El músico y compositor uruguayo Daniel Drexler se encuentra en gira por España. Médico e investigador científico, aprendió a compartir su tiempo con la música, como integrante de una familia de reconocidos artistas. El sábado 16 de agosto, a las 21 horas, compartirá en el Centro Cultural Casa Lorca el mismo espectáculo que presenta en el Viejo Continente.

Daniel Drexler nació en Montevideo el 9 de enero de 1969 y junto a su familia, durante año y medio, vivió el exilio en Israel. Es médico y director técnico del Centro Tinnitus de Montevideo. Además, es compositor y cantante con una larga trayectoria profesional vinculada a la música y las artes. Ha grabado ocho discos de estudio y ha ofrecido conciertos en España, Uruguay, Brasil, Chile, Argentina y México, entre otros países. Es reconocido en Iberoamérica como uno de los principales cancionistas de su generación, habiendo sido galardonado con el Premio Gardel de la Música (Argentina, 2013), entre otros premios nacionales e internacionales.

«Con un pie en sus raíces regionales y otro en el mundo, su trabajo se enmarca en la canción pop con influencia de géneros de la cuenca del Río de la Plata. Sus textos se sumergen en el mundo de la poesía o en el de la ciencia por igual. Su espíritu incansable de búsqueda y experimentación lo ha llevado a tender puentes en varias direcciones: puentes entre ciencia y arte, puentes entre lo racional y lo espiritual, puentes entre algoritmos biológicos y algoritmos de sílice, puentes entre culturas y religiones», se relata sobre su trayectoria artística en su cuenta de Youtube.

INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, MEDICINA CLÍNICA Y MÚSICA

¿Cómo combinar ámbitos tan diferentes como la medicina, la ciencia y la música? ¿O acaso tendrán más similitudes de las que pensamos en una primera instancia?, consultamos como puntapié de la entrevista. «Al principio fue difícil», reconoció. «Tuve etapas en las cuales me sentí muy estresado. Hice el post grado de otorrinolaringología y en paralelo cursé la maestría en neurociencias. Al mismo tiempo, estaba grabando mi segundo disco, Full Time (2001), que se llamaba así porque estaba todo el día ocupado. A esa etapa la sufrí bastante».

Pasó el tiempo. Con 33 o 34 años, «empecé a acomodar las cosas». Desde los 40, «ya las cosas quedaron muy bien acomodadas, porque me dediqué a un área en la medicina que tiene que ver con el sonido y, a su vez, con el tratamiento del tinnitus (percepción de un sonido en los oídos cuando no hay una fuente sonora externa), con estimulación acústica durante el sueño. Desarrollamos un protocolo propio y eso me permitió tener un enfoque de la vida médica bien diferente al de la mayoría de los médicos», explicó.

Daniel Drexler atiende a sus pacientes un día a la semana. El resto de su tiempo lo dedica a la investigación y, por supuesto, «a escribir canciones, a grabarlas y a tocarlas».

En entrevista publicada por diario La Nación, de Argentina, en noviembre de 2022, Drexler declaraba que «iniciar un proyecto de investigación es muy parecido a grabar un disco, por la motivación que hay que tener atrás, por la confianza, por el amor». Le pedimos que profundizara en ese concepto. «Es lo que me pasó luego de sentirme disociado en dos mundos que no tenían mucho que ver entre sí, el de la medicina clínica y el de la música. Cuando empecé a trabajar en investigación sentí inmediatamente gran familiaridad: para mantener un proyecto de investigación, tienes que pensar, tener ideas, motivación, aplomo y paciencia, un montón de aspectos que conocía del proceso de grabar un disco. Debes tener fe, una fe a veces atea, pero fe al fin y al cabo». Resulta extraño oír a un científico hablar de fe y se lo comentamos. «Te entiendo, por eso hablo de una fe pagana. Igual, te cuento que en el laboratorio siempre prendo una velita. Les digo a los pacientes que estamos haciendo ciencia y que también viene bien prender una vela cada tanto. Entré a sentirme muy cómodo en ese ambiente de incertidumbre, el de la investigación; ya lo conocía física y sensorialmente en la música».

