- y la familia aún sentía el impacto de esa pérdida. En el fragor de la lucha, Héctor fue paracaidista, estuvo en las trincheras y participó de combates «a bayoneta calada». Los escasísimos víveres les eran arrojados por el vuelo de aviones y muchas veces la ración se componía de una papa y un caramelo. En otra oportunidad se les terminó el agua y tuvieron que ingerir agua del mar, lo que le originó a Héctor una seria complicación en la vejiga. En otra oportunidad fue herido por una granada que le interesó la zona abdominal -es por ello que posteriormente debía utilizar una faja- y en menor grado la cabeza. Héctor Errazquin fue hospitalizado, donde recibió la profesional y tierna atención de una enfermera francesa -Cecile Henrriette Lovy-. Ese vínculo propició el surgimiento de una relación que le ganó a las bombas y a la guerra misma. Héctor encontró allí a la mujer de su vida, contrajeron enlace, vinieron al país y formaron su hogar.

Reconocimientos al voluntario Errazquin

“Fue entusiasta la recepción que la sociedad minuana tributó a Héctor Errazquin, el joven soldado que regresó el domingo al solar nativo. Llegó en horas de la mañana. Una gran concentración ciudadana se realizó en diagonal Oribe y Centenario para esperar al excombatiente. Luego se formó una manifestación, con la Banda de Músicos del Regimiento a la cabeza, que recorrió la diagonal y las calles Juan Farina y Solís, hasta la plaza Libertad. Allí Errazquin recibió el saludo de diversas instituciones democráticas. Terminado el acto en plaza Libertad se improvisó una manifestación hasta el Centro Democrático donde el voluntario fue obsequiado con un vermouth. Su paso por las calles era señalado por espontáneos y cálidos aplausos. El Aero Club recibió a Errazquin en su sede, improvisándose una animada reunión. A mediodía le fue ofrecido un almuerzo popular en el Hotel Garibaldi. En la noche fue invitado a los clubes locales que programaron fiestas en su honor. Estuvo en el Minas, Centro Obrero y finalmente en Las Delicias. Su presencia provocó demostraciones de gran afecto». (En base a publicaciones realizadas en la prensa minuana en setiembre de 1945).