Hablemos es el título de la charla que brinda el actor, director y guionista argentino Gastón Pauls sobre la prevención de adicciones. A partir de su experiencia personal, tras tocar fondo y pedir ayuda, inició su recuperación. Creó y preside la fundación Casa de la Cultura de la Calle, a través de la que realiza una abnegada tarea que tiene la prevención como su eje central.
Organizada por la Asociación Nacional de Afiliados (ANDA), en su ciclo Charlas con valor, la actividad se desarrolló el jueves en Confitería Irisarri.
Gastón Pauls (Buenos Aires, 17 de enero de 1972) es actor, director de televisión, guionista, presentador de televisión, productor de cine y televisión argentino, protagonista, entre otras películas, de Nueve Reinas, junto a Ricardo Darín.
Es fundador (en 2004) y presidente de la Casa de la Cultura de la Calle (CACUCA), organización no gubernamental. «Una noche me encontré con un grupo de cinco chicos que vivían en situación de calle en pleno consumo. Me acerqué a uno de ellos, de no más de 11 años y le pregunté qué necesitaba. Él me contestó: ‘yo necesito un lugar para expresar lo que me pasa’. Ese fue el punto de partida de este proyecto», comenta Pauls, quien decidió crear un espacio de intercambio que promueve la libertad y la inclusión de todo el tejido social expuesto a los embates del consumo, la segregación y las adicciones, a partir del desarrollo de herramientas y de contenidos orientados a la prevención de adicciones, hábitos y trastornos vinculados con la cultura del consumo a partir del posicionamiento de estos tópicos en la agenda pública y brindando la contención y confianza necesarias para que los chicos y chicas exploren, descubran y reconozcan maneras de expresarse a través de un hecho artístico. A él, la problemática que vivían aquellos cinco chicos, no le resultó ajena. Todo lo contrario, la había sufrido en carne propia. Probó cocaína cuando tenía 17 años, previo a su irrupción en el recordado ciclo Montaña Rusa. Con el alcohol había empezado a los 14 años. «La cocaína (y cualquier adicción) te hace perder la vida, pero no solo muriéndote, te hace perder un abrazo con un hermano, con un amigo, con un hijo. Te hace perder momentos. O sea, yo perdí todo sano juicio, si hasta salí desnudo a la calle. Y ese Gastón hoy no estaría acá, claramente. Yo no me hubiese muerto o estaría muerto en vida. O sea, caminando por la calle con la cabeza perdida. No tengo dudas», declaró en el medio argentino Teleshow el año pasado, donde también contó: «Yo venía a consumir desde las nueve de la mañana del 24 de diciembre. A las seis de la tarde me encerré en mi habitación. Apagué la luz, rompí la persiana para que no entrara ni un rayo de sol y tapé la mirilla con un papelito para que nadie me mirara. Mandé un mensaje a mi familia diciendo que me iba a la playa. Eso les dije. Pero no me fui a ningún lado. Me pasé desde el 24 a las seis de la tarde hasta el 28 a las seis de la tarde, más de 100 horas consumiendo en la oscuridad, con una linterna en la mano a la que le iba cambiando las pilas. Porque no quería ver nada, ni una luz. Ese es el final tarde o temprano de los adictos. Un horror».
Gastón Pauls llegó a pedir ayuda. La encontró y empezó a transitar una nueva etapa en su vida, de recuperación, sabedor que la adicción es una enfermedad crónica, una lucha del día a día. Hasta el año pasado había brindado 600 charlas sobre la temática, tanto en grandes ciudades como en pueblitos de pocos habitantes. El jueves, en salones de Confitería Irisarri, en el ciclo Charlas con valor de la Asociación Nacional de Afiliados (ANDA), compartió su testimonio de vida. Hablemos, se titula su charla, dedicada a la prevención de adicciones. Previo a ella, y en exclusiva, Pauls dialogó con Primera Página Dominical.
Tu notoriedad hizo que la adicción a la cocaína y el proceso de recuperación que viviste también lo fueran. ¿A partir de qué señales, sentiste que habías tocado fondo?
