Bajo la consigna “Comunidades diversas: contra todas las violencias” se desarrolla el Mes de la Diversidad. Promueve el respeto y la lucha contra todas las violencias. En ese marco, mañana lunes, Karina Núñez, fundadora del Colectivo OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), entre otras organizaciones, brindará una charla sobre Trabajo Sexual: ¿Qué tan lejos estamos del problema o de la solución? Será en la sede minuana de la Federación ANCAP a las 19:00 horas, organizada por el Colectivo Diversidad Lavalleja y para la que invita el Plenario Intersindical de Lavalleja.
Se trata de un relato crudo, honesto, directo, sin edulcorantes, ni eufemismos. Karina Núñez comparte parte de su vida con Primera Página Dominical.
De niña, ¿tenía idea de qué querías ser cuando fueras grande?
Quería ser maestra (también policía, pero se me pasó rápido -risas-). En ese entonces tenía a mi padre preso (fue un preso político) y nosotros nos iluminábamos con lámparas a kerosene para estudiar hasta que mamá volviera y nos ayudara con los deberes. Teníamos unos bollones de vidrio, se les hacía un agujero para el mechero, comprábamos kerosene y de ese modo se prendía la lámpara para hacer la tarea escolar. Cuando llegábamos a la escuela, Virginia, mi maestra, antes de que hiciéramos la fila y de tomar distancia como se hacía en esa época, nos paraba en el patio y con un pañuelito nos limpiaba el hollín que nos había quedado en la nariz y en las orejas. Por supuesto, nosotros nos lavábamos la cara, pero el hollín seguía. Eso lo hacía la maestra todos los días, antes de que pasáramos al comedor, porque hasta ese momento los compañeros se burlaban de nosotros. La maestra siempre nos cuidó, fue una figura importante para mi. Por eso yo deseaba ser maestra. Ella fue mi docente entre los 7 y los 9 años.
Pero la vida empezó a cambiar bruscamente.
A los 12 años mi vida tuvo un vuelco tremendo, pero bueno, acá estamos.
No pudiste cumplir tu sueño de niña...
No, no pude lograrlo. Además, comencé a descreer, a desconfiar de la gente que conocía en un espacio público, en alguna oficina pública. Viví la adolescencia en Fray Bentos, donde comencé el liceo. Para esa época ya estaba en el trabajo sexual, en la etapa de explotación sexual como corresponde llamarlo porque era menor de edad. Pueblo chico, siempre fui revoltosa, peleadora en el barrio, siempre andaba a las trompadas con alguno, no era muy ‘domesticada’, por decirlo de alguna manera. Cuando iba a algún lugar, al saber a qué me dedicaba, siempre me trataban mal. En esa época trabajaba en el puerto. Los compañeros de liceo se enteraron y me hicieron de todo. Entraban al baño desnudos queriendo abusar de mi. No fue fácil, pero cursé cuatro años de Secundaria, hasta que me cansé. Eran todos problemas porque todos me veían como una puta, porque nadie te llamaba trabajadora sexual.
¿Cuál fue el momento más complejo que has atravesado en tu vida?
Cuando la jueza me notificó que me había retirado la custodia de mis hijos. Me corté las venas. Estábamos en Durazno. Mi compañera llegó y yo, al estar tan drogada y borracha, pensó que le había gastado todo el esmalte. Luego, cuando empezó a gritar, yo me recompuse y tomé dimensión de lo que había hecho. Por eso estoy viva.
Pese a todas las dificultades elegiste luchar.
En realidad no elegí la lucha; yo nací luchando. Es algo que viene contigo, primero contra el sistema, contra quienes consideraron que yo no debía existir. Yo nací luchando. No es que un día estaba sobre un colchón de plumas y me dije: bueno, voy a luchar un ratito a ver cómo se siente. Nací un 30 de diciembre. A esto me lo contó la niñera que me cuidaba, contratada por mi madre. Vivíamos cerca de la whiskería. 30 de diciembre… mi mamá estaba totalmente borracha y rompió bolsa. La subieron a una camioneta y la llevaron al sanatorio. Al llegar, la partera le apretó las piernas y le dijo: en mi turno, una puta no va a parir. Tuvieron que llevarla de vuelta a la camioneta y trasladarla al hospital. Desde el primer instante de mi vida estoy luchando, es constitutivo.
