En horas comenzará una nueva edición de la Noche de la Nostalgia. Si bien el evento ha desvirtuado la esencia con la que fuera concebido, continúa siendo un valioso motivo para recordar canciones de décadas pretéritas y a músicos que marcaron época al interpretarlas. Cientos de fiestas en todo el país... En la previa de una noche especial, Primera Página Dominical dialogó con Omar Sanz Errazquin, protagonista de un tiempo esplendoroso de las bandas minuanas, semillero de artistas que han inspirado a las nuevas generaciones.
NOSTALGIA A LA URUGUAYA
Cada 24 de agosto, la Noche de la Nostalgia es un clásico en nuestro país, recordando y disfrutando la música de los años ‘60, ‘70, ‘80 y ‘90. Es, según se conoce, el evento uruguayo de mayor convocatoria en cuanto a salidas nocturnas.
El 24 de agosto de 1978, un grupo propietario de CX-32 Radio Mundo, organizaba un baile con «viejos éxitos de la música», los famosos old hits-. En los años ’80, el empresario Pablo Lecueder utilizó la víspera del 25 de agosto (Declaratoria de la Independencia), feriado en nuestro país, para crear una fiesta destinada a recordar y bailar los old hits.
La idea de estas primeras fiestas era salir a bailar con la música de finales del ‘60 y comienzos del ‘70 que ha perdurado, ya sea por su vigencia, sus cantantes, su letra o su promoción. Son comunes los temas de Queen, Simon and Garfunkel, Cat Stevens, Beatles, Dire Straits, Supertramp, Elvis Presley, Barry Manilow, Bee Gees y de John Travolta, la música disco, los new romantics, etc.
Como cada año, desde los primeros días de agosto, las radios emiten difunden la «vieja música» con aquellos «grandes» de la canción. Con el correr de los años, se han incorporado temas de los ‘80 y ‘90.
Con el pasar de los años, varios empresarios del rubro entretenimiento, amigos, familiares comenzaron a hacer otras fiestas de la nostalgia. Rápidamente el mercado y la demanda crecieron y se produjeron diferentes fiestas para distintos públicos, con una variada gama de precios, fiestas del reencuentro, cenas shows y hasta fiestas de anti nostalgia para quienes quieren salir ese día y no se encuentran identificados con la temática.
Esta fiesta se ha convertido en un negocio y es un foco comercial importante en el ambiente del entretenimiento que dinamiza la actividad de restaurantes, discotecas, DJ´s, empresas de catering, alquiler de infraestructuras para fiestas, de servicios de seguridad, de iluminación, amplificación, transportes, promotoras y hoteles de alta rotatividad, con promociones especiales por la noche.
El 26 de agosto de 2004, mediante la Ley 17.825, esta fiesta fue denominada en forma oficial «Noche de la Nostalgia», agregando su artículo 2° «El Ministerio de Turismo incluirá en los eventos de carácter turístico a la ‘Noche de la Nostalgia’, promocionando la misma en el exterior a través de Embajadas, Consulados y oficinas comerciales».
EFERVESCENCIA
Omar Sanz Errazquin fue protagonista de un tiempo en el que brillaron Los Rocker’s (banda en la que se destacó), Galaxia, Psiquis, La Arrugadora, La Inestable, Odisea, Órbita ‘67, Los Fink’s, y, en otros géneros musicales, Súper Combo y Fantasía Tropical, junto a las orquestas de tango. Otras épocas…
«Fue un fenómeno tremendo. De alguna manera, todos fuimos pioneros, entre la discoteca y la actuación en vivo. Anteriormente todo era en vivo y la discoteca estaba en un segundo plano. Marcó una época porque si no había una banda en vivo, el baile no existía», afirmó Omar Sanz.
Décadas atrás, las costumbres eran bien distintas a las actuales. «Los bailes comenzaban sobre las 10 de la noche, tocábamos media hora, descansábamos ese mismo tiempo, entraba otro grupo, y las fiestas no concluían al amanecer sino mucho antes».
