Ubicado sobre el km 42,750 de Ruta 60 -a 15 km de Minas-, este emprendimiento se enfoca en la conservación y en la educación ambiental. La armonía con el entorno es innegociable para sus propietarios, Andrés Cikato y Fiorella Rovascio quienes, en junio del año pasado, lograron concretar este sueño en el que la naturaleza es protagonista.

Andrés Cikato es montevideano. Está casado con la licenciada Fiorella Rovascio, «quien vivió varios años en Mariscala y estuvo vinculada a la comunicación a través de la Fundación Alejandra Forlán». Juntos formaron la asociación civil El Palomar, que trabaja en la educación inclusiva de niños, niñas y jóvenes en situación de discapacidad.

Orígenes

A Andrés siempre le gustó la naturaleza, la vida en el campo, «desde un enfoque de conservación». Es decir, «nunca prioricé el entretenimiento, sino aprender y luego darle cabida a la conservación y a la educación ambiental». En 2011, junto con un amigo «tuvimos la oportunidad de hacer una inversión y compramos unas 80 hectáreas. Parcelamos algunas y establecimos algunas chacras, siempre con un enfoque de conservación. Vendimos algunas y me quedé con dos parcelas, de 20 y 23 hectáreas. A partir de ahí nació, muy lentamente, pero con pasos firmes nuestro emprendimiento», comentó a Primera Página Dominical sobre el surgimiento de Huellas Nativas, ubicado sobre el km 42,750 de Ruta 60, a 15km de Minas.

«Es un lugar hermoso, para mí y para la gente que nos visita y participa de las actividades. Se retiran encantados», dijo con alegría.

Dentro de la propuesta, Cikato no priorizó la actividad productiva, sino que se enfocó en la conservación, la educación ambiental y la difusión. «Nunca pasó por mi mente el tema productivo, en primer lugar porque no conozco del tema. Independientemente de ello, es una elección de vida, un enfoque diferente sobre el cual hay que tener un poco más de paciencia, un poco más de tiempo y de espacio para que, de a poquito, comience a dar sus frutos. No me gusta utilizar a los animales, no me gusta maltratarlos. De hecho, no tenemos caballos y no me gusta montarlos», aclaró.

Reglas claras

Esa es la filosofía de este emprendimiento, la conservación y la educación ambiental a partir de la convivencia pacífica con el entorno que incluye, por supuesto, a la flora y a la fauna. «Lo que buscamos, justamente, es no alterar las huellas nativas. Más allá de que en todo emprendimiento se genera un determinado impacto, de nuestra parte consideramos que debe ser mínimo. El nombre está relacionado con ello, en el sentido de que por más que nosotros estemos aquí, que las huellas sigan siendo nativas, que la flora y la fauna continúen siendo protagonistas exclusivos».

En poco tiempo, iniciarán el trámite ante el Ministerio de Ambiente para declarar a Huellas Nativas como reserva privada.

Además, les gustaría ser parte del Geoparque Manantiales Serranos.

Actividades

La propuesta abrió las puertas al público en junio de 2024. «En ese momento, invitamos a amigos y conocidos e hicimos algunas actividades. Así cristalizó la idea que veníamos construyendo desde hacía un tiempo», prosiguió.

Entre las reglas internas, se determinó un máximo de personas (15) que ingresa al establecimiento durante las diferentes actividades que en él se realizan. «Somos un emprendimiento de ecoturismo, rural y sostenible. Las casas y los senderos también fueron diagramados con un enfoque de conservación y de educación ambiental».

Recientemente, en Huellas Nativas se llevó a cabo una jornada de avistamiento de aves junto al naturalista y ornitólogo Gabriel Rocha, de Aves ACUO, «una autoridad en la materia en Latinoamérica. También realizamos jornadas de senderismo interpretativo, trabajamos con guías expertos, especialistas en biodiversidad, en naturaleza, técnicos en gestión y conservación de áreas naturales que integran una cooperativa técnica. Realizamos caminatas por nuestra red de senderos de aproximadamente 2km de extensión, situada en un 90% en el monte nativo que es cruzado por cañadas y que cuenta con una infraestructura sustentable por el tipo de material empleado dentro de un microclima muy especial, con una biodiversidad impresionante».

Para la realización de la red de senderos, «se cortaron solo especies exóticas e invasoras, apuntando a la sustentabilidad y a la preservación de todo lo autóctono, con reglas precisas cuando se transita por ellos. Se camina exclusivamente por el sendero, sin hacer ruido, se apaga el celular o, al menos, se lo lleva en silencio para que la gente pueda tomar fotografías del lugar, siempre munidos de bolsitas para no afectar el ambiente con algún material que pudiera descartarse en la zona».

