Siete cuentos centrados en la migración conforman Circular, obra con la cual el escritor y periodista Fermín Méndez obtuvo su primer premio literario, Narradores de la Banda Oriental, convocatoria de Ediciones de la Banda Oriental y la Fundación Lolita Rubial, tras el fallo del jurado integrado por Lucía Lorenzo, Juan Carlos Scuarcia y Horacio Cavallo.
A su vez, se extendieron tres menciones: Rusitas de Belvedere, de Sergio Israel, Después de la hiedra, de Sofía Aguerre, y Emperador de Jade, de William Jhonston Fernández.
Fermín Méndez, además, forma parte de La Diaria. Oriundo de la ciudad de Mercedes, capital del departamento de Soriano, allí se inició en el trabajo a nivel de prensa. Por eso, al ser del interior del país, haber obtenido un premio tan importante que no surgió en Montevideo, sino en Minas, resulta ser muy significativo para él. «Tiene que ver con mi origen, con el origen de alguien de un pueblo», señaló al respecto.
DE LECTOR A ESCRITOR
«Seguramente, todas las lecturas de niño tienen que ver con lo que uno hace después», refirió al recordar la manera en la cual se vinculó a la literatura, contándonos que su casa «no era un lugar donde hubiese muchos libros. Había más bien colecciones de Atlas, que era del interés de mi padre y había muchas partituras de música, que era el interés de mi madre, pero libros, no». Igualmente, en casa de sus amigos Fermín se las ingeniaba para adentrarse en la lectura. «Recuerdo una casa muy puntual, a una cuadra de la mía, donde leíamos los libros de Julio Verne. Ahí está la gota inicial», definió.
Su inquietud lectora se profundizó a partir del estudio del periodismo, «donde siempre la escritura era como el ramal que más me gustaba». Sin embargo, «fue el que menos desarrollé hasta este último tiempo, porque estudié, volví a Mercedes y trabajé en televisión y en radio, pero no en prensa». La conexión con la escritura se dio, entonces, a partir de una cuestión central que desarrolla en el libro y que tiene que ver con su experiencia como migrante, radicado en el País Vasco, en España, después de la profunda crisis económica que en 2002 impactó en Uruguay. En esa etapa de su vida, Fermín Méndez escribía «como método para neutralizar el cerebro, como un intento para parar de pensar. Como terapia, porque de ese modo amortiguaba la soledad que sentía». Si bien «yo estaba bien, feliz, contento y me había salido bien la jugada, muchas cosas me faltaban. Y a eso lo encontré escribiendo cosas que no salieron en ningún lado, que las debo haber tirado o que deben haber quedado en alguna mudanza. Pero escribía mucho. Me acuerdo de un poeta y periodista español, Manuel Alcántara, quien firmaba las contratapas de un diario. Yo trataba de seguirle la cabeza y desarrollar desde ahí. Empecé a escribir en forma sistemática, digamos, sin reconocerlo».
Al volver a Uruguay continuó estudiando, al tiempo que surgió la oportunidad de sumarse al staff de diario Acción, de Mercedes, y con ella la de «escribir más continuamente. A partir de ese momento no he parado de hacerlo», sentenció.
PRIMER PREMIO LITERARIO
Como decíamos, el de Narradores de la Banda Oriental es el primer premio que a nivel literario recibe Fermín Méndez, por lo cual la sorpresa se dio por duplicado: lo novedoso del reconocimiento y la magnitud de la distinción.
«Para mí es impresionante. Mi hermana, que está muy vinculada con lo ancestral, diría que las cosas se conectan en algún lado. Yo considero que un poco la energía va por ahí. No me he presentado a muchos concursos literarios. Me he presentado menos de lo que la gente pretende que lo haga, aunque para mí me he presentado un montón de veces. Es como una dualidad en ese sentido. Sin embargo, al Banda Oriental siempre lo tenía ahí. Fue la segunda vez que me presenté a esta convocatoria. Recuerdo que en la primera ocasión se debían llevar los manuscritos a calle Gaboto al 1582, donde está la editorial. Cuando me llamó Alcides Abella (director general de Ediciones de la Banda Oriental), no lo podía creer», compartió.
