“Susana Soca, una mujer maravillosa, poeta, mecenas, una viajera incansable”
Se presentó en el ciclo Libros en el
escenario, en el Teatro Lavalleja, el libro "Rara Avis. Vida y obra de Susana
Soca" de Claudia Amengual, quien tiene una vasta trayectoria como
escritora de ficción. En este, su último libro aborda la investigación sobre la
vida de la poeta y hacedora cultural Susana Soca. “En principio fue una tesis
de maestría y luego se fue juntando material y ya excedía lo que era una tesis.
Merecía un libro. Susana Soca es una mujer olvidada por nuestro país. Acabo de
pasar por pueblo Soca, de camino para acá, está la parroquia, que la vamos a
abrir este sábado 13 de octubre, vamos a hacer un concierto y la presentación
del libro, porque la idea es que esa parroquia pase al dominio público y esté
abierta, que no está consagrada y que es bellísima, única en el mundo, se abre
el Día del Patrimonio, luego se cierra”.
Amengual vuelve inmediatamente al personaje de
Susana Soca: “no solo fue una mujer maravillosa desde el punto de vista de su
actividad intelectual, poeta, mecenas, una viajera incansable, muy generosa, quizá
no se dio las oportunidades que les dio a otros. Usó la fortuna heredada de su
padre para promover a otras personas en el ámbito cultural, entre ellas a Juan
Carlos Onetti y a Felisberto Hernández, nada menos, y también a personajes de
Europa. Es una mujer olvidada por la idiosincrasia de los uruguayos. Un
personaje valiosísimo. Nació a principios del siglo pasado -1907-, fue
bautizada en Notre Dame de París. Eso implica una cuestión que tiene que ver no
solo con el dinero sino con un Uruguay francófilo, aquel Uruguay de Batlle y
Ordóñez. Una mujer que se crió en ese país en el que la intelectualidad
brillaba de una manera rutilante”.
Ser una
“rara avis”, para una mujer y en aquella época, habrá significado tener que
pagar muchos costos…
Los tuvo. “Rara avis” es una denominación que
le puso Victoria Ocampo. Susana fue hija única, en un ambiente católico, lo que
era una rareza. Un padre con un enorme prestigio y gran fortuna, pero que venía
de un medio social bajísimo. Es producto de aquel Uruguay de la escuela pública,
en el que la persona de más baja extracción podía llegar a las esferas más
altas. Y es hija de una mujer patricia, los Blanco y los Acevedo, o sea que eso
la convertía en algo que yo defino como una “mestiza social”, una mujer que
tuvo que adecuar su crecimiento a esas dos realidades. Luego criada para ser
una señorita de su casa. Se les enseñaba idiomas, piano, probablemente a
bordar, y resulta que es una mujer que jamás se casó, que no tuvo hijos, a la
que no se le conocen novios o parejas, pero que sí tuvo pretendientes -Felisberto
entre ellos-, una mujer que en vez de afincarse en Montevideo decidió viajar y,
por ejemplo, permanecer en París durante la ocupación nazi.
Eso es
muy extraño. ¿Fue por amor?
Es una hipótesis. Viajé a París este verano
para ver si había documentación y de hecho se abren varias preguntas, porque al
no tener cartas directas escritas por Susana, todo termina en la especulación.
Susana se había instalado en el ’38 en París con su madre. Mi idea es que
Susana y su madre se fueron quedando confiadas de que en el frente se iba a
detener el avance nazi, y después no pudieron salir. Y sobrevivieron la
ocupación nazi y se quedaron tres años más, que es curioso, porque los
extranjeros salieron desesperados. Susana, en esos tres años, comenzó con la
revista “La Licorne ”,
que empezó en París y después continuó en Montevideo. Quizá, un amor,
probablemente.
Usted
hace una investigación también de su poesía, que es muy difícil y oscura. ¿Fue
más importante como gestora cultural que como poeta?
Quizá habría que animarse a decir que es una
poesía inmadura e irregular. A esta mujer, como poeta, le faltaba trabajar
mucho más, pero murió intempestivamente y sus poemas son casi todos póstumos -publicó
muy poquito en vida-. Hay que poner el foco en sus ensayos. Tiene un libro -“Prosa
de Susana Soca”-, póstumo también, que es una recopilación de sus ensayos, y
que son de un valor intelectual, sobre todo desde el punto de vista filosófico,
que pueden empardar a cualquier intelectual de su época
¿Cómo
era la relación con Jorge Luis Borges?
Borges le dedicó un poema en 1960 -Susana
murió en 1959-, que apareció en “El Hacedor” y es bellísimo. A veces nos
olvidamos de las cualidades poéticas de Borges, porque sus cuentos son tan
maravillosos, pero su poesía es excepcional. Y ese poema siempre ha pasado como
un gran homenaje -y lo es-, pero, como en todo lo de Borges, a veces había que
buscar esa fina ironía que a veces era un poco maliciosa, mezclada con
inteligencia. En el libro “Borges”, son más de 2.000 páginas, es la
recopilación de todos los almuerzos y cenas que compartieron con Bioy Casares a
lo largo de 40 años. En varias partes del libro hay menciones a Susana por
parte de Borges y son todas terribles. Ese poema es un homenaje, porque Borges
homenajeó a muy poquitas personas en su vida, fue muy duro con sus coetáneos,
pero hay que leerlo siempre con el velo de la ironía de Jorge Luis Borges.
¿Cómo
fue saltar de la novela de ficción, a relatar la vida de una persona?
Hay que acompañarlo con notas al pie, con
bibliografía y todo eso, cuestiones que me hacían sentir un poco encorsetada,
con la creatividad limitada por los hechos. Lo sentí como un desafío, en primer
lugar, y estoy contenta ahora que lo terminé, pero extraño desesperadamente la
ficción, porque el novelista lo que quiere es crear mundos.
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