Que cada grupo esté integrado por 15 personas como máximo, «nos permite manejarlo de una forma adecuada y que el impacto sea el mínimo posible. No permitimos un número mayor porque iríamos en contra de las reglas que establecimos. En general, hacemos cuatro jornadas al mes. En cierta medida, quisiéramos hacer más, pero, sinceramente, me sentiría incómodo: estaríamos actuando en contra de nuestra filosofía. Se nos escaparía de las manos, porque el impacto sería mucho más grande. Estaríamos yendo en contra del espíritu de nuestro emprendimiento, de su esencia», evaluó.

Disfrutar del cielo nocturno es otra de las atracciones de Huellas Nativas. «Realizamos caminatas de luna llena y también de luna nueva, las cuales son bien diferentes. En la noche, el cielo de la caminata de la luna nueva se asemeja a un arbolito de Navidad, es impresionante. Si bien se notan un poco las luces de Minas -estamos a 15km de la ciudad-, el cielo es maravilloso, al igual que la frescura del aire y del ambiente, los silencios, todo te invita a desconectarte inmediatamente, más allá de la educación ambiental, de pasar muy lindos momentos en un ambiente absolutamente sano, porque en las jornadas brindamos un almuerzo saludable, luego de habernos provisto de productos locales, tanto de Minas como de la zona».

Una experiencia única

«La parte vivencial, las experiencias que se viven en Huellas Nativas son lo más importante de todo, la posibilidad de estar en un espacio natural, limpio, saludable, sustentable, en el cual, además, uno puede aprender y desconectarse», valoró nuestro entrevistado, para quien, ante todo, se trata de «una experiencia única, personal e intransferible. Estoy convencido que deja huellas en el sentido del concepto que manejamos sobre el relacionamiento con la naturaleza, vinculado a lo espiritual y a lo emocional».

«La gente queda encantada, en paz luego de un par de horas de pleno disfrute, de haberse escapado de la cotidianeidad, de los problemas y haber podido activar un montón de sensaciones», relató con alegría. «Es bárbaro, nos reímos, aprendemos, nos emocionamos, participamos del avistamiento de aves, del senderismo interpretativo, de la caminata de luna llena, de la caminata de luna nueva y de practicar yoga en un entorno maravilloso», expresó Andrés Cikato.

Al final de cada jornada, «y como parte de un programa de conservación y de agradecimiento a la Madre Tierra, con cada grupo plantamos una especie nativa para la cual el propio grupo elige un nombre simbólico para identificarla. Todo esto hace de cada jornada una experiencia hermosa, que no puede traducirse en palabras, simplemente se vivencia».

«El nuestro es un emprendimiento de redes sociales», definió «con mucho orgullo», porque es a través de Instagram y de Facebook que desde Huellas Nativas «compartimos toda la información que generamos sobre la flora, la fauna, acercade nuestra casa de campo, que es sustentable, donde nos proveemos de agua de lluvia y de energía a través de paneles solares. Las redes sociales son nuestro medio de comunicación y en ellas publicitamos nuestras actividades, en un ida y vuelta con la gente, con nuestros seguidores que arman los grupos. A su vez, con una empresa gestionamos el traslado de las personas que nos visitan desde Montevideo. Se trata de una camioneta que nos sirve también en el sentido que minimiza la cantidad de autos en nuestro establecimiento, lo cual hace que el impacto sea menor. Generamos esa confianza con la gente, algo que nos parece fundamental porque a partir de ello se conforman los grupos con un máximo de 15 integrantes», continuó. A su vez, el número de celular de contacto es el 099 641 747.

Huellas Nativas contempla también la posibilidad de que el lugar sea contratado, por ejemplo, para la realización de retiros de yoga, «siempre manteniendo las reglas del lugar. Tenemos un formulario de inscripción donde dejamos en claro cuáles son las reglas y cuáles las consecuencias en caso de que no sean cumplidas debidamente».

Como titular de Huellas Nativas, Andrés Cikato está en contacto con operadores turísticos a través de una iniciativa del Centro Comercial e Industrial de Lavalleja, así como con las nuevas autoridades departamentales, «con la intención de promover el turismo en Lavalleja y trabajar en conjunto para crear circuitos turísticos, propuestas que bien pueden complementarse con las típicas de sol y playas del departamento de Maldonado».