Hace setenta años el Uruguay era muy diferente. A nivel político se transitaba un segundo gobierno colegiado batllista, mientras la economía (luego de años de bonanza) se desaceleraba. A nivel local, los destinos departamentales eran dirigidos por un Concejo de Administración de cinco miembros cuyo presidente era Sarandí Martorell. En nuestra ciudad, el adoquinado comenzaba a ceder paso al hormigonado, mientras a pocos kilómetros, se comenzaba a construir la Fábrica de Portland ANCAP. En lo turístico, hacía menos de diez años que Villa Serrana y el Parque de UTE recibían visitantes, y en lo deportivo, aún faltaba un año para inaugurar el Estadio Municipal. En lo que refiere a lo cultura, hacía cinco años habíamos perdido al músico Eduardo Fabini y al escritor Manuel Benavente, tras que había fallecido el poeta Guillermo Cuadri, en los mismos meses en que hacía el centenario del deceso de Lavalleja. Este último centenario, ameritó toda clase de homenajes, entre ellos, la realización de un concurso poético a nivel nacional, del cual resultó ganador Osiris Rodríguez Castillos con su Romance para el General Lavalleja. En ese año 1953, tan simbólico, se colocaría la piedra fundamental de la Casa de la Cultura.

LA CASA DE LA CULTURA: DOSSETTI Y UN LUGAR ESPECIAL

Hablar de la Casa de la Cultura, inaugurada el 25 de agosto de 1955, es referirse indirectamente a la figura del gran escritor Santiago Dossetti, su iniciador, figura estelar de la cultura de nuestra tierra, incansable divulgador y gestor si los hubo. La elección de dicho inmueble y de esa fecha muestran el simbolismo latente en aquellas épocas, donde una fecha patria era el mejor momento para erigir una institución, así como la elección de un inmueble de significación popular e histórica, el mejor lugar para el mismo. La casa de Lavalleja era el soporte ideal para que una institución cultural permaneciera, y Santiago conocía muy bien el simbolismo que siempre tuvo para los minuanos. El inmueble ya había sido expropiado en 1888, en el mismo año en que Minas pasó a ser ciudad. En los primeros años del siglo XX, con motivo de la inauguración del Monumento a Lavalleja en Plaza Libertad, el lugar fue visitado y fotografiado como uno de los símbolos de la figura de nuestro héroe. Desde 1927 albergó a la Biblioteca Municipal Gral Lavalleja, en el mismo año en que el departamento pasó a llevar el nombre del libertador. Desde 1953, en el centenario de la muerte de Lavalleja, una Comisión Popular, presidida por el entonces Intendente, Pedro Zabalza, coordinó la realización de obras a fin de crear el Salón de Exposiciones y otros rincones del mismo. Durante esos dos años, se recibieron múltiples donaciones, entre ellas las que la viuda de Fabini, Ema Suárez, realizara expresamente a Dossetti, con el fin de crear la sala que lleva el nombre del músico.

EL ACTO DE INAUGURACIÓN

La Casa de la Cultura fue inaugurada el jueves 25 de agosto de 1955, y el acto comenzó a las 16 horas. Allí, en el patio de la casa se entonaría el Himno Nacional y dos temas corales de Fabini, a cargo del coro del Conservatorio Municipal que dirigía Nestor Rosa Giffuni. Seguidamente, Santiago Dossetti diría un simbólico y emotivo discurso, tal como era común en él. A este, le siguieron las palabras del Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social, Renán Rodríguez, para finalmente declamarse la Oda a Eduardo Fabini, a cargo de su autor, el poeta Carlos Sabat Ercasty. Finalmente, se daría habilitación a la Sala de Exposiciones y la Sala Eduardo Fabini. Cabe agregar que durante esa jornada se expondrían obras de Horacio Espondaburu, uno de nuestros primeros pintores (fallecido en 1902), que fuera discípulo de Blanes, y que por aquellos años se encontraba ciertamente olvidado.

EL DISCURSO DE DOSSETTI

El gran gestor de todo este proceso, Santiago Dossetti, compartió en aquel acto uno de sus tantos admirables discursos. La elocuencia y oratoria durante los actos públicos siempre fue una de sus facetas más destacadas, la cual complementaba a la de escritor. El mismo fue recogido por la Revista Minas en su publicación Minas: hitos de su historia (publicado ese mismo año), y al leerlo, uno no puede menos que sentir admiración y orgullo por ese sitio elegido. En él, se habla de la importancia que tienen esas paredes “empotradas y raigales” de la casa natal del prócer, las cuales proclamaban su vigencia y docencia para todos los habitantes. Se nos dice que establecer esa institución allí era seguir el camino de los hombres de 1825, y que lejos de querer hacerse un monumento frío, la Casa de la Cultura se pretendía vivir “en el porvenir y en el pueblo”. Dicha inauguración era un acto de “fe en las instituciones”, y el mismo contaría con un “programa universal”, haciendo de la Casa de la Cultura un “sitio de encuentros fermentales para las generaciones”. El espíritu de Lavalleja siempre está presente en el discurso de Santiago, pero también lo está el de Fabini, quien en la donación hecha por su familia, seguiría viviendo junto a su pueblo. Escuchar a Dossetti era escuchar a un letrado, a un lector de pueblos, pero también alguien con sentido social, por eso entre las líneas de su discurso destaca una frase hermosa y llena de sensibilidad que dice: “La cultura debe ser una forma de servicio elemental a la libertad. Pero se frustraría como doctrina y como sueño si no estuviera al servicio de la fraternidad humana. Importa tanto ser libre y culto como ser bueno”. Con ese sentir fraterno, bajo la voz de Dossetti iniciaba su camino la Casa de la Cultura.

Pablo Martín Baubeta

Bibliotecario