Y no lo podía creer por varias razones: «en primer lugar, porque uno no anda por la vida esperando que lo llamen para saber que ganó» y, en segundo término, «porque nunca hay que perder la capacidad de asombro. Eso está bueno. Y que haya sido este premio, con todo lo que concita, con ir a presentarlo el año que viene al interior, para mí es una cosa que debería darse más habitualmente porque también habla del país descentralizado, una cuestión que tenemos que defender mucho, más allá de que, por ejemplo, en mi caso, terminé viviendo en la capital, pero igualmente siento que hay algo que tiene que ver con el interior que todavía debemos seguir combatiendo y proyectando».
SIGA, SIGA…
Circular, el título elegido por Fermín Méndez para su libro es también un concepto empleado en sociología. Todo tiene un por qué. «El jurado lo sintió como algo que yo intenté hacer y eso me da tranquilidad. Tiene que ver con lo circular de las historias, de cómo le puede tocar a uno, donde un día estás arriba y otro día estás abajo. También tiene que ver con el hecho de circular. Lo voy a decir bien marginal porque es mi interés hacerlo de ese modo: un poco del ‘siga, siga’ que, por ejemplo, te decía la policía en la calle: ‘siga, siga’, o ‘circule, circule’». Por supuesto, en este caso, todo es «mucho más profundo y enraiza lo que tiene que ver con nosotros, los del interior, que sentimos el desarraigo a los 18 años cuando te preguntan ¿y ahora qué vas a estudiar? En mi familia eso está aún más arraigado porque vengo de un abuelo vasco y porque hay mucha migración, mucha circulación, mucha movilidad compartida en familia».
En ese circular, «también intervienen las energías vitales», porque «de ellas no nos escapamos, están mucho más presentes de lo que las sentimos, son intrínsecas a nosotros, como una continuidad. Hace poco lo hablaba con un amigo del País Vasco: se van a cumplir 20 años que volví a Uruguay, pero hace poco que siento que estoy acá, en Montevideo. Hubo un momento en mi vida en que no sabía ni de dónde era, como que había estado en tránsito en todos lados. Porque en Mercedes estuve, pero después me fui a Montevideo, pero no me afinqué. Vino la crisis y me echó de vuelta para Mercedes. Eso me pasó hasta hace muy poco tiempo y creo que tiene que ver con afianzar la familia, con haber sido padre. Eso te planta con raíces mucho más sólidas y profundas».
A ese sentimiento de circular lo continúa vivenciando, porque «sigo siendo un poco del País Vasco todavía, y ni qué hablar de Mercedes. Uno nunca se desprende de algo que lo marcó, es como un tatuaje». Forma parte del sentido de pertenencia que, en su caso, pasa por «una cuestión de haberla pasado bien, de haber reenfocado la vida y las verdaderas cosas que quería para mi futuro», situaciones que buscó abordar en su libro, porque «la gente a la que no le va del todo bien -la migración, por diferentes motivos, es traumática y te marca-, merece contar su historia».
EL FALLO DEL JURADO
«Por la ductilidad para tratar el tema de la migración y el exilio, recomponiendo con una prosa clara y envolvente, una pluralidad de voces que dan cuenta de la irremediable distancia y la soledad del migrante. Lo circular del título parece obedecer a ese mandato doloroso que más cerca o más lejos parece repetirse generación tras generación», escribieron los jurados Lucía Lorenzo, Juan Carlos Scuarcia y Horacio Cavallo sobre Circular, la obra de Fermín Méndez.
¿Qué sintió el autor al leer esta argumentación? «Impresionante, la verdad que no deja de llamarme la atención cuando personas que uno estima y que conoce mucho, como es el caso de dos de tres jurados (aún no conozco a Juan Carlos Scuarcia, tu coterráneo), a quienes he leído, me llama la atención que hayan valorado lo que apreciaron», porque «cuando uno escribe, al menos en mi situación, trato de hacerlo desde un lugar que no esté enfocado en qué van a decir y menos aún en la búsqueda de premios. En este caso, que tiene que ver con la migración, traté de ser muy cuidadoso a la hora de tomar postura frente a la narración», ya que «me gusta mucho narrar desde los márgenes, desde esa cuestión que está en el límite, pero donde hay que ser muy cuidadoso con las vidas ajenas, sobre todo. Haber leído el fallo del jurado, en ese sentido me deja tranquilo, porque hubo algo que traté de que se notara, que fue bien cuidado, que me llevó muchísimo tiempo y que pudo verse reflejado. Es por ello que el sentimiento más genuino que uno puede llegar a sentir es el de tranquilidad, el de una satisfacción tranquila».