Con Los Rocker’s «tocábamos todos los sábados», tanto en el Centro Democrático como en el Club Minas, «hasta que después apareció un local cercano al estadio, El Tropicana, ubicado en continuación de calle Roosevelt, donde después estuvieron los galpones de Coca-Cola». También se estilaban los bailes en las escuelas, en la de barrio Estación, «que eran un golazo, un clásico, imponentes», al igual que en Las Delicias y el Salón de Actos del Liceo Fabini, «un lugar precioso. Ahí vi a conjuntos como Los Querubines, de Pando, o Psiglo, cuyos integrantes parecían de otro planeta. Estaban Los Rocker’s, Galaxia y Psiglo en bailes impresionantes», comentó nuestro entrevistado.
Mencionó también los conciertos en Cine Doré, con lleno total e invitados como Gabriel Estrada, las hermanas Lucas, Santiago Chalar o Héctor Bonny, «quien cantaba melódico en Órbita. Había un movimiento cultural impresionante, sobre todo a nivel musical. Todos teníamos un estilo propio y un público determinado que nos seguía en cada espectáculo».
Todo funcionaba de otra manera, de un modo artesanal, por así decirlo. Era impensado que las bandas minuanas tuvieran representantes que les gestionara actuaciones. Sanz recuerda que sí lo tenía en ese momento Rúben Rada. «Su manager era Alfonso López Domínguez y lo recuerdo porque en una oportunidad vino a Minas y vio tocar con Los Rocker’s en el Centro Democrático. Tras esa actuación escribió un artículo en diario La Unión en el cual elogió nuestra performance, lo cual nos motivó a continuar el camino que transitábamos».
AQUELLOS AÑOS
Omar Sanz quisiera nombrar a todos los músicos y a todas las bandas de aquella época. Sin el espacio suficiente como para hacerlo, manifiesta especialmente que «a todos los recuerdo con idéntico cariño y admiración». Refirió al Sexteto Electrónico Moderno, al maestro Julio Frade y a su orquesta, a Rúben Rada, a César ‘Banana’ Pueyrredón y a Los Iracundos, artistas y bandas que solían cautivar al público minuano en aquel tiempo. «El club Sportivo Minas tenía su local bailable en calle Sarandí, entre Batlle y Washington Beltrán, donde ahora hay una casa de remates. ¡Se armaban tremendos bailes con Winston Boer y con Los Iracundos!», exclamó. Recordó a Fantasía, un conjunto que llegaba desde el departamento de Colonia, «lejos, el mejor conjunto de todo el país realizando covers. No conocí a otro grupo que tocara tan bien en esa época. Cuando venía Fantasía quedábamos ‘muertos’. Era muy bueno, muy bueno. A Los Querubines, de Pando, era divino verlos tocar. También Quo vadis, con el minuano Omar Estrada que la rompía en el Club Minas. Teníamos la oportunidad de ver a músicos que venían desde Montevideo, como Mario ‘Chichito’ Cabral, con Julio Frade. ¡Inolvidable!».
Por aquellos años, Omar vivía en la casa de sus padres, no pagaba alquiler, estudiaba y con sus presentaciones en Los Rocker’s obtenía lo que hoy considera «un sueldo». Es decir, como joven de aquella época, «me daba para hacerme algún que otro gustito. En el grupo teníamos una cooperativa -creo que era algo que hacían todos los conjuntos- y cuando tocábamos, el dinero recaudado iba a un fondo común que utilizábamos para la compra de equipos. En aquella época salían equipos todo el tiempo y tratábamos de tenerlos por lo que, en realidad, no veíamos un vintén. Al dinero que recibíamos lo reinvertíamos, más allá de que en oportunidades puntuales sobrara algo y lo repartimos entre todos los integrantes de la banda».
Comprar una guitarra Fender era un acontecimiento en sí mismo. Sus compañeros en Los Rocker’s se unieron y posibilitaron que Omar accediera a esa preciada ‘herramienta de trabajo’, la cual «sonaba que era una maravilla».