Son muchos los puntos de contacto entre las disciplinas en las que se mueve Daniel como pez en el agua. «En ambos casos sabes que comienzas con una idea que va a tener 3 o 4 años en desarrollarse, que en el medio te vas a venir abajo y que, de repente, en 2 o 3 días todo sale adelante de nuevo y te pones optimista. Es exactamente el mismo proceso que en la grabación de un disco».

EN FAMILIA

A su pasión por la música la comparte con sus hermanos: Jorge, Paula y Diego. Es parte de una tradición familiar desde siempre. Alfredo Zitarrosa y más frecuentemente Daniel Viglietti («fue prácticamente un tío mío») visitaban la casa familiar. Por ello a Daniel Drexler le gusta que se note que tiene esa raíz musical, la influencia de ambos junto con la de Chico Buarque y Caetano Veloso, y también de John Lennon y Leonard Cohen.

«Mis padres eran otorrinolaringólogos. Les gustaba mucho la música. A mi viejo también le gustaba mucho la literatura y el cine. Del lado del hermano de mi madre, estaba el tío Chiquito, el padre de Ana Prada. Es ingeniero agrónomo y también un gran músico -toca el piano y la guitarra-. Nos dio la primera guitarra. Una guitarra mexicana y se le dio a Jorge, mi hermano mayor. En ella todos aprendimos a tocar», recordó.

El tío Chiquito también les regaló a los hermanos Drexler su primera tabla de surf, «la primera que jugó en La Paloma en la década de ‘60. Entonces creo que este tío, Chiquito Prada, de alguna manera nos marcó el rumbo en dos cosas que siguen siendo fundamentales en nuestras vidas».

LA COMPOSICIÓN

Daniel Drexler es reconocido por su estilo a la hora de componer canciones. Ha forjado un sello distintivo, una personalidad artística propia. Al analizarlo, declara que compone «por una cuestión de placer y hasta terapéutica. Me di cuenta de eso con los años. Para mí, siempre, en los momentos de estrés de mi vida, componer ha sido una válvula de escape, un refugio de resiliencia», enfatizó.

«Ya fuera porque estaba por rendir un examen o porque tenía problemas afectivos, o económicos, he agarrado la guitarra y empezado a componer como loco. No pensaba mucho en eso, en que fuera una estrategia. Componía lo que me salía y sigue siendo así hasta hoy en día», afirma.

Se siente privilegiado al contar con esta herramienta, sobre todo en los momentos de mayor adversidad. «El año pasado falleció mi viejo. Fue un momento duro y me refugié en la composición, en agarrar una guitarra y tocar, y tocar, y tocar. Nunca me plantee hacer las cosas de tal o cual manera, o diferenciarme de Jorge, o de Diego, o de Paula, mis hermanos. Las cosas salieron como tenían que salir». Se siente feliz porque «a esta altura la vida, la composición siga saliendo de ese modo».

TECHO BAJO

Daniel Drexler, como decíamos, tiene una trayectoria reconocida a nivel internacional. Su arte está plenamente consolidado. Por ese motivo era importante conocer su opinión acerca de lo que ocurre actualmente en Uruguay con los artistas emergentes. «En este momento estoy de gira en España, hace dos meses que ando por acá, viendo gente de todos lados. Considero que, para empezar un proyecto propio, es más fácil Uruguay que España. Ni qué hablar que es más fácil Uruguay que Brasil, Argentina, México, que son lugares que conozco de primera mano. En Uruguay hay apoyos a los cuales se puede acceder. Somos pocos y nos conocemos todos… Se puede acceder al Fondo Nacional de Música (FONAM), a apoyos de la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU), al Fondo de Incentivo Cultural del Ministerio de Educación y Cultura, y se puede acceder muy fácil a los medios de comunicación. Es normal que estés sacando un disco en Uruguay y te hagan una nota en la tele o en la radio. Obviamente, cuando uno recién arranca, tiene que labrarse su camino», analizó.

Sostuvo que las mayores dificultades se dan en una etapa posterior. «Uruguay es un maravilloso vivero donde germina un montón de plantines. El gran problema es el techo. Rápidamente tocas el techo y cuando eso sucede quedas ahogado, porque muchas veces nos olvidamos de que Uruguay entero es un barrio de San Pablo. Es un tema de escala. Es un país muy pequeño, no en tamaño, sino en población y entonces muy rápido llegas a un lugar en el que no puedes pedirle a una ciudad como Montevideo que te dé 28 conciertos por año. Nadie se lo pide a Madrid, nadie se lo pide a San Pablo. Considero que el gran problema de los músicos uruguayos es ese».