El tema de los fondos en los adictos es algo recurrente y bastante difuso, porque hay un montón de fondos. Uno va llegando al fondo y el fondo no te sirve como alerta ni como alarma, y bajas más, y bajas más, y bajas más y seguís encontrando fondos nuevos, subsuelos nuevos hasta que, en mi caso, después de varias noches sin dormir, de sentir que ya no podía ni respirar, sentí que era el fondo final, por decirlo de alguna manera. Ahí pedí ayuda, primero a Dios y luego a mi pareja.
Sufriste la adicción a una sustancia, la cocaína. ¿De qué forma cambió tu relación con ella? ¿Predomina el miedo hacia algo que tanto daño causó en tu vida, en la de tu familia y en tu entorno?
En el caso de un alcohólico o un ludópata, con la intervención de la adrenalina, es una dependencia absoluta. Más que miedo, hay una rendición total a esa sustancia, a ese comportamiento, a esa compulsión. Lo que uno hace es entregarle su vida. De alguna manera, es lo que te pide a cambio, es como la firma de un contrato diabólico, como que te da el poder que supuestamente vos querés y te pide el alma a cambio, y cuando digo el alma, es literalmente el alma en el caso de la cocaína. Te seca, te bloquea el alma.
En el proceso de recuperación, ¿qué cosas simples de la vida sentiste que comenzabas a apreciar y a valorar nuevamente, las cuales te hicieron sentir que transitabas por el camino correcto?
Lo resumiría en pocas palabras. Después hay un montón de momentos que uno recupera, pero lo primero es la confianza, que es lo primero que pierdes. Crees que vos no puedes sin eso, que no sos sin eso. Entonces, lo primero que empiezas a recuperar es la confianza y a partir de ello recuperas la autoestima, comienza a recuperarse el alma y ahí viene lo más hermoso: empiezas a recuperar tus relaciones, las cuales estaban hasta ese momento en segundo, tercer o décimo noveno plano, con tu padre, con tu madre, con tu familia, con tu pareja, con tus amigos, con el trabajo, con la vida, con el aire, con el oxígeno… Para mí es muy simbólico: yo consumía una droga que se consume por donde entra el oxígeno. Por la nariz ingresa el oxígeno que te permite vivir. Bueno, yo me metí la muerte por donde entra el oxígeno.
¿Qué te llevó a compartir tu testimonio, crear la fundación, dictar charlas y conferencias e insistir en la prevención?
Fue la certeza de que, lamentablemente, la situación con las adicciones no está mejor ahora que hace 17 años y medio, que fue cuando dejé de consumir. En este período de tiempo, la situación es absolutamente más grave porque es más fácil el acceso a las drogas, porque hay drogas nuevas mucho más letales, peligrosas y baratas, porque irrumpió el fentanilo, porque está el crack, porque hay una droga 200 veces más fuerte que el fentanilo… Hay una situación absolutamente desbocada en relación a la oferta, está totalmente fuera de control porque uno puede comprar droga desde el celular y te la traen a la puerta de tu casa, cuando hace 20 años había que ir a ciertos lugares a buscarla. Por otro lado, está el tema de las apuestas, de la ludopatía en general, otra terrible muestra de lo demoledor que es el consumo. Hace 20 años, para apostar había que ir a un casino. Hoy puedo desde mi celular.
Ocurre en todos los ámbitos. Sin estigmatizar, supongo que en el mundo del espectáculo las tentaciones están a la orden del día. Reuniones, fiestas, eventos, el alcohol está siempre presente...
A esta altura, lamentablemente, eso está democratizado, por decirlo de manera simpática. El consumo en una fiesta del medio artístico está presente, pero vas a una fiesta política y hay, al igual que en una fiesta de egresados o en un evento familiar. Todo se festeja brindando con alcohol, un cumpleaños, un casamiento, una despedida de soltero, siendo que en general es la puerta de ingreso hacia otras drogas.
¿Cuáles son tus expectativas a horas de brindar la charla en Minas?
La dinámica es siempre la misma: compartir mi experiencia de dolor y también de encuentro y recuperación. Es un tema que traspasa fronteras de edades, religiones, posiciones políticas. Nos involucra a todos. Mi expectativa es la misma, ante 4.000, 6.000 o 10.000 personas, porque he hablado tanto en un estadio como en un salón pequeño. Si le sirve a una o a dos personas, todo esto habrá tenido sentido.
Muchas gracias por compartir tu testimonio.
A vos, querido. Gracias por amplificar el mensaje. El agradecido soy yo.