También tocaban temas de Bee Gees. «Estaba el famoso piano Rhodes, que hasta el día de hoy es usado por diferentes bandas. Lo trajimos de California, un teclado impresionante, brutal. Todos éramos apasionados de la música, desde muy chicos, era una locura, desde que salieron Los Beatles», rememoró.
¿RIVALIDADES?
«Nosotros le metíamos lo mejor que podíamos. Tal vez, se diera cierta rivalidad en el sentido de quién tenía más trabajo, pero no pasaba de eso, no en el sentido de que ‘fulano toca mejor que yo’ o cosas por el estilo», aclaró Omar Sanz.
A modo de ejemplo, Los Fink’s «sonaban muy bien y tal vez ellos nos miraban a nosotros y sentían que Los Rocker’s lo hacían del mismo modo. No pasaba de eso. Había días en los cuales estaba José Pedro Beledo. Tomaba la guitarra y me daba una ‘paliza’ que me ‘mataba’. Hasta el día de hoy no puedo agarrarlo, ni cerca». A su vez, «me encantaba la forma de cantar de Roberto Hernández, en Los Fink’s. Tenía una calidez que hacía que yo quedaba ‘de cara’. Estaba Nelson García, en Órbita ’67, quien después se radicó en Colonia y fue director de la orquesta municipal de aquel departamento. Otro gran cantante es Omar Estrada, quien por aquellos años cantaba con Galaxia. Era excepcional su versión de My Love, de Paul McCartney. Yo alcancé a decirlo en ese mismo momento: ¡Canta mejor que Paul! Omar se cantaba todo y yo me moría mirándolo, sin rivalidad alguna. Entre todos aprendíamos, ‘robando piques’ por todos lados. Nunca pude cantar como Omar (Estrada), ni pude tocar como José (Beledo). Cada uno hace lo que puede y es diferente», reflexionó.
NUEVOS VALORES
Pasó aquella época fermental de la música minuana y décadas después irrumpieron nuevos valores como Álvaro Tellechea, «líder de Rosas Negras, junto con Miguel Barreiro y Diego Munúa. Ellos también marcaron época dentro del rock minuano y con repercusión nacional. A Alvarito lo recuerdo con gran cariño. Éramos vecinos, fuimos compañeros en la Banda, más allá de que había una diferencia de edad entre nosotros. Alcanzamos a hacer algunas cosas juntos, como un concierto en San Francisco de Las Sierras, donde hicimos Los Fink’s and Friends, allá por el 2000, un concierto con canciones de Los Beatles, con Roberto Hernández, el Nene Romeu, Hugo Marmolejo, Diego Munúa y Gerardo Alonso, entre otros. Fue una cena show inolvidable».
RECORDAR Y HOMENAJEAR
Omar Sanz nos cuenta que en la actualidad está “semi vigente”. Jubilado hace un año, “hago trabajos puntuales”. Esta noche se presentará en el Argentino Hotel de Piriápolis con el Grupo Canela, de Maldonado, dirigido por Mario Rodríguez. “‘Dale, Omar, que no te entre la vejez, me dijo. Le respondí: ‘Está bien, pero mira que voy solamente al 24’. Terminé con el tema de los bailes, lo liquidé. Me gustaría seguir tocando con los compañeros que quedan de Los Rocker’s y con amigos de otras bandas, de aquella época, en eventos puntuales, como puede ser en el marco de la Semana de Lavalleja. Sería fantástico poder contar con un espacio para recordar y para homenajear a los compañeros que ya no están, como a Alexis Alegre, a Graciela Lucas, que se nos fue temprano, a Provence Rezk, el baterista de Odisea y a Rulo Baserga, entre otros”, expresó al comentar una idea que esperemos pueda concretarse. Sería un acto de estricta justicia con una generación de músicos minuanos que dejó marcada una impronta aún vigente.