¿Cuándo sentiste la necesidad de organizar a tus compañeras en defensa de sus derechos?
Considero que todas las mujeres tenemos pequeñas batallas todos los santos días: luchar contra el sistema de opresión que tenemos a las internas de nuestro espacio y la lucha externa, la que se dice ‘empoderante’ y visible y no sé cuántas cosas más, porque te ponen etiquetas para todo. Fue a partir de que nueve fiolos me dejaran 11 días en un CTI y con tres meses por delante para volver a caminar. Fue muy injusto. En mi trabajo nunca había robado a algún cliente, nunca me había quedado con plata que no fuera mía, ni de un cliente, ni de alguna compañera, nunca había cometido algún delito, ni le había pegado alguna ‘peste’ a alguien. Cuando fui a denunciar lo que me habían hecho, en la seccional policial nadie me dio una respuesta, no les interesó todo lo que había sufrido. Pensé: si yo hago las cosas bien, me cuido, cuido a los clientes, ¿por qué me está pasando esto? Nadie me defendió en ese momento. Como trabajadora sexual, ante la sociedad era indefendible, porque te hacen saber que todo lo malo que pasa en tu vida te pasa por puta. Es una construcción social que se hace en base a ser una trabajadora sexual visible, porque, ¡cuidado!: sos una trabajadora sexual visible y pobre, claro. Hay personas que se prostituyen en los altos y medios estratos sociales, pero esas no son putas, son grandes señoras y a ellas no se las cuestiona. Solamente si son pobres las cuestionan. Con las prostitutas VIP es totalmente diferente: las romantizan, pasean con su ‘sugar daddy’, divinas, posteando fotos en las redes sociales, mientras una gurisa que está sentada en la plaza, robando wifi con el celular de la madre que trabaja 22 horas de empleada doméstica para darle lo poco que tiene y la gurisa, seguramente, come solo una vez al día en el comedor, mientras los explotadores de la madre la tienen limpiándole la mugre para que ellos salgan a hacerse los grandes patrones. La gurisa ve todo eso en las redes sociales y estas otras, las VIP, quieren que la gurisa sea limpiadora, igual que su madre. Nuestro trabajo tiene un alto grado de aporofobia. Es una detonante cuando quieres salirte de la actividad y no te lo permiten porque para entrar se piensa en el litro de leche para el gurí, en una botella de agua, una garrafa de gas, pero para sacarte son tantos los dedos acusadores y los estigmas que es casi imposible. Y si salís viva, si salís cuerda, no es nada fácil poder construir una nueva forma de vida por fuera del trabajo sexual.
Es perverso.
Por supuesto. Así funciona este sistema, con la complicidad de la sociedad.
Brindarás una charla en Minas. ¿Qué puedes adelantarnos al respecto?
Iré como integrante del Grupo Visión Nocturna, el que forma parte de la Comisión Nacional de Trabajo Sexual en representación de las trabajadoras sexuales del litoral y norte del país y de las trabajadoras sexuales adultas mayores. En su momento, fui fundadora del Colectivo OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), de cuatro cooperativas de vivienda y de una cooperativa de trabajo. Yo fundo las cosas y pongo a las compañeras en funciones; no me quedo con las cosas. Genero cosas, no me adueño de ellas. Cuando iniciamos este camino, no había organizaciones que defendieran los derechos de las trabajadoras sexuales. Lucho para que las compañeras se apropien de los espacios que vamos construyendo. Otro grupo, Nuevo Amanecer, está acompañado por la Diócesis de San José y otro, Visión Nocturna, en Salto, conformado por compañeras adultas mayores del Parque Deportivo de Salto está acompañado por MIDES Salto. Sobre la dinámica de la charla, va a estar orientada a dos proyectos que se manejan en la actualidad y a cómo impactan en la vida de las trabajadoras sexuales, aterrizándolos a Minas, que tiene mucho trabajo sexual en ciertos períodos, con diferencias en relación al interior del departamento, donde, si se concreta el proyecto en Casupá, se generará un movimiento diferente, o lo relacionado a grandes emprendimientos productivos y de trabajo zafral, como pasa con el arroz, el trigo y la forestación, para que la minuana de a pie pueda estar acompañada en los procesos de salida del trabajo sexual y pueda acceder a los derechos que usufructúa el resto de la ciudadanía, como corresponde.