Fermín sintió también que se sacó el peso de una mochila que hasta ese momento pesaba sobre sus hombros. «Este libro de cuentos, si bien no fue hecho de un tirón, porque si bien los cuentos a veces tuvieron como un hilo, también están separados en el tiempo, fueron como una carga en el sentido que tengo que cuidar a esa gente, más allá de que son ficciones, de que puede haber uno que es auto ficción. Hablé con muchísima gente exiliada, migrante, que tuvo movilidad interna, y después lo que hice fue narrar, ficcionar un poco, consciente de que muchas personas pueden sentirse identificadas con determinadas situaciones. Ahí está la carga. ¿Estaré siendo del todo cuidadoso y transparente a la hora de escribir esto para que los demás se sienten identificados, no solo los que hablaron conmigo, sino los que les ha tocado seguir rondando por el mundo?»
EL PERIODISMO
Fermín combina armónicamente la literatura y el periodismo como integrante de La Diaria. Por ese motivo, «lo primero que hago cada vez que presento un libro, es agradecerles a mis compañeros por el tiempo ‘robado’». Es decir, «no es que yo haga un paréntesis en el horario del trabajo y que me ponga a escribir, porque son dos facetas que conviven».
En la actualidad es editor de la publicación, por lo que «tengo un puesto que es más como de pensamiento que de escribir. De repente, a veces le saco el tiempo a pensar específicamente en lo que le debería importar a mi sección y al diario para pensar o sacar apuntes. En mi caso, conviven bien, no deja de ser una cuestión bastante traumática, de tirantez, porque todo es creativo, lo que hace que a veces el cerebro te quede como una pasa de uva, porque debes ser muy creativo para pensar, para escribir una nota para el diario, porque me gusta que tenga un enfoque, una vueltita más» y porque «quieres ser creativo a la hora de escribir un cuento. A veces, el cerebro te pide: ‘dame agua, pará un poco porque no podés’. En mi caso, de no haber transitado por el periodismo, no estaría escribiendo o, en todo caso, lo haría de otra manera».
Sus dos primeros libros «estuvieron atravesados por el fútbol», a partir de la marcada influencia de Rómulo Martínez Chenlo, a quien considera «mi maestro en todo el periodismo, escribiendo en La Diaria. Por eso reitero lo de ir por el margen, porque empecé a ver que, si yo escribía y me corría un poquito hacia allá, la historia bien podía ser una ficción, un cuento, aunque no hay mejor ficción que la realidad».
Si se movía un tanto del periodismo, contaba con una pieza literaria que podía transformarse en un cuento. «Fui encontrándole el punto como para moverme. Al principio lo hacía de una manera muy casera y después creo que le he encontrado el training necesario, el entrenamiento con el paso del tiempo. Ya puedo dominarlo un poco más y apartarme de una cosa para escribir sobre otra, como es el caso de estos cuentos que no tienen que ver con la crónica literaria, que podrían tener un poco de periodismo y de literatura. Acá logré dominarlo y separar las aguas», evaluó.
EN LOS PAGOS DE MOROSOLI
Aunque aún resta bastante tiempo para recibir el premio Narradores de la Banda Oriental, la ansiedad se manifiesta en Fermín Méndez. «Falta un montón y es algo que tengo que empezar a controlar. Hay gente que no sabe, que te conoce y que me dice: ‘bueno, ahora quiero leerlo’. Y acá la lectura va de la mano con la premiación, que imagino será en marzo o en abril del año que viene. Me genera mucha emoción proyectar todo eso, estar con gente querida que tengo allí, como Santiago Castro o como Fernando Morán, en una ciudad que quiero mucho, y donde recibiré el premio más importante de la literatura del interior. No será ‘moco de pavo’, dijeran allá en el pueblo».
Además, la premiación se efectiviza en la tierra donde Juan José Morosoli dejó una huella imperecedera. «Es una de las plumas de la patria. Es un doble honor para mí en ese sentido, porque es un premio que tiene que ver con el cuento, que es lo que uno hace y defiende, género que a veces dejado de lado en beneficio de la novela y de otros estilos. Afortunadamente está este tipo de premios que sirven para eso, para utilizarlos como tribuna y también como proyección para estirar hacia adelante, porque se trata tanto de un reconocimiento como de un trampolín». También es «una responsabilidad, una buena responsabilidad, seguir defendiendo lo que uno hace o considera que es lo mejor. Ese también es el sentido, entre otras cosas, de Morosoli cuando escribía, demostrar que hay un mundo en los cuentos».