A su vez, considera que el país se encuentra disociado entre lo que ocurre en Montevideo y en el interior. «El circuito que manejas en Montevideo no dialoga mucho con el circuito del interior, o con el de los festivales folklóricos. Entonces es más grave todavía. Si no encuentras la manera de saltar hacia afuera del país, o de poder romper con la barrera que hay entre Montevideo y el interior, es muy difícil desarrollar una carrera que te permita vivir. Pero a la hora de arrancar, Uruguay es un germinador ideal, un lugar donde hay una creatividad enorme, una gran cultura del ocio creativo, donde hay una gran tradición cultural en la literatura, en la pintura, en el teatro y hasta en el cine».

Dentro de lo positivo del comienzo, agregó que «tienes en la mano una paleta enorme de géneros, desde los folklóricos hasta los urbanos, como el candombe, la murga y el tango. Están todos ahí para que uno pueda servirse de ellos. Además, un montón de referentes son muy cercanos».

LA PALOMA

Para la familia Drexler, La Paloma es mucho más que un balneario. Sienten un gran cariño por el lugar y, retribuyendo ese sentimiento, los hermanos crearon el Festival La Serena, que se ha vuelto un clásico de la temporada estival.

«El festival se ha vuelto una locura linda que me tiene muy contento. Mi abuelo, a finales de la década del ‘50, hizo una casa arriba de las rocas del Desplayado del Faro, en La Paloma. Fue una casa fundacional para todos. Éramos nueve primos. Nos dejaban ahí en noviembre y nos quedábamos hasta marzo, porque nuestros padres, nuestros tíos y nuestros abuelos se turnaban en nuestro cuidado y nosotros pasábamos todos esos meses allí, nueve primos jugando en las rocas del Faro, en el centro de La Paloma, sueltos todo el día. Esa casa fue un hito en la vida de todos nosotros. Nos marcó a fuego. Esa geografía y ese faro le torcieron el rumbo a mi vida. Para mí, el Faro de Cabo Santa María es un punto magnético. Su poder de imán hizo que mi vida se fuera para otro lado, hacia una sed continua de horizonte y de aventura que se mantiene intacta. Todo ese espíritu terminó traduciéndose en que los cuatro hermanos nos hayamos juntado para organizar este festival maravilloso en La Serena», compartió Daniel.

DE ESPAÑA A CASA LORCA, “CON MUCHÍSIMAS GANAS DE VOLVER A MINAS”

El sábado 16 de agosto, a las 21:00 horas, en el Centro Cultural Casa Lorca (celular 099 84 70 11), el público minuano podrá apreciar exactamente el mismo espectáculo que Daniel Drexler brinda en estos momentos en escenarios europeos, el mismo que presentó en Madrid, en Lisboa, en Galicia, en Barcelona y en Valencia. “Vengo muy afilado porque tengo una seguidilla linda de conciertos. Fueron nueve conciertos en las últimas dos semanas, más los que vinieron de atrás. Hace casi dos meses que estoy acá. Tendré la ventaja de que iré con el mejor sonidista del mundo, Juan José Palacios, a quien no pude traer a España. La puesta sonora arriba del escenario es muy loca. Voy con micrófonos escondidos en el pelo, en diferentes lugares. Entonces me puedo mover por todos lados, entrar al público, salir. Es un concierto que disfruto mucho y donde me siento como cuando un jugador está con rodaje, cuando ya hizo la pretemporada, ya jugó y tiene un montón de horas en campo. Así me siento en este momento y con muchísimas ganas de ir a Minas. No recuerdo cuántos años hace que no voy, pero seguro la última vez fue antes de pandemia. Es una alegría enorme volver y sobre todo estar en un lugar precioso como Casa Lorca, del cual tengo las mejores referencias. Es una alegría enorme para mí subirme al auto en Montevideo, agarrar Ruta 8, llegar a Minas y hacer el concierto. Me encanta el plan”, expresó Daniel Drexler a Primera Página Dominical.